Capítulo 13: Los medios de comunicación, portavoces del espectro (ACTUALIZADO)

Traducción en partes del libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”
Por The Epoch Times
24 de Julio de 2018
Actualizado: 08 de Agosto de 2020

La Gran Época publica aquí entregas traducidas del inglés de un nuevo libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”, del equipo editorial de “Nueve comentarios sobre el Partido Comunista chino”.

Tabla de contenidos

Introducción

1. Adoctrinamiento de las masas en países comunistas

2. Infiltración comunista de los medios de comunicación occidentales y en Hollywood

3. Tendencia izquierdista entre los periodistas

4. El liberalismo moderno y el progresismo se adueñan de los medios de comunicación

5. La industria del cine: Vanguardia versus tradición

6. Televisión: Corrupción en cada hogar

7. Los medios de comunicación: Un campo de batalla clave en una guerra total

8. Restaurar la integridad del “cuarto poder”

***

Introducción

La influencia de los medios de comunicación en la sociedad moderna es enorme y crece diariamente. Permea comunidades de todos los tamaños, desde las locales a las globales. Con la aparición de las redes sociales y el contenido generado por los usuarios, Internet amplió enormemente la velocidad y el alcance de la comunicación audiovisual.

La gente confía en los medios de comunicación para obtener las últimas noticias y análisis. En un océano de información, los medios de comunicación –de periódicos a revistas, a radio, cine y televisión, incluyendo sitios web y redes sociales– tienen influencia sobre qué información ve la gente y cómo la interpreta. Los medios de comunicación están en una posición capaz de influenciar las primeras impresiones de la gente sobre un tema particular, y así tiene poderes considerables para acondicionar psicológicamente a la gente.

Para las élites sociales, particularmente los políticos, los medios de comunicación pueden usarse para determinar el foco de la opinión pública y sirven como faro unificador para el público. Los temas que cubre la prensa se convierten en asuntos de grave preocupación social. Los asuntos que la prensa no cubre son ignorados y olvidados.

En Occidente, los medios de comunicación son tradicionalmente considerados los guardianes de la verdad y de los valores principales de la sociedad. Los periodistas son respetados por su experiencia y sacrificios. Su deber es informar la verdad de los grandes acontecimientos que ocurren en el mundo de manera justa, precisa y rápida. Deben apoyar la justicia y condenar los malos actos, promoviendo al mismo tiempo la bondad. Su misión va más allá de los intereses privados de cualquier persona, empresa o partido político. Thomas Jefferson, padre de la Declaración de Independencia y tercer presidente de Estados Unidos, dijo: “Si yo fuera a decidir si debiéramos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría un momento en preferir lo último”. [1]

Como la voz de la sociedad, los medios de comunicación pueden tanto salvaguardar la moral como convertirse en instrumentos del mal. En medio de la decadencia moral de la humanidad, es difícil para los medios de comunicación proteger su virtud y cumplir con sus deberes bajo la presión del poder y la tentación del dinero.

Joseph Pulitzer, editor de prensa que inspiró el Premio Pulitzer, dijo: “Nuestra República y su prensa ascenderán o caerán juntas. Una prensa capaz, desinteresada, solidaria, con inteligencia capacitada para distinguir lo correcto y valentía para hacerlo, puede preservar esa virtud pública sin la cual el gobierno popular es una farsa y una burla. Una prensa cínica, mercenaria y demagógica con el tiempo producirá un pueblo tan vulgar como ella. El poder para moldear el futuro de la República estará en las manos de los periodistas de las generaciones futuras”. [2]

En los países comunistas, los medios de comunicación están controlados por el Estado. Estos portavoces del régimen lavan el cerebro de las masas y actúan como cómplices de las políticas comunistas de terror y asesinato. En la sociedad occidental, la prensa ha sido fuertemente infiltrada por el pensamiento comunista, y se ha convertido en uno de los agentes principales del comunismo que impulsan las tendencias antitradicionales, antimorales y demoníacas. Propaga mentiras y odio, echando leña al fuego de la degeneración moral. Muchos medios de comunicación abandonaron su deber de informar la verdad y resguardar la conciencia moral de la sociedad. Es imperioso que nos despertemos al estado en que la prensa se encuentra hoy, y que se vuelva a incorporar la responsabilidad a este ámbito.

1. Adoctrinamiento de las masas en países comunistas

Desde el principio, los comunistas han considerado a los medios de comunicación como una herramienta de lavado de cerebro. En el documento “Normas de la Liga de los Comunistas” de 1847, escrito con la colaboración de Marx y Engels, se le pide a los miembros que tengan “energía y fervor revolucionario en la propaganda” [3]. Marx y Engels solían usar términos como “campo de batalla del partido”, “portavoz del partido”, “centro político” o “herramienta para la opinión pública” en sus artículos para expresar el carácter y las funciones que ellos deseaban en los medios de comunicación.

Vladimir Lenin usó a los medios de comunicación como una herramienta para promover, incitar y organizar la Revolución Rusa. Ayudó a gestionar los periódicos comunistas oficiales Iskra y Pravda para promover la propaganda y el activismo revolucionarios. Poco después de que el Partido Comunista de la Unión Soviética tomara el poder, este utilizó a los medios de comunicación para el adoctrinamiento político en el país y para difundir su propaganda en el extranjero con el objetivo de mejorar su imagen y exportar la revolución.

El Partido Comunista Chino (PCCh) también considera a los medios de comunicación como una herramienta para controlar la opinión pública y como portavoz del Partido. El PCCh está altamente consciente del hecho de que “depende de las armas y las plumas para tomar y consolidar el poder” [4]. Ya en el período de Yan’an (1935-1947), el secretario de Mao Zedong, Hu Qiaomu, postuló el principio de “primero, la naturaleza del partido”, diciendo que el periódico del Partido “tiene que portar los puntos de vista y entendimientos del Partido en todos los artículos, en cada ensayo, en cada noticia y en cada boletín informativo”. [5]

Tras establecer su dictadura, el PCCh impuso un control estricto sobre los medios de comunicación, y posteriormente Internet. Los utiliza como herramientas para adoctrinar a los chinos con la ideología comunista, suprimir a los disidentes, intimidar al público y ocultar o distorsionar la verdad. Quienes trabajan en los medios de comunicación son expertos en autocensura, constantemente conscientes de que un solo error puede resultar en consecuencias miserables. La censura no solo permea los canales oficiales de noticias, sino también los blogs personales y las comunidades virtuales, los cuales son monitoreados y controlados por un vasto sistema de policía del internet.

Hay una frase contemporánea china que describe vívidamente el rol de la prensa bajo el régimen del PCCh: “Soy el perro del Partido, sentado junto a la puerta del Partido. Morderé a cualquiera que el Partido me diga que debo morder, todas las veces que me lo diga”. Esto no es una exageración. Cada movimiento político comunista comienza manipulando a la opinión pública: la prensa divulga mentiras para incitar el odio, lo que termina en violencia y asesinatos. Los medios de comunicación juegan un rol crucial en este mecanismo letal.

Durante la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989, el PCCh afirmó que los estudiantes eran rufianes violentos y que por eso había utilizado al ejército para reprimir el supuesto “vandalismo”. Luego de la masacre, dijo que el ejército no había disparado a nadie y que no hubo muertes en la Plaza de Tiananmen [6]. En 2001, a principios de la persecución a Falun Dafa, el régimen montó una autoinmolación falsa en la Plaza de Tiananmen para incriminar a dicha práctica espiritual y encender el odio contra los practicantes de Falun Dafa en toda China y en el mundo. [7]

Los cuadros líderes de los comités en todos los niveles del PCCh dan gran importancia al trabajo de propaganda y destinan una considerable cantidad de personal a esta tarea. A fines del 2010, China tenía más de 1.3 millones de empleados trabajando en el aparato nacional de propaganda, entre ellos, unos 56,000 en departamentos de propaganda a niveles provinciales y de condado, 1.2 millones en las unidades locales de propaganda y 52,000 personas en las unidades centrales de trabajo de propaganda [8]. Estas cifras no incluyen un gran número de empleados que son responsables de monitorear y manipular la opinión en Internet, como la policía del internet, los moderadores, los comentadores controlados por el Partido, y otros contratados para las varias formas de relaciones públicas.

