Donald Trump y Joe Biden ante la amenaza china

Acerca de cómo Trump y Biden han enfrentado la amenaza que entraña el régimen comunista de China, más que un rival económico, un peligro para la seguridad nacional.
Por Rafael Marrero
16 de Noviembre de 2022 2:39 PM Actualizado: 16 de Noviembre de 2022 2:39 PM

Aparte de las claras diferencias que saltan a la vista, el expresidente Donald Trump y el actual inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, tienen una percepción distinta sobre cómo lidiar contra la República Popular China (RPC), régimen comunista que ha escalado de competidor económico a rival militar con la subsecuente amenaza a nuestra seguridad.

A casi dos años de haber llegado a la presidencia de los Estados Unidos (EE. UU.), Biden no ha hecho más que amagar contra la RPC en vez de ejecutar efectivas acciones concretas, como las adoptadas por Trump, o darles una correcta continuidad a las ya existentes.

Recordemos que, durante su primer día como presidente, el demócrata firmó más de 15 órdenes ejecutivas, proclamaciones y memorandos, básicamente encaminados a deshacer muchas de las decisiones de su predecesor. Repasemos a continuación las principales diferencias entre uno y otro.

Sector comercial

Según un análisis de Observer Research Foundation, «la presidencia de Donald Trump probablemente será recordada como la época en que EE. UU. se enfrentó a China en varios frentes». Es decir, Trump “golpeó con fuerza” las relaciones entre ambos países, en lo que viene siendo una desviación fundamental del enfoque que ha mantenido nuestro país por cuatro décadas en lo que respecta al gigante asiático.

En el sector comercial, por ejemplo, el exmandatario republicano libró una guerra arancelaria con China que involucró cuatro rondas de aumentos arancelarios. Dichos aumentos elevaron los aranceles promedio sobre los productos chinos del 3.1 % al 21 % entre 2018 y 2020.

De acuerdo con la misma fuente, el fin de la medida era desacelerar el crecimiento de China, específicamente en sectores donde la nación asiática acudía a prácticas comerciales desleales. Si bien esta estrategia encontró apoyo nacional e internacional, EE. UU. acordó reducir la tasa de algunos de esos aranceles con dos condiciones.

La primera de ellas tenía que ver con que China reformara su régimen económico y comercial en cuanto a propiedad intelectual (PI), transferencia de tecnología, agricultura, servicios financieros, moneda y cambio de divisas. La segunda, con que comprara bienes y productos agrícolas estadounidenses por valor de 200,000 millones de dólares.

Sobre este particular, un reporte de China en Foco, programa televisivo de The Epoch Times, señaló que, en efecto, Trump le declaró una guerra comercial a Beijing, imponiendo aranceles a productos chinos por un valor superior a los 360,000 millones de dólares.

Como resultado de tal medida, ambas naciones firmaron un acuerdo comercial en virtud del cual la RPC aceptó comprar los citados 200,000 millones de dólares en bienes a nuestro país, en 2021. ¿Qué pasó entonces? Pues que, a pesar del compromiso contraído, el gigante asiático solo cumplió su parte en un 58 %.

Como era de esperarse, el déficit comercial de bienes de EE. UU. con respecto a China subió en 45,000 millones ese año, ascendiendo a 355,300 millones de dólares para un aumento del 14.5 % en comparación con 2020. Todo por el incumplimiento del acuerdo, habitual en el modus operandi de los chinos comunistas.

Si bien Joe Biden ha mantenido los aranceles establecidos por su predecesor, este tema parece haberse quedado en la mesa de revisión, más que nada porque, según China a Fondo, los asesores del actual mandatario están divididos en cuanto a las acciones a tomar.

Observer Research Foundation, por su parte, dijo en su análisis que Biden ha tenido que «enfrentarse a la compulsión política de mantener los aranceles sobre ciertos productos chinos, [pues], en muchos sentidos, su política hacia China se debate entre la necesidad de ser severo y el deseo de distanciarse de las razones “trumpistas” para [la implementación de] tales políticas».

