Acusan a hackers chinos apoyados por el Estado de intentar robar investigaciones sobre COVID-19

Por Janita Kan
21 de Julio de 2020
Actualizado: 21 de Julio de 2020

Dos hackers chinos fueron acusados de robar millones de dólares en secretos comerciales y otra información sensible de empresas y agencias gubernamentales y de intentar robar la investigación de COVID-19, anunció el Departamento de Justicia el 21 de julio.

El departamento abrió el martes una acusación de 11 cargos contra Li Xiaoyu, de 34 años, y Dong Jiazhi, de 33, afirmando que la pareja había pirateado los sistemas informáticos de cientos de víctimas, incluyendo empresas, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, disidentes individuales y de activistas de derechos humanos de Estados Unidos y del mundo en una campaña que duró una década.

Según los fiscales, Li y Dong, ambos formados en tecnologías de aplicaciones informáticas, no hackearon únicamente para beneficio personal. La pareja también trabajaba con el Ministerio de Seguridad del Estado (MSS) del Partido Comunista Chino (PCCh), el principal organismo de inteligencia del régimen chino, y contaba con su asistencia.

Las empresas que Li y Dong atacaron se dedicaban a la fabricación de alta tecnología y a otras industrias como defensa, farmacéutica, dispositivos médicos y de ingeniería civil e industrial. Las empresas estaban repartidas por todo el mundo, incluyendo Estados Unidos, Australia, Bélgica, Alemania y Japón. Más recientemente, la pareja había estado buscando vulnerabilidades en las redes de empresas de biotecnología conocidas por sus investigaciones relacionadas con COVID-19, según denunciaron los fiscales.

Los funcionarios del Departamento de Justicia también dijeron que los dos piratas informáticos habían intentado en una ocasión extorsionar a una víctima a la que habían robado un valioso código fuente. Amenazaron con publicar el código en Internet, destruyendo así el valor del código, a menos que la víctima pagara un rescate.

“Estas intrusiones son otro ejemplo más de la descarada voluntad de China de participar en el robo a través de intrusiones informáticas, en contra de sus compromisos internacionales, como su acuerdo de 2015 con Estados Unidos y acuerdos similares con otros países de no llevar a cabo o apoyar a sabiendas el robo cibernético de la propiedad intelectual, incluidos los secretos comerciales u otra información comercial confidencial con la intención de proporcionar una ventaja competitiva a las empresas o sectores comerciales chinos”, dijo el fiscal general adjunto de Seguridad Nacional de EE.UU., John C. Demers, durante una conferencia de prensa el martes anunciando las acusaciones.

Demers dijo que las industrias a las que apuntaban los hackers coincidían con las industrias descritas en el plan Made in China 2025 del régimen. Lanzado en 2015, el plan económico apunta a convertir a China en un competidor global en 10 sectores tecnológicos para 2025.

Al robar información de las empresas en las industrias de alta tecnología y replicar la tecnología, las empresas chinas pueden eventualmente “aventajar” a sus competidores no chinos, dijo Demers en la acusación.

Citando un ejemplo, informó que los piratas informáticos robaron gigabytes de datos de una empresa tecnológica y manufacturera de Maryland, lo que permitió revelar a los competidores los tipos de productos que la empresa tenía previsto sacar al mercado. Esos mismos datos también habrían permitido a los competidores ahorrar en costos de investigación y desarrollo, así como en tiempo, dándoles de esta manera una ventaja en el mercado mundial.

“Este tipo de coacción económica no es lo que esperamos de un líder mundial de confianza. Esto es lo que esperamos de un sindicato del crimen organizado”, dijo Bowdich.

Li y Dong también fueron acusados de atacar a individuos de interés para el régimen chino, como disidentes, clérigos y activistas democráticos y de derechos humanos en Estados Unidos, Hong Kong y China continental. Por ejemplo, la pareja proporcionó al MSS cuentas de correo electrónico y contraseñas pertenecientes a un organizador de la comunidad de Hong Kong, al pastor de una iglesia cristiana de la ciudad de Xi’an, China, y de un disidente y antiguo manifestante de la Plaza Tiananmen, según la acusación.

También robaron el contenido del correo electrónico de un pastor perteneciente a una iglesia cristiana casera de la ciudad de Chengdu, que más tarde fue detenido por las autoridades locales.

Cada uno de los dos hombres fue acusado de una serie de cargos que incluyen conspiración para cometer fraude electrónico, lo que conlleva una pena máxima de 20 años de prisión; conspiración para cometer robo de secretos comerciales, con un máximo 10 años de prisión; y conspiración para cometer fraude informático, de máximo 5 años de prisión.

Esta historia será actualizada.

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