Los países regidos por partidos comunistas, sin excepción, utilizan grandes cantidades de recursos para manipular a la prensa. Años de operación pulieron a los medios de comunicación estatales comunistas para convertirlos en portavoces eficientes de sus amos totalitarios. Usan todo tipo de métodos para engañar y envenenar las mentes de las personas.

2. Infiltración comunista en los medios de comunicación occidentales y en Hollywood

El siglo pasado fue testigo de grandes conflictos entre el mundo libre y el bloque comunista. Todo el tiempo, el comunismo ha estado infiltrando las sociedades libres y subvirtiendo a los medios de comunicación en los países occidentales. Ante la extraordinaria influencia de los medios de comunicación estadounidenses en todo el mundo, este capítulo se enfoca en Estados Unidos.

Luego de que el régimen soviético tomara el poder en Rusia, intentó establecer su control sobre el discurso público en Occidente, despachando a sus agentes para infiltrar los medios de comunicación occidentales y seducir a los simpatizantes comunistas locales. Usó a estas personas para que elogiaran a la Unión Soviética y así ocultar la brutalidad del régimen comunista. Los esfuerzos de propaganda soviética persuadieron a gran cantidad de occidentales, influenciando incluso las políticas de gobiernos a favor de la Unión Soviética.

La KGB soviética usaba a sus agentes en Estados Unidos para trabajar directamente con prestigiosos medios de comunicación estadounidenses. Entre ellos estaban John Scott, Richard Lauterbach y Stephen Laird de la revista Time, que usaron sus puestos para relacionarse con políticos, celebridades y jefes de Estado. Además de reunir un amplio rango de inteligencia, también influenciaron decisiones de alto nivel respecto a cuestiones políticas, económicas, diplomáticas, bélicas y otras. Otro editor de Time y espía soviético, Whittaker Chambers, luego desertó y escribió el libro Testigo, que detalla la subversión comunista en Estados Unidos. [9]

Walter Duranty, corresponsal en Moscú de New York Times, ganó el Premio Pulitzer en 1932 por una serie de artículos sobre la Unión Soviética. El excomunista estadounidense Jay Lovestone y el prominente periodista Joseph Alsop creen que Duranty actuaba como espía soviético [10]. Durante la hambruna que devastó Ucrania y otras regiones de la Unión Soviética en los años 1932/1933 , Duranty negó que la hambruna siquiera hubiera existido, ni hablar que millones de personas estuvieran muriendo de inanición. Afirmó que “cualquier información sobre una hambruna en Rusia es hoy una exageración o propaganda maliciosa”. [11]

Al describir las consecuencias de la falsa información de Duranty, Robert Conquest, famoso historiador británico y autoridad académica sobre la historia de la Unión Soviética, escribió en su libro La cosecha del dolor: la colectivización soviética y la hambruna de terror: “Como uno de los corresponsales más reconocidos del mundo para uno de los periódicos más reconocidos del mundo, la negación del Sr. Duranty de que hubiera una hambruna fue aceptada como la verdad absoluta. Así, el Sr. Duranty no solo engañó a los lectores del New York Times, sino que dado el prestigio del periódico, también influenció las opiniones de incontables miles de otros lectores sobre el carácter de Josef Stalin y el régimen soviético. Y ciertamente influenció al recientemente electo presidente [Franklin D.] Roosevelt para que reconociera a la Unión Soviética”. [12]

Al mismo tiempo, Hollywood también ha sido infiltrado por ideas comunistas y de izquierda. Willi Münzenberg, comunista alemán y miembro de la Tercera Internacional, viajó a Estados Unidos y reconoció que la industria cinematográfica estadounidense podía ser utilizada como una herramienta de propaganda, implementando los conceptos de Lenin para el desarrollo y producción de cine. Envió a su asistente de confianza, Otto Katz, y a su socio Louis Gibarti para infiltrarse en la industria. Katz logró penetrar los círculos sociales de la élite de Hollywood y pronto estableció una organización derivada del Partido Comunista: la Liga Anti-Nazi de Hollywood.

Paso a paso, la influencia de la Unión Soviética comenzó a decantar. Muchos cineastas de ese tiempo idolatraban a los soviéticos, y estos sentimientos crecieron durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se aliaron brevemente contra la Alemania Nazi. Un famoso dramaturgo afirmó que la invasión alemana de la Unión Soviética era “un ataque a nuestra patria” [13]. En un diálogo de Misión en Moscú, un film de 1943 producido para impulsar el apoyo a la alianza soviética-estadounidense, se plantea que la Unión Soviética era un país fundado sobre los mismos principios fundamentales que Estados Unidos. [14]

El régimen comunista chino también se ha beneficiado enormemente de la prensa y los periodistas de izquierda en el mundo libre. Entre ellos se destacan los periodistas estadounidenses de tendencia izquierdista Edgar Snow, Agnes Smedley y Anna Louise Strong. El libro Estrella Roja sobre China, de Edgar Snow, pintaba una imagen brillante de Mao Zedong y otros altos líderes del Partido Comunista Chino, mientras ocultaba sus crímenes y la naturaleza perversa del comunismo a los lectores occidentales. Mao dijo: “Snow es la primera persona que abrió el camino para las relaciones amistosas necesarias para establecer un frente unido”. [15]

Smedley escribió muchos artículos y libros adulando al PCCh y su liderazgo. Hay una fuerte evidencia de los archivos soviéticos que sugiere que ella era una agente del Conmintern que trabajó para fomentar una revolución armada en India y recoger inteligencia para los soviéticos [16]. Strong también era una admiradora del movimiento comunista chino. El PCCh reconoció a estos tres estadounidenses emitiendo estampillas en honor a su “servicio meritorio”.

3. Tendencia izquierdista entre los periodistas

La mayoría de los estadounidenses dicen que los medios de comunicación tienen sesgos partidistas. Una encuesta de Gallup de 2017 muestra que el 64% de la gente siente que los medios de comunicación favorecen a los demócratas. En comparación, solo el 22% piensa que la prensa favorece a los republicanos [17]. Esto plantea la pregunta: dado que la industria de las noticias es tan competitiva, ¿cómo podría existir un sesgo tan grande?

Aunque los periodistas y editores tienen sus propias opiniones políticas y sociales, su cobertura de las noticias no debe verse coloreada por sus opiniones personales –objetividad y neutralidad son principios fundamentales de la ética periodística. Según los principios normales de la oferta y la demanda, todo sesgo que surja debería provocar la aparición de nuevos competidores más neutrales, que equilibrarían el mercado.

La realidad es más complicada. En su libro de 2011, Giro a la izquierda: Cómo la prensa progresista distorsiona la mente estadounidense, el científico político estadounidense Tim Groseclose utiliza rigurosos métodos científicos para analizar las inclinaciones políticas de los grandes medios de comunicación de Estados Unidos. Sus hallazgos revelaron que la inclinación política promedio de los medios de comunicación de EE. UU. tiende excesivamente hacia el liberalismo moderno y el progresismo –la extrema izquierda para el típico votante. Los “principales” medios de comunicación están aún más a la izquierda que el promedio. [18]

El libro explica que la mayoría de los profesionales de los medios de comunicación, ya sean los dueños de las compañías o los periodistas y comentaristas, son progresistas, que objetivamente hablando, aumentan la presión sobre los tradicionalistas en el ámbito. El pequeño número de conservadores que trabajan en medios de comunicación progresistas pueden llegar a ser considerados “ligeramente malvados o subhumanos”, según Groseclose. Incluso si no se quedan sin empleo, aún no se atreven a ventilar públicamente sus opiniones políticas, y mucho menos promover puntos de vista conservadores en medios impresos o televisión [19]. Según una encuesta de ABC News/Washington Post de 2013, un 28% de los periodistas de Estados Unidos se identifica como demócrata, comparado con solo el 7.1% que se identifica como republicano. [20]

La comunidad mediática excluye las opiniones que no están alineadas con su tendencia progresista, formando así cajas de resonancia políticas. Los integrantes de esta comunidad se consideran una élite compasiva e inteligente a la vanguardia del desarrollo de la sociedad, al tiempo que miran por encima del hombro a los ciudadanos comunes como si fueran tercos plebeyos. La tendencia izquierdista provoca que los estudiantes con posturas conservadoras no se sientan alentados a elegir una carrera en periodismo o a buscar trabajo en un medio de comunicación después de graduarse.

