Cierre por la pandemia: ¿Tan solo estamos retrasando lo inevitable?

Por Brian Giesbrecht
21 de Abril de 2020
Actualizado: 21 de Abril de 2020

Comentario

La mayoría de los países occidentales han estado encerrados durante más de un mes para frenar la propagación del coronavirus. Las escuelas han quedado vacías y todos los negocios considerados no esenciales han cerrado por orden del gobierno.

Esta es una estrategia sumamente costosa. Nuestros gobiernos están básicamente imprimiendo dinero para mantener este sistema de desempleo forzado. No tenemos idea cuál será el costo económico final, pero sabemos que estamos cargando a la próxima generación con una deuda aplastante. Los costos sociales, como la depresión, el suicidio, el abuso conyugal y otras patologías podrían ser incluso peores que el costo financiero.

El motivo de estas extraordinarias medidas ha sido “aplanar la curva”, para evitar que los hospitales se vean abrumados por el aumento de los pacientes ingresados. La teoría de los expertos es que todas las medidas de distanciamiento social y los cierres cumplirán esa tarea. Todos hemos vivido con estas nuevas restricciones de nuestras libertades, y el espíritu de cooperación y buena voluntad ha sido alto. Somos una especie resistente.

Y sin embargo, hay preguntas que se deberían hacer. Los que tenemos la suerte de vivir en una sociedad libre deberíamos ejercer nuestro derecho a hacerlo.

Ahora es evidente que los sistemas hospitalarios no se han visto abrumados por el temido incremento de las admisiones. De hecho, incluso en las zonas más afectadas los sistemas hospitalarios se han mantenido. En algunas zonas ligeramente afectadas los hospitales están en realidad subutilizados porque los procedimientos normales se han reprogramado para acomodar una oleada que nunca llegó. Las medidas de distanciamiento social adopºtadas por la mayoría de las personas han contribuido sin duda a mantener bajas esas cifras. Sin embargo, hay menos pruebas de que las medidas rigurosas, como el cierre de escuelas y de la mayoría de las pequeñas empresas, fueran necesarias en primer lugar.

No todos los países han adoptado las medidas extremas de cierre. Suecia es un ejemplo de eso — ya que actuado sobre la base de un asesoramiento científico que le pareció convincente— aconsejando a sus ciudadanos que adoptaran medidas sensatas de distanciamiento social, pero no cerró la mayoría de sus escuelas primarias y pequeñas empresas. La mayoría de los restaurantes han permanecido abiertos, al igual que la mayoría de los pequeños negocios. Su sistema hospitalario permanece intacto, y no parece que la tasa de mortalidad sea muy diferente a la de los países que están cerrados. Los expertos que advirtieron a los líderes suecos que debían cerrar sus escuelas y negocios o enfrentar muertes catastróficas han demostrado hasta ahora estar equivocados.

La Organización Mundial de la Salud ha insistido en que Suecia siga su “consejo” de realizar el bloqueo junto con el resto de Europa, pero Suecia prefiere seguir su propio curso. Es probable que cuando el virus haya seguido su curso allí, los suecos tengan más facilidad para volver a la normalidad en su país. También es probable que los suecos sean inmunes a la siguiente oleada de la enfermedad —habiendo logrado “inmunidad de manada”— mientras que los ciudadanos de los países bloqueados siguen siendo susceptibles al virus.

Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Japón son algunos de los otros países que tomaron medidas sensatas, pero no cerraron sus escuelas primarias o sus negocios. Sus sistemas hospitalarios y sus economías permanecen intactos. También es probable que sus ciudadanos sean ahora en gran medida inmunes al virus.

Y está empezando a parecer que esos países lo hicieron bien, y nosotros, los países de bloqueo, lo hicimos mal. Muchos expertos argumentan de forma convincente que, aunque el distanciamiento social es una forma excelente para que los individuos eviten contraer el virus, los cierres de la economía a nivel nacional y los cierres de escuelas simplemente prolonguen la vida del virus en una comunidad y no hagan ninguna diferencia en el número total de muertes.

Uno de esos expertos es el profesor Yitzhak Ben Israel de la Universidad de Tel Aviv. Él es uno de los varios expertos que argumentan de manera convincente que independientemente de que un país se cierre o permanezca abierto, el coronavirus llega a su máximo y se desploma exactamente de la misma manera. En pocas palabras, Suecia no tendrá una tasa de mortalidad más alta que Gran Bretaña, a pesar de que Gran Bretaña cerró su economía a un costo enorme. Knut Wittkowski, un exbioestadístico de la Universidad de Rockefeller, hizo el mismo argumento.

¿Es posible que los líderes de la mayoría de las naciones del mundo hayan cometido un error colosal al cerrar las economías, causando la mayor depresión mundial desde la década de 1930?

