A la juventud chilena: “no sean carne de cañón de los comunistas”

Por Mamela Fiallo Flor
02 de Diciembre de 2019 Actualizado: 02 de Diciembre de 2019

Al menos 23 chilenos han perdido la vida durante las manifestaciones que empezaron supuestamente para protestar contra el elevado costo de vida en Chile. Pero su martirio no solo no ha logrado que mejore la situación económica, sino que va en declive; comenzando por la devaluación de la moneda, seguido por el aumento masivo del desempleo, consecuencia de la destrucción de los locales comerciales por parte de los manifestantes.

Mientras tanto, quienes instigan a las protestas desde esferas de poder conservan su empleo y no sufren daño alguno a su integridad física. Por eso y más, en las calles de Santiago surge lo que se conoce como contra-discurso, una herramienta retórica para refutar a quien impone un relato oficial. Allí piden a los manifestantes “no sean carne de cañón de los comunistas”.

Agrega: “Culpan a todos de lo que ellos mismos son. ¡Basta de violencia!”.

“No sean carne de cañón de los comunistas”, indica el cartel del medio como acto de contra-discurso al relato de los manifestantes. (PanAm Post)

En términos militares, la carne de cañón alude a los soldados de bajo rango que van en primera línea de ataque y por tanto reciben las primeras balas. Son la vanguardia, la parte que se ve; no a quienes están detrás.

Diputados del Partido Comunista y del Frente Amplio fueron denunciados ante el Tribunal Constitucional (TC) de Chile por infringir el artículo 60, inciso quinto de la Constitución, por “incitar la alteración del orden público”.

Frontalmente, tanto desde la calle como a través de redes sociales y en las sesiones parlamentarias, diputados de la izquierda política han respaldado e instigado el caos social, vandalismo y la delincuencia.

En caso de que el Tribunal Constitucional considere válido el reclamo de los parlamentarios de centro-derecha contra sus colegas de izquierda, quienes no solo perderían sus cargos como diputados, sino que tampoco podrían ser contratados en sector público ni ser elegidos popularmente en los próximos de dos años.

Pero la influencia comunista no se limita a los referentes chilenos. Sus autores lo han confesado frontalmente.

“Lo que está pasando en Perú, Chile, Ecuador, Argentina, Honduras es apenas la brisita, y viene un huracán bolivariano. Nosotros no estamos aislados en el mundo, por el contrario Venezuela cada día está más consolidada”, dijo Diosdado Cabello, el número dos del régimen de Nicolás Maduro, al cierre de una marcha realizada por seguidores del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)

Frente a las declaraciones de Cabello, la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA) emitió un comunicado:

“Las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana, que buscan nuevamente reposicionarse, no a través de un proceso de reinstitucionalización y redemocratización, sino a través de su vieja metodología de exportar polarización y malas prácticas, pero esencialmente financiar, apoyar y promover conflicto político y social”.

El exagente de inteligencia cubana Enrique García afirma que existe “una red” para desestabilizar Chile “que la dirige el servicio de inteligencia de Cuba y el jefe del servicio de inteligencia de Cuba en Chile es Warnel Lores Mora”. Oficialmente, Lores Mora figura como ministro consejero de la embajada cubana en Santiago.

“Eso no es secreto. Parte del trabajo que hace Cuba es que lleva a todos estos jóvenes comunistas, a los líderes de organizaciones indígenas, a los líderes sindicales a Cuba a cursos políticos donde les enseñan marxismo-leninismo, lucha de clases, etc, etc. Esa es una labor de adoctrinamiento que hace Cuba, que es peligrosísima, pero es pública”, asegura García.

El propio presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció “estamos en guerra contra un enemigo poderoso” al inicio de las protestas. Como consecuencia, solo el 20 de octubre, dos días después de que se desataron las protestas, había 9 441 efectivos desplegados, entre el Ejército, integrantes del PDI (Policía de Investigaciones) y Carabineros; así lo informó el ministro de defensa, Alberto Espina.

