Cambios en visas de trabajo temporal agrícola afectarán el bolsillo de los americanos, según agencia de empleos

Por Cristina Bazán
03 de Enero de 2024 10:03 PM Actualizado: 03 de Enero de 2024 10:15 PM

El programa de visado para trabajadores agrícolas temporales ha sufrido una serie de cambios que podrían acabar con el sustento de muchas familias de trabajadores que viajan cada año a Estados Unidos y también terminaría impactando severamente el bolsillo de los estadounidenses.

Alex Cracchiolo, jefe de marketing de USA Farm Labor, una agencia que se dedica a contratar agricultores para participar en el programa de visas H-2A, dijo en entrevista a The Epoch Times que los cambios propuestos están poniendo en riesgo la continuidad del mismo, lo que dejaría a los granjeros prácticamente sin opciones para cubrir esos puestos.

El programa de visas H-2A permite a los granjeros contratar trabajadores extranjeros estacionales, quienes tienen la oportunidad de trabajar legalmente en Estados Unidos por temporadas.

Uno de los cambios entró en vigor en marzo, el cual impone que el salario mínimo debe ser al menos la Tasa Salarial de Efecto Adverso (AEWR). Esta se calcula en base al salario por hora promedio de la región para los trabajadores agrícolas y ganaderos en el año anterior, según el Departamento de Agricultura. En algunos estados aumentó más del 10%, superando incluso la inflación, según datos de Farm Bureau. Este es uno de los principales obstáculos de los granjeros para contratar gente.

La nueva normativa también define el empleo de manera más específica, dependiendo de las tareas a realizar; el salario debe ser más alto en función de ciertas tareas.

Jacinto Elvarado, quien se encuentra en los EE. UU. con una visa de trabajador invitado H-2A, recoge naranjas para Sorrells Brothers Packing Co., Inc. el 13 de julio de 2006 en Arcadia, Florida (Joe Raedle/Getty Images)

Esto significa que los empleadores ya no pueden asignar a los trabajadores agrícolas con visa H-2A algunas otras tareas que se hacen periódicamente, como la construcción de cercas, la reparación de motores o el transporte de camiones pesados, porque no caen dentro de la categoría de trabajo por la que se contrató a la persona y, de hacerlo, deberían pagarle más por pertenecer a otra categoría.

Otra cuestión es que actualmente se permite un máximo de 40 horas de trabajo a la semana, luego de las cuales les tendrían que pagar horas extra. Algunos trabajadores ven esto como algo positivo, pero según Cracchiolo, los resultados no son lo que esperaban.

Anteriormente, los trabajadores tenían horarios flexibles y si bien solían trabajar 48 horas a la semana, si lo deseaban podrían trabajar muchas más horas y ganaban más dinero. Con los nuevo cambios, los propietarios tendrían que pagarle un 50% más por cada hora extra trabajada, por  lo tanto, prefieren no asignar horas extra a los trabajadores con visa H-2A, explicó.

“Muchos trabajadores terminan recibiendo menos dinero del que habrían recibido si hubieran podido trabajar más de 48 horas a la tarifa normal”, dijo. El impedimento de hacer algunas tareas extras también termina afectando el bolsillo de los trabajadores.

“La regulación es muy, muy confusa sobre cuándo exactamente a los trabajadores se les debe pagar un salario más alto. Aumenta los costos innecesariamente y lo hace realmente inasequible para muchos empleadores”, explicó.

Los empleadores terminan pagando menos a cada empleado o se retiran del programa. Es entonces cuando los trabajadores que reciben estas visas cuestionan su apoyo a las medidas porque prefieren más horas de trabajo que se traduzcan en más dinero, explicó Cracchiolo.

“Muchos de ellos no están contentos con las recientes [reglas]”, dijo “Cada vez que algo afecta la cantidad de dinero que están ganando, automáticamente no les gusta”.

Por otra parte, el proceso de certificación es ahora más complicado para los empleadores.

