Cómo el socialismo hace estragos en nuestra sociedad

Por Dr. Charles McVety
24 de Julio de 2019 Actualizado: 24 de Julio de 2019

Cada año, la sociedad se vuelve progresivamente más oscura a medida que la moralidad se erosiona. Ver desfiles en la CBC (Candadian Broadcasting Company), de financiación nacional, donde los niños en el escenario, de 10 y 12 años, van vestidos en drag y actuando como strippers, es una indicación de que algo está drásticamente mal. Recientemente, hemos visto legalizarse la eutanasia, la marihuana y los clubes de sexo. El matrimonio ha sido redefinido y la unidad familiar está bajo ataque, y se desalienta el uso de palabras como “madre” y “padre”.

Nuestro sistema educativo ha abandonado la verdad y la ha remplazado con el relativismo, la idea de que la verdad absoluta no es algo que se deba querer alcanzar. Las instituciones han echado al viento a la ciencia, la biología y la química, en favor de la teoría de la fluidez de género, el cual le permite a uno cambiarse el género a su antojo. El individualismo ha sido remplazado con el estatismo. La religión es ahora ridiculizada como el opio de la sociedad.

Se pone peor. Jueces designados, no elegidos, están haciendo que las leyes de políticas sociales sean contrarias a la verdad histórica y a los valores tradicionales. Si alguien se atreve a ejercer la libertad de expresión, se lo percibe como una ofensa a la sociedad y por lo general reciben burlas, se los calla o incluso se los ataca. Se ridiculiza la creencia en Dios en los pasillos de la educación superior.

¿Cómo pudo pasar esto? Algunos creen que es la progresión natural de la sociedad; no obstante, no hay evidencia empírica o histórica que apoye tal afirmación. La respuesta es clara: personas como Fredrick Nietzsche, Karl Marx, Fredrick Engels, Charles Darwin, Sigmund Freud y Michael Foucault iniciaron una revolución socialista que está transformando los cimientos culturales de la sociedad. Vastos sectores de la sociedad son ahora dominados casi exclusivamente por su filosofía, incluyendo las universidades, los medios de comunicación, la burocracia y el poder judicial.

El economista británico John Maynard Keynes citaba frecuentemente a Lenin, que decía que no había “medio más sutil, más seguro de derrocar la base existente de la sociedad que corromper la moneda. El proceso involucra a todas las fuerzas ocultas de la ley económica del lado de la destrucción, y lo hace de una manera en la cual ni un hombre en un millón sería capaz de diagnosticar”. Este mismo principio está puesto en funcionamiento hoy en día, no económicamente sino más bien socialmente. A la vez que los socialistas involucran las fuerzas ocultas del relativismo moral, están destruyendo el tejido de nuestra sociedad—y ni uno en un millón lo reconoce.

Marx enseñó que el socialismo es un estado social de transición entre el derrocamiento del capitalismo y la realización del comunismo. Billy Graham nos advirtió sobre este cambio cultural en 1954 cuando afirmó que el comunismo “está aquí para quedarse. Es una batalla a muerte: o el comunismo muere, o el Cristianismo debe morir. (…) Políticamente, un comunista es alguien que cree que el Estado es supremo y el individuo existe solo para el bienestar del Estado, destruyendo así el estado dado por Dios de la dignidad del individuo”.

Los filósofos socialistas han disfrazado astutamente su doctrina como un pensamiento natural apoyado por la ciencia. Fredrick Nietzsche es considerado el Moisés del socialismo. Él declaró que Dios está muerto, por lo tanto no hay necesidad de que te preocupes por las consecuencias de tus acciones. No hay juicio, infierno, ni castigo eterno por comportarse inmoralmente, así que puedes hacer como te plazca, seguir tus instintos, disfrutar de lo que puedas, y luego tomar tu propia vida cuando el placer se acabe. Él también argumentó que no hay recompensa por el buen comportamiento, así que puedes acumular sobre ti placeres y excesos sin considerar a los demás. El pensamiento nihilístico dice que Adolf Hitler y la Madre Teresa reciben el mismo final. Tal pensamiento es atractivo para aquellos que desean seguir a sus proclividades en vez de templar sus acciones con un código moral. En otras palabras, haz como te plazca, vive y deja vivir, come, bebe y sé feliz, porque mañana morirás.

Resultados catastróficos

El resultado de esta revolución se está volviendo catastrófico. La tasa de suicidios se está disparando en Canadá, donde 200 personas intentan suicidarse cada día. En 2015, Estadísticas de Canadá reportó que más del 10 por ciento de nuestra población, unos 3.396.000 personas mayores de 12 años, contemplaron tomar su propia vida. El suicidio entre la juventud y los jóvenes adultos es particularmente preocupante, siendo la segunda cause de muerte, y la novena causa de muerte en la población general.

Entre otras consecuencias se incluye la depresión, el abuso de sustancias, los ataques sexuales y tiroteos en escuelas. En Canadá, según el gobierno federal, una de cada tres mujeres es atacada sexualmente en algún momento de su vida. Un trágico 15 por ciento tendrá depresión crónica y se sabe que un 10 por ciento consume opioides y drogas psicotrópicas. Los asesinatos en masa, de aquellos que emulan a los erráticos disparadores con vidas desprovistas de sentido de Columbine, se han vuelto moneda corriente. Las divisiones raciales se están profundizando debido a las enseñanzas de Darwin sobre las “razas favorecidas” de “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida” el cual se ha vuelto la base del pensamiento en la mayoría de la sociedad.

Es de notar que la libertad de expresión, el pensamiento crítico, la razón, racionalidad y la verdad objetiva se han vuelto enemigos del Estado. El posmodernismo ha tildado a tales pensamientos de misóginos, intolerantes, racistas y de odio, en un intento por silenciar a la oposición. Si citas estadísticas, serás condenado. Si buscas el pensamiento razonable, serás atacado. Presentar críticamente datos empíricos con la intención de llegar a la verdad no está permitido. Todo debe ser subjetivo y encajar con la narrativa socialista. Los progresistas radicales no pueden discutir los méritos del sinsentido o los beneficios de la amoralidad así que deben recurrir a las clásicas tácticas de abuso en la escuela: motes ofensivos.

Los últimos 100 años fueron los más sangrientos en la historia humana, casi 200 millones de personas murieron en las guerras. Casi todas esas guerras fueron conducidas por líderes proclamando filosofías socialistas. Vladimir Lenin, Joseph Stalin, Adolf Hitler, Mao Zedong y Pol Pot proclamaban la ausencia de un Creador, la evolución, la oposición a la moral religiosa y la arbitrariedad de la vida. El resultado fueron muertes masivas y sufrimiento humano—el resultado lógico de la inmoralidad y el sinsentido.

La guerra no es el mecanismo principal del socialismo de este siglo. Ha cambiado a un nivel mucho más profundo y está en camino a resultar en consecuencias igualmente devastadoras. El filósofo Max Horkheimer dijo que “la Revolución no sucederá con armas, más bien sucederá en incrementos, año tras año, generación tras generación. Infiltraremos gradualmente sus instituciones educativas y sus oficinas políticas, transformándolas lentamente en entidades marxistas a medida que nos movemos a un igualitarismo universal”.

Hay una batalla furiosa por el alma de nuestra sociedad. No es una batalla de carne y sangre sino una lucha entre la libertad y el socialismo. No se confundan, los socialistas llevan ahora la delantera y están listos para dar la estocada final: el socialismo a gran escala.

El Dr. Charles McVety es el presidente del Colegio Cristiano de Canadá y la Escuela de Estudios Teológicos Graduados en Whitby, Ontario.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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