El responsabilizarse de nuestros actos es el antídoto para la esclavitud mental

La cura para evitar quedar atrapado en la victimización es vernos a nosotros mismos como responsables de tomar nuestras propias decisiones
Por BARRY BROWNSTEIN
10 de Diciembre de 2019 Actualizado: 10 de Diciembre de 2019

Hace más de 2.000 años, el filósofo estoico Séneca escribió: “Muéstrame un hombre que no sea un esclavo”. Seneca hablaba de esclavitud mental: “Uno es un esclavo de la lujuria, otro de la codicia, otro de la ambición, y todos los hombres son esclavos del miedo”.

El emperador romano Marco Aurelio también fue un filósofo estoico. En Meditaciones, escribió: “Alejandro, César y Pompeyo. ¿Comparados con Diógenes, Heráclito, Sócrates? Los filósofos sabían el qué, el por qué, el cómo. Sus mentes eran propias. ¿Los demás? Nada más que ansiedad y esclavitud.

Los políticos conquistadores pueden haber gobernado a millones, pero no podían controlar sus propias mentes.

¿El privilegio y la riqueza ayudan a uno a escapar de la esclavitud mental? Solo tenemos que observar todo el comportamiento disfuncional en Hollywood y ver que el dinero no puede comprar la libertad psicológica.

Aurelius se reprochó a sí mismo: “Deja de permitir que tu mente sea una esclava, que se deje llevar por impulsos egoístas, que patee contra el destino y el presente, y desconfíe del futuro”.

Sus contribuciones son grandes obras de la humanidad porque reflejan temas eternos.

Atrapado en la victimización

Pocos de nosotros no hemos sufrido reveses amargos, como observa Ryan Holiday, autor de varios libros sobre el estoicismo:

“Gran parte de lo que sucede está fuera de nuestro control: perdemos personas que amamos. Somos arruinados financieramente por alguien en quien confiamos. Nos esforzamos, ponemos todo nuestro esfuerzo en algo y esto luego nos aplasta cuando falla. Estamos reclutados para luchar en guerras, para soportar enormes cargas o pesos familiares. Somos ignorados por lo que tanto queríamos. Esto puede derribarnos y lastimarnos. Sí”.

Cada uno de nosotros forma nuestra identidad en torno a lo que podría llamarse nuestra “historia de mí”. En su libro Cuestiona tu vida, Greg Krech observa con qué frecuencia estas historias contienen resentimiento. A través de nuestras historias, advierte Krech, creamos nuestras propias cargas:

“Usar un vestido de desilusión, resentimiento e ira es una gran carga. Continuamente nos agobia a medida que intentamos avanzar en nuestras vidas … Afecta nuestra visión fundamental de la vida. Nos entierra en un estilo de vida basado en quejas en el que nuestra atención se centra constantemente en lo que está sucediendo mal y en cómo el mundo no cumple con nuestras expectativas”.

En su libro, Ataduras que nos hacen libres, el filósofo C. Terry Warner nos pide que reflexionemos sobre esta pregunta: “¿Por qué aceptamos nuestras miserias y nos preocupamos por nuestra victimización?”

“Experimentar que otras personas o circunstancias tienen más poder sobre nuestra propia felicidad que nosotros”, dice Warner, “es estar ‘atascado’ en nuestra victimización. Creemos que tienen la capacidad de causar sentimientos inquietantes en nosotros de los que no podemos hacer nada, no importa cómo lo intentemos”.

Cuando creemos que otras personas y circunstancias son responsables de cómo nos sentimos y de las decisiones que tomamos, estamos viviendo una mentira de victimización.

Ver nuestra auto-victimización

Warner nos pide que reflexionemos sobre los momentos en que estamos más preocupados. La verdadera fuente de nuestras “emociones afligidas” se puede encontrar en nuestra “autoabsorción”. Warner escribe: “Esos momentos en los que nos sentimos más miserables, ofendidos o enojados son invariablemente las ocasiones en que también estamos más absortos en nosotros mismos y más ansiosos, sospechosos o temerosos, o de alguna otra manera preocupados por nosotros mismos”.

En nuestra autoabsorción, traicionamos nuestro sentido de lo correcto y lo incorrecto. Warner nos ayuda a reconocer que nuestras auto traiciones pueden ocurrir de maneras pequeñas, como en esta historia de un “hombre ocupado”:

Un hombre ocupado conduciendo a casa a altas horas de la noche nota que el medidor de gas muestra que el tanque esta casi vacío. Casi imperceptiblemente, pero sin lugar a dudas, él siente que debería llenar el tanque para su esposa para que ella no tenga que hacerlo al día siguiente. Pero no lo hace.