Durante las elecciones presidenciales de 2016, cincuenta y siete de los cien periódicos más grandes del país –que en total tienen una circulación de trece millones de copias– apoyaron a la candidata demócrata. Solo dos entre los cien, con una circulación de 300,000 periódicos entre ambos, apoyaron al candidato republicano [21]. Pero los grandes medios de comunicación no necesariamente representan la opinión de la mayor parte de la sociedad. Una encuesta de Gallupp de 2016 encontró que el 36% de los ciudadanos estadounidenses se identifican como conservadores, mientras que los progresistas representan el 25% [22]. Es decir, si los medios de comunicación reflejaran con precisión las perspectivas de la mayoría de los ciudadanos, entonces los medios de comunicación en general no tendrían tendencia izquierdista.

La inclinación izquierdista de la prensa evidentemente no es el resultado de la voluntad popular. Más bien, proviene de que detrás de escena se impulsa una agenda política con la intención de mover a todo el país hacia la izquierda política. En 1996, la brecha entre conservadores y progresistas era del 22%; en 2014 era del 14%; y en 2016 era del 11%. La proporción de conservadores se ha mantenido estable, pero muchos en el medio se han inclinado hacia la izquierda. Los grandes medios de comunicación tienen un rol indiscutible en esta transformación demográfica, la cual, a su vez, sustenta la tendencia ideológica de la prensa.

¿Por qué los medios de comunicación se inclinan tanto hacia la izquierda? En los años 60, el país fue fuertemente influenciado por la ideología comunista, y los movimiento sociales de izquierda arrasaron con Estados Unidos. Los estudiantes radicales de esa época luego ingresaron a los medios de comunicación, la comunidad académica,  las agencias de gobierno y la esfera artística, asumiendo así el control del discurso público. Hoy en día, la vasta mayoría de los profesores universitarios son de izquierda, y las facultades de periodismo y literatura han puesto a generaciones de graduados bajo su influencia izquierdista. Los periodistas no reciben buenos salarios, y en cambio se basan en su sentido idealista de tener un propósito elevado para mantenerse en la profesión. Este idealismo se ha convertido en una herramienta para transformar a los medios de comunicación en una base de operaciones de la izquierda.

Junto con la prensa, la industria del cine también está bajo asedio. Hollywood se ha convertido en un bastión de propaganda izquierdista. Mediante el uso de sofisticadas técnicas de producción y narración, los productores izquierdistas promueven ideologías de izquierda, las cuales han llegado a todo el mundo. El tema principal de las películas de Hollywood generalmente parece estar difamando al capitalismo y enfatizando el conflicto de clases, al tiempo que elogia el comportamiento inmoral o el sentimiento antiestadounidense.

El autor Ben Shapiro entrevistó a muchas estrellas de cine y productores de Hollywood y escribió un libro titulado Propaganda en el horario central: La verdadera historia de Hollywood sobre cómo la izquierda se apropió de tu TV. De acuerdo con Shapiro, un famoso productor dijo que en esa profesión, el progresismo es “100% dominante”, y que “cualquiera que lo niegue está bromeando o mintiendo”. Cuando se le preguntó si tener una postura política diferente podría hacer que sea más difícil para una persona conseguir trabajo en la industria del cine, el productor respondió: “Absolutamente”. Otro famoso productor admitió abiertamente que Hollywood ha estado vendiendo opiniones políticas progresistas en sus obras. “Ahora mismo hay una sola perspectiva. Y es una perspectiva muy progresista” [23]. El productor de una serie de televisión sobre policías dijo que muestra intencionalmente más blancos en el papel de criminales porque no “quería contribuir a estereotipos negativos”. [24]

Shapiro argumenta que el nepotismo de Hollywood es más ideológico que familiar: los amigos contratan a amigos con la misma ideología. Es impactante lo abierto que es Hollywood para admitir su discriminación contra los conservadores dentro de la industria. Los que hablan de tolerancia y diversidad no tienen tolerancia cuando se trata de respetar la diversidad ideológica. [25]   

4. El liberalismo moderno y el progresismo se adueñan de los medios de comunicación

Walter Williams, fundador de la educación de periodismo y de la primera facultad de periodismo del mundo en la Universidad de Missouri, creó el “Credo del Periodista” en 1914. Allí se define al periodismo como una profesión independiente que respeta a Dios y honra a la humanidad. Los periodistas deben ser “impasibles ante la soberbia de la opinión o la sed de poder”. Deben ejercitar el autocontrol, la paciencia, la valentía y un constante respeto hacia sus lectores [26]. Sin embargo, después de la década de 1960, a medida que el progresismo se volvió prevalente, el activismo reemplazó a la objetividad y el liberalismo moderno y el progresismo reemplazaron a la imparcialidad.

En el libro de 1986 La élite mediática, el autor Samuel Robert Lichter escribió que los periodistas tienden a añadir sus propias opiniones y trasfondo educativo en sus artículos sobre temas controvertidos. Debido a que la mayoría de las personas en las salas de prensa son progresistas, la cobertura de las noticias se ha movido a favor de la política progresista [27]. En su investigación sobre la evolución del periodismo estadounidense en los últimos doscientos años, Jim A. Kuypers concluyó que los grandes medios de comunicación de hoy son liberales y progresistas tanto en su planta de empleados como en su cobertura de las noticias. Él citó a un editor progresista de un importante periódico diciendo: “Muy a menudo, portamos el liberalismo en nuestras mangas y somos intolerantes hacia otros estilos de vida y opiniones. […] No somos muy sutiles sobre ello en este periódico: si trabajas aquí, debes ser uno de los nuestros. Debes ser liberal, progresista, un demócrata” [28]. En un artículo de opinión publicado en The Wall Street Journal en 2001, el experiodista de la CBS Bernard Goldberg escribió que los presentadores de noticias de las grandes cadenas son tan tendenciosos que “ya ni saben qué es un sesgo progresista”. [29]

A pesar de las encuestas que sugieren que los estadounidenses son conscientes de la parcialidad de los medios de comunicación, muchas personas dan por sentado que los artículos están escritos con objetividad y de manera integral, y que lo citado es un análisis serio de un experto basado en información de fuentes confiables. La prensa izquierdista se aprovecha de la confianza de su consumidor para inocularle su perspectiva ideológica. Debido a que las sociedades libres de Occidente tradicionalmente han puesto énfasis en la necesidad de tener una prensa veraz, objetiva y justa, la prensa izquierdista no siempre difunde noticias falsas para engañar al público abiertamente. Sus métodos son más sutiles y complejos, como se describen abajo.

Cobertura selectiva

Todos los días ocurren miles de eventos relevantes alrededor del mundo. Pero qué eventos reciben atención o se disipan sigilosamente de la atención pública, está determinado casi completamente por lo que la prensa decide cubrir.

