Un vuelo con Andrew Wright un día antes de su muerte

30 de Agosto de 2015 Actualizado: 30 de Agosto de 2015

NEWBURGH, Nueva York – Volar con Andrew Wright, el piloto cuyo avión se estrelló el viernes mientras practicaba para la exhibición aérea de Nueva York, fue una experiencia realmente increíble.

El jueves estuve en el Aeropuerto Internacional de Stewart para tomar fotos antes del Show Aéreo de Nueva York, cuando la coordinadora de prensa ofreció permitirme abordar uno de los aviones. Por supuesto aproveché la oportunidad, y me presentó a Wright.

Además de ser una persona buena y genuina, Wright era un piloto experimentado y un maestro con paciencia.

Una de las primeras cosas que supe de Wright fue que estaba tratando de establecer un récord mundial para el mayor número de giros invertidos, que es cuando el avión está al revés girando paralelo al suelo. Dijo que ya había roto el récord mundial de 81 giros, pero nadie de los Récord Mundiales Guinness estuvo allí para presenciarlo, así que no valió.

Su pequeño avión acrobático Giles G202 fue una de las máquinas más ágiles que jamás he visto. Era tan pequeña que el viento de un helicóptero que aterrizó cerca la hizo rodar, y Wright con una sola mano podía empujarla a través de la pista.

La nave G202 con el nombre del piloto, en el Aeropuerto Internacional de Stewart, New Windsor, poco antes del vuelo fatal el 28 de agosto de 2015.
La nave G202 con el nombre del piloto, en el Aeropuerto Internacional de Stewart, New Windsor, poco antes del vuelo fatal el 28 de agosto de 2015. (Holly Kellum/La Gran Época)

El monoplano de un motor y fibra de carbono podía hacer cosas que me parecían imposibles de hacer en el aire. Dimos tantos giros y vueltas y muchas otras cosas que no recuerdo, que a veces no estaba segura de si estaba para arriba o para abajo.

El avión tenía dos asientos, uno en la parte delantera para un pasajero y otro en la parte posterior para el piloto. Cada asiento tenía un mango direccional y Wright cometió el error de intentar enseñarme a volar en el aire. No hace falta decirlo, renunció después que no pude ejecutar una vuelta completa.

Volar en el G202 fue un salto de fe de muchas maneras. Cuando abordé al avión, noté un cartelito de delante del asiento de pasajeros que advertía que el avión no era compatible con FAA, y algo que más o menos decía: “Usted vuela a su propio riesgo”.

Le pregunté a Wright si alguna vez alguien vio ese aviso y luego no quiso volar, y me respondió que la mayoría de la gente se daba cuenta de eso antes de abordar.

No estaba segura de qué esperar una vez que me aseguraron al asiento. Él me ató un paracaídas a mi espalda, me ajustaron tanto los cinturones de seguridad que pensé que dejaría de sentir mis piernas y luego me dio una bolsa Ziploc para colocar debajo de la correa de mi paracaídas, “por si acaso”.

Sentada en la parte delantera con Wright detrás de mí, no podía ver sobre la nariz del avión para mirar a dónde íbamos. Él tampoco podía, mucho menos con mi cabeza frente a él, pero dijo que después de tantos años de vuelo, no necesitaba ver a dónde iba.

Una vez que estuvimos arriba en el aire, olvidé mis dudas y me entregué a la emoción de volar.

De niña me gustaba la montaña rusa, y cuando estuve en el aire me hizo acordar a eso. Volar con Wright hizo la peor montaña rusa pareciera un paseo para niños, y estoy segura de que Wright me dio una versión leve en comparación con lo que hace cuando está solo.

El piloto Andrew Wright con su avión, un día antes de estrellarse mientras ensayaba para el show de acrobacias aéreas de Nueva York.
El piloto Andrew Wright con su avión, un día antes de estrellarse mientras ensayaba para el show de acrobacias aéreas de Nueva York. (Holly Kellum/La Gran Época)

Él tenía tres cámaras en el aeroplano: dos en las alas y una frente a mí por fuera de la cabina. Nunca vi la filmación, pero me imagino que la mayor parte del tiempo estoy gritando boca abajo con mi pelo hacia arriba mientras rotábamos y girábamos.

Cuando volví a tierra firme, fue un alivio. También fue el comienzo de una sensación muy incómoda: náuseas. En ese momento me alegré de no haber almorzado (Wright probablemente también) y afortunadamente nunca necesité usar la ziploc.

Sólo un pasatiempo

Wright dijo que tenía 12 espectáculos de aire previstos para este año, el siguiente iba a ser en Atlantic City, Nueva Jersey, el miércoles.

Este era un trabajo a medio tiempo que él hacía como pasatiempo; su trabajo principal era ser director de tecnología encargado de la seguridad cibernética de una pequeña empresa.

Empezó con las acrobacias aéreas después de que su esposa, quien sabía que estaba interesado en volar, lo llevó en un automóvil en un viaje de 1,5 horas con los ojos vendados a un campo de planeadores en Pennsylvania (en ese entonces vivían en Nueva Jersey). Fue allí cuando él se enganchó. Comenzó a volar en serio unos cuantos años después y el resto es historia, como dicen.

El viernes, al enterarme de su muerte prematura, fue impactante y desgarrador. Sólo había conocido a Wright por unas pocas horas, pero al atravesar por una experiencia como esa, hizo que lo sintiera como un viejo amigo.

No está claro qué causó que el viernes se estrellara su avión, pero las fotos muestran a la cola separada del cuerpo del avión mientras caía por el aire.

Los testigos dijeron que pareció que él dirigió el avión lejos de los espectadores antes de chocar contra el suelo, lo cual no me extraña. Por lo poco que lo conocí, era un hombre íntegro.

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