Capítulo 16, Parte 2: El comunismo detrás del ambientalismo (ACTUALIZADO)

Traducción en partes del libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”
Por The Epoch Times
20 de Julio de 2018
Actualizado: 14 de Diciembre de 2020

La Gran Época publica aquí entregas traducidas del inglés de un nuevo libro: “Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo”, del equipo editorial de “Nueve comentarios sobre el Partido Comunista chino”.

Tabla de contenidos

2. El cambio climático (continuación)
c. Establecimiento del dogma en la comunidad científica
d. Propaganda e intimidación

3. Ambientalismo comunista
a. Culpar al capitalismo
b. La religionización del ambientalismo
c. Infiltración política: construyendo un gobierno mundial

4. Cómo encontrar la verdadera solución a la crisis medioambiental

***

2. El cambio climático (continuación)

b. Establecimiento del dogma en la comunidad científica

El alboroto generado por las fuerzas comunistas en torno al cambio climático no solo tiene la intención de preparar el terreno para un gobierno mundial, sino también destruir la ética de las investigaciones en la comunidad científica.

La climatología es un tema joven con solo unas pocas décadas de historia. Sin embargo, las hipótesis sobre el calentamiento global han sido tomadas prematuramente como un hecho comprobado. Los medios de comunicación han mantenido al calentamiento global en los titulares y han encubierto las inexactitudes de la ciencia subyacente. Los gobiernos despilfarran fondos para investigar la hipótesis del calentamiento global mientras marginan otros hallazgos. Los medios de comunicación y los políticos etiquetan la predicción de un cambio climático catastrófico como algo “científicamente demostrado” y lo difunden por todo el mundo como una doctrina incuestionable. Así pues, el pensamiento sobre la cuestión se ha unificado en gran medida entre el público, y esto ha sembrado en la mente de las personas nociones retorcidas sobre lo correcto y lo incorrecto.

Si se sigue la trayectoria natural hasta el final, se llega al establecimiento de un supergobierno mundial –es decir, el comunismo– con el aparente propósito de salvar a la Tierra y a la humanidad de una crisis inventada o muy exagerada. Destruir el viejo mundo por cualquier medio posible es una estrategia básica del comunismo.

Sin importar la reputación académica de un científico, una vez que expresa públicamente sus dudas sobre el dogma del consenso, inmediatamente enfrenta una tremenda presión de sus pares y de las instituciones académicas, la cual lo obliga a retirarse. La gente que vivió en una sociedad comunista totalitaria ha tenido experiencias similares al cuestionar el dogma del partido comunista.

David Bellamy fue un reconocido botánico inglés y presidente de The Wildlife Trusts que escribió docenas de libros y artículos científicos a lo largo de su carrera, y afirmó públicamente que no creía en el dogma del consenso sobre el calentamiento global. The Wildlife Trust respondió con una declaración expresando su descontento y varios meses después lo despidió cuando terminó su término [46]. Ambientalistas que antes lo respetaban comenzaron a poner en duda su capacidad mental. [47]

El Dr. William Gray, reconocido profesor, fue pionero de la investigación estadounidense sobre huracanes. Después de criticar el dogma del consenso sobre el calentamiento global provocado por el hombre, sus propuestas de investigación fueron reiteradamente rechazadas. [48]

En su libro Clima de extremos: La ciencia del calentamiento global que no quieren que sepas, el coautor Patrick J. Michaels, expresidente de la Asociación Americana de Climatólogos Estatales y climatólogo de la Universidad de Virginia, enumeró numerosos casos de ambientalistas que suprimieron opiniones científicas con el fin de llegar a su supuesto consenso. Dado que Michaels afirmaba que los cambios en el clima no necesariamente causarían un desastre –y esta postura era inconsistente con el dogma del consenso– el gobernador de Virginia le ordenó dejar de hablar sobre el calentamiento global como climatólogo estatal. Michaels finalmente decidió renunciar. [49]

Mark Albright, climatólogo asistente del estado de Washington, fue despedido luego de un incidente relacionado a unas declaraciones engañosas que hizo el alcalde de Seattle, quien había dicho que “la cantidad de nieve promedio en [la Cordillera de las Cascadas] disminuyó en un 50% desde 1950”. Albright comenzó a enviar datos a sus colegas que mostraban que la cantidad de nieve en las Cascadas había aumentado, no disminuido, desde los años 70. El climatólogo del estado en esa época exigió que Albright comenzara a mostrarle sus emails para su revisión antes de enviarlos, y cuando Albright se opuso, lo removieron del cargo. [50]

En países comunistas es común que haya una interferencia política explícita en la ciencia. En países occidentales, las políticas ambientalistas están siendo usadas para interferir con la libertad académica. Es raro ver en publicaciones académicas investigaciones que arrojen dudas sobre el dogma del consenso, un fenómeno que comenzó en los años 1990. En el documental de 1990 La conspiración del invernadero, Michaels dijo que cuando preguntó a un editor por qué uno de sus artículos científicos había sido rechazado para su publicación, la respuesta fue que su artículo debía pasar por un estándar de evaluación más alto que otros [51]. Según el informe del IPCC de 1990, en ese tiempo se entendía que el alcance del calentamiento global era equivalente a cambios naturales en el clima. Por lo tanto, aunque el punto de vista de Michaels era diferente al de muchos otros, no podía ser considerado herético. No obstante, el objetivo de establecer un consenso falso ya estaba establecido, y todos tenían que apoyarlo.