La cobertura selectiva puede dividirse en tres categorías. Primero, los eventos son seleccionados solo o principalmente por su utilidad para hacer que los lectores acepten la postura ideológica de la izquierda. Segundo, en vez de informar de manera cabal sobre el contexto del evento, reportan solo sobre los aspectos que apoyan el punto de vista izquierdista. Por último, la prensa tiende a dar mayor participación a aquellos que se inclinan hacia la izquierda o cuyas declaraciones están de acuerdo con la izquierda, mientras que otras organizaciones e individuos son dejados de lado. Groseclose y Jeffrey Milyo escribieron en su estudio de 2005 Una Medición de la Parcialidad de la Prensa que “Por cada pecado de comisión, […] creemos que hay cientos, y tal vez miles, de pecados de omisión –casos en los que un periodista eligió hechos o historias que probablemente solo mencionen un lado del espectro político”. [30]

Tal vez uno de los ejemplos más sorprendentes de cobertura selectiva es la poca información en la prensa sobre la mayor persecución a la fe en la historia contemporánea. En China, desde 1999, el PCCh ha estado persiguiendo a quienes practican la disciplina espiritual Falun Dafa, basada en los principios universales de verdad, benevolencia y tolerancia. Esta persecución ha afectado directamente a cientos de millones de personas en el país más poblado del mundo durante más de dos décadas, y se está llevando a cabo con un grado de brutalidad difícil de comprender. Sin embargo, su cobertura en los medios de comunicación occidentales ha sido desproporcionadamente débil teniendo en cuenta la magnitud y gravedad de los hechos que están ocurriendo. La mayoría de los grandes medios de comunicación, afectados por la influencia política del PCCh, han ejercido la autocensura o han permanecido en silencio en medio del monstruoso ataque del PCCh a la libertad de creencia y a los valores fundamentales de la civilización humana. Algunos incluso han sido cómplices de ayudar al PCCh a difundir su engaño.

Al mismo tiempo, ha surgido una tendencia que se opone al comunismo y aboga por el retorno a la tradición. En mayo de 2020, más de 350 millones de personas habían renunciado al PCCh y a sus organizaciones afiliadas en el movimiento Tuidang (“Renunciar al Partido”). Sin embargo, un fenómeno tan importante que tiene una gran importancia para el futuro de China y del mundo, rara vez o nunca se menciona en los medios de comunicación occidentales.

Imposición de intereses

En los años 60, investigadores de los medios de comunicación plantearon la influyente teoría de que los medios determinan qué temas son apropiados para debatir. El científico político estadounidense Bernard Cohn lo expresó bien cuando dijo que la prensa “podrá no tener éxito la mayor parte del tiempo en decirle a la gente qué pensar, pero tiene un éxito asombroso en decirle a los lectores en qué pensar” [31]. Es decir, la prensa puede determinar la importancia de los eventos según el número de artículos y artículos de seguimiento que dedican a cierto evento, mientras que temas igual o más importantes pueden ser tratados de manera más resumida o no ser mencionados en absoluto. Por ejemplo, aunque el tema de los derechos de los transgénero concierne a solo una porción muy pequeña de la población, se ha vuelto en punto focal de debate y es un ejemplo de cómo los medios de comunicación logran imponer sus propios intereses. 

Muchas ideas progresistas –como la llamada justicia social, la igualdad y el feminismo– han pasado a ser dominantes, mientras que los crímenes del comunismo han sido encubiertos. Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes, escribió en 2018: “La izquierda académica y sus medios de comunicación y acólitos de Hollywood se niegan a enfrentar el horripilante historial de crueldad ilimitada del marxismo”. [32]

Recorte 

Hay muchos temas que son demasiado grandes como para ignorarlos, y en estos casos, los medios de comunicación utilizan el método de recortarlos para influenciar las perspectivas del público. El movimiento de liberación sexual y las políticas de ayuda social de los años 60 tuvieron como resultado la desintegración de la familia, una mayor pobreza y un aumento de los crímenes. Sin embargo, los izquierdistas utilizan a los medios de comunicación y a Hollywood para presentar la imagen de una madre soltera fuerte e independiente, y ocultan los verdaderos problemas sociales detrás de ese fenómeno. Hacen que expertos culpen a la discriminación del sistema por el estado financiero y social inferior de las minorías, ocultando las verdaderas causas, muchas de las cuales tienen sus raíces en el comunismo. La prevalencia de tales posturas es en gran parte el resultado de una colusión entre los medios de comunicación y ciertas fuerzas políticas.

El método de recortar los temas se puede observar principalmente en el fenómeno de que las historias preceden a los hechos. En una cobertura objetiva, el escritor resume los hechos y los convierte en una historia. Pero los periodistas y editores que tienen opiniones prejuiciosas sobre un tema moldean los hechos para que encaje con una historia que valide sus propios prejuicios.

Utilización de la corrección política para implementar la autocensura 

La corrección política, una potente herramienta comunista, impregna los medios de comunicación. Sea que esté escrita en la guía de estilo o sea implícita, muchos medios de comunicación tienen normas de corrección política que afectan lo que sea reporta y lo que no, y cómo se lo presenta. Debido a las leyes sobre “crímenes de odio” en algunos países europeos, muchos medios de comunicación de esa región no se atreven a informar sobre los crímenes cometidos por inmigrantes, a pesar de que tales crímenes se han convertido en un grave problema social y amenazan la seguridad nacional de esos países. Los medios de comunicación estadounidenses también se autocensuran cuando se trata de informar sobre crímenes, y suelen omitir el estatus migratorio de los perpetradores.

Los medios de comunicación occidentales, junto con los grupos políticos y académicos de izquierda, han creado un léxico de lenguaje políticamente correcto. Se ha aplicado con tanta frecuencia en los medios de comunicación que se ha arraigado profundamente en la conciencia pública, influyendo en el público a un nivel subliminal.

Calificación de las fuentes conservadoras para neutralizar su influencia 

A fin de crear la impresión de una cobertura imparcial, los medios de comunicación progresistas no tienen más opción que incluir las opiniones de conservadores o de organizaciones conservadoras. Pero la prensa generalmente utiliza etiquetas como “extrema derecha”, “derechista” o “derecha religiosa” al citar esas fuentes, y de esa manera implican sutilmente que sus opiniones son prejuiciosas o no son de fiar. Por el contrario, al citar a personas u organizaciones progresistas, la prensa suele utilizar títulos neutrales como “académico” o “experto”, sugiriendo así que sus opiniones son imparciales, objetivas, racionales y fiables.

Una vez que la prensa valida una opinión izquierdista, esto se manifestará en todos los aspectos de la sociedad. Un artículo de octubre de 2008 del New York Times, titulado “Las opiniones liberales dominan la escena”, decía: “Durante esta temporada de elecciones, el público de Nueva York podrá ver alrededor de una docena de obras teatrales abiertamente políticas, sobre Irak, la corrupción en Washington, el feminismo o la inmigración; lo que no verán es ninguna con una perspectiva conservadora”. [33]

Los colores políticos de los medios de comunicación también se ven reflejados en su cobertura del proceso democrático. Los candidatos progresistas tienen una cobertura positiva, mientras que los candidatos que apoyan las perspectivas tradicionales reciben más críticas. Tales coberturas y análisis de “expertos” tienen una gran influencia sobre la población de votantes.

Groseclose descubrió que más del 90% de los periodistas en Washington, D. C. votaron a los demócratas. Según los cálculos de Groseclose, en una elección típica, la tendencia de la prensa ayuda a los candidatos demócratas en 8-10 puntos porcentuales. Por ejemplo, si no fuera por la preferencia de la prensa, John McCain hubiera derrotado a Barack Obama en un 56% contra un 42%, en vez de perder por un 46% frente a un 56%. [34]

5. La industria del cine: Vanguardia versus tradición

Como símbolo internacional de la cultura estadounidense, Hollywood ha actuado como un transmisor y amplificador de los valores estadounidenses en todo el mundo. Pero también se ha convertido en un instrumento para exponer a toda la humanidad a valores distorsionados y antitradicionales.