Rama tecnológica

Sabiendo que los logros en el terreno tecnológico son claves para el desarrollo militar, Donald Trump «redobló la apuesta por expulsar a las empresas chinas de las redes de telecomunicaciones estadounidenses, apuntando en concreto a Huawei, el mayor fabricante de equipos de telecomunicaciones del mundo», señaló el citado reporte.

En aquel entonces, Trump dijo que Huawei es una amenaza para la seguridad nacional, por tanto, intentó bloquear su tecnología 5G en todo el mundo, prohibió la obtención de chips provenientes de esa empresa y la incluyo en la Lista de Entidades, comúnmente conocida como la lista negra comercial.

De acuerdo con el mismo informe, Trump «también apuntó a aplicaciones (apps) chinas, como TikTok y WeChat». En este sentido, «trató de prohibirlas por completo en las tiendas de apps de EE. UU., [así como] construir una red limpia que reuniera a países aliados para expulsar a empresas chinas de sus redes de telecomunicaciones, tiendas de aplicaciones, servicios en la nube y cables submarinos».

Cuando Biden asumió el cargo, en enero de 2021, desestimó la idea de Trump de prohibir dichas aplicaciones y, «a pesar de que mantuvo a Huawei en la lista negra, aprobó que dicha firma comprara microchips para su negocio de componentes de automóviles por valor de cientos de millones de dólares», según un despacho de Reuters citado por el mismo reporte.

Unos meses después, la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, retenida tres años en Canadá por mandato de Trump debido a que violó sanciones estadounidenses a Irán, fue autorizada a regresar a China por fiscales norteamericanos bajo el mandato de Biden.

Cabe mencionar que esta ejecutiva —para más señas, hija del dueño de Huawei, el multimillonario chino Ren Zhangfei— tuvo que enfrentarse a las autoridades canadienses por petición de la Administración Trump, que, a su vez, pidió en 2018 su extradición a nuestro país para procesarla y condenarla hasta con 30 años de cárcel.

Evidentemente, eso no fue posible por la intervención misericordiosa de la Administración Biden. En cuanto a los movimientos con otras empresas tecnológicas del país asiático, el informe de China a Fondo subrayó que se han mantenido constantes.

En lo que respecta a China Mobile, la fuente dijo que, «bajo Trump, la Comisión Federal de Comunicaciones rechazó su solicitud para prestar servicios de telecomunicaciones en EE.UU., [sin embargo], bajo Biden, [la propia entidad] revocó la autorización de cuatro empresas chinas para operar en suelo estadounidense».

Terreno diplomático

En el terreno diplomático, el programa televisivo de The Epoch Times remarcó que Donald Trump «ordenó el cierre del consulado chino en Houston, al que acusó de ser un centro de espionaje y robo de propiedad intelectual (PI)». Como es sabido, China cuenta con el mejor sistema de ciberespionaje del mundo y encabeza la lista de alta prioridad en lo que concierne al hurto de PI estadounidense.

El reporte continuó diciendo que Trump «también impuso restricciones de visado a determinados chinos que participaban en operaciones de influencia en el extranjero», al tiempo que exigió a cinco empresas de comunicaciones estatales chinas que se registraran como misiones foráneas, imponiendo, de paso, «restricciones de visado más estrictas a sus empleados chinos». Bajo Biden, hágase notar, tanto China como EE. UU. «han relajado las restricciones para los periodistas».

Derechos humanos

En el área referente a los derechos humanos, concretamente en Hong Kong, el reporte de The Epoch TV subrayó que «Trump sancionó a unos 30 funcionaros chinos por reprimir las propuestas de cambios democráticos y puso fin al trato económico preferencial para esa región después de que Beijing interpusiera una nueva ley de seguridad».

