Protestas en Brasil provocan represión del gobierno, manifestantes denuncian «infiltración»

Por Marcos Schotgues
10 de enero de 2023 1:30 PM Actualizado: 10 de enero de 2023 4:05 PM

CURITIBA, Brasil–La irrupción de las instituciones gubernamentales más importantes en la capital de Brasil, incluyendo el Parlamento, la Corte Suprema y el Palacio Nacional, ha causado conmoción en todo el país. Mientras el recién inaugurado presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, promete tomar medidas enérgicas contra los manifestantes, los líderes de las protestas afirman que parte de la violencia está siendo instigada por agitadores de la izquierda.

Los sucesos del fin de semana en el país más importante de América Latina acapararon las portadas de los principales medios de comunicación de todo el mundo. Centenares de personas ocuparon edificios gubernamentales, algunos repitiendo cánticos que se habían oído durante meses en las protestas postelectorales; como denuncias de fraude electoral, voces que resaltaban el temor de que el autoritarismo de extrema izquierda se haya apoderado del país, y pedidos para que los militares «salven a Brasil».

«Nuestra bandera nunca será roja», cantaban algunos.

Daños en el Congreso Nacional de Brasil tras los disturbios del día anterior en medio de las protestas en apoyo al expresidente Jair Bolsonaro en Brasilia, Brasil, el 9 de enero de 2023. (Andressa Anholete/Getty Images)

Las protestas anteriores contra el nuevo gobierno, cubiertas por The Epoch Times en noviembre y diciembre, habían sido pacíficas. Sin embargo, eso no fue lo que se vio el fin de semana. Videos del momento muestran a gente allanando las oficinas de los funcionarios electos, agua inundando las salas, armas de fuego empuñadas, y diversas formas de vandalismo.

Por su parte, los conservadores brasileños, incluido un líder del movimiento de las protestas, creen que los sucesos fueron el resultado de infiltrados izquierdistas, concretamente Antifa y la Asociación Nacional de Estudiantes (UNE), una organización históricamente de izquierda.

La respuesta del gobierno a los disturbios fue rápida. El recién investido Lula da Silva, quien volvió al poder tras haber gobernado durante dos legislaturas en la década de 2000, habló desde la ciudad de Araraquara el domingo por la noche. Lula condenó lo ocurrido ese día y nombró a un enviado especial para hacerse cargo temporal del sistema de seguridad de la región de Brasilia. Rápidamente, siguieron órdenes de disolver otras protestas anti-Lula.

Brasil es el cuarto mayor productor de alimentos del mundo, alberga recursos estratégicos clave, y es un aliado histórico de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué causó las protestas?

Las recientes elecciones históricas de Brasil, calificadas como las «más importantes de la historia» por partidarios de los dos partidos principales, enfrentaron al presidente conservador Jair Bolsonaro con el izquierdista Lula da Silva. Este último se impuso por un estrecho margen en la segunda vuelta celebrada el 30 de octubre, convirtiéndose en el primer presidente brasileño que logra un tercer mandato desde el establecimiento de la «redemocratización» de Brasil que puso fin al régimen militar en la década de 1980.

Bolsonaro saltó a la fama cuando surgió un nuevo movimiento conservador en Brasil, que cobró impulso especialmente tras las protestas brasileñas de 2013 y la destitución de la presidenta Dilma Rousseff en 2016. Cuando Bolsonaro fue elegido en 2018, la desconfianza del público hacia el Partido de los Trabajadores de Lula había crecido significativamente. Los escándalos de corrupción que involucraban al partido y a sus aliados se habían convertido en noticias constantes en Brasil, y el propio Lula no se postuló como muchos esperaban ese año, en su lugar pasó tiempo en prisión por condenas de corrupción y lavado de dinero.

El expresidente brasileño (2003-2011) Luiz Inácio Lula da Silva llega a la sede de la Policía Federal donde debe cumplir su condena de 12 años de prisión, en Curitiba, estado de Paraná, Brasil, el 7 de abril de 2018. (Heuler Andrey/AFP vía Getty Images)

La reputación de Lula se tornó más controvertida a lo largo de los años a medida que los medios expusieron sus históricos vínculos con la dictadura cubana y con los regímenes socialistas de Daniel Ortega en Nicaragua, y Nicolás Maduro en Venezuela, desatando temores entre muchos brasileños de que él mismo se volviera radical.

Luego, en lugar de cumplir con su condena de más de 12 años de prisión, Lula salió de la cárcel luego de solo 580 días tras una sentencia de la Corte Suprema no relacionada específicamente con su caso sino con los procedimientos judiciales. Sentencias posteriores de la Corte Suprema en Brasil dictaminaron que Lula no había sido juzgado en la jurisdicción geográfica correcta, y luego que el juez que llevaba su causa, Sérgio Moro, fue parcial en el dictamen. Como resultado, Lula se volvió elegible a principios de 2021 para postularse nuevamente a las elecciones, y en uno de los favoritos para unir a los partidos de la oposición en una candidatura presidencial contra Bolsonaro–capitalizando su nueva reputación de «mártir».

El manejo del caso por parte de la Corte Suprema aumentó la desconfianza de la población, especialmente porque la mayoría de sus jueces fueron nominados por funcionarios del Partido de los Trabajadores. En particular, el juez Edson Fachin, quien desempeñó un rol decisivo en anular la condena de Lula, era un militante del Partido de los Trabajadores en el estado sureño de Paraná antes de su nominación.