Hoy en día es difícil para la mayoría de los estadounidenses imaginarse que las familias de los años 30 y 40 no tenían que preocuparse por la influencia negativa de las películas en sus hijos, ya que la industria del cine en aquella época seguía estrictas normas morales. En 1930, con un fuerte respaldo de las iglesias, la industria del cine presentó el Código de Producción Cinematográfico, también conocido como el Código Hays. Su primer principio era que no debería producirse ninguna película que rebajara el estándar moral de los espectadores. Nunca se hará que el espectador simpatice con el crimen, el mal o el pecado. El principio del Código Hays sobre el sexo era sostener el carácter sagrado del matrimonio; las películas no deben implicar que las formas bajas de relaciones sexuales son normas aceptables. El adulterio, aunque a veces es necesario para la trama de la película, no debe ser justificado ni presentado de manera atractiva, ni tratado de manera explícita.

Sin embargo, desde los años 50, la liberación sexual ha causado una conmoción cultural y moral. La llegada de la televisión a los hogares estadounidenses provocó una enorme presión de mercado y rivalidad entre productores de cine. Hollywood comenzó a ignorar cada vez más el Código Hays. Por ejemplo, el film Lolita de 1962, adaptado de la novela del mismo título y nominado al Premio Oscar, describe la relación adúltera y pedofílica entre un hombre y su hijastra menor de edad. Aunque el film recibió críticas tanto positivas como negativas en esa época, hoy en día tiene una aprobación del 91% en Rotten Tomatoes, un sitio web que reúne reseñas de películas y programas de televisión. Esto refleja el cambio en la moral social de las últimas décadas.

Los movimientos de contracultura de fines de los años 60 marcaron el colapso del orden y la moral tradicionales en las producciones de Hollywood. Varias películas icónicas que describen temas de rebelión reflejan la creciente degeneración de la industria del cine estadounidense. Como se ha mencionado en repetidas ocasiones en este libro, una táctica principal del comunismo es presentar al comportamiento criminal de una manera noble o recta. Bonnie y Clyde es una película de 1967 basada en la historia real de unos ladrones de la época de la Gran Depresión. Durante la Gran Depresión, muchas familias se quedaron sin hogar luego de que los bancos ejecutaran las hipotecas de sus casas. Los personajes principales del film son representados como si reaccionaran con un enojo justificado ante este fenómeno, y como si lucharan contra la injusticia mientras roban bancos y cometen asesinatos.

El film, que presenta algunas de las primeras escenas de violencia explícita de Hollywood, tiene un relato al estilo Robin Hood. La pareja de criminales, interpretada por un actor apuesto y una bella actriz, son retratados con un sentido de justicia inherente. Mientras tanto, los policías son presentados como si fueran payasos incompetentes en vez de protectores de la ley y el orden. Al final, las muertes de Bonnie y Clyde como resultado del accionar policial tienen un profundo impacto en el público adolescente. Son considerados como mártires, como si se hubieran sacrificado por una gran causa.

Los temas de crimen y violencia que describe el film conmocionaron a la sociedad estadounidense en general, pero tuvieron una gran resonancia entre los estudiantes rebeldes. Los jóvenes comenzaron a copiar el estilo de vestimenta, forma de hablar y desdén por la tradición y las costumbres de los personajes principales. Algunos incluso trataron de imitar la forma de morir de la pareja [35]. Aunque la primera reseña del film en la revista Time la calificó de indecente y llena de inconsistencias en la trama, el actor y la actriz protagonistas aparecieron en la portada de la revista varios meses después, y la nota principal decía: “Bonnie y Clyde no es solo el éxito inesperado de la década sino, según un creciente consenso entre el público y la crítica, la mejor película del año” [36]. Un crítico de cine de una publicación de izquierda escribió un artículo comparando a Bonnie y Clyde con el líder guerrillero Che Guevara y con Nguyễn Văn Trỗi, un terrorista del Vietcong [37]. Un grupo juvenil radical declaró: “No somos potenciales Bonnie y Clydes, somos Bonnie y Clydes” [38]. Además de glorificar el crimen, Bonnie y Clyde presentó un nivel de contenido sexual sin precedentes. Sin embargo, el film fue de todos modos aclamado por la crítica, fue nominado a diez premios Oscar y ganó dos. Hollywood se había desviado de sus principios tradicionales.

El graduado, estrenada a fines de 1967, reflejó la ansiedad interior y los conflictos de los estudiantes universitarios de esa época. El film describe a un graduado universitario en una encrucijada de la vida. Los valores tradicionales de la generación de su padre están presentados como si fueran aburridos e hipócritas. En vez de incorporarse a la sociedad estadounidense, acepta las insinuaciones de una mujer casada mayor que él y también se enamora de la hija de esta, quien descubre la aventura. En el final de la película, el protagonista irrumpe en la iglesia donde la hija acababa de casarse con otro hombre y ambos huyen juntos. El graduado presenta un revoltijo de rebelión adolescente, líbido descontrolada y demás temas que reflejan el ambiente confundido y antitradicional de los jóvenes rebeldes. La película tuvo un gran éxito y recaudó muy bien en la taquilla. Tuvo siete nominaciones a los Oscar y ganó una estatuilla.

Películas como Bonnie y Clyde y El graduado dieron inicio a la nueva era de Hollywood. A fines de 1968, el Código Hays fue reemplazado con el sistema de calificación de películas moderno. Es decir, se podían distribuir films con todo tipo de contenido, siempre que estuvieran etiquetados con cierta calificación. Esto debilitó la autodisciplina moral de la industria del entretenimiento y se desdibujaron los estándares de lo correcto y lo incorrecto. De esta manera, los artistas y los productores separaron la moral de sus creaciones, dando rienda suelta al contenido maligno e inmoral. El entretenimiento degenerado atrapaba al público con estímulos baratos, emocionantes y fáciles de conseguir. Mientras tanto, los productores cedieron a su codicia a medida que amasaban grandes ganancias.

Las películas son un medio especial con el poder de crear atmósferas absorbentes y personalidades realistas. Un buen director de cine puede alterar los puntos de vista de los espectadores, especialmente los jóvenes e impresionables, en muchos niveles, moldeando sus sentimientos y perspectivas. Un conocido productor de cine dijo: “Los documentales convierten a los ya convertidos. Las películas de ficción convierten a los no convertidos” [39]. En otras palabras, los documentales fortalecen los valores que los espectadores ya tienen, mientras que las películas de ficción utilizan historias fascinantes para presentar un nuevo conjunto de valores al público incauto.

El productor y protagonista masculino de Bonnie y Clyde apoya el socialismo. Su drama histórico de 1981, Rojos, lo hizo ganar un Oscar y un Globo de Oro. En el punto más alto de la Guerra Fría, el film cambió el estereotipo del comunista radical al de un idealista simpático y tranquilo [40]. En otra de sus películas nominadas al Oscar, Bulworth, interpretó a un senador que busca su reelección y consume drogas, rapea sobre la cobertura de salud socializada y la desigualdad de clase, critica fuertemente a las corporaciones de EE. UU. y contrata a un sicario para que lo mate así su hija puede cobrar su seguro de vida [41]. Este film fue un éxito tal que muchos lo instaron a presentar su candidatura a presidente de Estados Unidos.

