Documental «One Child Nation» disipa los mitos que glorifican al comunismo

Por Nicole Russell
10 de enero de 2020 12:48 PM Actualizado: 10 de enero de 2020 12:48 PM

Comentario

Una nueva encuesta publicada por Victims of Communism Memorial Foundation, una organización sin fines de lucro de Washington, D.C., muestra que más millennials que nunca aprueban el comunismo.

Según YouGov, que realizó la encuesta, el 36 por ciento de los millennials dicen que están bien con el comunismo, en comparación con el 28 por ciento en 2018. Victims of Communism Memorial Foundation ha llevado a cabo la encuesta durante varios años, y los números parecen ser más sombríos cada año.

Esto es preocupante en muchos sentidos, y está claro que esta creencia se debe a la ignorancia, lisa y llanamente.

Los regímenes comunistas son intrínsecamente abusivos, peligrosos y crean entornos tóxicos que los ciudadanos se ven obligados a soportar o a enfrentarse a un castigo. Las generaciones mayores reconocen esto, a menudo porque han visto los resultados de primera mano en la ex Unión Soviética, Europa Oriental, Cuba, China y Corea del Norte. Si los millennials se dieran cuenta de lo que el comunismo hace a una sociedad, creo que sería menos probable que lo aprobaran o aplaudieran.

Un nuevo documental en Amazon Prime puede ayudar a educar a los jóvenes sobre los males del comunismo. «One Child Nation» (Nación de hijo único) , de los cineastas chinos Nanfu Wang y Jialing Zhang, fue el documental ganador del Gran Jurado de Estados Unidos en Sundance en 2019.

Como dice Amazon, el documental expone «las devastadoras consecuencias de la política china de hijo único a través de la historia de quienes la vivieron».

Soy millenials, y aunque ciertamente había oído hablar de la ‘política de hijo único’ de China y creía que sonaba macabra, no conocía muchos detalles. La política fue implementada por los funcionarios del Partido Comunista Chino (PCCh) en 1979 como una supuesta solución a la superpoblación y la amenaza de hambruna. Los ciudadanos que tenían más de un hijo incurrían en severos castigos. En 2015, el PCCh implementó una política de dos niños. Sin embargo, décadas de la ‘política de hijo único’ han dejado su huella, y el documental muestra los horrores que el comunismo hace a la gente.

El documental narra la vida de Wang, que ahora vive en Estados Unidos, mientras regresa a su China natal para preguntar a sus amigos y familiares sobre cómo era vivir bajo la ‘política de hijo único’. Wang encuentra a muchos que admiten que fue difícil de aplicar, pero los funcionarios locales lo hicieron por miedo.

Al principio, los efectos de la política parecen algo benignos, pero a medida que el documental continúa, se hace evidente que la ‘política de hijo único’ se apoderó de las vidas de hombres, mujeres y bebés en su perjuicio.

Nos encontramos con una mujer, una partera, que ayudaba a mujeres embarazadas con su segundo hijo a abortar sus bebés. Ella también esterilizó a mujeres para prevenir segundos embarazos. La partera no sabía cuántos bebés había dado a luz vivos, pero sí sabía que había realizado entre 50.000 y 60.000 esterilizaciones y abortos, induciendo a bebés y a menudo matándolos después de nacer. Dijo que llevaba la cuenta porque se sentía culpable. Ahora, solo ayuda a tratar a las personas que luchan contra la infertilidad, como una manera de expiar sus pecados, dice con tristeza resuelta.

Está claro que el número de abortos que ha realizado, en cumplimiento directo de esa política, es una fuente de dolor y arrepentimiento.

Como muchos países comunistas, la propaganda juega un papel importante en la aplicación de políticas particularmente atroces como ésta. Wang muestra docenas de tomas fijas y muchas imágenes que muestran lemas que alaban la ‘política de hijo único’ y que fueron difundidas por todo el país asiático.

«Estamos luchando una guerra poblacional» fue uno de esos mantras populares que el PCCh utilizaba para explicar el razonamiento detrás de la política.

En realidad, dice Wang, «estaban realmente luchando una guerra contra su propio pueblo». La política continuó y, aunque algunos de los habitantes la aceptaron, otros la encontraron perturbadora y trataron de arrojar luz sobre lo terrible que era para las familias, los bebés y la sociedad en general.

La última y tercera parte del documental de Wang se enfoca únicamente en la práctica común, pero poco conocida, de abandonar a los segundos bebés no deseados en zanjas, al lado de la ruta y en vertederos. El fotógrafo Peng Wang pintó representaciones de un bebé abandonado que notó en una foto que tomó de lo que pensó era solo basura.

A través de sus pinturas, Peng Wang comenzó a generar conciencia de cuán deshumanizante era la ‘política de hijo único’ y cómo el PCCh impulsó esta agenda a través de sus ideas.

«Como ser humano se necesitan agallas para matar a alguien. ¿Cómo pudieron hacer esto? Todo esto proviene del adoctrinamiento a largo plazo», señaló Peng Wang. «Por ejemplo, ‘Los intereses colectivos por encima de todo’. ‘El Partido es infalible’”.

La gran cantidad de bebés abandonados creó un mercado para los traficantes de personas, y pronto la gente comenzó a vender los bebés que encontraban a orfanatos locales, que a su vez los vendían a otros, a menudo estadounidenses que buscaban adoptar. Mientras que esto podría parecer algo caritativo, una manera de convertir una mala situación en algo redimible, los orfanatos dijeron a los potenciales padres adoptivos que los bebés eran verdaderamente huérfanos cuando, de hecho, tenían padres en China que simplemente no podían tenerlos debido a la política comunista.

El comunismo, y por extensión, la ‘política de hijo único’ del PCCh, trabajaban para destruir la humanidad de la gente, sus derechos y libertades individuales, y cualquier conciencia moral.

Aunque esa política no está en vigencia desde 2015, China se enfrenta ahora a una crisis diferente: no hay suficientes jóvenes para cuidar a los ancianos. Esto sin mencionar las irreparables cicatrices emocionales dejadas en las parejas que se sintieron obligadas a abortar a su bebé o a enfrentar el castigo, las mujeres que abandonaron a sus bebés y los orfanatos que participaron en el tráfico de personas, para beneficiarse del residuo de las políticas comunistas.

Los millenials pueden pensar que el comunismo suena bien, pero es solo porque no se les ha dicho o todavía no entienden los efectos devastadores de las políticas comunistas en deshumanizar a las personas y en la erradicación de las libertades individuales, y que al hacerlo, dejan cicatrices eternas en la psique moral de generaciones completas de personas.

Yo pediría a los millenials que siguen diciendo, cada año en mayor número, que aprueban las ideas comunistas, que miren «One Child Nation» y vean si después se sienten de la misma manera.

Nicole Russell es una escritora independiente y madre de cuatro hijos. Su trabajo ha aparecido en The Atlantic, The New York Times, Politico, The Daily Beast y The Federalist. Sígala en Twitter @russell_nm.F

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de The Epoch Times

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