Cómo los socialistas utilizaron sindicatos docentes como el NEA para destruir la educación

Por Alex Newman
21 de Noviembre de 2019 Actualizado: 21 de Noviembre de 2019

Comentario

Esta es la octava parte de una serie de artículos que examinan los orígenes de la educación pública en Estados Unidos.

Al examinar a Hydra, que es el establecimiento colectivista de la “educación” que domina las escuelas públicas en Estados Unidos, entre los tentáculos más importantes se encuentran los sindicatos de maestros, especialmente la Asociación Nacional de Educación (NEA, por sus siglas en inglés).

Junto con otros dirigentes de sindicatos, la NEA y sus afiliados a nivel estatal y local jugaron un papel importante en la transformación de la educación estadounidense en un peligroso desastre en el que hoy se ha convertido. El extremismo se ha vuelto cada vez más extremo desde hace más de un siglo. Pero no es algo nuevo en absoluto.

El papel destructivo desempeñado por la NEA es tan grave, y tan ampliamente comprendido, que incuso en 2004, el entonces Secretario de Educación de Estados Unidos, Rod Paige, describió al sindicato como una “organización terrorista”. Pero en realidad, la NEA ha hecho mucho más daño a Estados Unidos de lo que podría hacer una simple organización terrorista.

Hay que considerar que los terroristas simplemente matan a personas, aunque a veces en grandes cantidades. Sin embargo la NEA y sus sindicatos aliados han ayudado a matar prácticamente a una nación, la más grande y libre que jamás haya existido. Mientras que los terroristas destruyen cuerpos humanos, la NEA ha trabajado para destruir las mentes y las libertades humanas.

Durante al menos un siglo, la NEA, fundada en 1857 como una asociación profesional, apenas se ha molestado en ocultar la afinidad de sus líderes por el comunismo, el colectivismo, el socialismo, el humanismo, el globalismo y otros peligrosos “ismos” que amenazan la libertad individual. El sindicato tampoco eludió los ataques virulentos contra Estados Unidos, el sistema de libre mercado, el cristianismo, la familia o la libertad de educación.

Quizás la exposición más importante jamás escrita sobre la NEA fue el libro que se publicó en 1984 “NEA: Un caballo de Troya en la educación de Estados Unidos” del Dr. Samuel Blumenfeld. Repleto de ejemplos y referencias, el libro de Blumenfeld demostró que, contrariamente a la mitología popular, que sostiene que el extremismo de la NEA es un fenómeno más reciente, los líderes sindicales han estado radicalizando a los maestros contra Estados Unidos durante un siglo o más.

Portada del libro – NEA: Un caballo de Troya en la educación de los Estados Unidos

Desde que fue tomada abiertamente por los progresistas a principios del siglo XX, “la NEA sometió a sus miembros a un odio implacable hacia el capitalismo y a una benevolencia incesante y acrítica hacia el socialismo”, escribió Blumenfeld.

Pero incluso antes de eso, ya era mala. “Desde 1857 hasta el presente, la NEA ha adorado a dos dioses: Horace Mann, un estadista, y John Dewey, un socialista“, continuó Blumenfeld, refiriéndose a las dos figuras más importantes con respecto a la toma hostil de la “educación” por parte del Estado. Esta serie de artículos sobre educación ha tratado extensamente sobre estos dos subversivos.

Para 1900, la NEA, que estaba ya haciendo lobby por la participación federal en la educación, en gran medida tenía un peso que era insignificante. Aunque se calcula que había medio millón de maestros de escuelas públicas en Estados Unidos en ese momento, la NEA contaba con menos de 2500 miembros. Sin embargo, una vez que los “progresistas” tomaron el control, se convirtieron en una especie de “ministerio de educación” que intentaba dictar y controlar la política educativa en todo Estados Unidos.

Reemplazar la libertad por el colectivismo

Una vez que los progresistas estuvieron totalmente en control del liderazgo de la NEA, una historia que es detallada en el libro de Blumenfeld, ya no hubo ninguna inhibición en promover abiertamente el triunfo del colectivismo sobre la libertad individual utilizando al sistema escolar.