Desde la implementación del sistema de calificación de películas, Hollywood comenzó a producir en masa películas que mostraban de manera positiva diversos comportamientos degenerados, como la promiscuidad sexual, la violencia, las drogas ilegales y el crimen organizado. Un estudio encontró que las películas calificadas como R acaparaban el 58% de los films de Hollywood producidos entre 1968 y 2005 [42]. Una de las primeras películas calificadas como R (menores de 17 años deben ir acompañados de un adulto responsable), Easy Rider (Buscando mi destino), se convirtió en un éxito al instante y contribuyó a la popularidad de la drogadicción. El film sigue las aventuras de dos motociclistas hippies que trafican cocaína, mientras practican el “amor libre” en una comuna, visitan un burdel y se entregan a los alucinógenos en su camino a Mardi Gras. En la producción de la película se utilizaron drogas reales. El estilo de vida de los personajes, de indulgencia antisocial separada de los valores convencionales, se convirtió en el sueño de muchos jóvenes. El director admitió: “El problema de la cocaína en Estados Unidos es realmente mi culpa. […] No había cocaína en las calles antes de Buscando mi destino. Después de Buscando mi destino, estaba por todos lados”. [43]

El académico estadounidense Victor B. Cline analizó treinta y siete películas que se estrenaron en Salt Lake City en los años 70. Descubrió que el 57% de los films presentaban a la deshonestidad de manera heroica o como algo justificado por las circunstancias, y que el 38% de las películas presentaban a la actividad criminal como algo conveniente o como un pasatiempo emocionante sin consecuencias negativas. En el 59% de los films, el héroe asesina al menos a una persona. El 72% de las heroínas eran retratadas como promiscuas a cierto grado y solo una película sugería relaciones sexuales normales entre una pareja casada. Solo el 22% de los films presentaban a los protagonistas en un matrimonio sano y satisfactorio. [44]

Un argumento común contra la crítica a la violencia y el sexo en las películas es que tales cosas existen en la vida real y que los films solo reflejan la naturaleza de la realidad, y que no tienen un impacto negativo. Pero por las cifras antes mencionadas, se demuestra que eso es falso. Además, muchas películas producidas por izquierdistas de Hollywood naturalmente reflejan sus valores, y a su vez, cambian los valores de la sociedad. De acuerdo con Michael Medved, crítico de cine y exguionista de Hollywood, los revolucionarios sociales de pensamiento progresista en Hollywood están atacando los valores de la sociedad al cuestionar la legitimidad de la familia, promover la perversión sexual y glorificar la fealdad. [45]

Otros argumentan que la profusión de contenido moralmente degenerado en la industria del cine se debe meramente al mercado. Pero cualquiera sea el caso, los objetivos diabólicos se están logrando a un grado estremecedor. La velocidad y el poder con el que ha sido usada la industria del cine para derribar la moral pública es impactante. Algunas películas idolatran a bestias o monstruos; aquellas que describen a hombres transformándose en bestias o incluso la zoofilia reciben la aprobación y los halagos de Hollywood. En un sentido espiritual, esto puede entenderse como una manifestación del control del espectro sobre nuestro mundo, al punto que la humanidad ha llegado a adorar monstruos y demonios.

Aunque estas películas antitradición indagan en temas sociales con un aire de sofisticación, sus críticas a la sociedad son superficiales, en el mejor de los casos. Malas acciones que la sociedad convencional desaprueba se ven racionalizadas, tratadas con simpatía o incluso mostradas de manera positiva. Los espectadores que se sumergen en tales películas son llevados a considerar que los estándares morales son algo circunstancial. El mensaje final, implantado en la mente del público, es que no hay una división clara entre lo correcto y lo incorrecto o entre el bien y el mal, que las tradiciones son aburridas y opresivas, y que la moral es relativa.

6. Televisión: Corrupción en cada hogar

La televisión se ha convertido en una parte constante de la vida diaria, y verla frecuentemente cambia la cosmovisión de la gente sin que se den cuenta. Una investigación realizada por Media Research Center demostró que cuanta más televisión mira la gente, menos comprometidos están con las virtudes tradicionales como la honestidad, la confiabilidad y la justicia, y más indulgentes probablemente sean sus actitudes en asuntos relacionados con la moral sexual, como el sexo fuera del matrimonio, el aborto y la homosexualidad. [46]

La investigación comparó dos grupos de personas: quienes ven poca televisión y dicen creer en Dios, y quienes ven mucha televisión y dicen creer en Dios. Si bien el porcentaje de personas que creían en Dios en ambos grupos era casi igual –85% y 88% respectivamente–, el estudio descubrió que cuanta más televisión miraba, menos probable era que la persona valorara los principios religiosos. Por ejemplo, cuando en un cuestionario se daba a elegir entre que la gente debería siempre vivir bajo las enseñanzas y principios de Dios o si debería combinar su moral y valores personales con las enseñanzas de Dios, aquellos que miraban más televisión tendían a elegir lo segundo. De estas cifras, puede concluirse en general que la televisión predispone a la gente al relativismo moral.

La televisión se ha convertido en una parte integral de la vida diaria desde los años 50. No solo las series de televisión y las películas tienen un efecto similar en moldear los valores de la gente, sino que los programas de debate, las comedias de situación (sitcoms) e incluso los documentales silenciosamente inculcan a su público todo tipo de ideas distorsionadas.

Tomemos como ejemplo los programas de debate. A los estudios de televisión les interesa especialmente invitar a personas cuyas opiniones o comportamiento contradicen los valores tradicionales o cuyas vidas están cargadas de conflicto, o invitan a “expertos” a discutir asuntos controvertidos respecto a la moral. Los invitados son incentivados a revelar los problemas “profundos” o “complejos” de su vidas personales. El conductor, los expertos o incluso el público en el estudio luego sugieren soluciones a los problemas. Para asegurar la popularidad del programa, generalmente no se emite ningún juicio moral sobre las decisiones de los invitados. De esta manera, muchos programas se convierten en un escenario para mostrar comportamientos y perspectivas corruptos y distorsionados. La gente gradualmente llega a creer que los valores que solía sostener no aplican bajo algunas circunstancias especiales. Esta perspectiva niega la existencia de los principios universales.

Muchos programas de televisión están llenos de contenido despreciable y desagradable que es difícil de ver. Algunos conductores de programas se enorgullecen de decir palabrotas. Bastantes programas adoctrinan a la gente con gustos vulgares y contenido anticultura o antitradición a través del entretenimiento, mientras la audiencia está en un estado de relajación y, por lo tanto, más vulnerable a ser influenciada. A medida que pasa el tiempo, la gente ya no se siente alarmada en absoluto e incluso llega a aceptar y apreciar este material, minando así su pensamiento moral.

Las comedias de situación, en particular, son utilizadas para normalizar valores y comportamientos desviados que no son comunes en la vida diaria de la gente. Los transmiten reiteradamente y alientan a los televidentes a divertirse con ello. Ben Shapiro dio un ejemplo con una escena del episodio llamado “El del nacimiento” de la popular serie estadounidense Friends. La exesposa lesbiana de Ross, Carol, está por dar a luz al bebé que engendró con él. Ross está preocupado porque la pareja lesbiana de Carol tendrá un rol más presente en la vida de su hijo que él mismo. Phoebe entonces le dice: “Cuando yo crecí, sabes, mi papá se fue, mi mamá murió y mi padrastro fue a la cárcel, así que apenas tuve suficientes pedazos de padres como para hacer uno completo. Y aquí está este pequeño bebé que tiene como tres padres completos que se preocupan tanto por él que se pelean por quién lo amará más. Y ni siquiera nació aún. Simplemente, simplemente es el bebé más afortunado del mundo” [47]. Como escribe Shapiro, el episodio retrata a “lesbianas embarazadas y hogares de tres padres, no solo como algo normal, sino admirable”.

La medicina moderna ha descubierto que el cerebro humano tiene cinco tipos diferentes de patrones eléctricos, u ondas cerebrales. Las dos que ocurren con más frecuencia en el estado despierto de conciencia son las ondas alfa y beta. Cuando la gente está ocupada trabajando, sus ondas cerebrales dominantes son las ondas beta. Así, la persona exhibe una habilidad acentuada de analizar y tiende a usar el pensamiento lógico. Una persona que está debatiendo exhibe predominantemente ondas beta. En otras palabras, cuando dominan las ondas beta, la gente está más alerta y es menos crédula. Cuando la gente está relajada y predominan las ondas alfa –como cuando uno mira televisión– sus emociones asumen el mando y su habilidad analítica se debilita. Bajo tales circunstancias, la gente tiende a ser persuadida subliminalmente por los temas y opiniones representados en el programa de televisión.

