El dilema de crecer: China en un vaivén económico

Por Cheng Xiaonong
30 de Octubre de 2019 Actualizado: 30 de Octubre de 2019

El declive de la economía china es una consecuencia natural de buscar ciega e incesantemente un elevado crecimiento económico por parte del Partido Comunista Chino (PCCh). 

Atrás quedaron los días de una transitoria prosperidad impulsada por las exportaciones y los precios de los inmuebles. Ahora Beijing está tratando con desesperación de sostener su economía jugando un peligroso juego pendular entre alzar los precios de la vivienda y la disminución del consumo o viceversa. 

Se trata de un último frustrante e ineficaz recurso que no logrará detener u ocultar la cada vez más evidente desaceleración de la economía china.

Del frenesí del crecimiento al dilema de crecer

El crecimiento económico de un país se basa en tres factores, a menudo se suele referir como a un carro de tres caballos. Son la exportación, el consumo y la inversión. El crecimiento económico disminuiría significativamente cuando uno o dos de los caballos pierden movilidad. Si los tres fallan, la economía no puede ir muy lejos.

La economía china de hoy es como un carro sin caballos. Debido al reciente deterioro de la relación entre China y Estados Unidos, las exportaciones de China han sufrido pérdidas significativas, con una disminución del 4,3 por ciento en el volumen de exportaciones en agosto en comparación con el año pasado, la primera contracción en casi tres años. Mientras tanto, tanto la inversión como el consumo también se redujeron. El crecimiento de la inversión inmobiliaria se desaceleró durante cuatro meses consecutivos, y la actividad manufacturera de agosto se redujo en un 1,6 por ciento en comparación con el año pasado. El poder adquisitivo de los consumidores también se debilitó. Aunque las autoridades chinas tuvieron que admitir la tendencia a la baja, no están dispuestas a reconocer que el frenesí del pasado por buscar un alto crecimiento es la verdadera causa del declive actual.

Primero hablemos sobre la absurda fiebre del oro de las exportaciones del gigante asiático. Después del ingreso de China a la OMC en 2001, dependió de las exportaciones para impulsar su economía. Entre 2003 y 2007, las exportaciones de China aumentaban un 25 por ciento cada año.

La dependencia del comercio exterior de China (o FTD por sus siglas en inglés, es el coeficiente entre la cantidad total de comercio exterior de un país y su PIB) se disparó del 38,5 por ciento en 2001 al 67 por ciento en 2006, más de cuatro veces más que el máximo FTD de Japón hacia el final de la era de la burbuja de precios de los valores del país nipón. Embriagado por obtener prosperidad sin hacer demasiado esfuerzo, China no se dio cuenta que un crecimiento tan dependiente de las exportaciones no solo es insostenible, sino también muy frágil.

¿Puede un país mantener una tasa de crecimiento anual de las exportaciones del 25 por ciento durante décadas? Obviamente no. Para un país muy pequeño con un bajo volumen de exportación, teóricamente puede ser posible mantener un superávit comercial a largo plazo. Pero para un país grande como China, con el 26 por ciento de la fuerza laboral mundial, el mercado global es demasiado pequeño para mantener el crecimiento de las exportaciones a largo plazo, incluso si todos los demás países industrializados dejaran de exportar. Desde el punto de vista del equilibrio económico internacional, el comercio solo es sostenible cuando ambas partes se benefician de él. Si China fuera el único ganador con un superávit comercial permanente sobre todos los demás países, ¿algún país tendría la capacidad de continuar importando de China? Esto simplemente no es realista. Por lo tanto, era solo cuestión de tiempo para que acabara de crecer con esta tasa de crecimiento de las exportaciones.

Como era de esperar, las exportaciones de China comenzaron a debilitarse alrededor de 2012, y su agresiva expansión en los Estados Unidos y su violación de la propiedad intelectual estadounidense condujeron a la guerra comercial del año pasado. Para China, esto pone el punto final de muchos años de la costumbre de acumular ingentes reservas de divisas a través de cientos de miles de millones de dólares de superávit comercial con Estados Unidos. En retrospectiva, la guerra comercial era fácilmente previsible.

Veamos ahora cómo se creó la burbuja inmobiliaria. China comenzó a impulsar el desarrollo inmobiliario en 2008 con el fin de impulsar el crecimiento económico. En la última década, la rápida inflación de la burbuja inmobiliaria llevó a un mercado en el que la oferta superaba con creces la demanda. 

También creó una cadena industrial incorrectamente desarrollada en torno a los bienes raíces. Los gobiernos locales se endeudaron para construir infraestructura que permitiera el desarrollo inmobiliario. También se está gestando una crisis financiera potencial debido a la dependencia de los bienes raíces entre los bancos y los prestamistas privados. Hoy en día, la estrategia de crecimiento del sector inmobiliario ha llegado a su fin.