El abogado y jurista brasileño Luiz Edson Fachin habla durante su audiencia de confirmación en el Senado en Brasilia el 12 de mayo de 2015. Fachin fue nominado por la presidenta Dilma Rousseff para un puesto en la Corte Suprema en sustitución del ministro Joaquim Barbosa. (Evaristo Sa/AFP vía Getty Images)

A medida que se acercaban las elecciones presidenciales, las investigaciones dirigidas por la Corte Suprema hicieron que los conservadores fueran detenidos en medio de acusaciones sobre falta del debido proceso legal.

Días antes de la elecciones, el principal medio de noticias de tendencia conservadora de Brasil fue presionado para autocensurarse con respecto a la Corte Suprema y los comentarios relacionados con las elecciones.

Antes y después de la segunda vuelta, la campaña de Bolsonaro denunció irregularidades e ilegitimidad en el proceso electoral por una serie de razones, pero sus preocupaciones fueron desestimadas y la campaña finalmente fue multada por orden judicial por impugnar los resultados. Los partidarios de Bolsonaro afirmaron que las fuerzas del orden no estaban dispuestas a investigar las acusaciones.

En cuanto se conocieron los resultados, con Lula como ganador, los manifestantes se concentraron frente a las instalaciones militares, depositando su esperanza en que los militares impidieran que Lula asumiera el cargo. Las protestas llegaron a reunir a millones de personas en todo el país durante los fines de semana y días festivos.

Los militares no respondieron a las peticiones de intervención de los manifestantes ni a sus acusaciones de ilegitimidad en el proceso electoral.

Bolsonaro se mantuvo en silencio tras su derrota y voló a Estados Unidos días antes de la toma de posesión de Lula, sin querer participar en la ceremonia.

Había una gran desesperanza entre los partidarios de Bolsonaro, ya que Lula comenzó su administración cambiando la postura del gobierno de pro-vida a pro-aborto; derechos a favor de las armas a derechos contra las armas, y puse nuevamente en cargo a personas vinculadas al Partido de los Trabajadores. Aunque las protestas no se habían disuelto, la nueva administración anunciaba constantemente planes para reprimirlas.

Las tensiones llegaron a su punto crítico el domingo en la capital del país.

Acusaciones de «infiltración de izquierda»

El lunes, las redes sociales se inundaron con denuncias de infiltración por parte de activistas de izquierda. The Epoch Times se puso en contacto con fuentes entre los líderes de las protestas que afirmaron que grupos locales de «Antifa y la UNE» estuvieron detrás de la violencia.

Se hicieron virales videos que mostraban a manifestantes vestidos con camisetas verdes y amarillas de la selección brasileña de fútbol gritando contra el vandalismo en medio de las redadas en la capital del país. The Epoch Times no pudo verificar la información de forma independiente.

En un vídeo que circula online, se escucha a una manifestante afirmar que «los partidarios del Partido de los Trabajadores están incendiando» las instalaciones y que «estamos intentando detenerlos».

Otro vídeo muestra a grupos de personas coreando «¡No lo rompan! No lo rompan!», mientras muchos invaden la sede del gobierno federal.

Personalidades conservadoras compartieron un video, presuntamente de partidarios de Bolsonaro, defendiendo las instalaciones de los vándalos durante la invasión.

Secuelas: Una nación dividida y un precedente peligroso

En respuesta a los acontecimientos del domingo, el juez de la Corte Suprema, Alexandre de Moraes, anunció órdenes para que todos los manifestantes anti-Lula que se habían reunido–algunos acampando alrededor de las instalaciones militares, pacíficos o no–que se disuelvan en 24 horas, y que procedan las detenciones.

La Policía Civil del Distrito Federal, que incluye la capital de Brasilia, ha realizado al menos 300 arrestos.

Los conservadores y partidarios de Bolsonaro han expresado su preocupación de que los eventos se utilicen como pretexto para una represión a gran escala de la futura oposición. El destacado congresista pro-Bolsonaro, Paulo Eduardo Martins, escribió en Twitter que “muchos brasileños ahora verán legitimidad en actos que restringen nuestras libertades. Esto es una tragedia”.

Lula, a su vez, asignó por decreto a Ricardo García Cappelli, como “interventor federal” para el Distrito Federal, quien recibirá poderes extraordinarios y un amplio acceso a recursos para hacerse cargo de los asuntos de seguridad pública de la región, respondiendo directamente a Lula, durante las próximas semanas.

Cappelli es un exmiembro del Partido Comunista de Brasil. Como activista de extrema izquierda en su juventud, presidió la Unión Nacional de Estudiantes de 1997 a 1999. Fue uno de los organizadores de un viaje de Fidel Castro a Brasil en 1999.

Durante su discurso del domingo por la noche, Lula calificó a los manifestantes de “vándalos, nazis y fascistas” y culpó a Bolsonaro. También alegó que los miembros de la agroindustria–un sector con una influencia política sustancial en Brasil–podrían estar involucrados.

Bolsonaro condenó la violencia y citó eventos pasados de vandalismo de la izquierda en la capital del país.

“Repudio las acusaciones sin fundamento que me ha atribuido el actual jefe del poder ejecutivo”, dijo Bolsonaro en un tuit el domingo por la noche.


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