Los programas de televisión comienzan a contaminar a la gente a una edad muy temprana. Investigaciones demuestran que cerca de dos tercios de la programación, incluidos los programas para niños, contienen escenas de violencia. Otra investigación muestra que ver tal contenido insensibiliza a los jóvenes e incrementa las probabilidades de que cometan actos violentos más adelante en la vida. Algunos programas para niños están cargados con temáticas ocultas de tinte progresista, como representar a la homosexualidad con el nombre de “diversidad cultural”. Dicen cosas como “hay solo una persona como tú en el mundo” para fomentar artificialmente la autoestima y el concepto de aceptar a cualquier persona, aunque tenga comportamientos inmorales.

Los medios de comunicación han tenido una muy mala influencia en la juventud, incrementando la tendencia hacia la violencia, la actividad sexual en menores de edad y los embarazos adolescentes. Los jóvenes nombran a los medios de comunicación como la segunda fuente más importante para aprender sobre actividades sexuales, después de las clases de educación sexual. Dos estudios descubrieron que las adolescentes que suelen ver programas que contienen representaciones de actividad sexual tienen el doble de probabilidades de quedar embarazadas en un período de tres años, en comparación con chicas que raramente ven esos programas. Tales programas de televisión también incrementan los riesgos de abuso sexual y de mostrar un comportamiento peligroso [48]. Como señaló un académico: “Los medios de comunicación son tan persuasivos y están tan llenos de sexo, que es difícil de resistir para cualquier niño, incluso para un crítico. […] Pienso que los medios de comunicación son nuestros verdaderos educadores sexuales” [49]. Debido a la influencia de los medios de comunicación, el sexo fuera del matrimonio, el adulterio y otros comportamientos son considerados parte de un estilo de vida normal –siempre que todas las partes estén de acuerdo, se cree que tales comportamientos son aceptables.

En el libro Propaganda en el horario central, Shapiro analizó cerca de cien series de TV influyentes de EE. UU. Descubrió que a medida que pasaba el tiempo, estos programas promovían cada vez más los puntos de vista progresistas y de izquierda, incluyendo el ateísmo, menospreciar la fe, rechazar la moral, admirar la promiscuidad, la violencia, el feminismo, la homosexualidad y la transexualidad, y rechazar las relaciones tradicionales entre marido y mujer o padre e hijo. Tales programas también presentan a antihéroes despiadados desprovistos de empatía como protagonistas. La evolución de este tipo de programación ha sido un proceso de continua decadencia moral. La promoción de este tipo de vida antitradicional ha tenido una gran influencia sobre la mentalidad del público en general, y de los jóvenes en particular [50]. Un programa que se emitía cinco noches a la semana en el canal de MTV a comienzo de la década del 2000, por ejemplo, promovía abiertamente un comportamiento sexual perverso y un contenido similar al porno erótico a una audiencia joven. [51]

Desde que se implementó el sistema de calificación de películas, muchos films pornográficos pueden venderse siempre que sean catalogados con una “X” o “NC-17”. A medida que se desarrolló la tecnología, estos programas indecentes pasaron de estar ocultos a ser de consumo general, y se pueden obtener fácilmente en Internet, a través de canales de TV pagos y en hoteles. Ciertamente, unos pocos productores de Hollywood tuvieron un plan formal para instilar en su público ideologías corruptas. Pero cuando los productores mismos están de acuerdo con conceptos de progresismo y liberalismo moderno, estas ideologías corruptas inevitablemente terminarán en la pantalla. El plan real es la subversión moral, y los productores que se apartan demasiado de lo divino se convierten en peones de la maldad.

7. La prensa: Un campo de batalla clave en una guerra total

La filosofía comunista de lucha no escatima recursos y no respeta ningún límite moral a los fines de alcanzar sus objetivos políticos. En la campaña presidencial de EE. UU. de 2016, el candidato Donald Trump se opuso a la “corrección política” y apoyó medidas para apartar a EE. UU. de la extrema izquierda y así retornar a los valores tradicionales y al Estado de derecho, renovar la fe espiritual de la nación, recortar impuestos para revitalizar la economía, asegurar las fronteras y rectificar la desbalanceada relación comercial con la China comunista. El estilo franco y directo de Trump provocó histeria entre los progresistas. Armados con la prensa dominante, atacaron a Trump con todo su arsenal, prácticamente abandonando la fachada de periodismo imparcial.

Durante la campaña presidencial, la prensa de izquierda usó varios métodos para demonizar y denigrar deliberadamente a Trump, mientras marginalizaba a sus seguidores, a quienes describía como racistas, machistas, xenófobos antiinmigrantes y blancos sin educación. Es decir, la prensa intentó influenciar los resultados de las elecciones manipulando la opinión pública. Casi el 95 por ciento de la prensa predijo reiteradamente que Trump perdería las elecciones por un amplio margen. Contra todas las expectativas, Trump fue elegido como presidente de Estados Unidos.

Bajo circunstancias normales, no importa cuán feroz sea la retórica durante la campaña, los diferentes partidos y sus partidarios deberían regresar a sus actividades normales luego de las elecciones. Lo que es más importante, la prensa debería sostener el principio de imparcialidad, poner los intereses nacionales en primer lugar y mantener la neutralidad. No obstante, después de las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos, los medios de comunicación continuaron con su frenesí de campaña, incluso poniendo en riesgo su imagen pública. La mayoría de los medios de comunicación ignoran deliberadamente los logros de la administración de Trump, como la tasa de desempleo en su punto más bajo, la bolsa de valores a niveles récord, lo logros diplomáticos de EE. UU., y la casi total erradicación del grupo terrorista ISIS.

En 2017, el 90% de la cobertura sobre Trump fue negativa, según un estudio de Newsbusters, la división analítica de Media Research Center. A comienzos de 2018, la cobertura negativa alcanzó el 91%. Rich Noyes, editor senior de Newsbusters, concluyó: “Sin duda, ningún presidente ha sido objeto de una cobertura tan hostil, durante un periodo tan prolongado, como Trump”. Lo que es más, la prensa está haciendo todo lo posible para socavar al gobierno de Trump, formulando acusaciones sin fundamento. Por ejemplo, la prensa suscitó una teoría conspirativa sobre una colusión entre Trump y Rusia,  y dos periódicos prominentes incluso ganaron el codiciado Premio Pulitzer por su cobertura del tema. Según el estudio, la investigación sobre la colusión rusa fue el foco principal de la cobertura sobre Trump en los noticieros de la noche de las tres principales cadenas de Estados Unidos en los dos meses anteriores, ocupando casi un cuarto de la cobertura sobre Trump de dichas cadenas [52]. Sin embargo, una investigación especial que duró dos años no descubrió evidencia alguna para respaldarla las acusaciones. [53]

Varias veces ha quedado demostrado que la prensa inventó algunas historias. En 2017, un gigante de las noticias por TV suspendió sin paga a un periodista veterano por cuatro semanas y publicó una corrección de su trabajo por haber inventado la noticia falsa de que Trump había dado la orden al Teniente General Michael Flynn de contactar a Rusia cuando era candidato a presidente [54]. El reportero y el productor que habían trabajado con el periodista terminaron yéndose de la estación de televisión. Este equipo en particular había alcanzado logros destacados, ganando cuatro Premios Peabody y 17 Premios Emmy.

Cuando el presidente Trump condenó a la infame pandilla MS-13, especialmente a los miembros que cometieron brutales asesinatos luego de ingresar a Estados Unidos de forma ilegal, dijo: “No son gente. Son animales, y tenemos que ser muy, muy duros”. No obstante, los medios de comunicación inmediatamente lo sacaron de contexto, afirmando que Trump había dicho que los inmigrantes ilegales eran animales.