En marzo de 2008, muchos científicos que dudaban del dogma del consenso sobre las cuestiones climáticas realizaron un evento académico privado en Nueva York. Muchos de estos científicos dijeron que encontraron varios obstáculos cuando intentaron publicar sus investigaciones en publicaciones académicas. El meteorólogo Joseph D’Aleo, expresidente del Comité para el Análisis y Pronóstico del Tiempo de la Sociedad Americana de Meteorología, dijo que algunos de sus colegas no se atrevieron a asistir a la reunión por miedo de que se vieran afectados laboralmente. Él creía que “muy probablemente [hay] una mayoría silenciosa de científicos en climatología, meteorología y ciencias relacionadas que no apoyan lo que, según se dice, es la postura del ‘consenso’”. [52]

La climatóloga Judith Curry, expresidente de la Escuela de Ciencias Atmosféricas y de la Tierra del Instituto de Tecnología de Georgia, declaró en un testimonio ante el Senado en 2015 que había recibido un email de un científico empleado por la NASA que decía: “Estuve en una pequeña reunión de científicos afiliados a la NASA y nuestro máximo director me dijo que su jefe de la NASA le dijo que no deberíamos tratar de publicar artículos contrarios a las actuales afirmaciones sobre el calentamiento global, porque entonces él (el jefe de la NASA) tendría un dolor de cabeza al contrarrestar la publicidad ‘indeseable’”. 

Curry dijo además en su testimonio:

Un científico del clima que hace una declaración de incertidumbre o de un grado de duda sobre el debate del clima es catalogado como negador o ‘mercader de la duda’, y se asume que sus motivos son ideológicos o motivados por el financiamiento de la industria de los combustibles fósiles. Mi propia experiencia al plantear públicamente la preocupación sobre cómo el IPCC cataloga a la incertidumbre dio como resultado que yo sea catalogada como una ‘herética del clima’ que se puso en contra de sus colegas. Hay una enorme presión sobre los científicos climáticos para que se ajusten al tal llamado consenso. Esta presión no solo proviene de políticos, sino de agencias de financiamiento federal, universidades y sociedades profesionales, y de los científicos mismos que son activistas y promotores verdes. Reforzando este consenso están los fuertes intereses monetarios, de reputación y de autoridad. [53]

En enero de 2017, Curry decidió retirarse de su puesto titular, y escribió que “ya no [sé] qué decirle a los estudiantes y posdoctorados respecto a cómo sortear la LOCURA en el campo de la ciencia del clima”. En una entrevista de 2017, Curry dijo: “Una vez que se entienden las incertidumbres científicas, el actual camino regulatorio en el que estamos no hace mucho sentido. […] Necesitamos abrir el diálogo regulatorio hacia un espacio de soluciones más grande. Así que solo tengo la intención de abrir el diálogo y provocar que la gente piense”. [54]

Roger Pielke Jr., profesor de la Universidad de Colorado, dijo que la experiencia de Curry demuestra que “tener un puesto titular no es garantía de libertad académica” [55]. Pielke antes fue investigador del Instituto Cooperativo para la Investigación de Ciencias Ambientales de su universidad. Aunque estaba de acuerdo con la mayor parte de las conclusiones del “consenso” del IPCC,  fue sometido a presiones similares porque señaló que los datos no respaldaban la idea de que eventos climáticos extremos como huracanes, tornados y sequías aumentaron debido a las emisiones de gases de invernadero. Eventualmente se cambió al Centro de Gobernancia del Deporte de la Universidad de Colorado. [56]

No es de extrañar que Joanne Simpson, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y galardonada científica atmosférica de la NASA, no declarara su escepticismo sobre el “consenso” hasta después de retirarse. “Dado que ya no estoy afiliada a ninguna organización ni recibo ningún financiamiento, puedo hablar con bastante franqueza”, dijo. “Como científica, permanezco escéptica. […] El fundamento principal de la afirmación de que los gases de invernadero emitidos por el hombre son la causa del calentamiento está basado casi en su totalidad en modelos climáticos. Todos sabemos de la flaqueza de los modelos con respecto al sistema aire-superficie”. [57]

d. Propaganda e intimidación

En el libro La gran metida de pata del calentamiento global: Cómo la madre naturaleza engañó a los máximos científicos climáticos del mundo, Roy Spencer, climatólogo que fue experto en satélites para la NASA, enumeró quince técnicas de propaganda usadas por los ambientalistas, incluyendo causar pánico, apelar a la autoridad, alimentar la mentalidad de rebaño, ataques personales, imponer estereotipos, sensacionalismo y falsear registros. [58]

En el artículo de 2006 “Un clima de censura”, el periodista británico Brendan O’Neill escribió sobre la retórica burlona que enfrentan las personas en muchos países si se atreven a dudar de la teoría predominante sobre el cambio climático. Por ejemplo, un diplomático británico dijo en un discurso público que la prensa debería tratar a quienes dudan del cambio climático igual que a los terroristas, y que no se les debería brindar una plataforma para hablar. El exdirector ejecutivo de un grupo ambientalista grande advirtió a los medios de comunicación que lo piensen dos veces antes de publicar las perspectivas de los escépticos del cambio climático porque “permitir que se difunda semejante desinformación causaría daño”. [59]

Algunos incluso han tratado de usar la fuerza legal para suspender la libertad de expresión con el fin de extinguir las voces de los oponentes a la hipótesis del calentamiento climático. En una cumbre a la que asistieron los principales formadores de políticas de Australia, incluido el primer ministro, se propuso privar a los infractores de su ciudadanía. Una idea era reexaminar a los ciudadanos australianos y volver a otorgar la ciudadanía solo a aquellos que se hubiera verificado que son “respetuosos con el medio ambiente y el clima” [60]. En 2015, veinte académicos enviaron una carta al presidente de Estados Unidos y al fiscal general pidiendo que se aplicara la Ley sobre Organizaciones Corruptas e Influenciadas por la Extorsión (RICO) para enjuiciar a “empresas y otras organizaciones que han engañado a sabiendas al pueblo estadounidense sobre los riesgos del cambio climático”, añadiendo que las “fechorías” de estas organizaciones deben ser “frenadas lo antes posible”. [61]

