Los emperadores chinos que se ganaron el corazón de generaciones enteras

06 de julio de 2015 1:33 PM Actualizado: 06 de julio de 2015 2:15 PM

Líderes de todo tipo, presidentes, directores ejecutivos, administradores, padres… todos lidian con el desafío de ganar y mantener su influencia. Los terroristas usan el temor y la desesperación; los políticos usan incontables artimañas. Los padres indulgentes calman sus hijos malcriados con juguetes y golosinas.

Estas medidas son guiadas por el deseo de ganancia inmediatas, no pueden ser soluciones a largo plazo, y los efectos secundarios son a menudo peor que cualquier ventaja a corto plazo.

¿Qué hace que un líder sea efectivo y como se logra esta influencia y legado?

El Templo del Cielo en Beijing, China. (Wikimedia Commons)
El Templo del Cielo en Beijing, China. (Wikimedia Commons)

Principios, no fuerza

En su tratado «La República», Platón de la antigua Grecia, se imaginaba una utopía regida por el «rey filósofo». En esta línea de enseñanza sobre el racionalismo del gran pensador ateniense, el rey se esforzaría por cultivar ideales universales en su mando, sin conmoverse por lo que él llamaba «fenómenos»: la tentación de incontables eventos inciertos que invitaban a la reacción y por lo tanto la desviación del camino mayor.

Los monarcas mas respetados e importantes de China, dirigieron sus imperios según los principios de Confucio, trascendiendo razas, clases y fronteras promoviendo el mérito, la rectitud y el dominio de sí mismo.

Cuando Confucio vivía hace unos 2.500 años, justo unas décadas antes que Platón y otros progenitores del pensamiento occidental caminaran las ciudades estado de Grecia, China estaba en una era de desunión y guerra civil llamada el Periodo de Primavera y Otoño. Confucio deseaba el regreso de la armonía de los primeros tiempos de la dinastía Zhou (1046-771 A.C), en la cual el rey reinaba con virtud sobre una liga de vasallos independientes, que a su vez respetaban su trono.

Detalle de una pintura que conmemora la segunda "gira por el Sur" del emperador Kangxi en 1689. (Wikimedia Commons)
Detalle de una pintura que conmemora la segunda «gira por el Sur» del emperador Kangxi en 1689. (Wikimedia Commons)

Confucio enseñó que aunque la jerarquía política y social era un aspecto natural y deseable de la civilización, todos, desde el más bajo hasta el príncipe, eran dignos de la misma piedad filial y virtudes cardinales de benevolencia, justicia, propiedad, sabiduría y fe.

El énfasis tradicional en los valores por sobre la coerción se resume en esta línea de «Las Reglas de los Estudiantes», un texto educativo del siglo 16, famoso por su poético resumen del credo confeccionista:

«La gente puede ser obligada por la fuerza, pero sus corazones estarán en rebeldía; solo cuando se obliga a través de los principios no tendrán ellos voz de desacuerdo».

Sin atajos

Abraham Lincoln habló del poder como prueba para el carácter del hombre. A uno se le puede haber dado agencia, pero solo cuando es usada para expresar la fuerza interna y carácter, sus acciones serán efectivas y su legado respetado.

En 1662, el emperador Kangxi, de 8 años de edad comenzó su reino de 61 años sobre China. Veinte años antes, su gente, los manchurianos, habían irrumpido por la Gran Muralla y conquistado China, estableciendo la dinastía Qing (1644–1912).

El emperador de la dinastía Qing Kangxi a los 40 años (Wikimedia Commons)
El emperador de la dinastía Qing Kangxi a los 40 años (Wikimedia Commons)

Kangxi sabía que la gente Han, que constituía la gran mayoría de la población China, no estaba encantada ante la posibilidad de vivir bajo conquistadores de Manchu. En vez de entregar el trono o forzar a los nativos a abandonar la manera en que vivían, Kangxi estudió las enseñanzas de Confucio. Condujo una política iluminada basada en los principios aceptables para toda la gente del imperio.

