A medida que el mercado de valores sube, la inestabilidad aumenta

¿Es el crecimiento del mercado de valores su propio peor enemigo?
Por James Gorrie
20 de Enero de 2020
Actualizado: 20 de Enero de 2020

Comentario

Estamos viviendo en tiempos increíbles. Eso no es solo un cliché; es absolutamente cierto. No es ningún secreto que el rendimiento del mercado de valores sigue sorprendiendo. Sin embargo a medida que el mercado continúa su fantástica subida hacia niveles récord, un par de simples, pero inevitables verdades, podrían valer la pena tener en cuenta.

En primer lugar, sí, es una gran cosa ganar dinero en el mercado. Los planes de inversión y de jubilación de la gente están ahora mejor que nunca. Y el crecimiento del mercado está atrayendo más inversiones de capital de todo el mundo. Todo está bien, como dice el dicho.

El alto rendimiento del mercado también está ayudando al mercado inmobiliario, así como el hecho de que los salarios finalmente están mejorando. Además, más gente está trabajando en esta economía como nunca antes, ganando más, con impuestos personales con tasas más bajas. Eso significa que más estadounidenses están viendo aumentar su nivel de vida.

Todas estas cosas son excelentes para las familias y las empresas. Después de todo, cuanto más dinero se encuentre en los bolsillos de la gente, más gastarán en la economía, y a todos les irá mejor. Todo esto es una gran noticia y fomenta la confianza tanto del consumidor como de las empresas, que son factores críticos para el crecimiento económico sostenido.

Pero ahora, pasemos a esas verdades inevitables de las que recién hablaba…

Crecimiento no saludable

Una verdad que debe ser entendida es que incluso cuando la valoración del mercado se dispara, no todo crecimiento es saludable. Con esto quiero decir que no todas las ganancias en las valoraciones de las acciones son orgánicas. En circunstancias normales, la valoración de una empresa expresada en el precio de sus acciones es una función del aumento de los beneficios y de sus ganancias en comparación con el precio actual. Eso es lo que se conoce como el ratio precio-beneficio (PE) de una acción.

A medida que se amplía el ratio PE de una acción, hay menos soporte para mantener el precio, porque el precio sube más rápido que las ganancias. Con el tiempo, el soporte, o la racionalidad, del alto precio de una acción se vuelve irracional. La gente se vuelve “irracionalmente exuberante”, lo que significa que el público que opera en la bolsa cree que el mercado accionario seguirá subiendo, aunque ya no esté atado a los fundamentos del valor de una acción.

Es probable que sea en este punto donde nos encontramos hoy en día. ¿Significa esto que veremos una corrección del mercado esta semana o la próxima? Tal vez; pero no es probable.

¿Cómo puede ser eso?

¿No acabo de usar el mismo término que el expresidente de la Reserva Federal, Allen Greenspan, utilizó para describir las condiciones del mercado justo antes de la caída de las puntocom en 2000?

Una economía de la Reserva Federal

Sí, lo hice. Pero la diferencia es que, hoy en día, los valores irracionales pueden ir más alto, y permanecer allí más tiempo, debido al hecho de que, una vez más, la Reserva Federal está inyectando dinero en el sistema financiero de EE.UU. Lo está haciendo por cientos de miles de millones de dólares al mes, y continuará haciéndolo en el futuro previsible.

¿Y a dónde va ese dinero?

El dinero fluye a los grandes bancos de Wall Street, y eventualmente al mercado de valores, ya sea directamente, a través de inversiones en futuros, fondos de inversión cotizados en bolsa (ETF), o acciones de única denominación, o indirectamente a través del crédito a tasa bajas a sociedades anónimas, que pueden entonces recomprar sus acciones, lo que está sucediendo mucho en estos momentos.

Y hay que tener en cuenta que a medida que la Reserva Federal imprime más dinero, no hay muchos más activos, por ejemplo, acciones, en los que se pueda invertir. Como resultado, los precios de los activos suben para acomodar el mayor número de dólares buscando la misma cantidad de acciones. Basta decir que, hoy en día, el mercado de valores está muy por encima del crecimiento orgánico.

Desequilibrio en el crecimiento: una pirámide invertida

Eso nos lleva a otra verdad ineludible. No todas las acciones se están beneficiando por igual de la expansión cuantitativa de la Reserva Federal. De hecho, la mayor parte de los beneficios se destinan a tan solo 18 acciones en la parte superior del Standard & Poor’s 500 (S&P 500).

Este es un problema muy grande porque estas 18 acciones del S&P 500 —el 1 por ciento más alto de las empresas que cotizan en bolsa— representan el 20 por ciento de la valoración bursátil de todo el mercado accionario. Esta distorsión de la distribución normal del crecimiento tiene varios efectos indeseables.

Por un lado, un gran desequilibrio de valor hace que una corrección del mercado sea mucho más posible, y probablemente sea más severa cuando ocurra. Esto tampoco es ciencia espacial. Con un rango de distribución estrecho, cualquier evento o informe negativo que afecte a una de las 18 principales compañías tendrá un impacto mucho mayor de lo que tendría de otra manera.

Los mercados son mucho más estables cuando el valor se distribuye a través de un mayor número de empresas de gran capitalización, así como de empresas de mediana y pequeña capitalización. La concentración de valor en un pequeño número de compañías simplemente lo hace más susceptible a eventuales correcciones.

Esta concentración de valor también atrae el capital de crecimiento lejos de las empresas de pequeña capitalización que realmente lo necesitan. Muchas pequeñas empresas prometedoras no tienen el dinero suficiente para afrontar los crecientes costes de la ciberseguridad y costos regulatorios. Tampoco pueden acceder al capital de bajo costo que las grandes empresas sí pueden acceder.

Esto significa menos capital para financiar la investigación y el desarrollo. También resulta en que menos empresas pequeñas puedan sobrevivir y se conviertan en empresas de mediana y gran capitalización, las cuales emplearían a más personas con el paso del tiempo. El resultado es que menos innovación llega al mercado y que, con el tiempo, nuestra economía se vuelve menos competitiva de lo que debería o podría ser. No debe sorprender que la formación de nuevas empresas, el mayor impulsor del empleo, todavía no haya alcanzado los niveles anteriores a 2008.

Una fiesta como si fuera 1999

Incluso en 1999, justo antes del colapso del mercado de las puntocom en 2000, el desequilibrio de valoración era alto, pero no se acercaba a lo que es ahora. Por supuesto, hay diferencias significativas en la economía actual con respecto a la de entonces. Es un mercado mucho más impulsado por la liquidez que por las ganancias, al menos por el momento.

Pero como se ha discutido anteriormente, un mercado desequilibrado no es algo bueno. Ahoga a las empresas más pequeñas, absorbe el capital de inversión, alimenta nuevas subidas de valoración injustificadas y reduce la innovación y, con el tiempo, también reduce el empleo.

Además, desde el punto de vista de la estabilidad, independientemente de cuánta liquidez inyecte la Reserva Federal en nuestro sistema financiero, el actual desequilibrio del mercado es sencillamente insostenible. En algún momento, las ganancias volverán a importar y los niveles de liquidez dejarán de ser efectivos, especialmente cuando se trate de deuda no respaldada por la Reserva Federal.

James Gorrie es un escritor y conferencista que reside en el sur de California. Es el autor de “La crisis de China”.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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