A los escépticos de la teoría del cambio climático se los cataloga de “negadores”. Esto incluye grupos e individuos que van desde los que reconocen el calentamiento climático pero creen que la humanidad podrá adaptarse, hasta los que niegan completamente el calentamiento como fenómeno científico. La potencia de esta etiqueta de “negador” es considerable. Charles Jones, un profesor de inglés jubilado de la Universidad de Edimburgo, dijo que el término está diseñado para poner a los escépticos al mismo nivel de depravación moral que los negadores del Holocausto. Según O’Neill, algunas personas incluso afirman que los escépticos de la teoría del cambio climático son cómplices del eco-Holocausto que se avecina y que en el futuro podrían ser sometidos a juicios al estilo de Nuremberg. Citó a un columnista verde diciendo: “Me pregunto qué sentencias podrían dictar los jueces en los futuros tribunales penales internacionales sobre aquellos que serán parcial pero directamente responsables de millones de muertes por inanición, hambruna y enfermedades en las próximas décadas. Yo pongo [a la negación del cambio climático] en una categoría moral similar a la negación del Holocausto, excepto que esta vez el Holocausto aún no se produce, y todavía tenemos tiempo de evitarlo. Aquellos que tratan de asegurar que no lo hagamos, algún día tendrán que responder por sus crímenes”.

En su artículo, O’Neill comentó: “Por lo general, solo en los Estados autoritarios se equiparan los pensamientos o las palabras con crímenes, donde los dictadores hablan de ‘crímenes de pensamiento’ y su amenaza al entramado de la sociedad. […] Es un paso corto, de demonizar a un grupo de personas y describir sus argumentos como tóxicos y peligrosos, a exigir que haya más censura y más fuerte” [62]. Esto es correcto. Restringir el derecho a pensar es una de las formas en que el comunismo aparta a la gente del concepto del bien y del mal basado en valores universales.

3. Ambientalismo comunista

En las últimas décadas, con las fuerzas comunistas en retroceso y las catástrofes políticas y económicas de los regímenes comunistas expuestas, el comunismo se aferró al ambientalismo para continuar con sus planes.

a. Culpar al capitalismo

El ambientalismo trata al capitalismo como el enemigo, por lo que comparte un enemigo en común con el comunismo. Cuando el comunismo sufrió reveses en los movimientos obreros de los países occidentales desarrollados, cambió de marcha y se apropió de la causa ambiental. El activismo normal para la protección del medio ambiente se transformó en un activismo que apunta a derrotar al capitalismo.

La doctrina comunista originalmente promovía una utopía, un “Cielo en la Tierra”, a fin de incitar revueltas y derribar el sistema social existente. Bajo la falsa identidad del ambientalismo, el comunismo adoptó un enfoque similar, pero la visión que describe es exactamente opuesta: en vez de la maravillosa utopía de los trabajadores hay una distopía aterradora, una visión del “infierno en la Tierra”. Según este supuesto, en cuestión de décadas, la misma supervivencia de la humanidad estará en riesgo debido al calentamiento global, desprendimientos de tierra, tsunamis, sequías, inundaciones y olas de calor. Los reclutas a los que apunta este movimiento no son los pobres, sino más bien los ricos, de los que se espera que abandonen sus estilos de vida.

Según las doctrinas originales del comunismo, luego de tomar el poder, el primer paso es despojar a los acaudalados de su riqueza con el supuesto propósito de redistribuirla a los pobres. En realidad, los pobres continúan siendo pobres mientras que toda la riqueza termina en manos de funcionarios corruptos. El segundo paso implica establecer una economía controlada por el Estado y la abolición de la propiedad privada. Esto destruye la economía nacional y provoca dificultades a todos los sectores.

A nivel internacional es la misma ecuación. Se espera que los países ricos ayuden a los países más pobres, esto es, se redistribuye la riqueza a escala global. En realidad, los países pobres permanecen pobres, ya que el dinero que estaba destinado a su desarrollo generalmente termina en manos de funcionarios corruptos de esos países. Mientras tanto, se expande la responsabilidad del gobierno y se reemplazan los mecanismos del mercado con economías planificadas, usando todo tipo de políticas ambientalistas draconianas para obstruir el funcionamiento normal del capitalismo, lo que obliga a las empresas a cerrar o a trasladarse al extranjero, desplomando así la economía nacional. Con estos métodos que apuntan al mercado, el movimiento ambientalista busca incapacitar al capitalismo. Las regulaciones medioambientales se han convertido en herramientas importantes para socavar las economías capitalistas y ya están siendo conocidas por destruir más empleos de los que generan.

El foco del ambientalismo es difundir el miedo a un desastre futuro y mantener al público y a los gobiernos como rehenes de este miedo. Pero entre aquellos que promueven activamente este pánico al fin del mundo, muchos tienen estilos de vida lujosos, usan grandes cantidades de energía y dejan una gran huella de carbono. Claramente, no piensan que el desastre sea inminente.

Con el fin de aprovecharse de la mentalidad de crisis, especialmente usando el “enemigo en común” del calentamiento global para unir diferentes fuerzas que se oponen al capitalismo, se ha vuelto imperativo para los ambientalistas enfatizar y exagerar la naturaleza de la supuesta crisis. La forma más simple es fomentar un miedo masivo a usar las fuentes de energía más baratas, esto es, combustibles fósiles –carbón, petróleo, gas natural– y también energía nuclear. Hace décadas los ambientalistas ya lograron que la gente tenga miedo de la energía nuclear, y ahora están intentando hacer que la gente tenga miedo de utilizar combustibles fósiles al decir que estos conducen al catastrófico calentamiento global.