En la reunión anual de la NEA en 1934, Willard Givens, que pronto sería nombrado secretario ejecutivo del sindicato, presentó la agenda.

“Hay que hacer muchos cambios drásticos”, declaró Givens. “Un ‘laissez-faire’ moribundo debe ser completamente destruido y todos nosotros, incluyendo a los ‘propietarios’, debemos estar sujetos a un alto grado de control social. (…) La función principal de la escuela es la orientación social del individuo. Debe tratar de darle a entender la transición a un nuevo orden social”.

También hizo un llamado a la nacionalización de todo tipo de industrias, para ser operadas en beneficio de “la gente”.

Por supuesto, el “reformador de la educación” socialista y humanista John Dewey había estado defendiendo el surgimiento de un “nuevo orden social”, de orientación socialista, desde al menos los primeros años del siglo XX. Y en 1932, Dewey, considerado casi universalmente como el padre fundador del sistema de educación pública de Estados Unidos, se convirtió en el “presidente vitalicio honorario” de la NEA.

Al año siguiente, Dewey y algunos de sus seguidores redactarían y firmarían el primer Manifiesto Humanista, un bizarro documento religioso que rechazaba a Dios de manera descarada mientras que abrazaba sin vergüenza al colectivismo y al socialismo. Esta religión totalitaria con el tiempo se promovería en todo los Estados Unidos en las escuelas públicas descristianizadas.

Dewey, que visitó la Unión Soviética y escribió artículos elogiando las supuestas virtudes de esa brutal tiranía, estaba interesado en la educación principalmente para promover su “ideología” totalitaria y su pseudo-teología. Y aunque era inflexible en cuanto a que el cristianismo no debía enseñarse en las escuelas, estaba totalmente de acuerdo con que la religión -su religión- debía estar en el aula. De hecho, creía que era esencial para crear el “nuevo orden social”.

“Nuestras escuelas están realizando una obra religiosa infinitamente significativa”, escribió en su ensayo de 1907 La religión y nuestras escuelas. “Están promoviendo la unidad social a partir de la cual, al final, debe crecer la verdadera unidad religiosa. (…) creencias dogmáticas (…) vemos que (…) desaparecen. (…) Es esa parte de los hombres para (…) trabajar por la transformación de todos los instrumentos prácticos de la educación hasta que estén en armonía con estas ideas”.

A partir de la década de 1920, este tipo de propaganda  de charlatanería religiosa, política y educativa sin sentido de Dewey llenó las páginas de “Diario NEA”. Entre otras ideas, los escritos de Dewey en la publicación insignia de la asociación, que llegó a más maestros que cualquier otra, elogiaba constantemente las virtudes del colectivismo y del sistema soviético de asesinatos de masas, a la vez que demonizaba a Estados Unidos y a la educación tradicional estadounidense.

A Dewey le gustaba especialmente el programa de adoctrinamiento soviético que se hacía pasar por un sistema de “educación”, sus ensayos en ‘Diario NEA’ y otras publicaciones como ‘New Republic’ lo revelaron. Sin embargo, debido a los ingeniosos juegos de palabras, muchos estadounidenses permanecieron ajenos al peligro. Una de las formas en que la propaganda de Dewey a favor de la tiranía fue tan efectiva fue que engañó a los lectores usando las palabras “democracia” y “socialismo” indistintamente.

Dewey estaba tan envuelto en la intriga soviética que, antes de convertirse en presidente honorario de la NEA, fue vicepresidente y uno de los directores fundadores de la Sociedad Americana de Relaciones Culturales con Rusia. Esta organización creada por la dictadura soviética en Estados Unidos, fundada en 1927, se dedicaba principalmente a enviar estudiantes, profesores y maestros a la Unión Soviética para el adoctrinamiento comunista, y a llevar “expertos” soviéticos a Estados Unidos para formar a educadores estadounidenses.