Nuestros líderes necesitan ser claros con nosotros. ¿Cuál es su plan de juego? ¿Por qué cerraron nuestras escuelas y negocios? ¿Por qué no hicieron lo que Taiwán o Suecia han hecho? Dijeron que querían “aplanar la curva”. La curva ha sido “aplanada”. ¿Tienen ahora algún plan mágico para evitar que el virus se abra paso en la comunidad, como lo han hecho todos los virus desde el principio de los tiempos? ¿Tienen algún plan para hacer desaparecer el virus? Si es así, deberían decirnos qué es.

Si no, deberían empezar el doloroso proceso de hacer que la economía se mueva de nuevo. El primer paso debería ser reabrir las escuelas y los negocios seleccionados. Como con cualquier gripe, los escolares se enfermarán, pero la mayoría no lo hará. Sí, infectarán a los padres y a otros, pero todos los virus hacen eso. Es una parte normal del año escolar. ¿Tuvo sentido cerrar las escuelas, o solo prolongó la vida del virus en la comunidad? ¿Nuestros líderes cerraron las escuelas solo porque todos los demás lo estaban haciendo?

La evidencia disponible ya muestra que el abrumador porcentaje de personas sanas infectadas se enfermarán y recuperarán, o no se enfermarán en absoluto. La naturaleza ha diseñado cuerpos sanos para hacer frente a las enfermedades respiratorias. También sabemos que este virus parece ir principalmente tras personas mayores con la salud comprometida. Esta pandemia ha revelado crudamente lo mal preparado que está nuestro sistema de residencias y centros de atención, y de hecho todo nuestro sistema médico, para proteger a los más vulnerables de las enfermedades infecciosas. Claramente, se deben hacer cambios que reflejen la nueva realidad.

Pero tenemos que proteger a los ancianos y a los enfermos sin comprometer el futuro de nuestros hijos. Como abuelo, estoy agradecido de que este virus en particular nos persiga a nosotros y no a los jóvenes. No quiero contagiarme de este virus, y pienso hacer voluntariamente tanto distanciamiento social y lavado de manos como sea práctico para evitar contagiarme. ¿Pero no deberían dejar esos pasos al individuo y no ser ordenados por el gobierno? Y lo más importante, ¿no es mantener el país fuerte para nuestros hijos nuestra obligación más importante?

Y si me enfermo, sé que la gran mayoría de la gente sana se recupera de enfermedades respiratorias virales, incluso esta desagradable. ¿Podría ser que estemos cediendo a miedos irracionales? ¿Es posible que alguna combinación de un medio de comunicación altamente politizado y nuestra adicción a las redes sociales haya amplificado esta pandemia más allá de toda razón? Vale la pena señalar que la última pandemia importante, la gripe porcina de 2009, mató a muchas más personas en todo el mundo que el coronavirus, pero no generó ni de cerca el nivel de cobertura de los medios o el pánico absoluto como esta. ¿Nos acordamos siquiera de esa pandemia?

¿Y no deberíamos tener en cuenta la clara posibilidad de que el próximo virus pueda afectar a nuestros jóvenes? ¿No necesitamos reconstruir una economía fuerte para prepararnos para esa horrible posibilidad? Una economía en pedazos nos dejará desesperadamente sin preparación. ¿No necesitamos hacer eso ahora, y no esperar un año o dos hasta que el último virus abandone el país?

Si el plan es esperar por una vacuna, parece que falta por lo menos un año o dos. ¿Es razonable vivir encerrado durante un año o dos años? ¿Querrían incluso los ancianos con problemas de salud pasar la última etapa de su vida aislados de sus familias? E incluso si se encuentra una vacuna en un año más o menos, cualquiera que se ponga la vacuna de la gripe sabe que la inyección puede funcionar, pero puede que no. ¿Es razonable poner nuestras vidas en animación suspendida mientras esperamos que se descubra un nuevo medicamento?

Entonces, a menos que nuestros líderes tengan algún plan secreto para hacer desaparecer este virus de alguna manera, ¿no deberíamos proteger a los más vulnerables lo mejor que podamos, pero empezar a reabrir las escuelas y los negocios ahora? Sí, habrá más infecciones como resultado, y deberíamos reabrir en etapas y con el mayor cuidado posible. ¿Pero no necesitamos que nuestros hijos vuelvan a la escuela y la gente al trabajo? ¿Y no tiene sentido mirar de cerca cómo Suecia y los otros países que no recurrieron a estas estrategias severas de aplastamiento de la libertad se mantuvieron abiertos para que podamos aprender de ellos? ¿No estamos simplemente retrasando lo inevitable cuando adoptamos medidas precipitadas como el cierre de escuelas que simplemente mantienen el virus por más tiempo?

Y finalmente, ¿somos capaces de aprender de nuestra experiencia con este coronavirus para que podamos hacerlo mejor cuando aparezca el próximo bichito horrible?

Brian Giesbrecht es un juez retirado y un miembro senior del Centro Fronterizo de Políticas Públicas.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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