Activistas chinos relatan la trágica masacre en la plaza Tiananmen 31 años después

Por Eva Fu
04 de Junio de 2020
Actualizado: 04 de Junio de 2020

El primer camión blindado apareció alrededor de las 11 p.m. el 3 de junio de 1989. Alrededor de la 1:30 a.m., se hicieron disparos. El sonido de los disparos continuó durante la noche mientras los tanques entraban aplastando las personas y objetos que se interponían en su camino.

La plaza Tiananmen, en Beijing, China, fue una noche de caos: las balas volaban sobre la gente que caía, y los manifestantes asustados apoyaban los cuerpos inertes en bicicletas, autobuses y ambulancias para transportarlos. Se estima que miles de manifestantes prodemocracia murieron.

Lily Zhang, una enfermera jefe de un hospital de Beijing, que se encontraba a 15 minutos a pie de la plaza de la ciudad, se despertó con el sonido de los disparos. Otra enfermera, sollozando, le contó que el charco de sangre de los manifestantes heridos estaba “formando un río en el hospital”.

Tres décadas después, el derramamiento de sangre que se conoció como la Masacre de la Plaza Tiananmen sigue persiguiendo a los sobrevivientes, muchos de los cuales huyeron de la China comunista en busca de mayor libertad. Ellos esperan que al hablar de lo que pasó ese fatídico día, el público recuerde para siempre lo que se perdió.

“Esto es lo menos que puedo hacer por mi patria”, dijo en una entrevista Daniel Lou, ahora un hombre de negocios en Nueva York.

Noche fatídica

Las protestas en la plaza Tiananmen, un movimiento liderado por jóvenes que abogaban por reformas democráticas en China, se ha convertido en un tema tabú en el país. Hasta el día de hoy, el régimen chino no ha revelado los nombres o el número de muertos durante la represión.

Lily Zhang se había quedado en la plaza para atender a los estudiantes en huelga de hambre hasta la noche del 3 de junio, se apresuró a ir al hospital por la mañana siguiente al enterarse de la masacre. Se horrorizó cuando llegó al hospital encontró una escena “parecida a una zona de guerra”.

Un manifestante de Beijing bloquea el paso de un convoy de tanques a lo largo de la Avenida de la Paz Eterna cerca de la plaza Tiananmen. Durante semanas, la gente había estado protestando por la libertad de expresión y la libertad de prensa del régimen chino. (Getty Images/Bettmann)

Cuando la represión comenzó se movilizaron las ambulancias de los 30 hospitales de la ciudad. Los estudiantes heridos llenaron todas las camas de los hospitales y algunos tuvieron que compartir entre dos personas. Su sangre manchaba el piso del vestíbulo, los pasillos y las escaleras. En el hospital de Zhang, al menos 18 personas habían muerto de camino a las instalaciones.

Los soldados usaron balas de goma, las que se expandían en el interior de los cuerpos y causaban un daño mayor, señaló Zhang. Muchos tenían heridas graves y sangraban tan profusamente que era “imposible revivirlos”.

En la puerta del hospital, un periodista herido de gravedad, del diario estatal China Sports Daily, dijo a los dos trabajadores de la salud quienes lo llevaban que, “no imaginaba que el Partido Comunista Chino abriera fuego de verdad”.

“Derribar estudiantes desarmados y personas comunes(…) ¿qué clase de partido gobernante es este?”, fueron las últimas palabras que dejó al mundo, recordó Zhang.

Daniel Lou, era en ese momento un periodista de la revista nacional de noticias Beijing Review, se paró en una calle cercana para ver el desarrollo de lo que llamó una “noche fatídica”, con la sensación de ser testigo de la historia.

“Eso es una tragedia”, dijo, añadiendo que era “el comienzo del declive moral de China”.

“El gobierno chino dirigido por los comunistas le dio la espalda a su propio pueblo”, dijo Lou. Aquellos que hicieron sacrificios “fueron castigados en vez de ser recompensados. ¿Qué mensaje está enviando el país a su propio pueblo?”. Muchos de los estudiantes activistas involucrados en el movimiento fueron encarcelados luego de la masacre.

