Cómo el monopolio farmacéutico de China deja al mundo vulnerable

El coronavirus ha revelado la dependencia por parte de Estados Unidos de China para los suministros médicos y de protección
Por Maya Carlin
14 de Septiembre de 2020
Actualizado: 14 de Septiembre de 2020

Opinión

El régimen chino sorprendió al mundo este año con su flagrante mala conducta y el encubrimiento de hechos cruciales que llevaron al surgimiento y propagación del COVID-19. Los intentos de táctica de cerrojo de Beijing dieron como resultado directamente la rápida propagación del nuevo coronavirus, el colapso de las economías regionales y la incapacidad de los países para prepararse y responder de manera efectiva al brote. Aún más preocupante, mientras los países luchaban para lidiar con la carga del virus, el régimen utilizó su monopolio farmacéutico como una herramienta para acabar con la disidencia en contra de su comportamiento peligroso.

La pandemia del COVID-19 expuso al pueblo estadounidense la dependencia que tiene de China nuestro país y el mundo por los fármacos esenciales y cadenas de suministro. De hecho, la realidad del monopolio de China sobre las materias primas esenciales y la producción manufacturera es mucho peor de lo que generalmente se conoce.

Según la experta en medicina, Rosemary Gibson, el Partido Comunista Chino (PCCh) ha “exhibido un patrón de manipulación deliberada y peligrosa de los fármacos vendidos en Estados Unidos y otros países por razones económicas”. Su análisis reciente en el nuevo libro del Centro de Política de Defensa, “Defensa contra las amenazas biológicas: Lo que podemos aprender de la pandemia del coronavirus para mejorar las defensas de EE.UU. contra las pandemias y armas biológicas”, detalla meticulosamente la letanía de los monopolios farmacéuticos y las estrategias de guerra de Beijing para desarmar a Estados Unidos y sus otros adversarios contra las amenazas biológicas.

Desde el inicio de la pandemia, China produce y exporta productos defectuosos a todo el mundo, debilitando significativamente la respuesta del gobierno y los hospitales. Como detalló Gibson, el Reino Unido y Estados Unidos recibieron millones de kits de prueba defectuosos de China. Las mascarillas N-95, las batas de hospital, los instrumentos quirúrgicos y los respiradores exportados por China estaban contaminados. En mayo, la administración Trump prohibió a 66 empresas chinas exportar mascarillas de uso médico a Estados Unidos debido a sus deficiencias.

El COVID-19 también expuso el dominio de China en la producción mundial de materias primas utilizadas para crear antibióticos y fármacos esenciales. Beijing produce actualmente el 90 % de los ingredientes de los fármacos que se utilizan para cuidar a los pacientes con coronavirus en estado crítico. A medida que la demanda de suministros aumentó a principios de marzo, los países se dieron cuenta de su posición extremadamente vulnerable al depender de un solo país para los fármacos esenciales.

Aunque Estados Unidos es un líder internacional en investigación, la mayor parte de la fabricación de fármacos y suministros médicos se ha trasladado al extranjero. La última planta de fermentación de penicilina de Estados Unidos cerró en 2004, dejando que China llenara ese vacío. Gibson explica que el “cartel de la penicilina” de Beijing arroja productos en el mercado mundial de forma intencionada a precios inferiores a los del mercado, lo que obliga a las plantas de fabricación de todo el mundo a cerrar sus puertas. China suministra actualmente el 90 % de los antibióticos estadounidenses.

Muy consciente de esta dependencia, China continúa lanzando amenazas de retener fármacos y suministros preventivos para Estados Unidos y otros países que critican la culpabilidad del régimen por la pandemia.

Según Xinhua, la agencia estatal de medios de comunicación en Beijing, los funcionarios chinos tienen la capacidad de imponer controles de exportación de productos farmacéuticos que enviarían a Estados Unidos al “infierno de una nueva epidemia de coronavirus”. En abril, China también amenazó con negar la ayuda a Países Bajos por cambiar el nombre de su oficina en Taiwán para incluir la palabra Taipei.

Las implicaciones para la seguridad nacional por parte del monopolio farmacéutico de China son asombrosas. Las constantes amenazas del régimen chino de retener los fármacos fundamentales ponen de relieve los peligros de la centralización de la cadena de suministro mundial en un solo país; especialmente uno gobernado por el bastión autoritario del PCCh. Dado que los países tienen como objetivo prepararse mejor para la próxima pandemia, se debe priorizar la diversificación de las bases de fabricación.

El incisivo análisis de Rosemary Gibson en su libro es una lectura obligada para comprender esta terrible y creciente amenaza a la seguridad global.

Maya Carlin es analista del Center for Security Policy, con sede en Washington, DC. También es candidata a la maestría en Contraterrorismo y Seguridad Nacional en la Escuela de Gobierno Lauder de IDC Herzliya en Israel.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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