El impeachment funcionó

Por Gary L. Gregg
04 de Febrero de 2020
Actualizado: 04 de Febrero de 2020

Comentario

Los partidarios del presidente de EE.UU. fueron virulentos en sus ataques contra la Cámara de Representantes porque sostienen que era un caso partidista e inventado con el propósito de anular una elección.

Los demócratas están igualmente furiosos, alegando un “encubrimiento” en el Senado, ya que ese cuerpo decidió escuchar el caso de la Cámara sin añadir más testigos propios. El presidente Donald Trump será absuelto esta semana y, a pesar del enojo, todo el proceso funcionó como nuestros Fundadores lo anticiparon.

Hoy en día, pensamos sobre todo en los peligros de la concentración del poder ejecutivo, y con mucha razón. Hemos vivido un siglo de horrores en el poder, desde Hitler a Stalin y a dictadores menores alrededor del mundo. En Estados Unidos, hemos visto una increíble acumulación del poder en el último siglo. Esa concentración comenzó a principios del siglo XX con el intento progresivo de unir la opinión popular con el poder presidencial para facilitar un gobierno central más asertivo con Woodrow Wilson, Teddy Roosevelt, y luego Franklin D. Roosvelt.

Nuestros Fundadores, sin embargo, tenían una comprensión muy diferente del probable lugar donde se originaría la tiranía. Creían que la legislatura era la institución más peligrosa. James Madison, por ejemplo, advirtió del “vórtice legislativo” donde los representantes del pueblo absorberían todo el poder en su propio cuerpo. Por eso la Convención Constitucional dividió la legislatura en dos cuerpos e hizo que sus distritos electorales fueran tan diferentes: la Cámara de Representantes distribuida por la población y elegida localmente y el Senado distribuido por igual entre los estados.

Establecidas sobre bases tan diferentes, las dos instituciones legislativas no estaban destinadas a ponerse de acuerdo fácilmente en muchas cosas. De hecho, cuando se trata de algo tan importante como los derechos de los acusados en un impeachment por una parte y el interés público por otra, el Senado y la Cámara están destinados a adoptar enfoques muy diferentes. En el Documento Federalista nº 66, por ejemplo, Alexander Hamilton analizó la importancia de que quienes acusan al presidente estén separados y sean diferentes de quienes decidirán en última instancia el destino del presidente.

Observando el proceso de impeachment, se pudo ver el esquema de los Fundadores en pleno despliegue. La Cámara, como los Fundadores anticiparon, demostró ser el cuerpo de la pasión política y el partidismo. Condujo audiencias políticas, y el representante Adam Schiff (D-Calif.) y otros políticos se convirtieron en estrellas mientras juzgaban al presidente en los medios y ante las cámaras. El Senado condujo el juicio político con cierta dignidad y de acuerdo a las reglas establecidas. Los dos cuerpos estaban destinados a verse, pensar y actuar de manera diferente el uno del otro, y así lo hicieron.

Al rechazar la petición de los referentes de la Cámara de añadir más testigos, el Senado estaba en realidad preservando la separación entre los que acusan y los que juzgan. Los jurados no llaman a los testigos y se dedican a gestionar el juicio. Los jueces y los jurados escuchan la mejor evidencia que ambas partes pueden reunir y luego toman la mejor decisión que pueden. El Senado decidió escuchar los mejores casos de los acusadores y la mejor defensa de los abogados del presidente y tomar su decisión sobre los cargos presentados.

En la segunda acusación —que el presidente obstruyó el Congreso al no cooperar con la investigación— también vemos los fundamentos mismos del orden constitucional estadounidense, que se construyó sobre el conflicto en lugar de la cooperación. El esquema de separación de poderes requiere fricción y conflicto. Requiere tensión entre las distintas partes del cuerpo y batallas que a menudo no serán atractivas de observar. El presidente resistió en la Cámara, y la Cámara decidió no luchar contra el presidente en los tribunales. En su lugar, la mayoría de la Cámara eligió presentar cargos y luego esperar que el Senado se alineara con ellos para forzar la mano del ejecutivo.

Por supuesto, una de las grandes diferencias entre la intención de los Fundadores y nuestra reciente experiencia es el papel que el partidismo político jugó en ambas cámaras. En la Cámara, ningún republicano votó a favor del impeachment mientras que los demócratas votaron casi unánimemente a favor. En el Senado, los resultados serán casi los mismos. En el Documento Federalista nº 65, Hamilton predijo que en todos los numerosos cuerpos “el demonio de la facción” a veces “extenderá su cetro”, incluso en casos tan graves como el del impeachment. Hamilton no quería que el partidismo interfiriera en los procedimientos, pero entendía que podía hacerlo.

Y así, a través de nuestras frustraciones y enojos, podemos ver que el reciente impeachment del presidente Trump funcionó parecido a como los Fundadores pretendieron y predijeron. La Cámara de Representantes tenía los votos para celebrar audiencias y luego presentar cargos contra un presidente que consideraban que había hecho cosas indignas del cargo y peligrosas para el orden constitucional. El presidente, como era de esperar, resistió. El Senado escuchó el caso y votará sobre los cargos presentados por la Cámara. La gente que decidirá el destino final del presidente escuchó la evidencia y decidirá quién será el presidente cuando tengamos las próximas elecciones nacionales en unos meses.

Esta es la separación de poderes. Esto es el control y el equilibrio. El sistema es complicado, y las decisiones trascendentales son difíciles de lograr. Así que el proceso de impeachment funcionó, y tal vez todos podamos encontrar algo de consuelo en eso.

Gary L. Gregg es el director del Centro McConnell y presentador del podcast de grandes libros de Vital Remnants.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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