El defecto fatal del sistema de salud socializado

Por Trevor Loudon
25 de Marzo de 2019 Actualizado: 25 de Marzo de 2019

Ya sea que uno se refiera a la atención médica como “Medicare para todos”, “sistema de salud de pagador único” o “medicina socializada”, un sistema de salud controlado por el gobierno tiene un defecto imposible de superar y literalmente fatal.

Se puede resumir en una frase: las necesidades del sistema de salud son ilimitadas, pero los presupuestos gubernamentales del sistema de salud son limitados y fijos.

Entonces, ¿qué significa eso en la vida real?

El sistema de salud es un concepto muy amplio. No se trata solo de arreglar las extremidades rotas o de tratar el cáncer y los ataques cardíacos. Un individuo tiene necesidades de salud desde el momento de la concepción hasta la muerte… y tal vez incluso por varios minutos después. Cada vacunación, chequeo, terapia, hospitalización, operación, prótesis, medicamentos, vitaminas, suplementos nutricionales o consultas cuestan dinero y deben ser pagados por alguien.

Y esas son tus necesidades. Es probable que tus necesidades del sistema de salud sean aún más variadas.

¿Quién puede decir que no necesita una reparación de la nariz, una cirugía estética de abdomen o un aumento de senos para vivir una vida feliz? Seguramente te mereces ser feliz. ¿Por qué no deberías cambiar de sexo, o congelarte criogénicamente cuando mueres con la esperanza de volver a vivir en el futuro? ¿Por qué no deberías tener la hormona del crecimiento para hacer que tengas una altura de 190 cm en lugar de 180 cm? ¿Por qué un cirujano no debería hacerte ver como Michael Jackson, o Scarlett Johansson, o Spiderman? ¿Por qué no deberías realizar limpieza de colon, masajes con piedras calientes o terapia con sanguijuelas si es vital para tu salud y bienestar?

Bajo un sistema de salud de libre mercado, puedes tener todas estas cosas y mucho, mucho más, si alguien está dispuesto a pagar por ello.

Ese alguien puedes ser tú mismo. Puede ser tu compañía de seguros (que en realidad eres tú y otros pagadores de primas de seguros). O puedes recibirlo como regalo o caridad. Antes que el sistema de salud socializado arruinara este hermoso sistema, el cirujano británico promedio donaba dos días hábiles a la semana de su trabajo a hospitales caritativos.

En un sistema de libre mercado, la atención médica es barata, las opciones son muchas y los límites son pocos en cuanto a los productos o servicios de atención médica que se pueden utilizar. El límite principal es el sentido común. Si eres rico, probablemente seas lo suficientemente inteligente como para no malgastar tu dinero en los últimos tratamientos exóticos que van apareciendo. Si eres de clase media, tu compañía de seguros pagará por tus medicinas y operaciones, pero probablemente no te llevará en avión a la selva brasileña para consultar a un curandero chamán. Si eres pobre, tus amigos, familiares o algunos donantes caritativos indudablemente te ayudarán a pagar el tratamiento de tu leucemia o el cuidado dental de tus hijos, pero probablemente no pagarán por la cirugía estética o el tratamiento para la reducción de peso que absolutamente te gustaría tener para estar contento.

Y así es como debería ser. En un sistema de atención médica de mercado libre, puedes tener lo que quieras, siempre y cuando alguien lo pague voluntariamente. Solo las cosas raras son cosa tuya.

¿Quién decide?

En un sistema de salud de libre mercado, tu médico te ve como un cliente. Cuanto más feliz, más sano y más productivo seas, mayor será su satisfacción personal y la recompensa económica que reciba. Todos ganan, todos ganan.

En un sistema de salud socializado, no eres un cliente, eres un problema. Cada operación, consulta, medicamento u hora/hombre que consumes se toma de un presupuesto fijo. Ese presupuesto puede ser enorme, sin embargo puede arruinar financieramente a la nación, porque siempre será finito.

Las empresas privadas tienen un incentivo para tratar bien a sus clientes y eliminar los problemas lo antes posible.

En cambio, en un sistema socializado, todas las decisiones sobre el sistema de salud serán tomadas en última instancia por contadores y burócratas, no por médicos y enfermeras.

He aquí un ejemplo hipotético:

El departamento de oncología del Hospital Público de Christchurch en Nueva Zelanda (mi ciudad natal) puede tener un presupuesto de quimioterapia de 50 millones de dólares al año.

Como se acerca el final del año financiero, el presupuesto se está agotando. Los contadores no están contentos. Y amenazan con eliminar cualquier costo excesivo del presupuesto del año que viene.

Dos pacientes de oncología requieren un tratamiento de 200.000 dólares cada uno.

En una cama yace una niña de 7 años con leucemia. Unos 200.000 dólares podrían salvarle la vida; podría crecer, casarse, tener hijos, tener una gran carrera y pagar muchos impuestos durante el curso de su vida.

La otra valiosa cama está ocupada por un hombre de 78 años con un cáncer de próstata avanzado. Un desembolso importante de 200.000 dólares puede prolongar su vida de tres a cinco años. Él nunca más pagará otro dólar en impuestos, sin embargo podría consumir cientos de miles de dólares en costos de tratamiento durante el resto de su vida improductiva.

