Vivía resentida por los constantes regaños de sus padres, hasta que un libro le enseñó la solución

Por La Gran Época
08 de Mayo de 2019 Actualizado: 27 de Junio de 2019

“¡Estoy disgustada con tu actitud de hoy!”. Mi madre decía esas palabras con una expresión severa cada vez que estaba insatisfecha con mi comportamiento, lo cual ocurría a menudo.

Esta escena se repetía una y otra vez y me parecía insoportable.

Me hizo no querer hablar con mi madre e incluso no acercarme a ella durante todo el día. En aquella infantil forma de ser, respondía con descontento y mala actitud, mostrando indiferencia y poniéndome aún más terca.

Ahora tengo 16 años y cuando pienso en el pasado, me doy cuenta de lo mucho que he cambiado.

Solía quejarme en mi mente de que mis padres nunca se ponían en mi lugar. Ahora veo las cosas desde una perspectiva diferente, y eso ha calmado los implacables conflictos de mi familia. Mi madre ya no me habla así.

La autora meditando en una foto tomada en 2016. (Crédito: La Gran Época)
Considero esto un cambio profundo y se lo debo al hecho de seguir los consejos contenidos en un libro muy especial que me regaló mi prima.

Sé que en muchas familias los padres regañan e incluso gritan todos los días. Cuando oigo a otros jóvenes quejarse de sus padres o leer historias sobre el mal comportamiento de niños, mi corazón se conmueve con empatía.

Así que comparto mi historia aquí con la esperanza de que otros también puedan ver a sus padres y a sí mismos bajo una nueva luz, lo que puede ayudar a traer más paz a su vida familiar.

Regresando en el tiempo

Al crecer, siempre sentí que mis padres eran demasiado estrictos y no me entendían. A menudo me sentía sofocada bajo su rígida supervisión y sus agotadoras exigencias.

La autora creció con padres estrictos y siempre sintió que no la entendían. (Crédito: La Gran Época)
“¿Con quién estabas? ¿Qué es lo que hiciste? ¿Adónde te fuiste? ¿Cuándo volverás a casa?”. Estas interminables preguntas parecían estar programadas en sus cerebros.

Si quería ir a un lugar que estuviera un poco más lejos de mi casa, mis padres trataban de convencerme de que me quedara en casa y no saliera.

Si llegaba a casa un poco tarde, temía la avalancha de preguntas que me esperaría en cuanto entrara por la puerta.

En innumerables ocasiones fui regañada por hacer esto o aquello mal y repetidamente me recordaban mi mal comportamiento y desobediencia, incluso si algo era culpa de mi hermana menor.

Llegó el punto que cada vez que esto pasaba, yo levantaba una pared. Me hizo sentir herida, enojada y deprimida más allá de lo imaginable.

Un punto de inflexión

Nunca esperé que mi miserable relación con mis padres cambiara, hasta que un día mi primo me presentó un libro llamado Zhuan Falun.

Lo que me conmovió fueron los profundos principios que me enseñaron sobre la manera de ser realmente una buena persona, cómo mirar dentro de mí para encontrar respuestas, cómo son mis propios pensamientos y actitudes los que influyen en lo que sucede a mi alrededor.

Estos principios, Verdad, Benevolencia y Tolerancia, son tan simples como ser honesto, amable y tolerante cuando interactuamos con otras personas.

Son los principios fundamentales de Falun Dafa, también llamado Falun Gong, un sistema chino tradicional de auto-mejoramiento para la mente y el cuerpo.

La versión vietnamita de Zhuan Falun, el principal libro de enseñanzas del sistema tradicional chino de auto-mejoramiento Falun Dafa. (Crédito: La Gran Época)

Junto con la lectura de Zhuan Falun, que es el libro principal de enseñanzas, los seguidores practican cuatro ejercicios de qigong de movimiento suave y una meditación sentada, todo lo cual ayuda a calmar la mente, aliviar el estrés y fortalecer los niveles de energía.

