Árbol o sombra: Una Mirada al carácter y la reputación de Donald Trump

Por Jeff Minick
07 de Enero de 2020
Actualizado: 07 de Enero de 2020

Recientemente, disfruté de una noche de libros, Bourbon y un rato alegre al lado de la chimenea con un amigo de la infancia. No nos habíamos visto en varios años y pasamos un buen  tiempo poniéndonos al día.

Eventualmente, como siempre sucede, nuestra charla se centró en los libros que estábamos leyendo o que leímos recientemente.

Cuando mi amigo mencionó “El ministerio de la verdad: la biografía de 1984 de George Orwell”, de Dorian Lynskey, nuestra conversación se convirtió en política.

Fue mi primera conversación relevante con alguien que desprecia al Presidente Donald Trump.

Evidencia exterior

Mi amigo detesta al presidente, no por sus políticas, muchas de las cuales apoya, sino por su carácter: su infame comentario sobre agarrar a las mujeres, sus turbios negocios, sus fanfarronadas y mentiras, sus tweets.

Describiéndose a sí mismo como moderado, mi amigo también encontró a los candidatos presidenciales demócratas igualmente despreciables, tanto por sus políticas como por su carácter.

Aunque la conversación se calentó de vez en cuando, seguimos siendo amigos y fuimos a desayunar juntos a la mañana siguiente, aunque por mutuo acuerdo nos mantuvimos alejados de la política. Mientras continuaba mi largo viaje de regreso a casa, y durante los días siguientes, volvía repetidamente a nuestra conversación, revisando los puntos que mi amigo había planteado, puntos que probablemente estaré meditando durante mucho tiempo.

Estuve de acuerdo con algunos de sus análisis sobre el carácter de Trump. El presidente se apresura a atacar a sus detractores, a menudo en un lenguaje descarado y desagradable. Puede ser cruel, tiende a exagerar sus victorias y a veces ha exagerado la verdad hasta el límite.

Los presidentes estadounidenses, antes y ahora

Pero luego pensé en otros presidentes, en sus políticas y en su carácter. Todos ellos durante mi vida -nací durante la presidencia de Truman- eran seres humanos con defectos. Algunos de ellos engañaron a sus esposas. Muchos de estos hombres a veces engañaron al pueblo estadounidense. Muchos emitieron juicios graves con respecto a decisiones nacionales e internacionales, algunas de las cuales se derivaron de su carácter.

Sin embargo, ninguno de ellos, ni siquiera el presidente Richard Nixon, soportó la crítica que ha recibido nuestro actual presidente. Como la mayoría de nosotros sabemos, los reporteros, expertos y políticos han estado apuntando al presidente desde antes de que asumiera el cargo, denominándose a sí mismos la Resistencia, e intentaron, a través de tácticas de desprestigio y acusación, sacarlo de la Casa Blanca, en parte porque no podían aceptar su impactante victoria electoral. El Síndrome de trastorno Trump, o TDS, ahora no solo hace parte de nuestro vocabulario, sino que ha empeorado con el paso del tiempo.

Fue esa palabra, Carácter con una C mayúscula en mi mente, la que regresaba a mí continuamente. ¿Qué tan importante era el carácter de Trump para mí?

Como mi amigo, estoy de acuerdo con la mayoría de las políticas del presidente. Sus éxitos han sido asombrosos: una economía en auge, el número de nombramientos judiciales, su negativa a seguir luchando en guerras interminables y su constante determinación por poner los intereses estadounidenses en primer lugar. Si nos fijamos simplemente en sus logros, merece nuestro aplauso, no nuestra censura.

¿Y qué pasa con su carácter?

La virtud y el presidente Trump

Reconociendo sus defectos, ¿podemos encontrar signos de virtud en el carácter de Trump? Echemos un vistazo.

Las pocas ocasiones que los medios de comunicación reportan que Trump se reúne con veteranos, con gente de color, y con niños y familias, estos estadounidenses se alejan de esos encuentros cara a cara con impresiones del hombre bastante diferente a las que han escuchado y visto en los medios de comunicación. Ellos reportan a Trump como un hombre agradable, cálido e interesado en ellos.

Un amigo mío aquí en Front Royal, Virginia, tiene un conocido que habla personalmente con Trump, lo considera una persona cariñosa y no puede entender por qué los medios de comunicación no han descubierto a ese hombre. Mi amigo dice que la “cara pública” que usa Trump es bastante diferente a la que usa en su vida privada.

Si los niños reflejan los valores y el carácter de sus padres, entonces, a juzgar por lo menos por las apariencias, los cinco hijos de Trump se muestran orgullosos de sí mismos y de sus padres. Cada uno de ellos ha perseguido carreras y objetivos dignos, a menudo trabajando con su padre, y los mayores parecen honorables en su vida familiar.

También podríamos considerar su carácter a la luz de las espinas y calumnias que se le lanzan diariamente. He aquí un hombre que, incluso antes de las elecciones, fue atacado salvajemente por los medios de comunicación. Esos aluviones de críticas no han cesado nunca. A estas alturas, la mayoría de nosotros nos habríamos marchitado bajo tal ataque, pero Trump no. Recibe golpes, contraataca y sigue adelante. En otro hombre, podríamos admirar esa agallas.

Finalmente, quizás el tosco y contundente Trump es exactamente lo que este país necesita en este momento de nuestra historia.

Ganó votantes prometiendo cambios y, a diferencia de otros presidentes, ha cumplido muchas de esas promesas. Si personas como mi amigo, un demócrata de toda la vida que ahora se convirtió en independiente, pueden estar de acuerdo en que estas políticas son en su mayoría buenas para el país, entonces debemos considerar la posibilidad de que estas políticas nunca hubieran visto la luz del día sin Donald Trump.

Y hablando de carácter, ¿qué hay del oponente del presidente en las últimas elecciones? Incluso para muchos demócratas, el carácter no es una palabra que se les ocurra junto a Hilary Clinton.

Carácter versus reputación

El carácter, o la virtud si se quiere, es importante. Deseamos que haya virtud en nuestros líderes religiosos, en los que enseñan y entrenan a nuestros jóvenes, en nuestros amigos y familiares, y sí, en nuestros políticos. Sin embargo, dada nuestra tendencia nacional a rebanar y cortar en pedazos a todas nuestras figuras públicas, al buscar siempre lo peor de ellas en lugar de lo mejor, la virtud puede ser difícil de detectar.

Los argumentos a menudo se desacen porque los participantes no definen sus términos. Tal vez mi amigo y yo deberíamos haber definido lo que queríamos decir con carácter. En lugar de carácter, ¿era posible que mi amigo estuviera discutiendo sobre la reputación de Trump? La reputación es la forma en que los demás perciben nuestro carácter. El carácter es lo que vive dentro de nosotros.

Como esta cita atribuida a Abraham Lincoln deja claro, el carácter es diferente de la reputación: “El carácter es como un árbol, la reputación es como su sombra. La sombra es lo que pensamos de él; el árbol es la realidad”.

En los últimos tres años, los detractores del presidente le han arrojado una montaña de barro, haciendo casi imposible cualquier juicio objetivo sobre su personalidad y temperamento. Lo que plantea esta cuestión: ¿Lo que sabemos de Donald Trump, o de cualquier figura pública, es un árbol o una sombra?

Jeff Minick tiene cuatro hijos y un pelotón de nietos en crecimiento. Durante 20 años, enseñó historia, literatura y latín en seminarios de educación en el hogar en Asheville, N.C. Hoy en día, vive y escribe en Front Royal, Va. Vea JeffMinick.com para seguir su blog.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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