¿De qué sirve la poesía?: “Las siete edades del hombre” de Shakespeare: Una obra definitiva

Por Sean Fitzpatrick
09 de Octubre de 2021
Actualizado: 09 de Octubre de 2021

El objetivo de que los seres humanos lean, escriban y memoricen poesía es para hacerse más humanos.

Con el corazón palpitante de las humanidades, la poesía mide los metros de la existencia, acercándonos a lo que somos como humanos, como conocedores y apasionados. Y cuanto más sepamos sobre la experiencia humana, más en sintonía y enamorados estaremos de nuestra humanidad.

Hay un poema en particular que logra esto, presentando, como ningún otro poema lo ha hecho o lo hará jamás, las siete etapas que constituyen el drama humano.

Todo el mundo es un escenario,
Y todos los hombres y mujeres meramente jugadores;
Tienen sus salidas y sus entradas;
Y un hombre en su tiempo juega muchas partes,
Sus actos son siete edades. Al principio el infante,
maullando y vomitando en los brazos de la enfermera;
Y luego el colegial lloriqueante, con su mochila
y su brillante rostro matutino, arrastrándose como un caracol
sin querer ir a la escuela. Y luego el amante,
suspirando como un horno, con una balada lastimera
hecha a la ceja de su ama. Luego un soldado,
Lleno de extraños juramentos, y barbudo como el padre,
Celoso en el honor, súbito y rápido en la pelea,
Buscando la reputación de la burbuja
Incluso en la boca del cañón. Y luego la justicia,
de hermoso vientre redondo con buen capote revestido,
Con ojos severos y barba de corte formal,
Lleno de sabias sierras y ejemplos modernos;
Y así desempeña su papel. La sexta edad cambia
En el pantalón delgado y con zapatillas,
Con gafas en la nariz y bolsa en el costado;
Sus medias juveniles, bien guardadas, un mundo demasiado amplio
Para su caña encogida; y su gran voz viril,
volviéndose de nuevo hacia los agudos infantiles, flautas
Y silbidos en su sonido. La última escena de todas,
que pone fin a esta extraña historia accidentada,
Es la segunda infantilidad y el mero olvido;
Sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin todo.

De la obra “Como guste” de William Shakespeare, este célebre pasaje pronunciado por el melancólico Jaques trata de las cambiantes etapas de la vida, que van de la infancia al niño en edad escolar, a la adolescencia, a la juventud, a la mediana edad, a la edad avanzada y, finalmente, a la vejez y a la polvorienta muerte. En ellas se plasma, en apenas un par de líneas hábilmente escritas cada una, un personaje que capta una edad —una etapa de la vida en el escenario del mundo— que va y viene con entradas y salidas en un vasto y arrollador espectáculo de momentos temporales y eternos.

Y las realidades que revisa son familiares aunque sean fantásticas. En este poema, todos los hombres, mujeres y niños se verán a sí mismos y a todos los que conocen, parpadeando como rostros en un espejo. Pasa de lo familiar a las nuevas delicias en la procesión del escenario mundial de Shakespeare. Y aunque uno de los puntos más llamativos del poema son sus golpes —maullando, vomitando y suspirando hasta peleas e hinchazones y arrugas—, el papel cómico-trágico del hombre está en plena exhibición aquí, como lo está en la otra analogía inmortal de Shakespeare entre el teatro y la vida, de “Macbeth”:

La vida no es más que una sombra que camina, un pobre jugador,
que se pavonea y se agita durante su hora en el escenario,
y luego no se le oye más. Es un cuento
Contado por un idiota, lleno de sonido y furia,
que no significa nada.

“Las siete edades del hombre” es un ejemplo de la verdad de que pocas cosas en la vida, por breves que sean, valen la pena conocerlas. De hecho, pocos libros en las montañas y montañas de papel son realmente dignos de ser leídos. Y pocos pasajes de poesía en el mar de la basura merecen ser llevados en el corazón. El mundo puede ser un escenario, pero es un escenario desordenado, atascado de basura y bazofia, y todos tenemos nuestro trabajo hecho para cruzar sus tableros.

Este es uno de los poemas que vale la pena conocer, uno que logró algo para todas las épocas, articulando de una vez por todas las siete etapas de la existencia humana. Es definitivo, superando la naturaleza finita de su creador y convirtiéndose en una norma eterna establecida en el cosmos de la creación humana. Es digno de ser encontrado una y otra vez durante el tiempo que le quede al mundo y a sus jugadores recurrentes, hasta que todas las cosas sean inútiles.

Hasta ese momento, todas las etapas de la vida pueden ser etapas de deleite que encuentran su expresión en el arte que llega a la esencia de todo: la poesía.


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