Cómo amansar al dragón rojo en la guerra comercial

Por Peter Zhang
22 de Agosto de 2018 Actualizado: 22 de Agosto de 2018

Es comprensible que Washington esté tratando de recurrir a todos los medios disponibles para nivelar el campo de juego en la actual guerra comercial con Beijing.

Esta guerra se trata específicamente del déficit comercial de Estados Unidos con China, que alcanzó los 152.200 millones de dólares, según el Buró de Censos de Estados Unidos.

Pero en realidad se trata de mucho más que eso.

El Representante de Comercio de EE.UU. descubrió que “el robo chino de propiedad intelectual estadounidense cuesta actualmente entre 225.000 y 600.000 millones de dólares anuales”.

En los últimos años, empresas chinas han utilizado fondos estatales para comprar empresas estadounidenses y europeas, adquiriendo así tecnología occidental, incluyendo información sensible y clasificada.

Mientras tanto, los aranceles estadounidenses sobre China desencadenaron otra ronda de manipulación de la divisa: un yuan debilitado puede compensar eficazmente los aranceles de importación de Washington contra Beijing.

Más importante aún, décadas de esfuerzos occidentales para democratizar el “Reino Central” comunista mediante el otorgamiento del estatus de Relaciones Comerciales Normales Permanentes, el ingreso a la Organización Mundial del Comercio y la plena integración de Beijing en el mercado mundial, demostraron ser totalmente inútiles.

El desequilibrio del comercio con China es solo un síntoma del carácter depredador del régimen chino.

Mientras que Estados Unidos presiona a favor de un comercio libre y justo con China, necesita utilizar otras armas para enfrentarla.

Conocer al enemigo

Sun Tzu (544 a.C. – 496 a.C.), quizás el estratega militar chino más conocido, nos dice en “El arte de la guerra”: “Conócete a ti mismo, conoce a tu enemigo. Mil batallas, mil victorias”.

Es imperativo tener en cuenta que China, con una población de 1300 millones de habitantes, y el Partido Comunista Chino (PCCh), con solo unos 80 millones de miembros, no son lo mismo: el PCCh importó el comunismo en la década del 20 y desde 1949 lo ha estado imponiendo a toda la nación china.

Los politólogos generalmente concuerdan en que todas las sociedades cerradas dependen de tres condiciones cruciales para mantener su supervivencia: 1) el control de la información, que incluye la difusión de información errónea; 2) el uso de la violencia para mantener el poder; y 3) obligar a las masas a aceptar una ideología que favorece a los gobernantes.

Estas tres condiciones resultan ser vitales para la supervivencia del PCCh.

Hoy en día, quienes viven en sociedades abiertas considerarían impensable no tener acceso a algunas formas de redes sociales y a una Internet abierta. Pero lamentablemente, 600 millones de usuarios de Internet chinos viven dentro de una intranet artificialmente controlada, gracias al “Gran Cortafuegos de China”.

El PCCh gasta miles de millones de dólares para fortalecer su tecnología de vigilancia, incluyendo los conocimientos sobre reconocimiento facial y de voz robados de Estados Unidos. Ahora, Beijing está obligando a Apple a construir su centro de datos en la nube dentro de China para que el régimen tenga acceso a la información de los usuarios.

La lucha en la guerra comercial debe incluir la explotación de los puntos débiles del PCCh mediante la promoción de la libertad en Internet y el Estado de Derecho.

Derribar el ‘Gran Cortafuegos’ de China

En 2016, un estudio de Harvard encontró que el PCCh había contratado a millones de personas para formar el llamado Ejército de los Cincuenta Centavos (un término despectivo usado para describir a los trabajadores por contrato que popularmente se cree ganan 50 centavos por posteo) para generar unos 488 millones de publicaciones de redes sociales al año. Según el estudio, “la mayoría de los mensajes incluían alentar a China, a la historia revolucionaria del Partido Comunista Chino y a otros símbolos del régimen”.

Esta desinformación puede ser anulada si la Internet china se convierte en el medio para sustituirla con una valoración objetiva del régimen.

Según una prueba de campo realizada en 2005 por el Centro Berkman para Internet y la Sociedad de la Universidad de Harvard, entre los artículos más censurados en Internet en China se encuentran los “Nueve Comentarios sobre el Partido Comunista”, un libro escrito por la junta editorial de La Gran Época que detalla los crímenes y violaciones de derechos humanos perpetrados por el PCCh durante las últimas nueve décadas.

Este libro es tan revelador y mortal para la legitimidad del PCCh que ni siquiera ha sido denunciado por el Departamento de Propaganda del PCCh ni por sus medios de comunicación, por temor a que el público sepa de él.

Existen medios para difundir los “Nueve Comentarios” por internet.

En un testimonio reciente ante el Senado de Estados Unidos, el ex funcionario del Departamento de Estado Ely Ratner propuso que “el Congreso debería brindar los recursos y dirigir al Departamento de Defensa para que desarrolle los medios para sortear el ‘Gran Cortafuegos’ de China y facilitar el acceso de los ciudadanos chinos a la Internet mundial”.

Se trata de una propuesta estratégica que tiene múltiples implicancias constructivas a largo plazo: al poner a disposición herramientas de elusión, unos 600 millones de usuarios de Internet chinos podrán eludir el “Gran Cortafuegos” y comunicarse con el mundo exterior, creando así una ciudadanía informada y desactivando el impacto de la máquina de propaganda del PCCh.

