Amenaza china de bombardear Australia demuestra necesidad de capacidad nuclear de disuasión australiana

Por Anders Corr
10 de Mayo de 2021 1:24 PM Actualizado: 10 de Mayo de 2021 1:24 PM

Comentario

Los medios de comunicación estatales de China amenazaron recientemente con un ataque militar contra Australia con bombarderos H-6K de largo alcance y misiles. La amenaza se produjo el mismo día en que el primer ministro de Australia expresó su apoyo a Taiwán y dijo que “siempre hemos defendido la libertad en nuestra parte del mundo”.

La más reciente amenaza de China, hecha el 7 de mayo por el editor jefe del Global Times, Hu Xijin, revela la vulnerabilidad militar de Australia ante una China con armas nucleares mucho más grande y poderosa. El Global Times está controlado por el Partido Comunista Chino (PCCh).

Dada la amenaza de Hu, que es coherente con el patrón más amplio de agresión de China, Estados Unidos y sus aliados deberían apoyar inmediatamente a Australia para que obtenga una disuasión nuclear independiente por medio de submarinos, de modo que Australia pueda unirse a países como Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña e India como poderosos defensores mundiales de la libertad y la democracia. La fuerza independiente de los miembros individuales de una alianza, mejora la fuerza global de la misma.

Australia tiene una ventana de oportunidad limitada para obtener armas nucleares, después de la cual el poder creciente de China y la hegemonía regional harán imposible una Australia con armas nucleares independiente. En ese momento, que podría ser tan pronto como 5 o 10 años, la ventana se cerrará y China podría utilizar más eficazmente la política nuclear, el control de los mares asiáticos, la diplomacia de la chequera y su poder económico comercial, para separar a Australia de sus aliados y someterla al dominio de Beijing.

La OTAN debería recibir a Australia en su alianza como miembro de pleno derecho, antes de que China tenga la oportunidad de crear una disputa territorial en el continente, y así dificultar la adhesión de Australia. Si Washington quedara bajo la influencia de Beijing, la alianza bilateral entre Estados Unidos y Australia sería inútil para la defensa de Australia.

La OTAN ya no debería ser un asunto puramente atlántico, dada la globalización y el ascenso de China. Lo que importa hoy en día a la hora de elegir a nuestros aliados más cercanos no es la geografía, sino los valores compartidos en apoyo de la democracia, así como la inclusión de una mayor diversidad de aliados, incluidos países como Arabia Saudí y Vietnam, que reforzarán la alianza a la hora de resistir el creciente dominio de Beijing. En la actualidad, China cuenta con fuertes aliados en Rusia, Irán y Corea del Norte. Acoger a Arabia Saudí, Vietnam y otras potencias autocráticas en una alianza con las democracias evitará que se vuelvan contra nosotros y nos fortalecerá a todos.

El artículo del Global Times incluye una foto destacada de un bombardero con capacidad nuclear H-6K en formación con dos cazas militares chinos Su-35. El pie de foto señala que la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación (PLAAF) realizó “un entrenamiento de patrulla sobre la isla china de Taiwán el viernes”. Al parecer, los aviones sobrevolaron por primera vez el canal de Bashi, marcando un “nuevo avance en los patrones de patrullaje de la isla”. China amenaza casi a diario la soberanía de Taiwán con vuelos de aviones de combate que obligan a Taiwán a salir en desbandada, y por tanto a diezmar, sus propios aviones en defensa. China también presiona con frecuencia sus fronteras terrestres, marítimas y aéreas contra Japón, India, Bután, Myanmar (Birmania), Vietnam y Filipinas. Lo mismo puede ocurrir pronto con Australia.

“Dado que los halcones australianos siguen insistiendo o insinuando que Australia ayudará al ejército estadounidense y participará en la guerra una vez que estalle un conflicto militar en el Estrecho de Taiwán, y los medios de comunicación australianos han estado promoviendo activamente este sentimiento, sugiero que China haga un plan para imponer un castigo de represalia contra Australia una vez que interfiera militarmente en la situación a través del Estrecho”, escribe Hu. Por lo tanto, piensa que China tiene derecho a atacar a Australia, y aparentemente cree que una guerra por Taiwán no es una cuestión de si, sino de cuándo.

