El experimento de China se convirtió en el monstruo de Frankenstein, señala economista

Por Chriss Street
16 de Julio de 2019 Actualizado: 16 de Julio de 2019

El economista de Harvard Janos Kornai, autor del modelo comunista de China para aprovechar los mercados, advierte que el exitoso experimento se transformó en el monstruo de Frankenstein.

Kornai, el ganador del Premio Nobel James Tobin y unos cien de los mejores académicos occidentales fueron llevados por el Banco Mundial a China en el verano de 1985 para la “Conferencia del Crucero del Río Yangtze”. Habiéndose apartado del bloque de la Unión Soviética, China estaba considerando adoptar algunos elementos del capitalismo para elevar su PIB anual per cápita por encima de los 300 dólares.

Como ciudadano húngaro y experto en los fracasos de la Europa Central comunista, Kornai ganó fama en 1980 como autor de la “Economía de la escasez”. El libro explica cómo la escasez crónica de alimentos y materiales en las naciones socialistas era inevitable porque la política de planificación central y el nepotismo asignan mal el dinero de las inversiones y las cuotas de producción.

La presentación de Kornai sobre el crucero esbozó en una pizarra la propuesta de un modelo económico mixto que requeriría que las empresas estatales respondieran a las presiones de los precios del mercado en cuanto a cantidades y calidad, pero “el Estado todavía podría gestionar la política macroeconómica y regular los parámetros económicos y legales del mercado”.

El exlíder chino Deng Xiaoping estaba tan entusiasmado con la mejora económica que evitó definir el modelo de Kornai como capitalista o comunista al afirmar: “No importa si el gato es blanco o negro mientras atrape ratones”. La cúpula comunista de China codificó entonces el modelo de reforma radical en ley como “El Consenso del Yangtsé”.

Impulsada por su transformación económica y el sólido apoyo de los intelectuales occidentales, China logró una tasa de crecimiento del 13 por ciento durante las tres décadas siguientes, lo que llevó al PIB per cápita a 11.100 dólares en 2015. La ‘Fábrica del Mundo’ había superado a Japón como la segunda economía más grande y para el 2015 estaba operando el 27 por ciento del comercio en su propia moneda.

Pero al igual que al éxito inicial del experimento de resurrección del Dr. Frankenstein le siguió un “giro monstruoso”, Kornai advierte que el triunfo global de China se está transformando en un monstruo con un oscuro apetito por “convertirse en el líder hegemónico del mundo”.

La era de apertura de China se está desvaneciendo a medida que los principales funcionarios y publicaciones chinas denigran a las “fuerzas extranjeras hostiles” y promueven la “soberanía de Internet” y el control de los medios de comunicación. Con más deuda bancaria estatal dirigida a empresas estatales no competitivas, el 40 por ciento de la nueva deuda de China se destina a pagar los intereses de los préstamos existentes.

Kornai culpa al mandatario chino Xi Jinping, quien desde que asumió el poder en 2012 llevó a China de vuelta a un sistema comunista clásico que “recuerda a los tiempos estalinistas”. Xi cambió la ley china para tener permitido ser presidente de por vida. Ha lanzado una campaña “anticorrupción” para erradicar a los funcionarios corruptos y a la facción leal del excabecilla del Partido Jiang Zemin. Pero Kornai está más preocupado por el surgimiento de comités del partido comunista que se “forman dentro de todas las instituciones y empresas de gran tamaño” y que “tienen el poder de desautorizar a los directivos”.

La burocracia central de China no fue capaz de suprimir completamente la libertad de expresión y de prensa, porque las publicaciones en Internet siguen saliendo a la luz. Pero Kornai advierte: “Las discusiones políticas pueden tener lugar en pequeños grupos, pero la red de prohibiciones se está engrosando, y los riesgos asociados con la crítica están creciendo”.

Cuando el control total se consolida en casa, Kornai pronostica que “China no estará satisfecha con convertir a su país en una de las principales potencias del mundo multipolar”. Él percibe el sistema de desarrollo de infraestructura “La Franja y La Ruta” (OBOR) de China como bloques de construcción para la dominación mundial, muy similar al “Imperio Británico de antaño”. La mayoría de las naciones se engancharán por la escala del comercio y la financiación de China, pero Kornai advierte que China ejercerá el poder duro de las incursiones militares y la ocupación para lograr sus objetivos.

Kornai critica a los intelectuales occidentales que expresaron su aprobación y contribuyeron activamente a la transformación de China en una forma de economía de mercado, pero que ahora “tienen la responsabilidad moral por no protestar contra la resurrección del monstruo chino”.

Dado que es demasiado tarde, y China ya está avanzando en demasiados frentes para aumentar los aranceles como para resistir con éxito el crecimiento del monstruo, Kornai sostiene que la mejor manera de oponerse a la nueva larga marcha del comunismo chino es que los intelectuales occidentales sean líderes en exigir el mismo tipo de régimen de “contención” de política exterior contra China que detuvo con éxito la expansión global de la Unión Soviética.

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