Aunque el matrimonio en la familia imperial Qing estaba abierto solo a manchúes, Kangxi y su corte respetaba las tradiciones burocráticas chinas como el sistema imperial de examen basado en el mérito, por el cual cualquiera con educación se podía convertir en funcionario del gobierno.

Durante y luego del gobierno de Kangxi, los manchúes aprendieron gradualmente a coexistir con los nativos han. Los intercambios entre los dos pueblos, unidos por las antiguas tradiciones de educación y gobierno de Kangxi y sus descendientes, contribuyeron al enriquecimiento global de la civilización china.

Emperador Kangxi con su armadura. (Wikimedia Commons)
Emperador Kangxi con su armadura. (Wikimedia Commons)

Los manchúes no fueron los únicos extranjeros que gobernaron China. Cuatrocientos años antes de Kangxi, el imperio mongol, el más grande de la historia, conquistó China, pero ellos tomaron un enfoque bastante mas pesado.

Bajo la dinastía mongol Yuan (1271–1368), los chinos han eran la mas baja de las cinco razas tratadas brutalmente. Al imponer un sistema de castas, con la mayoría en el rango más bajo, los gobernantes mongoles se vieron obligados a gastar preciosos recursos humanos y materiales manteniendo a los chinos en su lugar. La rebelión abundaba y los invasores se vieron forzados a abandonar el Reino Central menos de un siglo luego de tomarlo.

El poder predicado por la conquista y manipulación es vacio; aunque un ejército poderos o un astuto político pueda forzar a otros a voluntad, esta muestra de fuerza no puede compensar la falta de convicción.

Legado

Doscientos años antes de Cristo, el poderoso rey Ying Zheng unificó China bajo una dinastía, la Qin, luego de cientos de años de división. Se volvió Qin Shihuang, el primer emperador.

El legalismo, la ideología de Qin, exigía total obediencia de la mente y el cuerpo al estado y su líder. Se quemaron los libros y enseñanzas de diferentes escuelas de pensamiento; y se enterraron vivos a sus autores.

Una pintura de Qin Shihuang. (Wikimedia Commons)
Una pintura de Qin Shihuang. (Wikimedia Commons)

Pero por toda esta fuerza y terror, la dinastía de Qin no pudo sobrevivir sin su tirano fundador. Luego de que el primer emperador murió y su reino de terror acabó, el país cayó prontamente en una guerra civil. La siguiente dinastía Han  (206 A.C.–D.C 220) revivió el confucianismo, empujando una era dorada de la civilización china.

Confucio creía en el orden establecido por la educación y la moralidad, no la fuerza de las armas. En su punto de vista, esta armonía había sido demostrada en el ejemplo de los primeros reyes de la dinastía Zhou, quienes luego de derrotar al anterior reino Shang, tomaron como base de su legitimidad al Mandato Divino aplicable universalmente. Según esto, el gobernador, conocido como Hijo del Cielo, estaba siempre obligado a ponerse a sí mismo bajo altos estándares. Su autoridad no era cuestionada pero no podía ejercer poder absoluto a voluntad.

Rey Wen, primer monarca de la dinastía Zhou alrededor del año 1100 a. C. (Wikimedia Commons)
Rey Wen, primer monarca de la dinastía Zhou alrededor del año 1100 a. C. (Wikimedia Commons)

La dinastía Zhou duró 800 años y fue la más larga de China. Los primeros reyes, reinaron desde la capital occidental de Haojing, gobernados sobre vasallos y gente a través de la cooperación y el respeto mutuo. Platón habría estado orgulloso. Mas tarde, incluso luego de que Haojing fuera saqueada por invasores y los reyes Zhou perdieran la mayoría del poder real, ellos aún comandaban suficiente prestigio para que los feudos regionales siguieran reconociendo sus títulos de reyes por otros 500 años.

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