Sustracción forzada de órganos: Pacientes extranjeros viajan a China para trasplantes

La legislación para frenar a los turistas de trasplantes que reciben órganos ilícitos puede tener un gran impacto, dice un abogado de derechos humanos

Por Joan Delaney - La Gran Época
28 de febrero de 2019 6:56 PM Actualizado: 28 de febrero de 2019 6:56 PM

La industria china del trasplante de órganos creció de manera exponencial a principios de la década de 2000, y actualmente China es el país de destino para los turistas de trasplantes de todo el mundo. A pesar de que la donación de órganos en China es insignificante, los órganos son abundantes, y los tiempos de espera oscilan entre unos pocos días y dos meses, algo que está fuera de la norma en cualquier otro país.

Además, los pacientes informaron que sus cirugías de trasplante eran programadas con anticipación. La cruda realidad de lo que esto significa fue comprendida por el Dr. Jacob Lavee, un cirujano israelí de trasplante de corazón, en 2005, cuando un paciente le dijo que iba a ir a China para un trasplante de corazón y que la operación ya estaba programada para una determinada fecha.

Consciente de que esto solo podía ser el resultado de una sustracción forzada de órganos, el Dr. Lavee encabezó la elaboración de la Ley de Trasplante de Órganos de Israel, que entró en vigor en 2008, prohibiendo esencialmente la compra y venta de órganos humanos.

La medida tuvo un impacto significativo en la reducción del turismo de trasplantes desde Israel, según un estudio publicado en el American Journal of Transplantation en diciembre de 2012. En Canadá se está trabajando en una legislación similar; el proyecto de ley S-240 para combatir el tráfico de órganos está actualmente siendo analizado en la Comisión de Asuntos Exteriores.

El profesor Jacob Lavee, director de la Unidad de Trasplante Cardíaco del Centro Médico Sheba, el centro médico más grande de Israel. (Alex Ma/La Gran Época)

El Dr. Jeff Zaltzman, jefe de trasplantes renales del Hospital St. Michael en Toronto, dijo que al menos 50 de sus pacientes fueron a China para recibir trasplantes. Zaltzman dijo en un foro de 2014 sobre sustracción forzada de órganos que lo que está sucediendo en China ha creado un tercer tipo de donante que no se encuentra en países desarrollados. Él los llama “donantes muertos vivientes”.

“Están vivos y luego se mueren. Así que ese es un término único para la situación china”, dijo.

“Matar para vivir: El lado oscuro del turismo de trasplantes en China”, un documental de 2017 emitido por la televisión coreana Chosen TV, revela que unos 3000 coreanos al año recibieron órganos en China desde el año 2000.

El documental trata sobre una investigación del centro de trasplante de órganos del Hospital Central N° 1 de Tianjin en China. El hospital garantiza órganos de “donantes jóvenes y sanos” a pedido.

El hospital, que cuenta con 500 camas de trasplante, tiene tres plantas dedicadas a pacientes internacionales trasplantados y el quirófano funciona las 24 horas del día.

“En China, los órganos resultan fáciles [de conseguir]. No sé de dónde vienen. Les toma solo dos horas traer los órganos frescos aquí”, dijo una enfermera a los directores del documental, añadiendo que un hígado costaba 130.000 dólares.

Pacientes de otros países también van a China en busca de órganos. El sitio web del Hospital Zhongshan de Shanghai afirma que el hospital atrajo a pacientes de más de 10 países y regiones, incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Canadá, Corea del Sur, Hong Kong, Macao y Taiwán.

El origen de los numerosos órganos humanos que alimentan la lucrativa industria de trasplantes de China fue descubierto por el abogado de derechos humanos David Matas, radicado en Winnipeg, Canadá, y el ex secretario de Estado de Canadá David Kilgour.

Ambos publicaron dos informes de investigación, uno en 2006 y otro en 2016, que muestran que los prisioneros religiosos y políticos –principalmente practicantes de Falun Dafa detenidos por sus creencias– sin su consentimiento, están siendo sometidos a la sustracción forzada de órganos en vida. En otras palabras, están siendo asesinados por sus órganos.

David Kilgour, ex secretario de Estado y miembro del Parlamento canadiense, en una foto de archivo. (Jonathan Ren/La Gran Época)

‘No sabía que el donante iba a ser asesinado’

El informe titulado “Cosecha Sangrienta / El Matadero: Una actualización”, del cual el investigador estadounidense Ethan Gutmann es también coautor, describe algunos de los casos de turismo de trasplantes en China.

Muchos van en grupo, organizados por un intermediario. En febrero de 2001, un grupo de nueve pacientes viajó desde el sudeste asiático al Hospital Taiping para someterse a trasplantes de órganos. Los nueve trasplantes fueron realizados en dos días, junto con otros cuatro.