Como era de esperar, la NEA siempre estuvo dispuesta y ansiosa por trabajar con los “sindicatos” de los estados esclavistas de Europa del Este y América Latina, incluyendo los falsos sindicatos creados por el régimen soviético. Eso fue a pesar de las duras críticas expresadas por los disidentes soviéticos e incluso de la Federación Estadounidense de Maestros (AFT, por sus siglas en inglés), otro importante sindicato de maestros que difería en muchos aspectos importantes con la NEA.

El escritor más frecuente en Diario NEA durante las décadas de 1930 y 1940 fue el socialista Stuart Chase. “Ya no es una cuestión de colectivismo contra individualismo, sino de qué tipo de colectivismo”, escribió Chase en el órgano oficial de propaganda de la NEA después de llamar al gobierno de Estados Unidos a tomar el control de la agricultura, la banca, el crédito y más.

En una entrevista de 1956 con Los Angeles Tidings , la exmaestra y desertora del Partido Comunista Bella Dodd lanzó una bomba. “El Partido Comunista, siempre que fue posible, quiso utilizar el Sindicato de Maestros con fines políticos”, dijo, y añadió que todos los comunistas del sindicato estaban a favor de la educación “progresista” inspirada en Dewey. “La mayoría de los programas que defendimos, la NEA los aplicaba al año siguiente”.

Tomando el colectivismo como algo global

Además de esparcir su veneno colectivista en las mentes de los niños de todo los Estados Unidos a través de las escuelas públicas, la NEA también llevó a cabo una campaña efectiva para difundir el sistema de adoctrinamiento en todo el mundo. De hecho, el sindicato fue una de las primeras organizaciones en promover abiertamente la idea de un “consejo de educación” mundial para controlar todas las escuelas del planeta.

Ya en 1920, la NEA creó su llamado “Comité de Relaciones Internacionales”. El propósito aparente era ayudar a construir la “comprensión mundial”. Pero la verdadera agenda pronto se hizo muy clara para cualquiera que estuviera prestando atención.

En respuesta a la formación de una alianza formal del gobierno de Estados Unidos con la despiadada dictadura del Partido Comunista que esclavizaba a la Unión Soviética, el jefe del Diario NEA, J. Elmer Morgan, escribió un editorial para la publicación titulado ” Los Pueblos Unidos del Mundo”.

Entre otras demandas, supuestamente para “mantener la paz y asegurar la justicia y la oportunidad”, Morgan dijo que “necesitamos ciertos organismos mundiales de administración”. Esos organismos de gobierno planetario deberían incluir una “fuerza policial” global y un “consejo de educación” mundial, opinó Morgan.

Para lograr ese “consejo de educación” global, la NEA creó el “Fondo de Guerra y Paz” para recaudar donaciones en 1943. En Europa se llevaron a cabo programas similares entre los centros educativos. Finalmente, estas iniciativas culminaron con la creación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 1946, una organización que será abordada próximamente en esta serie de artículos.

En un editorial de 1946 en Diario NEA titulado “El maestro y el gobierno mundial”, Morgan promovía el gobierno global y de nuevo abogaba por que estas ideologías subversivas se impusieran a los niños cautivos de las escuelas mediante el adoctrinamiento.

“En la lucha por establecer un gobierno mundial adecuado, el maestro tiene muchos papeles que desempeñar”, escribió Morgan, haciendo un llamamiento a los maestros para que “preparen los corazones y las mentes de los niños” para el inminente régimen colectivista mundial. “En la cima de todas los organismos que asegurarán la llegada del gobierno mundial deben estar la escuela, el maestro y la profesión organizada”.

Más tarde ese mismo año, Morgan se jactó de los “logros” hacia el gobierno mundial que la “profesión docente organizada” ya había logrado. Y hasta el día de hoy, la NEA sigue desempeñando un papel clave en la globalización e internacionalización del adoctrinamiento progresivo que se presenta como un sistema educativo.