No obstante, en realidad las ciencias del clima no llegaron a la conclusión de que el calentamiento global esté causado por la actividad humana o que el calentamiento global definitivamente provocará un desastre. Si detrás del cambio climático hay causas naturales, entonces todas estas políticas gubernamentales solo sirven para impedir el desarrollo económico y por lo general solo ofrecen mínimos beneficios.

Por ejemplo, los gobiernos elevan los estándares de emisiones de los automóviles con la justificación de que ello reduce la huella de carbono. Sin embargo, esto naturalmente provoca mayores costos de fabricación y menos ganancias, seguidos de un mayor desempleo y la tercerización de la industria a países en desarrollo donde los costos son menores. Es más, aumentar la eficiencia del combustible de todos los automóviles de 35.5 millas por galón para modelos de 2016 a 54.5 millas por galón para 2025 implicaría como mucho recortar la magnitud del calentamiento global en 0.02 grados Celsius para el año 2100 [63]. Esto no haría prácticamente nada para ayudar a reducir el calentamiento global. Varias restricciones de dudosa efectividad dejaron a millones de trabajadores sin empleo y asestaron un duro golpe a las industrias manufactureras, facultades de investigación, innovaciones en energía y competitividad comercial internacional en países occidentales.

Los partidarios de la protección ambiental promueven con gran entusiasmo la energía verde, especialmente la energía solar y eólica. Desafortunadamente, la contaminación que se produce al generar energía verde es subestimada o simplemente se la encubre. En el proceso de fabricar paneles solares, se crea el mortal veneno tetracloruro de silicio como subproducto, lo que causa en sí un problema para el medio ambiente. Un artículo del Washington Post cita a Ren Bingyan, profesor en la Facultad de Ciencias Materiales de la Universidad Industrial de Hebei: “La tierra donde lo tires o entierres [al tetracloruro de silicio] será infértil. No crecerá hierba ni árboles en en ese lugar. […] Es como dinamita: es venenoso, es contaminante. Los seres humanos nunca pueden tocarlo” [45]. La producción de paneles solares normalmente consume una enorme cantidad de energía convencional, inclusive carbón y petróleo. 

Según el Acuerdo de París, hasta 2025, los países desarrollados tendrán que dar USD 100,000 millones por año para ayudar a los países en desarrollo a reducir sus emisiones y “adaptarse al cambio climático”. Si Estados Unidos no se hubiera retirado del Acuerdo, para 2025 debería haber tenido que recortar sus emisiones de gases de invernadero entre un 26 y un 28 por ciento en relación a los niveles de 2005. Esto significa que cada año, Estados Unidos debía recortar 1600 millones de toneladas de emisiones. En cuanto a China, el país más contaminador del mundo, el Acuerdo le permite seguir aumentando sus emisiones de carbono hasta el año 2030. [65]

En una declaración para anunciar formalmente la retirada del Acuerdo, el presidente Donald Trump dijo que cumplir con el mismo habría costado a Estados Unidos 2.7 millones de empleos para el año 2025, citando un estudio de National Economic Research Associates.

El presidente dijo que el estudio también predijo que cumplir con el Acuerdo recortaría la producción de los siguientes sectores de EE. UU. para 2040: 12 por ciento menos en papel; 23 por ciento menos en cemento; 38 por ciento menos en hierro y acero; 86 por ciento menos en carbón; 31 por ciento menos en gas natural.

“El costo para la economía esta vez sería de cerca de USD 3 billones en pérdidas del PIB  y 6.5 millones de empleos industriales, mientras que los hogares tendrían USD 7000 menos en ingresos y, en muchos casos, mucho peor que eso”, dijo Trump. “De hecho, 14 días de emisiones de carbono solo de China acabarían con lo logrado por […] las reducciones esperadas de Estados Unidos en el año 2030 – después de que hubiéramos tenido que gastar miles y miles de millones de dólares, perdido empleos, cerrado fábricas y sufrido costos de energía mucho más altos para nuestras empresas y nuestros hogares”. [66]

Con el auge del movimiento ambientalista, los países comunistas se tomaron un respiro en su lucha contra Occidente. Regulaciones y acuerdos irracionales ahogan a las industrias, economías y desarrollo tecnológico de los países capitalistas occidentales. Esto es un obstáculo para que Estados Unidos cumpla su rol de superpotencia líder y de bastión de la libertad contra el comunismo.

No negamos que el medio ambiente necesite protección. Sin embargo, el objetivo de la protección ambiental debería estar balanceado con las necesidades de la humanidad. La protección ambiental sin tener en cuenta estos factores es excesiva y sacrifica a la humanidad, mientras el comunismo se la apropia. Al ambientalismo de hoy no le importa el equilibrio y se convirtió en una ideología extremista. Sin dudas, muchos ambientalistas albergan buenas intenciones. Pero en su búsqueda de movilizar y concentrar los recursos estatales en aras de su causa, se están alineando con el comunismo.

b. La religionización del ambientalismo

Michael Crichton, autor de Jurassic Park, una vez dijo que el ambientalismo es una de las religiones más poderosas en el mundo occidental de hoy. Dijo que posee la típicas características de una religión: “Hay un Edén inicial, un paraíso, un estado de gracia y unidad con la naturaleza; hay una caída de la gracia hacia un estado de contaminación como resultado de comer del árbol del conocimiento; y como resultado de nuestras acciones, hay un día de juicio final que llegará para todos. Somos todos pecadores energéticos, condenados a morir, a menos que busquemos la salvación, que ahora se llama sustentabilidad. La sustentabilidad es la salvación en la iglesia del medio ambiente”.