Zhou Fengsuo, un líder estudiantil durante las protestas, contó 40 cadáveres en la madrugada del 4 de junio mientras caminaba desde la plaza Tiananmen hasta la Universidad de Tsinghua, donde estudiaba.

Antes de salir de la plaza, Zhou hizo un breve discurso prometiendo que algún día volverían. “Cuando el régimen recurrió a la violencia contra las personas, sentí que habían perdido el alto nivel de moral”, declaró a The Epoch Times.

La enfermera Zhang, que tenía 28 años en ese momento y fue designada por el gobierno local como “trabajadora modelo”, pensaba que ella “decididamente amaría a la nación y al Partido”, pero ese día lloró con sus compañeros de trabajo, diciendo que la devastación había “enfriado su corazón”.

“Nunca pensé que este gobierno fuera así”, dijo.

Las consecuencias

La sensación de desconfianza solo se profundizó cuando los funcionarios chinos rápidamente denunciaron  a los manifestantes como alborotadores y afirmaron que “nadie fue muerto a tiros durante la limpieza de la plaza Tiananmen”. Una redada del régimen vino poco después.

Zhou Fengsuo, como estudiante de una universidad importante, pasó un año en la cárcel y no se le permitió volver a sus estudios.

En el hospital donde trabajaba Zhang, se convocó una reunión para que todos que “tomaran una posición” afirmando que no había muertes. Pero el personal se negó unánimemente a asistir a la reunión.

“Todos pensamos: ¿quién puede pronunciar tales palabras contra su conciencia?”, dijo.

Dos prominentes presentadores de noticias de la emisora estatal CCTV renunciaron después de vestirse de negro mientras informaban sobre la masacre del 4 de junio. El editor en jefe de la Beijing Review también renunció para proteger a su personal, que previamente había organizado protestas pacíficas en apoyo a los estudiantes. A su vez Lou se convirtió en un “objetivo clave” y fue investigado por su “papel” en el movimiento.

Después de los hechos, sin ver ninguna esperanza a futuro bajo la China comunista, los tres se trasladaron a Estados Unidos.

Recordatorio

La represión en China, dicen los testigos, es un recordatorio de la brutalidad del régimen comunista. Hoy en día esto se evidencia con el encubrimiento de las autoridades chinas del brote del virus del PCCh (Partido Comunista Chino), por el cual el mundo está sufriendo.

“Un régimen totalitario supondrá un daño para todos”, dijo Zhou.

Kenneth Lam, quien viajó a Beijing para unirse a las protestas en mayo de 1989 y se quedó hasta el 4 de junio, estaba sentado en la cima de un monumento en el centro de la plaza esa mañana, cuando los soldados armados se apresuraron a ingresar. Los manifestantes de Beijing lo sacaron y llamándolo por el apodo de “Xiao Qiang”, le pidieron que “volviera con vida y contara esto al mundo”.

El año pasado, trabajando como abogado voluntario para defender a los manifestantes de las protestas en Hong Kong, Lam vio una similitud en la voluntad de los activistas de ambos movimientos, sacrificar su futuro por un bien mayor.

Los participantes sostienen velas mientras se observa la estatua de la Diosa de la Democracia (Centro) en el Parque Victoria de Hong Kong el 4 de junio de 2017, durante una vigilia para conmemorar el 28º aniversario de la Masacre de Tiananmen, ocurrida en 1989 en Beijing. (Anthony Wallace/AFP vía Getty Images)

En la plaza Tiananmen, cientos de personas se pusieron pañuelos rojos para participar en una huelga de hambre, mientras que en Hong Kong, jóvenes manifestantes salieron a las calles para salvaguardar la autonomía y las libertades de la ciudad, poniendo en juego su seguridad y sus futuras carreras, dijo Lam.

“Es un lado muy brillante y hermoso de la naturaleza humana”, expresó.

Esta “sorprendente similitud”, 31 años después, dijo Lam, es la evidencia de que hay algo dentro de la gente más duradero que el poder y la coacción.

“El gobierno autoritario nunca podrá aplastar el lado brillante de la naturaleza humana”, concluyó.

Olivia Li y Sarah Liang contribuyeron a este informe.

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