El plan de energía de Biden podría destruir 5 millones de puestos de trabajo de la clase obrera

Por Stephen Moore
15 de Septiembre de 2020
Actualizado: 15 de Septiembre de 2020

Opinión

Joe Biden no puede aclarar su opinión sobre sus promesas de energía verde.

En Pittsburgh, frente a los trabajadores del sindicato el mes pasado, declaró: “No voy a prohibir el fracking. Déjenme decirlo otra vez. No estoy prohibiendo el fracking. No importa cuántas veces Donald Trump mienta sobre mí”.

Pero eso está lejos de lo que decía a principios de este año. Durante un debate de las primarias demócratas de marzo entre el senador Bernie Sanders y Biden, Sanders empezó diciendo: “Estoy hablando de dejar el fracking tan pronto como sea posible. Hablo de decirle a la industria de los combustibles fósiles que van a dejar de destruir este planeta… no valen los “a cambio”, “pero” y “tal vez”.

“Yo también”, respondió Biden.

Después del famoso debate Biden-Sanders, la campaña de Biden se retractó de lo dicho, lo que significa que esto no es realmente lo que el exvicepresidente quería decir. Y hay que reconocer que es viejo; pierde el hilo de su pensamiento; no se puede esperar que recuerde su última posición oficial sobre el fracking cada semana. Su último cambio de opinión es que no habrá permisos de perforación en tierras federales.

Pero lo que es inequívoco, en el plan de Biden de “buy American” (compre producto estadounidense), en negrita y en grande, es su promesa firmada a los cruzados del cambio climático de acabar con el uso de combustibles fósiles en Estados Unidos para 2035. Esto, por supuesto, es una prohibición de facto del fracking, porque si no vamos a utilizar la energía, ¿por qué alguien va a perforar para conseguirla?

El objetivo de Biden de cero emisiones de carbono requiere un periodo de transición hasta llegar a no producir ni consumir combustibles fósiles dentro de 15 años. Dado que actualmente obtenemos alrededor del 80 por ciento de nuestra energía del petróleo, el gas y el carbón, según Daniel Yergin, experto mundial en energía, llegar a cero va a ser una experiencia desgarradora para los obreros.

Hay muchos de ellos. La industria del petróleo, del gas y del carbón representa entre 5 y 10 millones de puestos de trabajo, dependiendo de cómo usted los cuente. Estos son casi todos trabajos manuales con altos sueldos —el tipo que Biden dice entre risas que quiere traer de vuelta a Estados Unidos— y cientos de miles de ellos están en estados indecisos como Ohio, Pensilvania y Colorado. ¿Cómo podría la izquierda pensar que conseguirá convertir a Texas en un estado azul prometiendo prohibir el petróleo? Ese es uno de los grandes misterios de la vida. Los liberales deben creer realmente que los tejanos son gente estúpida.

El Wall Street Journal informa que, en 2019, Estados Unidos lideró la producción mundial de petróleo y gas. Debido al fracking, superamos a Arabia Saudita en producción. En otras palabras, el petróleo y el gas se hacen en Estados Unidos ahora, gracias, en gran parte, a la estrategia del presidente Donald Trump para hacer que Estados Unidos sea líder en energía.

Así que Biden nos dice que vamos a traer empleos a casa decapitando nuestra industria energética. El viento y la energía solar representan alrededor del 5 por ciento de nuestro consumo de energía hoy en día, de modo que aunque dupliquemos su producción, todavía necesitamos tener acceso a otros tipos de energía. Según el plan Biden, parece que tendremos que obtenerla de Rusia, Arabia Saudita e incluso China, que está planeando construir cientos de plantas de carbón en la próxima década.

A los líderes de Beijing no les podría importar menos el cambio climático. Lo que sí les importa es la dominación económica mundial y derribar a Estados Unidos. El plan energético de Biden le daría al presidente Xi Jinping y a sus compañeros comunistas un gran respiro.

Stephen Moore es un periodista especializado en economía, escritor y columnista. El último de los muchos libros de los que es coautor es “Trumponomics: Inside the America First Plan to Revive Our Economy”. Actualmente, Moore es también el economista jefe del Institute for Economic Freedom and Opportunity.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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