La principal tarea del Ejército ha sido custodiar instalaciones de servicios críticos, como la distribución del agua, electricidad y transporte público, principales el Metro y sus talleres, que fueron destrozados.

Hasta el momento, el acuerdo tributario al que llegó el Gobierno con la oposición prevé la recaudación de $2000 millones, lo cual cubre menos de la mitad del costo de los destrozos:  4579 millones de dólares, de los cuales 380 millones se perdieron por los daños que sufrieron 70 de las 136 estaciones que tiene el Metro de Santiago, de acuerdo a la Cámara Chilena de la Construcción.

Además, en medio del caos y la violencia que se vive en Chile, más de 6800 empresas pequeñas y medianas han sido destruidas.

Como consecuencia, más de 150 mil chilenos han quedado desempleados a raíz de las protestas que han saqueado y destruido locales comerciales y edificios patrimoniales en Chile.

Aunque en teoría las manifestaciones comenzaron como reacción al alto costo de vida, los chilenos están pagando un precio enorme por el impacto de las protestas.

Ante la inestabilidad, la Bolsa de Comercio de Santiago sufrió una pérdida de 27,884 millones de dólares en capitalización bursátil, que equivale a una caída del 12,5 % desde el inicio de la crisis.

Y si se cumplen los reclamos de los manifestantes, solo aumentará, dado que exigen un cambio de Constitución que convierta a los servicios en “derechos sociales” y disminuya la desigualdad

En palabras de Diosdado Cabello, Chile pide lo que “ya nos dio el presidente Hugo Chávez en Venezuela”.

Chile tiene una pobreza exponencialmente más baja que el resto de la región. (PanAm Post/Banco Mundial)

Eso en Venezuela ha significado una reducción de la desigualdad tal que la mayoría de los venezolanos ahora son pobres y cada día son más dependientes del Estado. Bajo la gestión de Nicolás Maduro, los pobres en Venezuela pasaron a ser el 48,4 % de la población al 87 % actual. Es decir, después de la muerte de Chávez casi la mitad de los venezolanos eran pobres, ahora son la mayoría.

Mientras que en Chile, antes de las protestas masivas, apenas el 8,6 % de la población era pobre y el Coeficiente Gini, que mide la desigualdad, muestra resultados positivos, según las cifras del Banco Mundial.

Pero los manifestantes en las calles han demostrado no estar guiados por las cifras y la evidencia, sino por la ideología y el relato.

De lo contrario, en lugar de alegar consignas como “el capitalismo huele a muerto”, sabrían que el socialismo que demandan ha resultado en más de 100 millones de muertos, de los cuales más de 20 millones han sido por hambre forzada desde el Estado, 7 millones del Holodomor en Ucrania, 5 millones en las hambrunas ejecutadas por Lenin y Rusia, además de la revolución agraria en China, donde además se mató a todas las aves para que no se coman el escaso grano que había (en China) y a todos los mamíferos de los bosques para que no puedan cazar los campesinos.

Sin embargo, los activistas veganos que exigen el fin del capitalismo y la instauración del socialismo, pintan las paredes de Chile reclamando “basta de comer animales”, ignorando así que cuando el socialismo agota todos los recursos, las personas empiezan a comer desde especies en peligro de extinción, como pasa en Venezuela, hasta mascotas, como sucedió en Cuba durante el período especial; cuando perdió el financiamiento de la Unión Soviéica.

Por eso y más, quienes vivieron la falta de comida en Chile bajo el gobierno socialista de Salvador Allende, alertan a los jóvenes chilenos que no sean carne de cañón de los comunistas.

Mientras los jóvenes arriesgan sus cuerpos y sus vidas en las calles, empobrecen a los chilenos con la falta de empleo, mientras los políticos que se benefician del poder que le dan al Estado, siguen viviendo en el lujo.

Este artículo fue publicado originalmente en PanAm Post.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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