Cambio climático: ¿Quiénes son los ideólogos?

Por Mark Hendrickson
23 de Octubre de 2019 Actualizado: 23 de Octubre de 2019

Comentario

Los desacuerdos suelen conducir a insultos. Cuando yo era niño, cuando uno de nosotros pensaba que el otro estaba “todo mojado” (equivocado), el insulto favorito era: “Tu madre usa botas del ejército”. Qué tontería, ¿verdad?

El insulto equivalente para los intelectuales adultos (no necesariamente maduros) es llamar a alguien con quien no están de acuerdo un “ideólogo”. Aunque ideólogo tiene un significado no emotivo (“una persona que cree fuertemente en principios particulares”), cuando se usa como epíteto, es un insulto. Marca al oponente como dogmático, impermeable a la razón, de mente cerrada y poco dispuesto a reconsiderar nuestras creencias ante los hechos y las pruebas.

La más famosa burocracia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), y sus aliados de los medios de comunicación se burlan y denuncian a los disidentes de su ortodoxia oficial como “ideólogos”. ¿Pero es posible que la camarilla del IPCC tenga su porcentaje de ideólogos? Veamos.

Modelos climáticos y predicciones defectuosas

En primer lugar, examinemos los modelos de cambio climático. Aquí hay una división metodológica, si no una ideológica. El IPCC y los periodistas que predicen catástrofes relacionadas con el clima citan modelos computarizados del cambio climático. No sé el número actual de estos modelos, pero hace unos años había 102.

Esos modelos comparten un problema: cuando los científicos prueban esos modelos introduciendo datos conocidos de las últimas décadas, resulta que la temperatura mundial real aumenta mucho más lentamente de lo que los modelos dicen. (El modelo que predice el menor calentamiento es un modelo ruso en el que el CO2 está diseñado para tener mucha menos influencia en la temperatura que en los otros modelos).

En contraste, muchos científicos que durante años estuvieron disputando las terribles predicciones de esos modelos, a los que en los últimos meses se han unido científicos belgas, japoneses, finlandeses, holandeses (que representan a 500 científicos) e italianos (más de 90 de ellos), denuncian a los modelos computarizados por su gran arbitrariedad, el descuido de los factores críticos y su pura inutilidad. Estos científicos se basan en datos duros, en mediciones reales.

Entonces, ¿quiénes son los ideólogos: los científicos que citan hechos y pruebas del mundo real, o los científicos que insisten en que basemos nuestras políticas públicas en modelos que no están validados por hechos observados?

En segundo lugar, miremos el historial de quienes predicen las catástrofes climáticas. Tales predicciones alarmantes han estado ocurriendo durante los últimos 50 años. Docenas de supuestas fechas límite han pasado sin que ni una de las predicciones catastróficas estuviera cerca de cumplirse.

Un informe del IPCC afirma inequívocamente que “la predicción a largo plazo de estados climáticos futuros no es posible” porque “el sistema climático es un sistema caótico no lineal acoplado”.

El Instituto de la Empresa Competitiva recopiló más de 30 informes de noticias de flagrantes predicciones fallidas en los últimos años. Es preocupante ver cómo “el conocimiento científico más avanzado” condujo reiteradamente a predicciones espectacularmente erróneas, predicciones que ni siquiera eran aproximadas. Véase también las “18 predicciones espectacularmente erróneas (…)” de Mark J. Perry. Bueno, como escribí antes, nadie es un experto acerca del futuro.

Sin embargo, nuevamente, esto plantea una cuestión: ¿quiénes son los ideólogos? ¿Son aquellos que estuvieron flagrantemente equivocados repetidas veces, pero que insisten en que esta vez tienen tanta razón que cualquiera que no esté de acuerdo con sus conclusiones especulativas es un negador de la realidad? ¿O son los que miran el antecedente cómicamente horrible de predicciones ambientalistas y llegan a la conclusión de que es justificado tener cierto escepticismo?