Actividad

Beijing recuerda a menudo al mundo que la población china que tiene más de mil millones de personas equivale a un alto potencial de consumo para estimular y mantener el crecimiento económico. Sin embargo, la comunidad empresarial china se mostró preocupado porque no observa oportunidades de negocio. La mayoría de ellos no se dio cuenta que están siendo testigos de la materialización de las amargas consecuencias de la irresponsable política inmobiliaria del PCCh.

Los altos precios de la vivienda resultantes de la burbuja inmobiliaria estuvo agobiando durante mucho tiempo el poder adquisitivo de los chinos. El miedo de Beijing a una grave crisis financiera puso a la economía china en un peligroso vaivén, con la burbuja inmobiliaria por un lado y el consumo interno por el otro. Al mismo tiempo que hace malabarismos con las subidas y bajadas de esos dos elementos, Beijing hace promesas vacías sobre el estimulo de la economía con el consumo.

Para ser más específicos, si los precios de la vivienda siguen aumentando (volviéndose más inaccesibles), los consumidores no tendrán más remedio que reducir el gasto, lo que dará lugar a un menor consumo. 

Por otro lado, si los precios de la vivienda bajan significativamente, los bancos se verán inundados de deudas incobrables, mientras que los prestatarios hipotecarios estarán bajo el agua (la deuda es mayor que el valor de la vivienda). En este caso, aunque los nuevos compradores de bienes raíces pueden tener un mayor poder de consumo debido a los menores precios de la vivienda, la clase media, que a menudo posee múltiples propiedades, experimentará una gran pérdida de valor de sus activos, lo que llevará a que el sube y baja se incline en la dirección opuesta. Cualquiera que sea el lado que este más bajo, son solo dos diferentes escenarios con distintas adversidades económicas, y ninguno de las dos situaciones conducirá a una salida del dilema.

Las deudas de los hogares sofocan el consumo

El Instituto de Investigación del Banco de China admitió en un informe del 25 de septiembre que “la presión a la baja sobre la economía de China ha estado aumentando significativamente” debido a la “débil demanda interna”. 

Desde 2015, el coeficiente o porcentaje entre la deuda de los hogares y el ingreso disponible de los consumidores chinos aumentó rápidamente del 89 por ciento al 120 por ciento, un aumento anual de 10 puntos porcentuales. El coeficiente parece ser un tabú en China, donde los investigadores a menudo mezclan a los hogares con deuda y a los que no la tienen para obtener un menor coeficiente de endeudamiento.

Sin embargo, el Financial Times de China divulgó en abril una encuesta realizada en 2017 que reveló que el ratio de cobertura del servicio de la deuda (RCSD) de los consumidores chinos es más alta que la de los países desarrollados como Reino Unido, Estados Unidos, Japón, Francia y Alemania. Para muchas familias urbanas chinas, las obligaciones de pago de la deuda han reducido en gran medida su presupuesto.

Las compras de automóviles representan solo una pequeña parte de las deudas de los hogares. Según el Banco Popular Chino, el 61,4 por ciento de los 52,8 billones de yuanes anuales concedidos a los residentes son préstamos de consumo a medio y largo plazo, o hipotecas para la vivienda. Como era de esperar, los chinos piden prestado principalmente para comprar bienes raíces.

A medida que los altos precios de la vivienda y las hipotecas desinflan las billeteras de los consumidores chinos, el poder de consumo se debilita naturalmente. No solo se ven afectados los millennials chinos, sino que sus padres también sufren porque a menudo tienen que ayudar a financiar el pago de la deuda.

¿Estabilizar la economía del sube y baja?

Hoy en día, la estrategia del PCCh es mantener estabilizado el sube y baja. Por un lado, Beijing ha estado tratando de controlar los precios de la vivienda para evitar suprimir el poder adquisitivo; por otro lado, puso en marcha diversas políticas (por ejemplo, vehículos de combustible alternativo, incentivos para la compra de automóviles rurales y promociones para mejorar los electrodomésticos) para estimular el gasto de los consumidores.

Pero como dijeron los medios de comunicación oficiales chinos, estas políticas de estímulo son mucho menos eficaces de lo que se esperaba. En pocas palabras, los chinos tienen que asumir demasiada deuda para poder aumentar el consumo.

Sin duda, el juego pendular generará poco impulso para la economía. Cualquier niño que haya jugado en un vaivén sabe lo difícil que es mantenerlo estable. Sin embargo, el PCCh no tiene otra forma de intentar reconstruir la economía.

En la China actual, la tendencia a la baja se convirtió en un problema sin una solución evidente. La desaceleración económica solo se agravará con el tiempo. 

Para el PCCh, las fastidiosas dificultades económicas se convirtieron en una nueva realidad que el partido no quiere admitir.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de La Gran Época.

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