El presupuesto de quimioterapia del departamento está casi agotado. Los médicos saben que solo pueden permitirse tratar a un paciente. ¿Quién va a ser?

No es difícil de entender, ¿verdad? El paciente viejo igualmente recibirá muchos analgésicos. Al menos morirá cómodamente.

Aquí hay un ejemplo real de Nueva Zelanda:

Hace unos años, Herceptin era un medicamento de última generación para el cáncer de mama. El problema con Herceptin fue que era muy caro, por lo que el gobierno de Nueva Zelanda se negaba a financiarlo. Las mujeres seguían recibiendo tratamiento, pero con remedios menos eficaces y más baratos. Las ricas pacientes de cáncer de mama viajaron a Australia y pagaron el tratamiento de sus propios bolsillos. Los pacientes menos ricos sobrevivieron a pesar de las drogas de menor calidad o murieron antes de tiempo.

Aquí hay otro ejemplo, el de mi propio padre:

Ahora con sus 80 años, mi padre trabajó para un empleador durante toda su carrera, pagó sus impuestos y fue un ciudadano que aportó su contribución a la sociedad.

Y sigue siendo muy activo. Caza, pesca y juega al tenis de mesa de forma competitiva. Desafortunadamente, tiene problemas importantes en los ligamentos del hombro, que dificultan sus actividades deportivas y le causan mucho dolor. Preguntó a su médico sobre una operación para solucionar el problema. Le dijeron que era un procedimiento sencillo que costaría unos cuantos miles de dólares. Pero la lista de espera era de varios años y, a su edad, no había forma que el gobierno fuera a “invertir” tanto dinero. “Aquí hay más analgésicos”.

No se necesitan “comisión de muerte” en un sistema socializado. Ningún pequeño grupo de expertos decide quién vive o muere. El racionamiento está integrado en el sistema.

Considera este argumento que el renombrado bioético Peter Singer realizó durante los debates en torno a Obamacare: “Racionalizar la atención de la salud significa obtener valor por los miles de millones que estamos gastando estableciendo límites sobre los tratamientos que deben ser pagados por el erario público. Si racionamos, no estaremos escribiendo cheques en blanco a las compañías farmacéuticas por sus medicamentos patentados, ni pagando por cualquier procedimiento que los médicos decidan recomendar. Cuando los fondos públicos subvencionan la atención de la salud o la proporcionan directamente, es una locura no tratar de obtener una buena relación calidad-precio”.

No puede funcionar de otra manera.

Como ya se dijo: las necesidades de atención médica son ilimitadas; los presupuestos de atención médica del gobierno son fijos.

En un sistema socializado, debes cumplir con ciertas condiciones para recibir tratamiento para ti o tu familia. Debes ser preferiblemente joven y productivo, y amigable con las autoridades. Mientras no envejezcas, o seas demasiado individualista, puedes recibir los tratamientos que necesitas, en el caso que no mueras esperando.

Es importante destacar que la medicina socializada no tiene que ver con el cuidado de la salud, sino con el control. ¿Vas a oponerte al gobierno o desafiar a los burócratas cuando tienen el poder de vetar el cuidado de la salud de tu cónyuge o hijos? Es improbable.

La elección

Estados Unidos tiene actualmente algunos de los mejores sistemas de salud del mundo. Sin embargo, las fuertes regulaciones gubernamentales en los sectores de salud y seguros aumentan los costos a nivel astronómico. Si esas leyes y regulaciones inconstitucionales fueran eliminadas, los costos caerían en picada y las opciones de tratamiento se expandirían de manera exponencial. Las nuevas innovaciones revolucionarían el sistema de salud en formas que solo podemos empezar a imaginar.

El gobierno debe apartarse de la relación médico-paciente.

Si Estados Unidos sucumbe a la propaganda socializada del sistema de salud, será el fin de la libertad en Estados Unidos. Todos dependerán del Estado para sobrevivir. La atención médica será “gratuita”, pero las opciones serán limitadas y la calidad del tratamiento será pésima para todos menos para la élite gobernante.

Estados Unidos cuenta actualmente con un sistema de salud semi-socialista. El motivo del beneficio del sector privado combinado con la completa falta de responsabilidad del sector gubernamental significa que el público será engañado de cualquier manera.

El país tiene dos opciones básicas:

  1. Permitir que el gobierno se haga cargo por completo de la industria de la salud, lo que elevará los costos y los impuestos por las nubes y pondrá el servicio y los estándares por el piso, y toda la amabilidad y la compasión se irán por la ventana.
  2. Hacer retroceder los controles y regulaciones gubernamentales para crear un sistema mucho más barato, más eficiente, altamente innovador y exquisitamente humano.

La decisión que tomen los estadounidenses no solo determinará sus propias perspectivas de salud, sino también la salud y la libertad de sus hijos y de los hijos de sus hijos.

Trevor Loudon es un autor, cineasta y conferencista de Nueva Zelanda. Durante más de 30 años, estuvo investigando los movimientos de izquierda radical, marxista y terrorista y su influencia encubierta en la política dominante.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

 

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Cómo los médicos en China se convierten en asesinos

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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