Un grupo de siete pacientes que viajaron a China desde Hong Kong para realizarse trasplantes renales tuvieron la cirugía el mismo día y pudieron regresar a sus casas después de una semana. Una mujer de Taiwán que fue a China para un trasplante de riñón reportó haber visto al menos a otros diez pacientes esperando por trasplantes o recuperándose de uno.

Mientras tanto, algunos receptores de trasplantes que descubrieron que el “donante” había muerto durante el proceso de sustracción de órganos ahora tienen que vivir con ese conocimiento tan perturbador.

“Me sorprendió saber el origen de los órganos. Me sentí muy triste por haber participado en algo así. Quiero contar mi historia para que la gente pueda saber sobre ello”, dijo Rourou Zhuang, residente de Taiwán, en el documental “Cosecha Humana”. Ella recibió un riñón en China.

“Cuando fui para el trasplante, no sabía que el donante iba a ser asesinado”, dijo Xiusong Tu llorando.

El paciente japonés Hokamura Kenichiro se sorprendió de lo fácil que fue conseguir un trasplante. Diez días después de ponerse en contacto con un intermediario japonés en China, estaba acostado en una mesa de operaciones en un hospital de Shanghai recibiendo un nuevo riñón. Un médico lo había examinado esa misma mañana. “Fue tan rápido que me asusté”, dijo. El precio del órgano fue de 80.000 dólares.

Hokamura es uno de los cientos de japoneses adinerados que realizaron un viaje a China para recibir trasplantes de riñón, hígado o corazón, según el informe de 2016.

“Crímenes de órganos”, una pintura al óleo de Xiqiang Dong que representa la sustracción de órganos de un practicante vivo de Falun Dafa en China. (Cortesía de Xiqiang Dong.)

El informe encontró muchos casos en los que se obtuvieron múltiples órganos para un mismo paciente, ya sea debido al rechazo del órgano o tan solo como repuestos. En un caso, se obtuvieron ocho órganos de repuesto para un mismo paciente. Los investigadores dicen que cada año se realizan entre 60.000 y 100.000 trasplantes en China, la mayoría de los cuales provienen de practicantes de Falun Dafa.

Falun Dafa, o Falun Gong, es una práctica espiritual tradicional que tenía entre 70 y 100 millones de practicantes a finales de la década de 1990. Temiendo que su inmensa popularidad fuera una amenaza para el régimen chino, el entonces cabecilla del Partido Comunista Chino, Jiang Zemin, inició en julio de 1999 una campaña de persecución contra los practicantes que continúa hasta el día de hoy.

Los investigadores encontraron que aunque el abuso del trasplantes de órganos existe en muchos países, la diferencia con lo que sucede en China es que está organizado por el Estado y que el mismo Estado lucra con ello.

Proyectos de ley contra el tráfico de órganos

El 29 de octubre de 2014, en un foro sobre sustracción forzada de órganos en el Hospital General de Toronto donde se discutió el problema del turismo de trasplantes, el Dr. Zaltzman describió a un paciente suyo que había ido a China para un trasplante.

“Tenía un joven que tenía dos cicatrices. El primer riñón que fue trasplantado en China no funcionó, y en pocos días, ya tuvo un segundo trasplante. Eso nunca sucedería en Canadá”, señaló.

Aunque algunos médicos son conscientes de que sus pacientes podrían ser la razón para que se cometa un asesinato en China, no saben qué pueden hacer al respecto.

Algunos países, entre ellos España, Taiwán, Italia e Israel, sancionaron leyes destinadas a impedir que sus ciudadanos viajen al extranjero para recibir trasplantes de órganos.

El abogado canadiense de derechos humanos David Matas en una foto de archivo. (Matthew Little/La Gran Época)

Una legislación similar se está abriendo paso actualmente en la Cámara de los Comunes en Canadá. El proyecto de ley S-240, que fue aprobado por unanimidad en el Senado el pasado mes de octubre, consideraría un delito el recibir un órgano en el extranjero sin el consentimiento del donante, y también haría que las personas involucradas en la sustracción forzada de órganos en cualquier parte del mundo tengan prohibido el ingreso a Canadá.

El 26 de febrero, al hablar ante el Comité Permanente de Asuntos Exteriores y Desarrollo Internacional de Canadá, Matas dijo que dicha legislación puede ser muy efectiva.

“En Taiwán e Israel fue dramático. El problema en ambos países era el turismo de trasplantes a China”, dijo al comité por teléfono.

“Después de que se aprobara la ley israelí, pasó de ser muy común a desaparecer por completo, o casi por completo. (…) Ahora que [Taiwán tiene] una ley, sufrió un fuerte descenso en el turismo de trasplantes a China. Así que la ley en esos dos países fue prácticamente muy impactante”.

Zaltzman dijo que si el proyecto de ley canadiense se aprobara, la apoyaría como una forma de ayudar a resolver el dilema que enfrentan los médicos. “Eso sería un gran paso adelante”, dijo.

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