En junio de 2018, la foto de una niña hondureña llorando circuló ampliamente por los medios de comunicación y en Internet. La pequeña y su madre fueron detenidas por la Patrulla Fronteriza mientras intentaban ingresar ilegalmente a Estados Unidos. La prensa declaró que la niña había sido separada por la fuerza de su madre y aprovechó la oportunidad para criticar las políticas de Trump con respecto a la frontera y su postura de tolerancia cero hacia la inmigración ilegal. Luego, la revista Time combinó la foto de la niña con la foto de Trump en la portada de su revista, y agregó la leyenda “Bienvenida a Estados Unidos” para ridiculizar a Trump. Sin embargo, el padre de la niña luego dijo a la prensa que los funcionarios de la frontera no la habían separado de su madre y que la madre se había llevado a su hija en contra de su voluntad. [55]

Afortunadamente, el público estadounidense es cada vez más consciente de las noticias falsas. En una encuesta realizada por la Universidad de Monmouth en marzo de 2018, el porcentaje de estadounidenses que sentían que los grandes medios de comunicación están informando noticias falsas al menos ocasionalmente aumentó del 63% el año pasado al 77% [56]. En 2016, una encuesta de Gallup descubrió que la confianza de los estadounidenses en la prensa estaba en su nivel más bajo, con solo el 32% de la gente con una “gran” o “bastante” confianza en la prensa, lo que representa ocho puntos porcentuales menos que el año anterior [57]. No es de sorprender que el dueño de un gran medio de comunicación lamentara que “las noticias falsas sean el cáncer de nuestro tiempo”. [58]

Al observar los resultados de las elecciones de EE. UU., se puede ver que la mitad de los estadounidenses apoya a Trump, pero la actitud que toma la prensa refleja un solo lado. Bajo estas circunstancias anormales, Trump es atacado y demonizado porque asume una postura política conservadora y defiende los valores estadounidenses tradicionales, ideales que no pueden coexistir con la ideología antitradicional de la izquierda. Si los ataques de la prensa a Trump son capaces de hacer que el público pierda la confianza en él, esto lograría su objetivo subyacente: evitar que la sociedad retorne a la tradición.

Sin embargo, lo más preocupante es que muchos medios de comunicación se han convertido en catalizadores para magnificar la retórica radical, provocar hostilidad y odio, y polarizar a la población, ampliando así aún más las grietas en la sociedad. La ética básica ha sido desechada y las consecuencias son ignoradas al punto de que se ha vuelto aceptable autodestruirse con el objetivo de arruinar a un oponente. El país ha sido empujado hacia un estado de extremo caos y peligro.

8. Restaurar la integridad del “cuarto poder”

Debido al rol que juegan al moldear y guiar a la opinión pública, los medios de comunicación suelen ser llamados el “cuarto poder” junto con el ejecutivo, el legislativo y el judicial del gobierno. Bajo la influencia del espectro del comunismo, los medios de comunicación han sido utilizados efectivamente para influenciar y engañar a miles de millones de personas, corrompiendo sus tradiciones y moralidad.

En países occidentales, muchos medios de comunicación progresistas se han convertido en herramientas para ocultar la verdad y engañar a la gente. Muchos han abandonado la ética profesional básica y recurren a todo tipo de ataques, abusos y difamaciones sin escrúpulos, sin importarles el impacto en su reputación o en la sociedad.

El comunismo ha tenido éxito porque se ha aprovechado de las deficiencias humanas: la búsqueda de fama y ganancias, la ignorancia, la pereza, el egoísmo, la simpatía incorrecta, la competencia, etc. Algunos periodistas con aires de superioridad se rebelan contra los valores tradicionales bajo la fachada de saber la verdad. Algunos se adaptan al moralmente corrupto “a pedido del público” para tener más audiencia. Algunos se amoldan a estándares bajos para impulsar sus carreras. Algunos inventan noticias falsas por envidia y hostilidad. Algunos creen en las noticias falsas debido a su ignorancia y pereza. Algunos se aprovechan de la bondad y la simpatía de otros que buscan la justicia social y así inclinan toda la sociedad hacia la izquierda, y recurren a tácticas inescrupulosas para lograr sus objetivos políticos y económicos.

La misión de los medios de comunicación es noble. Deben ser el apoyo mediante el cual la gente obtiene su información sobre los eventos públicos, y también son una fuerza importante para mantener un desarrollo sano de la sociedad. La objetividad e imparcialidad son los requisitos éticos básicos de los medios de comunicación y son la llave de la confianza que la gente tiene en ellos. Pero con la prensa de hoy reina el caos, lo que afecta gravemente a la confianza que la gente tiene en ellos. Reclamar la misión de la prensa y restablecer la gloria del periodismo es la noble responsabilidad de las personas que trabajan en este campo.

Restaurar la misión de los medios de comunicación significa que la prensa debe buscar la verdad. La cobertura periodística sobre la verdad debe ser completa y tener a la honestidad como punto de partida. Al informar sobre cierto fenómeno social, muchos medios de comunicación presentan realidades parciales que suelen ser engañosas y que pueden hacer más daño que las mentiras descaradas.

La prensa es buena si puede ayudar a la sociedad a valorar y defender la moral, ya que tanto el bien como el mal están presentes en la sociedad humana. La responsabilidad de los medios de comunicación es difundir la verdad, ensalzar la virtud y exponer y restringir al mal.

Al regresar a su misión, la prensa debe prestar más atención a los grandes eventos que afectan el futuro de la humanidad. El último siglo fue testigo de muchas batallas entre el mundo libre y el comunismo. Aunque parece ser una confrontación ideológica, de hecho es una lucha a muerte entre lo recto y lo perverso, ya que el comunismo está arruinando la moral que mantiene en pie a la civilización. Aun después del colapso de los regímenes comunistas en Europa del Este, el espectro del comunismo persiste.

Mientras el mundo atraviesa grandes cambios, la verdad y los valores tradicionales son más importantes que nunca. El mundo necesita medios de comunicación que puedan distinguir lo correcto de lo incorrecto, que hagan cosas buenas y mantengan la moral pública. Trascender los intereses particulares de individuos, empresas y partidos políticos a fin de presentar el mundo real ante la gente es el deber de cada profesional del periodismo.

Hoy, al enfrentar la decadencia moral en la profesión periodística, es imperativo que los lectores y espectadores distingan conscientemente entre lo correcto y lo incorrecto, y analicen racionalmente la información producida por los medios de comunicación. La gente debe juzgar los asuntos según la tradición moral y considerar los fenómenos sociales desde la perspectiva de los valores universales. Así, los medios de comunicación cumplirán con su histórica misión. Esta también es la clave para que la humanidad mantenga a raya la influencia del espectro del comunismo y encuentre su camino hacia un futuro mejor.

A continuación: Capítulo 14.

Actualizado el 17 de julio de 2020.

Referencias

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12. Robert Conquest, as quoted in Arnold Beichman, “Pulitzer-Winning Lies,” The Weekly Standard, June 12, 2003, https://www.washingtonexaminer.com/weekly-standard/pulitzer-winning-lies.

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14. Ibid., 105.

15. Mao Zedong, as quoted in Edgar Snow, Random Notes on Red China, 1936–1945 (Montana: Literary Licensing, LLC, 2011).

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18. Tim Groseclose, Left Turn: How Liberal Media Bias Distorts the American Mind (New York: St. Martin’s Press, 2011).

19. Ibid., 111–122.

20. Chris Cillizza, “Just 7 Percent of Journalists Are Republicans. That’s Far Fewer than Even a Decade Ago,” The Washington Post, May 6, 2014, https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2014/05/06/just-7-percent-of-journalists-are-republicans-thats-far-less-than-even-a-decade-ago/?noredirect=on&utm_term=.3d0109901e1e.

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23. Ben Shapiro, Primetime Propaganda: The True Hollywood Story of How the Left Took Over Your TV (New York: Broadside Books, 2012), 55–85.

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25. Ibid., 55–85.

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