Crichton creía que todos los dogmas que subyacen en el ambientalismo están basados en una fe ciega, más que en hechos. “Pareciera cada vez más que los hechos no son necesarios, porque los dogmas del ambientalismo son una cuestión de creencia. Se trata de si vas a ser un pecador, o [si serás] salvado; si serás una de las personas del lado de la salvación, o del lado de la destrucción; si serás uno de nosotros, o uno de ellos”. [67]

Esta perspectiva fue reconocida por un número de académicos. William Cronon, un influyente historiador ambientalista de Estados Unidos, cree que el ambientalismo es una religión porque propone un complejo sistema de requisitos morales para juzgar el comportamiento humano [68]. Freeman Dyson, reconocido científico y mecánico cuántico, dijo en un artículo publicado en la edición del 12 de junio de 2008 del New York Review of Books que el ambientalismo es “una religión secular mundial” que “reemplazó al socialismo como religión secular líder”. La religión del ambientalismo sostiene que “depredar el planeta con productos de desperdicio fruto de nuestra vida lujosa es un pecado, y que el camino de rectitud es vivir lo más frugalmente posible”. La ética de esta nueva religión, explicó, “está siendo enseñada a niños en jardines de infantes, escuelas y universidades de todo el mundo”. [69]

Muchos ambientalistas no evitan este tema. Un exdirector del IPCC que renunció luego de un escándalo de acoso sexual, confesó en su carta de renuncia que el ambientalismo era su religión. [70]

A medida que el ambientalismo pasó a tener una naturaleza más ideológica y religiosa, se tornó cada vez más intolerante hacia otros puntos de vista. Václav Klaus, expresidente de la República Checa y economista, cree que el movimiento ambientalista ahora es impulsado más por la ideología que por la verdadera ciencia, y que se convirtió en una cuasirreligión que apunta a destruir la sociedad existente. Esta nueva religión, como el comunismo, describe una imagen maravillosa de utopía, la cual se hará realidad al usar la sabiduría humana para planear el ambiente natural y rescatar al mundo. Esta “salvación” está basada en oponerse a la civilización existente. 

Klaus, que escribió el libro Planeta azul con cadenas verdes en 2008, dijo en un discurso: “Si tomamos seriamente el razonamiento de los ambientalistas, descubriremos que su ideología es antihumana”. Concuerda con el biólogo Ivan Brezina en que el ambientalismo no es una respuesta racional y científica a una crisis ecológica, sino que se reduce a una negación generalizada de la civilización. [71]

Además de tomar al ambientalismo como rehén de un movimiento político, la influencia comunista han infundido al ambientalismo con las características de una secta antihumanidad. El crítico político canadiense Mark Steyn dice que según los ambientalistas, “nosotros somos la contaminación, y la esterilización es la solución”. Según esta perspectiva, “la mejor manera de legar un medio ambiente más sustentable para nuestros hijos es no tener ninguno”. Dio el ejemplo de una mujer británica que tuvo un aborto y se esterilizó porque creía que tener hijos era malo para el medio ambiente. [72]

Este pensamiento coloca al ambiente natural como la prioridad suprema, muy lejos de la posición sagrada de los seres humanos, incluso controlando la fertilidad humana y privando a la gente de su mismo derecho a existir. Esta postura, que en esencia es una ideología antihumana, no es diferente del comunismo. También va de la mano con el ataque de la izquierda a la familia y a los roles de género tradicionales.

El control de la población se ha convertido en uno de los métodos elegidos para hacer frente a la degradación del medio ambiente, y hay activistas ambientalistas y otros socialistas que promueven el aborto y las políticas antinatalistas, e incluso elogian la brutal política de un solo hijo del Partido Comunista Chino (PCCh).

El fervor religioso, la imposición de un dogma, la acción anticapitalista y el menosprecio de la humanidad ante el medio ambiente no conducirán a un ambiente natural más sano, y mucho menos a una sociedad humana más justa o equitativa. Basta con mirar los desastres del régimen comunista en el último siglo para predecir el resultado final si el ambientalismo radical llegara a logra sus objetivos.

c. Infiltración política: construyendo un gobierno mundial

Es difícil imponer políticamente el comunismo en el mundo occidental democrático, el cual valora los derechos individuales, la propiedad privada, el Estado de derecho y el libre mercado. El movimiento ambientalista radical requiere el poder del gobierno para forzar a la gente a renunciar a sus propiedades y a su estilo de vida.

Desde la perspectiva de los ambientalistas radicales, el gobierno de una nación está lejos de poder abordar las innumerables crisis ambientales que enfrenta el planeta. Con la justificación de un supuesto consenso sobre cuestiones como el cambio climático provocado por el hombre, abogan por unas Naciones Unidas con más poder o por el establecimiento de alguna otra autoridad mundial.

Si el movimiento es incapaz de despegar, podrían resaltar aún más la visión de una crisis ecológica inminente, fomentando así el pánico y el miedo necesario para influenciar al público y a los gobiernos a aceptar la implementación forzosa de políticas ambientales, y así lograr el objetivo de destruir el capitalismo e imponer el comunismo.

Por lo general, los Estados comunistas reasignan la riqueza mediante una revolución. Sin embargo, a lo largo de los años, este método se hizo cada vez más difícil. Por lo tanto, los ambientalistas adoptaron estrategias indirectas, que obligan a la gente a renunciar silenciosamente a su libertad y propiedad en nombre de evitar la tragedia medioambiental.