En cuanto a la región de Xinjiang, el exmandatario republicano calificó de genocidio a la represión del régimen chino contra los uigures en la zona, al tiempo que prohibió las importaciones de algodón y productos de esa localidad como precaución ante el trabajo forzado.

Su contraparte, Biden, entretanto, aprobó un proyecto de ley que prohíbe las importaciones de Xinjiang por las mismas razones y también sancionó a una treintena de funcionarios chinos y de Hong Kong.

Situación con Taiwán

En lo que concierne a Taiwán, el expresidente republicano «fue más allá de los protocolos diplomáticos: habló directamente con la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, lo que supuso una importante ruptura con la política anterior de EE. UU. Asimismo, levantó restricciones a las interacciones entre funcionarios estadounidenses y taiwaneses».

El mismo reporte añadió que «las relaciones entre EE. UU. y Taiwán siguen siendo cálidas en la era Biden, quien dijo que EE. UU. defenderá a Taiwán en caso de una invasión china, hecho que supone un cambio en la postura de ambigüedad estratégica que Washington mantuvo por mucho tiempo».

Cabe mencionar que China interrumpió las conversaciones sobre el clima después de que la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, visitara Taiwán. China, por su parte, suspendió el acuerdo sobre la lucha contra las drogas ilegales, entre ellas, el fentanilo, causante de la muerte de más de 71,000 estadounidenses en 2021.

Tema semiconductores

 «Un aspecto clave de la guerra tecnológica de Trump contra China fue la implementación de políticas de control de exportaciones en el sector de los semiconductores», puntualizó Observer Research Foundation en su análisis sobre el tema.

Quiere decir que el actual presidente de EE. UU. asumió el cargo en el apogeo de la llamada “guerra de fichas”, que no es más que la lucha global, principalmente entre EE. UU. y China, por controlar la materia prima, la producción y la distribución de los chips semiconductores.

Aunque en agosto pasado Biden firmó una Orden Ejecutiva para implementar la Ley de Ciencias y Chips, diseñada para fortalecer la fabricación de semiconductores en nuestro país y abordar los problemas de la cadena de suministro, cabe mencionar que su postura en este sentido no es tan recia como debería.

He aquí la gran diferencia: mientras, para Trump, las políticas de control de exportaciones eran un medio para imponer restricciones a China, para Biden, los problemas en un sector como este podrían afectar potencialmente la relación bilateral en general.

Cabría preguntarnos entonces de qué relación bilateral está hablando este señor. ¿Acaso no se ha percatado de que, simple y llanamente, no puede haber tal vínculo con un país que no solo compite deslealmente, sino que también nos amenaza abiertamente?

Seguridad nacional

Desde el punto de vista de Observer Research Foundation, dos puntos principales respaldan la política de Biden en China: la guía estratégica provisional de seguridad nacional, publicada en marzo de 2021, y el enfoque de su Administración, como declaró el secretario de Estado, Antony Blinken, en mayo de 2022.

Partiendo de las declaraciones de Blinken, podríamos decir que hoy existe un enfoque diferente para tratar con China en comparación con el de Trump. Blinken, por ejemplo, retrató a un Estados Unidos sin confrontaciones cuando señaló que nuestro país «no está buscando un conflicto o una nueva Guerra Fría. Por el contrario, dijo, estamos decididos a evitar ambos».

Básicamente, los tres pilares de la actual estrategia hacia China son: “invertir, alinear y competir”, en lugar de tomar cartas en el asunto para acabar con la dependencia que prácticamente nos ahoga, el constante ciberespionaje, el perenne robo de PI, las prácticas comerciales desleales y, sobre todo, la amenaza a nuestro sistema defensivo nacional.

Señores, no podemos estar pensando en inversiones, acuerdos y competiciones comerciales cuando estamos en peligro de un conflicto armado. Tampoco podemos estar creyendo en estrategias coordinadas y acciones bilaterales cuando nuestra nación se enfrenta a un riesgo tan grande, militarmente hablando.