Más poder federal, guerra a la competencia

Incluso antes de vender la idea de un sistema educativo global para lograr un gobierno global, la NEA lideró la batalla para involucrar al gobierno federal en la educación, y luego para expandir constantemente ese poder bajo cualquier pretexto que pudiera ser efectivo. De hecho, desde el principio, la NEA trabajó para empoderar a Washington, D.C., por encima de las escuelas de la nación, en clara violación de la Constitución de Estados Unidos y su décima enmienda.

Hace más de un siglo, la NEA también comenzó a hacer lobby en el Congreso para que se financiara la educación con fondos federales. Los jefes de la NEA sabían que con la ayuda federal detrás viene el control federal. Finalmente tuvieron éxito en 1965 con la aprobación de la Ley de Educación Primaria y Secundaria. A partir de ahí, la siguiente parada fue la creación de un Departamento de Educación a nivel de gabinete, un deseo de la NEA que el presidente Jimmy Carter concedió al sindicato a cambio de su apoyo crítico.

Los jefes de la NEA a menudo se salen con la suya en el gobierno, aunque tarde un poco. Esto se debe a que la NEA ha sido una máquina de lobby bien aceitada durante décadas. Por un lado, al recaudar las cuotas de millones de miembros, la NEA y sus afiliados estatales pueden verter interminables recursos en las arcas de campaña de los políticos. Y al incitar a sus miembros a votar de cierta manera, escribir cartas e incluso protestar, puede mantener a los políticos que son elegidos en carrera indefinidamente.

Con casi 3 millones de miembros en la actualidad, la NEA es el sindicato más grande de Estados Unidos. Ha inyectado más de 100 millones de dólares en las campañas políticas federales solo desde principios de la década de 1990. Y los datos del Center for Responsive Politics muestran que más del 97 por ciento de ese dinero fue a los demócratas. Las pequeñas donaciones a los republicanos prácticamente todas fueron para los más liberales de ellos. Tendencias similares existen a nivel estatal y local entre los afiliados de la NEA.

Hoy en día, la NEA todavía está tratando de anular la competencia, buscando restricciones onerosas en las escuelas privadas e incluso librando una guerra contra las familias que educan en el hogar a sus hijos. En 1988 y los años siguientes, la NEA adoptó una resolución (enmendada en 2006 a la versión actual) que formalizó su odio hacia las familias que operaban fuera del sistema gubernamental.

“La Asociación Nacional de Educación (NEA) cree que los programas de educación en el hogar basados en la elección de los padres no pueden proporcionar al estudiante una experiencia educativa integral”, declaró el sindicato.

Por supuesto, no todos los millones de miembros de la NEA están de acuerdo con las ideologías e ideas totalitarias de los líderes del sindicato. Pero hasta hace poco, al menos en muchos estados, se les exigía que fueran miembros, obligados a financiar campañas políticas y opiniones extremistas con las que podrían haber estado en desacuerdo rotundamente. Afortunadamente, la maestra de California Rebecca Friedrichs demandó y ganó, poniendo fin a las cuotas sindicales obligatorias. Pero muchos maestros todavía no se dan cuenta de que no tienen que financiar el extremismo de la NEA y sus afiliados.

Puede que haya más malas noticias para la NEA, que se está volviendo cada vez más radical con cada año que pasa. Este escritor sabe de buena fuente que algunos escándalos significativos que involucran al liderazgo de la NEA pueden ser revelados en los meses venideros.

De cualquier manera, una mirada objetiva a la historia de estos tentáculos de Hydra sobre el establecimiento educativo revela un monstruo que está interesado solo en ganar poder y aplastar la libertad, no en educar a los niños. Es hora de que los maestros, los padres y los contribuyentes que lo financian hablen en voz alta.

Alex Newman es un galardonado periodista, educador, autor y consultor internacional que co-escribió el libro “Crímenes de los educadores: Cómo los utópicos están usando las escuelas del gobierno para destruir a los niños de América”. También se desempeña como CEO de Liberty Sentinel Media y escribe para diversas publicaciones en los Estados Unidos y en el extranjero.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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