Un organizador de campañas del grupo Friends of the Earth (Amigos de la Tierra) declaró en una conferencia de la ONU: “Una respuesta al cambio climático debe tener en su núcleo la redistribución de la riqueza y de los recursos” [73]. Una prominente pensadora verde de la Universidad de Westminster dijo a un periodista que el racionamiento de carbono “tiene que ser impuesto a la gente, les guste o no” y que “la democracia es un objetivo menos importante que proteger al planeta de la muerte de la vida, el fin de la vida en él”.

En la “batalla” contra el cambio climático, Gran Bretaña fue la primera en plantear el concepto de cupones individuales de raciones de carbono. Un científico británico consideró esto como “la introducción de una segunda moneda en la que todos tendrán la misma porción –la redistribución de la riqueza teniendo que comprar créditos de carbono a alguien menos adinerado”. 

Quienes vivieron en la Unión Soviética o en la China comunista pueden ver fácilmente a este tipo de racionamiento de carbono como otro método para formar un sistema totalitario. En China, los cupones de alimentos se solían usar para comprar productos básicos como aceite de cocina, granos y tela. Con el racionamiento de alimentos se distribuía la riqueza mientras el gobierno central tenía control supremo sobre las propiedades y la libertad de la gente.

Los ambientalistas también usan su ideología para restringir la libertad individual. En países de Occidente, generar la imagen de una catástrofe ambiental inminente se volvió una forma conveniente de persuadir a la gente para que renuncie a sus derechos. La Carbon Sense Coalition de Australia propuso una lista de nuevas leyes para obligar a la gente a modificar su comportamiento en nombre de resolver el calentamiento global:

  • Prohibir las bombillas incandescentes […]
  • Prohibir las fogatas y las salamandras
  • Prohibir el agua embotellada
  • Prohibir que los autos privados circulen en ciertas áreas
  • Prohibir los televisores plasma
  • Prohibir los aeropuertos nuevos
  • Prohibir las extensiones de los aeropuertos existentes
  • Prohibir el modo reposo en electrodomésticos
  • Prohibir la energía generada por carbón
  • Prohibir los sistemas eléctricos de agua caliente
  • Prohibir vacacionar en auto
  • Prohibir los fines de semana de tres días
  • Cobrar impuestos por bebés
  • Cobrar impuestos por automóviles grandes […]
  • Cobrar impuestos sobre áreas de estacionamiento en los supermercados
  • Cobrar impuestos sobre la basura
  • Cobrar impuestos por tener una segunda vivienda
  • Cobrar impuestos por tener dos autos
  • Cobrar impuestos por volar en avión para vacacionar
  • Cobrar impuestos sobre la electricidad para subsidiar la [energía] solar
  • Cobrar impuestos sobre los salones de exhibición de grandes automóviles
  • Cobrar impuestos ecológicos a los autos que entren a las ciudades
  • Requerir permisos para conducir un auto más allá de los límites de tu ciudad
  • Limitar las opciones de electrodomésticos
  • Emitir créditos de carbono para cada persona
  • Dictar los estándares de eficiencia de combustible
  • Investigar cómo reducir la producción de metano de los alces de Noruega […]
  • Quitar las líneas blancas de los caminos para hacer que los motoristas conduzcan con más cuidado [….] [74]

El ambientalismo también es usado para expandir el tamaño y la autoridad del gobierno. Varios países occidentales no solo tienen grandes agencias de protección ambiental, sino que también usan al medio ambiente como una excusa para establecer nuevas agencias gubernamentales y expandir la autoridad de las agencias existentes. Todas las agencias tienen una tendencia burocrática hacia la autopreservación y la expansión, y las agencias ambientales no son la excepción. Abusan de su poder para difundir la versión de la catástrofe ambiental al público en general a fin de obtener más financiamiento y asegurar sus puestos dentro de la estructura gubernamental. Por supuesto, los contribuyentes son los que pagan la cuenta.

La ciudad de San Francisco estableció un puesto de Jefe de Clima con un salario anual de USD 160,000. Uno de los vecindarios más pobre de Londres, Tower Hamlets, llegó a tener cincuenta y ocho cargos oficiales relacionados con el cambio climático [75]. La lógica es la misma que las de universidades y empresas que contratan funcionarios de “diversidad”.

El ambientalismo se usa para sugerir que la democracia quedó obsoleta y así presionar por el establecimiento de un gobierno totalitario multinacional o incluso global. Los ambientalistas afirman que las democracias no pueden manejar la crisis ambiental que se avecina. En cambio, sostienen que para superar los desafíos que se vienen, se deben adoptar formas totalitarias o autoritarias de gobierno, o al menos algunos de sus aspectos. [76]

La autora Janet Biehl resumió este tipo de mentalidad diciendo que “la crisis ecológica solo se puede resolver mediante métodos totalitarios” y “es necesaria una ‘ecodictadura’” [77]. Lo que implica es que ninguna sociedad libre se sometería voluntariamente a lo que requiere la agenda verde.

Paul R. Ehrlich, uno de los fundadores del ambientalismo, escribió en el libro Cómo ser un sobreviviente: un plan para salvar la astronave Tierra:

1. Debe incorporarse el control poblacional tanto en países sobredesarrollados como en países subdesarrollados;

2. Los países sobredesarrollados deben ser menos desarrollados;

3. Los países subdesarrollados deben ser semidesarrollados;

4. Deben establecerse procedimientos para monitorear y regular el sistema mundial en un impulso continuo por mantener un equilibrio óptimo entre población, recursos y medio ambiente. [78]

En la práctica, excepto por un gobierno totalitario global, ningún gobierno u organización podría acumular tanta autoridad. En definitiva, los programas que proponen los ambientalistas glorifican al totalitarismo comunista y sugieren que el sistema comunista es superior.

