Su esposa fallece a los 2 meses de casados y para honrarla viaja miles de kilómetros con sus cenizas

Por La Gran Época
11 de Enero de 2019 Actualizado: 11 de Enero de 2019

De ser jóvenes y enamorados a enfrentarse a un destino trágico en cuestión de meses, esta pareja pasó por todo eso. Esta es la historia de su perdurable amor que les dio el valor para seguir viviendo, ¡sin importar lo que pase!

Edward Hunnicutt compartió en  Love What Matters cómo conoció a Elizabeth, cómo se enamoró profundamente de ella y cómo su vida cambió para siempre después que falleciera debido a un cáncer terminal.

“Elizabeth era asombrosamente hermosa y más hermosa por el simple hecho de no tener ego”, aseguró Edward. “Ella no era solo alguien que yo respetaba, sino alguien que me inspiró a ser un hombre mejor y, a su vez, nos inspiramos a ser mejores el uno al otro y a amarnos incondicionalmente”.

“Sabía que quería que esta mujer fuera mi esposa y en uno de esos viajes de fin de semana, en un día soleado en octubre en la cima de una montaña, entre flores silvestres moradas y mariposas, con vistas a un lago azul pálido, le pedí que pasara el resto de su vida conmigo”, recordó Edward.

En 2016, Edward comenzó a concentrarse en su carrera y comenzaron a ahorrar dinero para una boda de otoño. Elizabeth, una maestra de preescolar, tenía una voz hermosa y era una líder de alabanza.

“Quería darle a Elizabeth la vida que se merecía. Un hogar lleno de risas y unión. Todo iba tan natural como se sentía que debía ir. Hasta que recibí una llamada de ella que lo cambió todo”, dijo Edward.

Durante las vacaciones de Navidad, Elizabeth se quejó de dolor en el estómago. Su familia tenía antecedentes de crecimiento de fibromas y a ella también le habían extirpado algunos unos años atrás. A medida que ellos regresan, el proceso necesita ser repetido, por lo que pensaron que la dolencia estaba relacionada con los fibromas recurrentes.

Pero inesperadamente, después de las pruebas en el hospital, los médicos descubrieron un crecimiento en su abdomen. Unas semanas después, un miércoles, los médicos volvieron con graves noticias.

Elizabeth llamó a Edward y le informó que tenía leiomiosarcoma, un tipo de cáncer muscular que se había originado en el revestimiento de su útero y se había extendido a su cavidad abdominal: era un cáncer en etapa IV.

“Nada en la vida puede prepararte para escuchar las palabras ‘tengo cáncer’ dichas por alguien a quien amas”, escribió Edward.

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So I married my soulmate today. No big deal.

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“Me apresuré a volver a casa, luchando contra las lágrimas y el pensamiento de lo que ella estaría pasando”, recordó. “La encontré en la cocina y la abracé mientras lloraba en mi camisa. Mi corazón se rompió al pensar que ella pasara por tanto dolor y ansiedad”.

“Elizabeth, mi alma gemela, mi mejor amiga, mi compañera, tenía cáncer en etapa IV y eso la iba a matar”.

Edward estaba devastado. Mientras Elizabeth luchaba por sobrevivir con quimioterapia y radioterapia, él permaneció a su lado. Pero Elizabeth se debilitaba día a día.

Un día, el pastor de su hermano mencionó por casualidad el tema del matrimonio. Al principio, pensaron que era gracioso, pero luego se dieron cuenta que era lo que querían.

Y un buen día, el 16 de abril de 2016, el patio posterior de la madre de Edward se transformó en un increíble lugar para celebrar la boda.

Isabel se veía radiante en su corona de rosas y ramitas alrededor de su cabeza. Llevaba un ramo de flores a juego, adornando un vestido de encaje blanco de los años 20, y sonreía.

“No teníamos una línea de tiempo para cuando las cosas iban a suceder, todo se desarrolló de forma natural. Y en un día perfecto de abril, frente a un puñado de familiares y amigos llorando, nos convertimos en marido y mujer. Fue el mejor día de mi vida”, confesó Edward.

Es una visión que Edward siempre atesorará. Pero unos días después, Elizabeth se debilitó considerablemente y necesitó una silla de ruedas.

Pensó en cómo podría honrar a su alma gemela y compartió con ella que quizás debería hacer un viaje a través de la naturaleza.

“Fue durante este tiempo que me hizo prometer que estaría bien cuando ella se fuera”, dijo.

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This is a photo of one of the most powerful moments of my life. The story: When we found out that Liz had about a week left to live, she decided she wanted to have a luau. People kept coming into the room to visit with her and tell her how much she had impacted their lives (and there were a lot of visitors that day). At one point, there was a mini reunion of the worship team that Liz used to sing with. As they started playing music and singing, I started to tear up. It was beautiful. My wife looked at me and said, “Let it out, babe”, followed by her pointing to the spot next to her for me to come sit. As I sat down, she reached out her skinny arms and placed her hands on my head and started to pray over me. I lost it. It was the most compelling moment I had ever experienced. My dying wife praying over me, that I would be strong and courageous and know that she will always love me and be here with me. Praying that God would protect my heart and to continue to reveal himself to me. It’s a moment that shows just how wonderful and special Liz was. She was always thinking of others and making sure that they weren’t troubled in anyway. At a time where some would turn inward with sadness and fear, she continued to pour out her love. It’s a testament to her greatness and her faith in the lord. I love you so much, my soulmate, and I miss you terribly.

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El 24 de junio de 2016, Elizabeth falleció.

Edward recordó aquel fatídico día: “La tomé de la mano mientras la veía morir. Respiró por última vez y desapareció en el aire. Sentí su alma dejar su cuerpo”.

“Al principio, había angustia y dolor, pero sentí su energía pasar a través de mí y una hermosa paz me bañó y llenó mi cuerpo. Era como si me dijera: “Estoy bien”. No me duele nada. Es glorioso aquí”.

Para cumplir su última promesa, Edward hizo un viaje con las cenizas de Elizabeth almacenadas en su joyero. Durante 12 semanas, viajando aproximadamente 30.600 kilómetros, tuvo el espíritu amoroso de a su amada a su lado para guiarlo a través de sus horas más oscuras.

“En el último día de nuestro viaje, me paré en el valle de Yosemite, tomando el aire y las imágenes de Half-dome y Angel falls. Era el Día de Acción de Gracias”.

Al final, la familia de Edward plantó un árbol con las cenizas de Elizabeth en el patio delantero de su casa.

Edward dijo que después de su desgarradora pérdida, aprendió que “sin el dolor, la felicidad no tiene sentido”.

“Sin la tristeza, la vida no tendría el hermoso y complejo significado que tiene. Me siento bendecido de haber tenido la oportunidad de amar y ser amado por alguien incondicionalmente”, dijo.

Y añadió, “Los acontecimientos y los fenómenos me llevan a creer que hay más en esta vida que la realidad que se vislumbra. Hay algo más. Cuando respiramos por última vez no es el final de la historia”.

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When you’re trying to be loving and sentimental, but then you think you hear a bear

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¡Y Edward sigue viajando!

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Mira el emotivo video a continuación:

Esta mujer necesita un tratamiento médico y recibe el apoyo de 200 extraños de buen corazón

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