Con el tiempo, las masas informadas se convertirán en agentes poderosos para el cambio social. Además, esta es una forma relativamente barata de lograr cambios positivos en China, en comparación con los miles de millones de dólares gastados en una carrera armamentista. Esto es lo que más teme el PCCh, ya que la libertad de información marcará el final de una sociedad cerrada.

Tras escuchar el testimonio del Sr. Ratner sobre el desmantelamiento del sistema de cortafuegos de China, Bao Peng, un colaborador cercano al reformista ex primer ministro Zhao Zhiyang y ahora disidente político en Beijing, escribió en Twitter: “Estoy completamente de acuerdo. Comprender a su propia China es lo que más necesita el pueblo chino, ¡y esto está relacionado al desmantelamiento del ‘Gran Cortafuegos’ y al libre acceso a Internet. ¡Este es un asunto demasiado importante y urgente!”.

Hay una serie de herramientas estadounidenses gratuitas de elusión para los usuarios en China y en todo el mundo. Lo notable es que los usuarios de Internet chinos suelen confiar en la tecnología ofrecida por dos compañías estadounidenses: Free Gate y Ultra Surf. Ambas ofrecen herramientas digitales gratuitas que obtuvieron buenas críticas del New York Times, el Washington Post, Forbes, el Wall Street Journal e investigadores de Harvard.

Aunque las capacidades de estas dos compañías están severamente limitadas debido a la falta de fondos –los desarrolladores son hábiles ingenieros chinos que escaparon a Estados Unidos después de sobrevivir a la masacre de la Plaza de Tiananmen o a la persecución de Falun Dafa por parte de Beijing– ellos tienen pasión, quizás más que nadie, por trabajar para derribar el sistema de cortafuegos de China.

Para ampliar y ayudar a satisfacer las necesidades de los usuarios de Internet chinos, estas personas brillantes, que cuentan con la mejor tecnología de elusión del mundo, necesitan desesperadamente obtener fondos federales y privados. Hay otras herramientas de elusión disponibles, como los servicios VPN a pequeña escala con sede fuera de China, pero no son gratuitas y pueden ser fácilmente bloqueadas por la censura en China.

La Ley Global Magnitsky de los Estados Unidos

La Ley Global Magnitsky de Estados Unidos de 2016, que permite sancionar a individuos de otros países por violaciones a los derechos humanos, también le otorga una ventaja a Washington.

Es un secreto a voces que muchos funcionarios del PCCh trasladaron sus activos y familiares al extranjero, especialmente a Estados Unidos. También es de conocimiento público que muchos de estos funcionarios del PCCh estuvieron involucrados directa o indirectamente en violaciones de derechos humanos contra cristianos clandestinos, practicantes de Falun Dafa, tibetanos, abogados de derechos humanos e intelectuales.

Negar a estas personas visas de entrada a los Estados Unidos y congelar sus activos en los Estados Unidos por sus crímenes no solo sería sensato, sino que también sería una acción justa bajo la jurisdicción de la Ley Magnitsky.

Hacer que los funcionarios del PCCh rindan cuentas por sus crímenes contra los derechos humanos no solo protegerá los intereses de Estados Unidos, sino que también enviará un mensaje contundente a todas las sociedades cerradas de que Estados Unidos, como líder del mundo libre, se mantiene firme y defiende la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU.

Washington también debería considerar la posibilidad de revelar todos los activos de los funcionarios del PCCh en Estados Unidos, lo que permitiría a la población china estar informada sobre a dónde va realmente el dinero de sus impuestos. Después de todo, los ingresos y los activos de los funcionarios chinos son un secreto de Estado en China.

Durante años, la Asamblea Popular Nacional de China no aprobó un proyecto de ley que exige a los funcionarios del PCCh divulgar sus ingresos y activos, a pesar de la protesta pública.

Además, si la administración Trump publicara una lista de funcionarios del PCCh y de sus familiares que tienen la green card o un pasaporte de EE.UU., esto en efecto perjudicaría las campañas antiamericanas y nacionalistas del PCCh.

Divulgar información sobre bienes y estatus migratorio también causaría graves problemas al PCCh. No es difícil imaginar el nivel de indignación pública si tal información estuviera disponible dentro de China, donde la desigualdad es inmensa y el índice Gini está muy por encima de 4.0, el punto de alerta para el malestar social. La transparencia o el derecho a saber parece algo simple, pero puede ser esencial para el bienestar de cualquier sociedad.

Para amansar a este Dragón Rojo en la guerra comercial, podríamos volver a la sabiduría de Sun Tzu, quien señaló: “el arte supremo de la guerra es someter al enemigo sin luchar”.

Tal vez una estrategia más impactante sería apuntar a los puntos más débiles del PCCh: el miedo a que la ciudadanía esté enterada gracias a una Internet sin censura, y miedo a la justicia por sus violaciones a los derechos humanos bajo la Ley Global Magnitsky de Estados Unidos.

Al fin y al cabo, no se trata de una escaramuza con el PCCh solo por el comercio, sino de una guerra que busca poner fin a su constante traición a la humanidad.

Peter Zhang centra su investigación en la economía política de China y Asia Oriental. Se graduó en Estudios Internacionales de Beijing, Escuela Fletcher de Derecho y Diplomacia, y la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard como becado de Edward Mason.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de La Gran Época.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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