“El plan [para atacar a Australia] debería incluir ataques de largo alcance contra las instalaciones militares y las instalaciones clave relevantes en suelo australiano si realmente envía sus tropas a las zonas de alta mar de China y combate contra el EPL”, escribe Hu. “Si ellos [los halcones australianos] se atreven a coordinarse con EE UU para interferir militarmente en la cuestión de Taiwán y enviar tropas al estrecho de Taiwán para hacer la guerra al EPL, deben saber los desastres que causarían a su país”.

Tales palabras combativas siguen a la demonización que hace el Global Times de Australia, y de toda la alianza de los Cinco Ojos (Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Nueva Zelanda) como un “eje de supremacía blanca”. Esta caracterización es obviamente falsa dada la naturaleza multiétnica de los líderes de estas democracias, incluyendo al expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, la actual vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, y la actual ministra de Asuntos Exteriores de Nueva Zelanda, Nanaia Mahuta. Sin embargo, la acusación tendrá vigencia para algunos, dada la historia colonial de los países de los Cinco Ojos, y sus actuales intentos, muy públicos y loables, de combatir el racismo dentro de sus fronteras.

Manifestantes asisten a una protesta a favor de la comunidad uigur en la Casa del Parlamento en Canberra, Australia, el 15 de marzo de 2021. (Sam Mooy/Getty Images)

Por el contrario, los 7 miembros del Comité Permanente del Politburó de China son todos varones de la etnia Han, que niegan resueltamente la existencia del racismo en China, mientras que al mismo tiempo se dedican al genocidio de su minoría uigur. Por tanto, el verdadero “eje de supremacía racial” no está entre los Cinco Ojos, sino entre Beijing y Moscú.

Australia no es el único país que necesita una disuasión nuclear independiente y ser miembro de la OTAN. Una lógica similar se aplica a otras democracias, como Japón, Taiwán, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Ucrania y Georgia, que están bajo la amenaza de poderosos dictadores con armas nucleares. Todos estos países deberían ser alentados a ingresar en la OTAN y obtener una fuerza disuasiva nuclear independiente de tipo submarino.

La OTAN también debería reforzarse animando a sus miembros más poderosos y democráticos, como Alemania, Italia y Canadá, a obtener fuerzas nucleares de disuasión independientes. Contra un enemigo con armas nucleares, ningún país puede depender totalmente de otro para su defensa. La frecuente ruptura de acuerdos entre aliados democráticos, como Estados Unidos y Canadá, Gran Bretaña y la Unión Europea, e Italia e Irlanda, en relación con las vacunas y los equipos de protección personal (EPP) durante la pandemia de COVID-19, demuestra que incluso las democracias violan los acuerdos entre sí por cuestiones de mucha menor importancia que los conflictos militares en la era nuclear.

Solo las democracias deberían tener armas nucleares, porque solo las democracias tienen la legitimidad soberana que proporciona la participación política libre y de amplia base y que tiende (aunque desgraciadamente no siempre) a limitar el uso de tales armas contra objetivos civiles. Pero las democracias deberían salir en defensa de las autocracias aliadas, por ejemplo Arabia Saudí, que está bajo la presión militar de Irán, y Vietnam, que está bajo la amenaza de China. El mantenimiento de la diversidad política mundial requiere la protección de estas autocracias menos poderosas, con todos sus defectos, frente a las amenazas autocráticas más grandes. Los aliados autocráticos menos poderosos acabarán experimentando una evolución política natural y pacífica hacia la democracia y la mejora de los derechos humanos.

Las democracias no solo deben defenderse a sí mismas, sino también al sistema internacional de diversos Estados-nación, para evitar que China y Rusia creen una alianza lo suficientemente poderosa como para incorporar a los Estados menos poderosos del mundo a sus planes de hegemonía regional y la consiguiente balcanización y desestabilización del sistema internacional basado en normas posterior a 1945. Los Estados amenazados por estos aspirantes a hegemonías antiliberales deben unirse en una poderosa alianza, pero ser lo suficientemente fuertes individualmente, para defender de forma independiente su propia soberanía.

Anders Corr es licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad de Yale (2001) y doctor en Gobierno de la Universidad de Harvard (2008). Es el director de Corr Analytics Inc., editora del Journal of Political Risk, y ha llevado a cabo extensas investigaciones en Norteamérica, Europa y Asia. Es el autor de “The Concentration of Power” (Concentración del poder), de próxima aparición en 2021, y “No Trespassing” (Prohibido el paso), y el editor de “Great Powers, Grand Strategies” (Grandes poderes, grandes estrategias).

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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