China: la talasocracia que amenaza a los Estados Unidos

Por Rafael Marrero
15 de Junio de 2022 2:03 PM Actualizado: 16 de Junio de 2022 11:38 AM

Opinión

El empecinamiento de la China comunista por tener bases navales fuera de su territorio y una gran cantidad de buques con fines militares, no hace más que confirmarnos su obstinado interés en convertirse en una talasocracia, sistema político que basa su poderío en el dominio de los mares como parte de su geoestrategia para lograr sus fines.

La Base Naval Ream de Camboya, en el Golfo de Tailandia, podría ser su más reciente avance en este sentido, según informó The Washington Post en un extenso reporte sobre el tema. Al decir de la fuente, todo indica que se trata de una base militar (hasta ahora secreta) «para uso exclusivo del Ejército [chino]».

Rodeada de una densa jungla y manglares, y cercana a un templo budista, la instalación abarca alrededor de 190 acres e incluye dos instalaciones y un muelle. Partiendo de lo que ha trascendido, China habría construido dos muelles más (uno para uso chino y otro para el camboyano) y estaría ocupando unos 62 acres de la superficie total.

La estrategia de Beijing

Aunque la República Popular China (RPC) y Camboya han negado la existencia de esta operación conjunta, esa base naval sería la segunda de su tipo en el extranjero y la primera estratégicamente importante en la región del Indo-Pacífico.

Básicamente, formaría «parte de la estrategia de Beijing para construir una red de instalaciones militares en todo el mundo, en apoyo de sus aspiraciones de convertirse en una verdadera potencia global», señaló The Washington Post.

La propia fuente indicó que «tener una instalación capaz de albergar grandes buques de guerra al oeste del Mar de China Meridional, sería un elemento importante de la ambición china por expandir su influencia en la región y fortalecería su presencia cerca de las rutas marítimas claves del sudeste asiático».

Funcionarios occidentales que optaron por permanecer en el anonimato, dijeron al diario que el Indo-Pacífico es una pieza clave para los líderes chinos, quienes la ven como una parte esencial de su influencia legítima e histórica en la zona.

«Esencialmente, China quiere volverse tan poderosa [como para] que la región ceda ante su liderazgo en lugar de enfrentar las consecuencias [por el hecho de no hacerlo]», dijo uno de los funcionarios, quien añadió que Beijing confía en que la zona no quiera o no pueda desafiar sus intereses fundamentales.

Si bien ha trascendido que los chinos comunistas solamente ocuparían una parte de la base camboyana, en concreto, la parte norte, igualmente se ha conocido que el Ejército Popular de Liberación habría financiado la expansión de la edificación, a la que usarían de modo oculto, enmascarando su presencia cada vez que fuera necesario.

The Washington Post recordó que «la subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, visitó Camboya en 2021 y solicitó aclaraciones sobre la destrucción el año anterior de dos instalaciones financiadas por los Estados Unidos en la [misma] base naval de Ream», según informara en su momento el Departamento de Estado.

Al parecer, la citada demolición tuvo lugar después de que Camboya rechazara una oferta de EE. UU. para pagar la renovación de una de las instalaciones. Según un informe del Pentágono, dado a conocer después, esa negativa «sugirió que Camboya podría haber aceptado en cambio la asistencia de la [RPC] para desarrollar la base».  

Los antecedentes de la operación

En 2019, The Wall Street Journal (WSJ) dio a conocer que la RPC había firmado un acuerdo secreto para permitir que su Ejército usara la base de marras, aparentemente, durante unos 30 años, con renovaciones automáticas cada década, según detalles del borrador inicial.

Tal como era de esperarse, Beijing y Phnom Penh (localidad donde radica la instalación) negaron el informe, al tiempo que el primer ministro de Camboya, Hun Sen, lo denunció como “noticia falsa” y un portavoz del Ministerio de Defensa chino lo calificó de “rumores”.

Eso sí, este mismo vocero de la contraparte china admitió que su país solo se había limitado a ayudar a los camboyanos con entrenamiento militar y equipo logístico. ¿Ustedes creen en esta ayuda sana y sin malicia? Porque yo, obviamente, no.

Volviendo al tema que cada vez se pone mejor, el caso es que el acuerdo en cuestión otorgaría a los chinos «derechos exclusivos sobre una parte de la base», que, para colmo, está cerca de un aeropuerto que construye una empresa de nacionalidad china. ¿Ustedes creen en las casualidades? Porque yo, naturalmente, no.

Dicho aeropuerto, que se construye gracias a contrato de arrendamiento con los chinos, válido por 99 años, tiene una pista de aterrizaje de dos millas de largo, por tanto, naves grandes, como Boeing 747, Airbus A380 y bombarderos de gran alcance, como los cazas, podrían despegar y aterrizar allí sin problema alguno.

Al parecer, tanto las operaciones militares desde la base naval, como las del aeropuerto, o ambas, estarían encaminadas a «aumentar la capacidad de Beijing para hacer cumplir los reclamos territoriales y los intereses económicos en el Mar de China Meridional, amenazar a los aliados de EE. UU. en el sudeste asiático y extender su influencia sobre el Estrecho de Malaca, de importancia estratégica», según el WSJ.

El otro punto que trascendió del acuerdo tiene que ver con la posibilidad de que la nación asiática no solo envíe personal militar a la instalación, sino que también la use para almacenar armas y atracar buques de guerra. Todo un rosario de usos “sanos” e “inofensivos”, ¿verdad? ¿A quién pretenden engañar?

