El poder de la bondad para curar

28 de Julio de 2015 Actualizado: 28 de Julio de 2015

¿Cómo cultivar la compasión? ¿Cómo asegurarte de que al final del día, es tu bondad y generosidad aquello por lo cual serás recordado? Es una buena pregunta, porque a pesar de que todos estamos de acuerdo en que la compasión es una virtud para ser admirada, como sociedad, no parecemos ser muy eficaces a la hora de inculcarla.

De hecho una investigación llevada a cabo por Sarah Konrath en la Universidad de Michigan, sugiere que en verdad estamos empeorando en este aspecto. De acuerdo con este análisis, los niveles de compasión y empatía son más bajos ahora que en cualquier otro momento en los últimos 30 años, y quizás lo más alarmante es que están disminuyendo a un ritmo creciente.

Ya que actuar compasivamente normalmente significa poner las necesidades de los otros antes que las propias, proponerte actuar con bondad a menudo requiere no solo estar atento, sino también tener un poco de fuerza de voluntad.

El entrenamiento basado en la meditación permite a los practicantes pasar rápidamente de sentir el sufrimiento de los demás, a actuar con compasión para aliviarlo. (Víctor Camilo/Flickr/CC BY-ND 2.0)
El entrenamiento basado en la meditación permite a los practicantes pasar rápidamente de sentir el sufrimiento de los demás, a actuar con compasión para aliviarlo. (Víctor Camilo/Flickr/CC BY-ND 2.0)

Como psicólogo interesado en la conducta moral me he preguntado durante mucho tiempo si podría haber una manera de desarrollar de modo preciso este tipo de compasión reflexiva.

Llevamos a cabo un sencillo experimento: Inscribimos 39 personas que nunca antes habían meditado y las asignamos a uno de los dos grupos experimentales. Quienes estaban en el primer grupo completaron un curso de meditación de ocho semanas. Los que estaban en el segundo fueron colocados en una lista de espera para el curso.

Luego de ocho semanas los participantes regresaron individualmente a nuestro laboratorio, supuestamente para completar las mediciones de atención y memoria. En realidad, el verdadero experimento tuvo lugar en la sala de espera, que tenía tres sillas, dos de las cuales ya estaban ocupadas por actores. Pocos minutos después de que cada participante llegara y tomara el asiento restante, aparecía una tercera actriz con muletas, llevando un yeso normalmente utilizado en una fractura en el pie, y haciendo una mueca de dolor.

En nuestro estudio quedó en evidencia la reacción de los participantes que no habían meditado. Sólo el 16 por ciento de nuestros sujetos (tres de cada 19 personas) ofreció su silla a la actriz con muletas. Pero entre los que meditaron, la mitad (diez de 20), de inmediato y espontáneamente ofreció su asiento a la mujer. Es importante señalar que ninguno de los participantes había meditado antes.

Como me dijo una vez Thupten Jinpa, estudioso del budismo y traductor de larga data del Dalai Lama, “el entrenamiento basado en la meditación permite a los practicantes pasar rápidamente de sentir el sufrimiento de los demás, a actuar con compasión para aliviarlo”.

Este artículo fue publicado originalmente en www.theatlantic.com

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