Reuters estimó en un artículo de 2007 que debido a la política de un solo hijo implementada en los años 80, el PCCh fue capaz de limitar su población a 1300 millones, 300 millones menos que los 1600 millones que se habían calculado. El autor del artículo señaló que la política del PCCh tenía el efecto secundario de contribuir a la reducción de las emisiones globales de carbono, ignorando así la brutalidad con la que se aplicó dicha medida totalitaria –que incluye abortos y esterilizaciones forzados, y persecución económica– además del trauma y sufrimiento que provocó a las millones de mujeres chinas y sus familias cuyos derechos fundamentales y privacidad fueron pisoteados. [79]

Uno de los asuntos más relevantes que afectan al medio ambiente es la contaminación. A pesar de privar de la vida a cientos de millones de bebés, el modelo económico del PCCh consume energía a un ritmo enorme, lo que convierte a la República Popular China en el contaminador más grande del mundo, con la peor polución del aire en grandes ciudades y una severa contaminación del agua. La mayoría de los ríos en China continental ya no tienen agua apta para consumo; el aire contaminado vuela desde China hasta Corea y Japón, e incluso cruza el Océano Pacífico y llega a la Costa Oeste de Estados Unidos.

Lógicamente, los verdaderos ambientalistas deberían hacer de la China comunista el blanco principal de sus críticas, pero curiosamente, muchos elogian al PCCh, e incluso lo ven como la esperanza de la protección ambiental. El sitio web del Partido Comunista de EE. UU., People’s World, reportó extensamente sobre noticias ambientales. El tema central de sus artículos es que las medidas ambientalistas del gobierno de Trump destruirán el país e incluso el mundo, mientras que el PCCh es la fuerza para su salvación. [80]

Klaus escribió en su libro: “El ambientalismo es un movimiento que intenta cambiar radicalmente el mundo sin importar las consecuencias (a costa de vidas humanas y severas restricciones a la libertad individual). Intenta cambiar a la humanidad, el comportamiento humano, la estructura de la sociedad, el sistema de valores, ¡simplemente todo!” [81]

Klaus cree que la actitud de los ambientalistas hacia la naturaleza es análoga al enfoque de Marx hacia la economía: “El objetivo en ambos casos es reemplazar la evolución libre y espontánea del mundo (y la humanidad) por lo que sería un planeamiento óptimo, central o –usando el adjetivo de moda– global del desarrollo mundial. Similar al caso del comunismo, este enfoque es utópico y produciría resultados completamente diferentes de los deseados. Como otras utopías, esta nunca podrá materializarse, y los intentos por hacer que se materialice solo pueden ser llevados a cabo restringiendo la libertad, a través de la dictadura de una minoría pequeña y elitista por sobre la abrumadora mayoría”. [82]

4. Cómo encontrar la verdadera solución a la crisis medioambiental

Lo divino creó a la humanidad y a la bella y próspera Tierra. Este es un ambiente en el que los seres humanos viven, prosperan y se multiplican. La gente tiene el derecho a usar los recursos de la naturaleza, y al mismo tiempo, tiene la obligación de atesorar los recursos naturales y cuidar el medio ambiente. Durante miles de años, los seres humanos prestaron atención a las advertencias dejadas por lo divino en tiempos antiguos y vivieron en armonía con la naturaleza.

Los problemas ambientales que emergieron son básicamente el resultado de la corrupción moral de los seres humanos. En los tiempos modernos, esta decadencia moral se vio amplificada por el poder de la ciencia y la tecnología. El ambiente natural contaminado no es más que una manifestación externa de la contaminación moral de la humanidad. Para purificar el medio ambiente, uno debe comenzar purificando el corazón.

La aparición de la preocupación por el medio ambiente proviene del instinto humano de autopreservación. Por un lado, esto es natural y entendible, pero por otro lado, se convirtió en una brecha de la que se aprovechó el espectro comunista. El comunismo se aferró al ambientalismo para generar pánico a gran escala, abogar por una serie de valores retorcidos, privar a la gente de su libertad, intentar expandir el gobierno, e incluso imponer un gobierno mundial. Aceptar esta forma alternativa de comunismo en un intento por salvar el medio ambiente es una amenaza de esclavitud para la humanidad y facilita su destrucción.

Un programa político obligatorio no es la respuesta a los problemas ambientales que enfrentamos, y depender de la tecnología moderna tampoco es una salida. Para resolver la crisis, debemos llegar a un entendimiento más profundo del universo y de la naturaleza, así como de la relación entre el hombre y la naturaleza, mientras mantenemos un estado moral recto. La humanidad debe restaurar sus tradiciones, mejorar la moralidad y encontrar la forma de regresar al camino establecido por lo divino. Al hacer eso, la gente naturalmente recibirá sabiduría divina y bendiciones, y el hermoso mundo natural, lleno de vida, se verá restaurado. 

A continuación: Capítulo 17

Actualizado el 14 de agosto de 2020.

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Referencias

46. Jonathan Leake, “Wildlife Groups Axe Bellamy as Global Warming ‘Heretic,’” Sunday Times Online, May 15, 2005, https://web.archive.org/web/20080906161240/http://www.timesonline.co.uk/tol/news/uk/article522744.ece.

47. Horner, Red Hot Lies, 78–79.

48. Ibid., 73–74.

49. Patrick J. Michaels and Robert C. Balling Jr., Climate of Extremes: Global Warming Science They Don’t Want You to Know (Washington, DC: Cato Institute, 2009), x–xiii.

50. James Taylor, “Associate State Climatologist Fired for Exposing Warming Myths,” The Heartland Institute, June 1, 2007, https://www.heartland.org/news-opinion/news/associate-state-climatologist-fired-for-exposing-warming-myths.

