El intento de golpe de Estado contra Trump

Por Jasper Fakkert - La Gran Época
12 de Abril de 2019 Actualizado: 12 de Abril de 2019

Comentario

El 10 de abril, mientras hablaba sobre el origen de las investigaciones a su campaña presidencial, Donald Trump dijo a los periodistas que se había producido un intento de golpe de Estado.

“Fue un intento de golpe de Estado, fue un intento de destitución de un presidente”, dijo.

El Presidente tiene razón.

Durante los últimos dos años, han surgido numerosos detalles sobre cómo las agencias de inteligencia y los organismos del orden público de Estados Unidos fueron utilizados contra Trump durante las elecciones presidenciales de 2016.

El escándalo se conoce como “Spygate” y se refiere a la creación del relato de la colusión con Rusia, que se utilizó en un intento por evitar que Trump se convirtiera en presidente y posteriormente para removerlo de su cargo. Específicamente, durante las elecciones de 2016, la investigación de contrainteligencia del FBI sobre su campaña presidencial arrojó una sombra sobre la misma, y tras la toma de posesión de Trump en enero de 2017, un torbellino de falsas acusaciones fueron difundidas por los medios de comunicación y políticos estadounidenses de que Trump había conspirado con Rusia para ganar las elecciones, lo que derivó en que se hablara de destituirlo.

El llamado “expediente Steele” desempeñó un papel crucial en la creación de este falso relato.

Fue la campaña de Hillary Clinton, así como el Comité Nacional Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés), que contrató a Fusion GPS –a través de su firma de abogados Perkins Coie– para elaborar el expediente. A su vez, Fusion GPS contrató al exagente del MI6 Christopher Steele y trabajó con la excontratista de la CIA Nellie Ohr, esposa del funcionario de alto nivel del Departamento de Justicia (DOJ, por sus siglas en inglés) Bruce Ohr.

El cofundador de Fusion GPS, Glenn Simpson, y Steele enviaron esta información falsa al FBI a través de diferentes canales, incluyendo el DOJ y el Departamento de Estado, así como a los reporteros de los principales medios de comunicación de los Estados Unidos, incluyendo The New York Times, The Washington Post, Yahoo News y CNN.

También sabemos, basándonos en las declaraciones del entonces presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Devin Nunes (republicano por California), que no existió ninguna causa oficial de inteligencia para abrir la investigación de contrainteligencia del FBI sobre la campaña de Trump.

El exdirector de la CIA, John Brennan, admitió públicamente que pasó inteligencia sobre estadounidenses obtenida por la CIA –probablemente de países extranjeros– al FBI.

“Esto sirvió como base para la investigación del FBI para determinar si ocurrió tal colusión [o] cooperación”, dijo Brennan en un testimonio ante el Congreso el 23 de mayo de 2017.

Los colaboradores de la campaña de Trump, como Carter Page y George Papadopoulos, fueron blanco de una serie de reuniones inusuales en las que participaron agentes de inteligencia.

También sabemos que los agentes clave del FBI involucrados en la investigación se oponían fuertemente a Trump. Un ejemplo es un mensaje de texto que uno de los agentes principales del caso, Peter Strzok, envió a Lisa Page, que en ese momento era asesora especial del director adjunto del FBI, Andrew McCabe, diciendo “detendremos” a Trump de ser presidente.

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Y mientras Bill Priestap, entonces director de la división de contrainteligencia del FBI, supervisaba oficialmente la investigación, McCabe se reunía frecuentemente en su oficina con los agentes involucrados en el caso.

Fue esta participación de alto nivel en el FBI lo que ayudaría a subvertir el proceso FISA. Trisha Anderson, la exabogada No. 2 del FBI, en agosto de 2018 testificó ante los investigadores del Congreso que firmó la solicitud de orden de vigilancia FISA sobre Cater Page, exasesor de la campaña de Trump, sin leerla, debido a la participación de otros funcionarios de alto nivel del FBI.

Su jefe, el entonces consejero general del FBI James Baker, admitiría ante los investigadores del Congreso lo poco convencional que fue la investigación sobre la campaña de Trump.

“Sí, yo tenía una mirada prejuiciosa sobre todo. Tenía escepticismo sobre todas estas cosas. Estaba preocupado por todo esto. Toda esta situación era horrible, era algo nuevo y estábamos tratando de averiguar qué hacer, y fue muy inusual”, dijo Baker a los legisladores en agosto de 2018.

El espionaje continuó hasta bien entrada la presidencia de Trump, ya que la orden de vigilancia FISA sobre Carter Page fue renovada tres veces por períodos de 90 días. Es posible que se hayan emitido FISA sobre otros miembros de la campaña o del equipo de transición.

Otros métodos de espionaje contra la campaña de Trump incluían la utilización de cartas de seguridad nacional, que permitían al FBI solicitar los registros de clientes de bancos, compañías telefónicas, proveedores de servicios de Internet y otros, y la llamada práctica de desenmascaramiento, que implicaba no editar las identidades de los miembros de la campaña de Trump en los informes de inteligencia.

En particular, después de que Trump despidiera el 9 de mayo de 2017 al director del FBI, James Comey, el FBI dirigido por McCabe se acercó a Steele en un aparente intento de revigorizar o crear nuevas investigaciones sobre Trump.

Esto sucedió después de que el FBI terminara oficialmente su relación con Steele debido a sus contactos no autorizados con reporteros, así como después de que su expediente fuera desacreditado públicamente tras la publicación en enero del documento por Buzzfeed News.

Trump dijo que espera que el fiscal general llegue “hasta el origen exacto de donde empezó todo esto”.

Y eso parece ser lo que el fiscal general William Barr está haciendo.

Durante dos días de testimonio en Capitol Hill, Barr dijo a los legisladores que creía que hubo espionaje en la campaña de Trump y que está investigando la conducta de los funcionarios que trabajaron en la investigación sobre Rusia.

“Voy a revisar tanto la génesis como la realización de las actividades de inteligencia dirigidas a la campaña de Trump durante 2016”, dijo Barr. “Creo que espiar una campaña política es algo grande, es algo grande (…) Creo que hubo espionaje”.

Jasper Fakkert es editor jefe de las ediciones estadounidenses de La Gran Época.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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