Plan preseleccionado

Si un “ideólogo” es alguien que sigue un plan preseleccionado bajo falsas pretensiones, entonces consideremos las siguientes declaraciones de algunos de los poderosos impulsores y agitadores del cambio climático:

Ottmar Edenhofer, alto funcionario del IPCC, dijo en 2010: “Hay que liberarse de la ilusión de que la política climática internacional es la política medioambiental. (…) [U]no debe decir claramente que redistribuimos de facto la riqueza del mundo mediante la política climática”.

Christine Stewart, exministra de Medio Ambiente de Canadá, dijo en 1988: “No importa si la ciencia del calentamiento global es falsa. (…) el cambio climático [ofrece] la mayor oportunidad de tener justicia e igualdad en el mundo”.

Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, dijo en 2015: “[N]os estamos asignando la tarea de intencionalmente (…) camb[iar] el modelo de desarrollo económico que ha reinado durante al menos 150 años (…)”.

Saikat Chakrabarti, secretario de la representante Alexandria Ocasio Cortez, dijo en 2019: “Lo interesante del Green New Deal (Nuevo Acuerdo Verde) es que originalmente no era un asunto climático para nada. (…) Realmente pensamos en ello como una cosa de ‘cómo cambiar toda la economía’”.

El informe de marzo de 2009 del Nuevo Acuerdo Verde Global de la ONU decía: “No debemos perder esta oportunidad de cambiar fundamentalmente la trayectoria de la civilización humana”.

A pesar de la obvia prioridad que los actores clave del movimiento del cambio climático dan a los objetivos políticos y económicos por encima de las preocupaciones científicas, los colegas periodistas que viajan han insistido con vehemencia en que los “negadores” no solo deben reconocer la necesidad de una reestructuración masiva de las economías de las naciones, sino también aceptar como verdad indiscutible las teorías y opiniones “científicas” no comprobadas adoptadas por el IPCC.

Esto apesta a totalitarismo.

Quieren que todos se sometan a los grandes planes de la élite y que reciten obediente e incuestionablemente su catecismo oficial. Exigen que pensemos lo que ellos nos dicen que pensemos. Nos están alimentando a la fuerza con una versión verde del “Pequeño Libro Rojo” de Mao.

De hecho, la naturaleza totalitaria cuasi religiosa de la línea oficial del partido del IPCC es que ahora hay un movimiento que anima a los ciudadanos a “confesar” sus pecados climáticos. ¿Cuándo comenzará el show de los juicios?

La ideología de izquierda es la única explicación razonable de por qué el IPCC critica reiteradamente a Estados Unidos mientras trata a la República Popular China con guantes de seda.

A modo de comparación, Estados Unidos tiene aproximadamente la misma cantidad de emisiones de CO2 que hace cinco años y una capacidad de 107,1 gigavatios de energía a base de carbón con alto contenido de CO2, mientras que China, desde 2011, quemó más carbón que el resto del mundo en su conjunto y tiene planes actuales de aumentar su producción de energía a base de carbón a nivel nacional en más de un 20 por ciento, al tiempo que también “construye cientos de plantas de energía a base de carbón en otros países“, de acuerdo con NPR.

Qué irónico –no, cínico– que el régimen chino haya tenido el descaro de decir en la cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático del mes pasado que tienen “derecho” a recibir apoyo monetario para hacer frente al cambio climático.

La evidencia de que la ideología política de izquierda impregna el movimiento del cambio climático es abundante. Mientras que la capacidad de pronosticar las condiciones climáticas futuras continuará eludiéndonos (tal como lo ha declarado el IPCC), es seguro predecir que la vida del hombre común tomará un giro radical para peor si los pueblos del mundo dejan que las élites políticas acumulen el poder que anhelan para reestructurar las economías y rediseñar la sociedad humana.

Los ideólogos elitistas ávidos de poder plantean un claro y presente peligro para los seres humanos.

Mark Hendrickson, economista, se retiró recientemente de la facultad de Grove City College, donde sigue siendo investigador de política económica y social en el Instituto Fe y Libertad.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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