Tal como asegura la misma fuente, Beijing «tiene una larga historia de mentiras sobre sus intenciones militares». Y para demostrarlo, puso como ejemplo «la promesa del presidente chino, Xi Jinping, durante el mandado de Barack Obama, de que no militarizaría las islas artificiales en el Mar de China Meridional».

¿Qué pasó en realidad? Pues que las susodichas islas albergan hoy una amplia variedad de equipos militares chinos avanzados. Recordemos que la RPC acostumbra a negar sus operaciones y ocultarlas el mayor tiempo posible, hasta que un día todo explota. ¿Por qué esta vez sería distinto con la instalación en Camboya? Nada me lleva a pensar en otra posibilidad.

Las otras bases navales

Hace aproximadamente un año, informes de inteligencia de EE. UU. dieron a conocer que China estaba realizando actividades sospechosas en el puerto de Khalifa, Abu Dhabi. Aunque la información inicial no fue concluyente, en fecha más reciente se supo que los chinos estarían construyendo algún tipo de instalación militar en dicho puerto.

Otro reporte de The Wall Street Journal informó, entretanto, que, «a principios de este año, China y las Islas Salomón, en el Pacífico Sur, firmaron un pacto de seguridad». A pesar de que ambos gobiernos negaron que el acuerdo conduzca a una base naval china o a una presencia permanente de la nación asiática, es de imaginar qué podría estar pasando allí actualmente.

De igual modo, a fines de mayo pasado, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, realizó una gira por ocho países del Pacífico Sur. Según un reporte de CNN en español, el objetivo sería «promover la cooperación, y hacer una propuesta económica y de seguridad regional de gran alcance que podría aumentar significativamente el papel de Beijing en dicha región».

En honor a la verdad, la China comunista quiere dominar las rutas de navegación que durante mucho tiempo han pertenecido a la Marina de los Estados Unidos, recordó el WSJ en su informe, al tiempo que subrayó las intenciones de los chinos de «contar con una red global de bases que les facilite la proyección de poder».

Actualmente, el Ejército Popular de Liberación cuenta con una base en Djibouti, este de África, y según el jefe del Comando de África de EE. UU., el general Stephen Townsend, «Beijing también quiere una base en África Occidental, en el Océano Atlántico, lo que amenazaría la seguridad nacional estadounidense».

Un reporte del Departamento de Defensa resaltó las palabras de advertencia de Townsend, quien, asimismo, remarcó: «Creo que lo que más me preocupa es esta base militar en la costa atlántica, y donde [los chinos] tienen más tracción hoy es en Guinea Ecuatorial», sitio en el que han logrado un mayor progreso.

A todas estas, la República Popular China ha construido instalaciones portuarias comerciales en otras partes del mundo, entre ellas, Pakistán y Sri Lanka; instalaciones que bien podrían ser utilizadas por su Marina a fin de lograr sus objetivos tanto económicos como militares.

El nuevo orden mundial

Como hemos venido advirtiendo en anteriores artículos sobre la relación EE. UU.-China, está bastante claro que el gigante asiático no hace lo que hace solo por el mero gusto de escalar a nivel económico: también lo hace con fines geopolíticos y militares dada su nada oculta desesperación por encabezar el llamado nuevo orden mundial.

De acuerdo con el WSJ, «Beijing cree necesaria una red de base amplia para garantizar el suministro de petróleo, minerales y otras materias primas en caso de sanciones, escasez mundial o guerras», pero también cree que «las bases militares facilitan el seguimiento de los movimientos de barcos estadounidenses y amenazan las instalaciones norteamericanas en Guam y otros lugares en caso de un conflicto».

Si China se hace de una red base de este tipo podría implementar y utilizar su propia versión del Sistema de Posicionamiento Global por satélite de EE. UU. Y si a ello añadimos el hecho de que cuenta con una Marina en constante crecimiento, pues ya se podrán imaginar ustedes lo que podría sobrevenir.

En la actualidad, la nación asiática dispone de 355 barcos y planea contar con unos 460 para 2030. Nuestro país, en cambio, va en la dirección opuesta, con 297 buques y planes de caer a 280 para 2027, tal como resalta el mismo artículo del WSJ. Aparte de eso, la RPC se prepara para poner en marcha «un portaaviones avanzado que le otorgará más poder en el extranjero».

La misma fuente puntualizó que, si bien «algunos representantes en el Congreso parecen ser conscientes de este relativo declive naval de los Estados Unidos, la Marina y el Pentágono no parecen tan alarmados, cuando deberían estarlo».

Es decir, nuestras instituciones y agencias militares, con la actual Administración a la cabeza, deberían tomarse más seriamente la amenaza china, en el sentido de prepararse mejor no solo con más plataformas marítimas y fuerzas militares, sino con la tecnología de punta que nos garantice permanecer arriba, en la supremacía global.

Ya se sabe que quien adquiera el dominio de los mares, así como el control de las redes globales de datos, tecnologías avanzadas mediante, ganará la carrera por la hegemonía mundial. Es así, simple y llanamente. Por eso tenemos que ponernos los patines y acabar de una buena vez con los delirios chinos.

No necesitamos una talasocracia con ojos rasgados. No requerimos de un país rojo al frente del mundo. Necesitamos una América fuerte, invencible, que, como el águila que orgullosamente nos representa, ejerza su autoridad no solo por cielo y tierra, sino también por el mar.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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