Dejando ir

Los ejercicios y la meditación son fáciles de aprender y hacer. Por otro lado, los principios que nos guían para mejorar nuestro carácter moral son simples y fáciles de seguir, dependiendo de los hábitos y actitudes que uno haya desarrollado a lo largo de su vida.

La autora en 2016 practicando la meditación sentada de Falun Dafa, que incluye varios movimientos de manos y posiciones. (Crédito: La Gran Época)

Para mí, lo más difícil consiste en dejar atrás los malos hábitos y actitudes poco amables.

No es un camino fácil de seguir, mantener la calma y no ser afectada o incluso estar feliz y agradecida frente a familiares, maestros y amigos si alguien encuentra algún defecto en mí. Pero es un camino verdadero y beneficioso que estoy decidida a recorrer.

Recorriendo un camino verdadero

El seguir mi camino verdadero continúa siendo un proceso de mirar hacia adentro, de valorar y encontrar mi verdadero ser, sabiendo que la Verdad, la Compasión y la Tolerancia son mi verdadera naturaleza.

Sin embargo, a veces los malos pensamientos siguen llegando a mi mente.

A veces sigo llorando en silencio cuando mis padres se enojan y dicen cosas que encuentro groseras o demasiado rudas. Todavía a veces me siento asfixiada por su severidad. A veces todavía me quejo con los amigos de mis padres.

A veces, desearía crecer más rápido para poder ser libre y hacer lo que quiera.

Imagen Ilustrativa. Crédito: Pixabay/Free-Photos)

Sin embargo, lo importante es que sigo recordando que soy una practicante de Falun Dafa siguiendo decididamente los principios de Verdad, Compasión y Tolerancia.

Viéndome a mí misma y a mis padres de una forma diferente

Falun Dafa enseña a los practicantes a considerar siempre a los demás primero, en lugar de ser egocéntricos y enfocarse sólo en sus propios deseos o necesidades.

También enseña a tomar un camino recto: Si alguien es amable conmigo, yo también lo seré. Si alguien no es amable conmigo, seguiré siendo amable.

Empecé a plantearme nuevas preguntas: ¿Lo que voy a hacer es amable y servicial? ¿Es verdad lo que voy a decir? ¿Estoy considerando a la otra persona primero? ¿Y si me pongo en su lugar?

Poco a poco me di cuenta de cómo mi antigua actitud había contribuido en gran medida a los conflictos de mi familia.

En el pasado, siempre quise que mis padres se pusieran en mi lugar, pero nunca pensé en ponerme en su lugar. Siempre esperé que otros cambiaran de opinión o de comportamiento, pero nunca consideré que debería ser yo quien cambiara. Cuando me criticaban o me regañaban, me comportaba aún peor.

La autora en 2016 con sus manos juntas en la posición “Heshi” al final de la meditación sentada de Falun Dafa. (Crédito: La Gran Época)

He escuchado desde mi infancia que cuando crezca y me convierta en madre, lo entenderé. Y entonces me arrepentiré de mi mal comportamiento y de mi comprensión superficial de mis padres.

Me pregunto, ¿por qué no ponerme en el lugar de mis padres y tratar de entenderlos ahora, para no arrepentirme en el futuro? Si siento que he sido regañada o criticada injustamente, ¿qué podría haber contribuido a ello por mi parte? ¿O qué puedo sacar de ello para convertirme en una mejor persona?

Estas preguntas me ayudan a mejorarme continuamente mientras camino hacia el cumplimiento de mi deseo de asimilarme a los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia.

Espero que este enfoque también pueda ayudar a otros jóvenes a verse a sí mismos y a sus padres de una manera diferente, de forma que alivien sus conflictos y abran su mundo al disfrute de una vida familiar más armoniosa y un futuro brillante.

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Nota del editor:

Falun Dafa es una práctica de cultivación de mente y cuerpo que enseña la verdad, la compasión y la tolerancia como una manera de mejorar la salud, el carácter moral y alcanzar la sabiduría espiritual.

Para más información sobre la práctica, visite www.falundafa.org. Todos los libros, música de ejercicios, recursos e instrucciones están disponibles gratuitamente.

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