51. Hilary Lawson, dir., The Greenhouse Conspiracy (UK: Channel 4 Television, 1990), posted on YouTube by ZilogBob on February 16, 2015, https://www.youtube.com/watch?v=lvpwAwvDxUU.

52. Marc Morano, “Climate Skeptics Reveal ‘Horror Stories’ of Scientific Suppression,” US Senate Committee on Environment and Public Works, March 6, 2008, https://www.epw.senate.gov/public/index.cfm/press-releases-all?ID=865dbe39-802a-23ad-4949-ee9098538277.

53. US Congress, Senate, Subcommittee on Space, Science and Competitiveness, “Data or Dogma? Promoting Open Inquiry in the Debate Over the Magnitude of Human Impact on Climate Change,” 114th Cong., 2nd sess., December 8, 2015, https://curryja.files.wordpress.com/2015/12/curry-senate-testimony-2015.pdf.

54. Scott Waldman, “Judith Curry Retires, Citing ‘Craziness’ of Climate Science,” E&E News, January 4, 2017, https://www.eenews.net/stories/1060047798.

55. Roger Pielke Jr., as quoted in Waldman, “Judith Curry Retires.”

56. Rich Lowry, “A Shameful Climate Witch Hunt,” National Review, February 27, 2015, https://www.nationalreview.com/2015/02/shameful-climate-witch-hunt-rich-lowry/.

57. US Congress, Senate, Committee on Environment and Public Works, US Senate Minority Report: More Than 650 International Scientists Dissent Over Man-Made Global Warming Claims. Scientists Continue to Debunk ‘Consensus’ in 2008, S. Rep., December 11, 2008, https://www.epw.senate.gov/public/_cache/files/8/3/83947f5d-d84a-4a84-ad5d-6e2d71db52d9/01AFD79733D77F24A71FEF9DAFCCB056.senateminorityreport2.pdf.

58. Roy Spencer, The Great Global Warming Blunder: How Mother Nature Fooled the World’s Top Climate Scientists (New York: Encounter Books, 2010), 31.

59. Brendan O’Neill, “A Climate of Censorship,” The Guardian, November 22, 2006, https://www.theguardian.com/commentisfree/2006/nov/22/aclimateofcensorship.

60. Horner, Red Hot Lies, 107.

61. Hans von Spakovsky and Nicolas Loris, “The Climate Change Inquisition: An Abuse of Power That Offends the First Amendment and Threatens Informed Debate,” The Heritage Foundation, October 24, 2016, https://www.heritage.org/report/the-climate-change-inquisition-abuse-power-offends-the-first-amendment-and-threatens.

62. O’Neill, “A Climate of Censorship.”

63. John Fund, “Rollback Obama’s CAFE Power Grab, Give Car Consumers Freedom,” National Review, May 23, 2018, https://www.nationalreview.com/corner/fuel-standards-cafe-epa-rolls-back.

64. Ren Bingyan, as quoted in Ariana Eunjung Cha, “Solar Energy Firms Leave Waste Behind in China,” The Washington Post, March 9, 2008, http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2008/03/08/AR2008030802595.html?referrer=emailarticle&noredirect=on.

65. “The Paris Agreement on Climate Change,” Natural Resources Defense Council (NRDC), December 2015, issue brief: 15-11-Y, https://www.nrdc.org/sites/default/files/paris-climate-agreement-IB.pdf.

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67. Michael Crichton, “Environmentalism Is a Religion: Remarks to the Commonwealth Club,” Hawaii Free Press, September 15, 2003, http://www.hawaiifreepress.com/ArticlesMain/tabid/56/ID/2818/Crichton-Environmentalism-is-a-religion.aspx.

68. Robert H. Nelson, “New Religion of Environmentalism,” Independent Institute, April 22, 2010, http://www.independent.org/news/article.asp?id=5081.

69. Freeman Dyson, “The Question of Global Warming,” The New York Review of Books, June 2008, https://www.nybooks.com/articles/2008/06/12/the-question-of-global-warming.

70. Damian Carrington, “IPCC Chair Rajendra Pachauri Resigns,” The Guardian, February 24, 2015, https://www.theguardian.com/environment/2015/feb/24/ipcc-chair-rajendra-pachauri-resigns.

71. Václav Klaus, “An Anti-Human Ideology,” Financial Post, October 20, 2010, https://business.financialpost.com/opinion/vaclav-klaus-an-anti-human-ideology.

72. Mark Steyn, “Children? Not If You Love the Planet,” The Orange County Register, December 14, 2007, https://www.ocregister.com/2007/12/14/mark-steyn-children-not-if-you-love-the-planet.

73. Emma Brindal, as quoted in Horner, Red Hot Lies, 214.

74. Ibid., 211–215.

75. Ibid., 227.

76. David Shearman and Joseph Wayne Smith, The Climate Change Challenge and the Failure of Democracy (Westport, CT: Praeger, 2007).

77. Janet Biehl, as quoted in Horner, Red Hot Lies, 219–220.

78. Paul Ehrlich, as quoted in Václav Klaus, Blue Planet in Green Shackles: What Is Endangered: Climate or Freedom? (Washington, DC: Competitive Enterprise Institute, 2008), 14.

79. Alister Doyle, “China Says One-Child Policy Helps Protect Climate,” Reuters, August 30, 2007, https://www.reuters.com/article/environment-climate-population-dc-idUSKUA07724020070831.

80. John Bachtell, “China Builds an ‘Ecological Civilization’ While the World Burns,” People’s World, August 21, 2018, https://www.peoplesworld.org/article/china-builds-an-ecological-civilization-while-the-world-burns.

81. Klaus, Blue Planet, 4.

82. Ibid., 7–8.

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