“Creo que cuanto más entran en juego estas reglas y cuantas más reglas existen, más difícil es para los empleadores utilizar el programa y menos empleadores lo utilizarán”, explicó. “Es solo una molestia adicional para las personas que se esfuerzan mucho por seguir las reglas, mientras hacen muy poco para castigar a quienes las infringen”.

Estos cambios realizados por parte del gobierno, se hicieron bajo el argumento de mejorar las condiciones de los trabajadores y evitar que sean objeto de abuso laboral. Sin embargo, Cracchiolo afirma que este tipo de situaciones abusivas, aunque existen, según su experiencia como intermediario entre empleadores y trabajadores, no se dan en la mayoría de los casos.

“Cuando los empleadores rompen las reglas y explotan a los trabajadores, el 95% de esos casos ocurren por el 5% de los empleadores”, dijo. “La gran mayoría de los empleadores son buenas personas que realmente intentan hacer lo correcto y realmente tratan de cuidar a los trabajadores”.

Cracchiolo dice que algunos empleadores tratan de involucrar a sus empleados en actividades de las iglesias o en celebraciones como el Día de Acción de Gracias, les dan alojamiento y tratan a los trabajadores como miembros de una familia.

Juan Trejo Ángeles, quien se encuentra en los EE.UU. con una visa de trabajador invitado H-2A, recoge naranjas para Sorrells Brothers Packing Co., Inc. el 13 de julio de 2006 en Arcadia, Florida. (Joe Raedle/Getty Images)

Posibles consecuencias

Cracchiolo considera que si las cosas siguen como hasta ahora, eventualmente los granjeros tendrán que recurrir a otras opciones que dejarían a un lado el programa H-2A. Sugiere que esto incluso podría impulsar la contratación de forma ilegal.

USA Farm Labor preguntó a los empleadores con los que trabajan si estarían interesados en continuar con el programa si este tipo de regulaciones persisten y el 60% contestó que no.

“Eso significa un 60% menos de empleos para los trabajadores, lo que significa que tendrán que encontrar alguna otra manera de mantener a sus familias”, dijo.

Cracchiolo considera que una de las cosas que podría hacer el gobierno para mantener este programa es hacer los trámites mucho más fáciles, ya que ahora llevan mucho tiempo y son muy burocráticos porque necesitan la aprobación de varias instancias gubernamentales.

También considera que el salario aumenta mucho cada año, es poco realista y no refleja las necesidades de la comunidad agrícola extranjera.

“Está llegando al punto en que los empleadores simplemente no pueden pagarlo y permanecer en el negocio, y ese es realmente el principal problema”, dijo.

De continuar esta situación, Cracchiolo cree que muchas granjas tendrán que cerrar, por lo que muchos alimentos que ahora se producen en Estados Unidos se tendrán que importar y el precio de la comida aumentará en todo el país.

“La gran mayoría de la gente no tiene idea” de lo que está pasando y cómo les afectan estos cambios para las visas H-2A, según Cracchiolo, y tampoco hay mucho apoyo del gobierno. Considera que el programa tiene una mala reputación en ambos lados del espectro político.

“Hay gente de izquierda que dice: ‘Oh, el programa H-2A es malo porque explota a los trabajadores’. Y luego hay gente de derecha que dice: ‘Oh, el programa H-2A es malo porque roba empleos a los estadounidenses’, y ambas cosas están equivocadas”, explicó.

La mayoría de los empleadores no explota a los trabajadores y al mismo tiempo no consiguen mano de obra nacional, aseguró.

“Parte de mi trabajo es corregir esa idea errónea y mostrarle a la gente que este es un programa realmente excelente que está ayudando a tanta gente”, dijo.“Creo que es importante, porque toda la comida que tenemos en las tiendas de comestibles proviene de nuestros agricultores y si los agricultores comienzan a quebrar, será cada vez más difícil para la gente conseguir alimentos. Y eso es algo que las personas que están elaborando todas estas nuevas regulaciones, parece que no lo están tomando en consideración. Al final del día, tenemos que cuidar a nuestros agricultores porque nuestros agricultores nos cuidan a nosotros todos los días”.

Siga a Cristina Bazán en X: @cristinaisbe


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