Como señaló esta fuente en su análisis, «una China en rápido crecimiento está desafiando a los EE. UU. en varias áreas, incluida la tecnología, la producción militar y la influencia global en general». ¿A qué vamos a esperar entonces?

Recordemos que la política de Trump referente a China no escatimaba aislarnos de quien fuera necesario para defendernos. Hoy, restaurar la confianza de aliados en el Indo-Pacífico, Europa y Asia, es una prioridad para Biden, quien no dudó en revertir las políticas del republicano para tranquilizar a tales aliados en torno a China. Que yo sepa, nosotros no tenemos que quedar bien con nadie, más que con nosotros mismos.

Bipartidismo

Según un reporte de Brookings, «los funcionarios de Biden comienzan su defensa de su política de China citando un supuesto fuerte apoyo bipartidista», sin embargo, «es una pereza intelectual justificar la política sobre la base del bipartidismo en lugar de formular una basada en los intereses nacionales».

De acuerdo con el mismo informe, la pretensión de bipartidismo es, además, exagerada. Basta con revisar una encuesta realizada por el Consejo de Chicago sobre Asuntos Globales para percatarnos de cuán grandes son las diferencias sobre China entre demócratas y republicanos.

Para empezar, el 42 % de los republicanos ven a la nación asiática como un adversario, en cambio, solo el 17 % de los demócratas piensa así. En cuanto a la influencia global de China, el 67 % de los republicanos, y solo el 39 % de los demócratas, considera que limitarla es un objetivo importante para nuestra política exterior.

En lo que concierne al intercambio científico, el 73 % de los republicanos está a favor de restringirlo y el 72 % concuerda en limitar la cantidad de estudiantes chinos que estudian aquí. El 59 % de los demócratas, por el contrario, se opone a limitar el intercambio, mientras que el 66 % no ve razones para reducir el número de estudiantes.

Con respecto a los aranceles sobre las importaciones de China, el 83 % de los republicanos está a favor de aumentarlos, mientras que el 50 % de los demócratas está en contra. Evidentemente, las diferencias entre el pensar de unos y otros son, cuanto menos, abismales.

Discurso nacional

Según el análisis de Brookings, «la Administración Trump predicó una política de suma cero con China. Los discursos de sus altos funcionarios describieron una nación de ladrones intelectuales y depredadores económicos que había avanzado en el mundo a través de la traición y el engaño. Asimismo, emprendieron una estrategia de “desacoplamiento” de China con la imposición de altos aranceles y el lanzamiento de la Iniciativa de China».

¿Qué han hecho Biden y los demócratas por su parte? Pues, en general, mantener intactos estos enfoques políticos de Trump, pero, claro, con un lenguaje menos incendiario. Al parecer, para ellos, no hay urgencia en este asunto de máxima prioridad. En todo caso, hágase notar, dicen que pueden luchar contra China de una manera más efectiva que la de Trump. Muéstrennos, entonces, para empezar.

Conversaciones presidenciales

Este lunes, Joe Biden y el líder chino, Xi Jinping, se reunieron en la cumbre del G-20, en Bali. Por lo que ha trascendido, ambos mandatarios expresaron su interés en cerrar la brecha cada vez mayor entre sus países, aun en medio de las tensiones por Taiwán.

Según un memo de Geopolitical Futures, ambas partes expresaron su deseo de “volver a encarrilar” su relación. Mientras tanto, un informe de CNBC, por su parte, resaltó que un funcionario de la Administración Biden, que habló bajo condición de anonimato, dijo que espera que el presidente sea honesto sobre varias de nuestras preocupaciones.

Con anterioridad, Biden ha mantenido abiertas las líneas de comunicación con Xi. Incluso, ha trascendido que sus principales asesores de seguridad se reúnen regularmente con sus homólogos chinos. Sinceramente, es incomprensible cómo este señor sigue usando esta estrategia, si es que puede llamársele así. Está claro que necesita despertar del sueño en el que vive para evitar una pesadilla de talla nacional.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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