En la mente de este hombre ocupado, surgió la necesidad de actuar desde sus valores más altos, pero no lo hizo. Esto es auto traición.

Para justificar su elección, el hombre ocupado puede haber buscado “datos” en su mente. Pensando en todas las cosas que hace por su familia que su esposa no hace, puede haber concluido, estoy mucho más ocupado que mi esposa, ella debería mantener el tanque lleno para mí. En su mente, se convirtió en la víctima de una esposa solidaria. Su esposa, no él, tenía la culpa de su falta de combustible en el automóvil.

En este ejemplo trivial, el hombre ocupado se atascó en su pensamiento. Retratándose a sí mismo como una víctima, minó su relación y una vida feliz.

Warner escribe: “La vida se vuelve difícil de soportar solo cuando nosotros, como auto traidores, nos ponemos en el papel de una víctima al considerar a los demás como nuestros victimarios y cuidar nuestras desgracias como si fueran insignias de honor”.

Los sentimientos de “irritación [que se intensifica hasta la ira], humillación, autocompasión, resentimiento o frustración” vienen con la auto traición. Estas emociones son acusatorias. Warner escribe: “Solo las personas que están haciendo algo que va en contra de su propio sentido de lo correcto y lo incorrecto tienen que gastar tiempo y energía desarrollando una historia que se justifique a sí misma”.

Nuestras historias auto justificadas crean resentimiento. Warner escribe: “Adoptar una actitud dura y resentida hacia los demás es tener que vivir en un mundo resentido, un mundo lleno de personas que se oponen y nos amenazan. La forma en que están en nuestros ojos refleja cómo somos nosotros”.

La verdadera compasión, al ver en todas las personas la capacidad de asumir la responsabilidad, es esperanzadora. (Pexels)

Warner advierte sobre tres aspectos de la conducta de auto traición: “Acusar a otros, excusarse y mostrarse como víctima. No podemos estar buscando con constante vigilancia pruebas de que otros nos están maltratando, como lo hacen los traidores, a menos que nos pongamos activamente en el papel de la víctima”.

Habiendo elegido el papel de una víctima maltratada, también podemos optar por sentir resentimiento y creernos con mayores derechos. Podemos ver el mundo como injusto y que nos debe algo. Podemos creer que hago anda mal con nosotros mientras vemos a los demás como aventajados y privilegiados.

En nuestra victimización, creemos que no somos responsables, otros lo son. Y muchos políticos están felices de explotar nuestra falsa creencia.

Falsa compasión

¿Qué podría decirle a un hombre que creció en un hogar monoparental en un barrio violento del centro de la ciudad y asistió a una escuela pública donde aprendió poco y fue intimidado por sus compañeros de clase? Este hombre puede enfrentar discriminación racial. Si engendra hijos ilegítimos con varias mujeres y está adentro y afuera de prisión, ¿es él responsable de su comportamiento? ¿No es víctima de sus circunstancias?

Warner reconoce las pruebas de la vida y ve la vida más allá de la victimización:

“Aunque ninguno de nosotros es responsable de las desgracias que nos suceden, somos, afortunadamente, responsables de cómo usamos esas desgracias. No podemos alterar los eventos pasados, es verdad. Al no haber sido responsables de ellos, no podemos responsabilizarnos de ellos. Pero somos responsables del efecto que tienen sobre nosotros, del significado que les asignamos y la forma en que los recordamos. Y podemos aprender de ellos y crecer”.

Marco Aurelio lo expresó así en Meditaciones: “Esto puede arruinar su vida solo si arruina a su carácter. De lo contrario, no puede hacerle daño, ni por dentro ni por fuera”.

Warner reconoce que uno puede ser llamado “no caritativo” por mantener la opinión de que somos responsables de lo que hacemos de nuestras vidas. Sin embargo, el decir a una persona que no es responsable, “es decirle ‘¡No puedes!’, en lugar de decirle, ‘¡Puedes!'”.

Warner reflexiona sobre lo que significa creer que una persona no es responsable:

“Aunque quienes sostienen este punto de vista piensan que están siendo compasivos y amables, solo están siendo indulgentes. La indulgencia es una falsificación punitiva de la caridad. No extiende ninguna esperanza para liberarnos de nuestros problemas emocionales. Toma la posición de que estamos atrapados en ser los recipientes deficientes que creemos que somos y estamos condenados a hacer frente a nuestra suerte lo mejor que podamos”.

La verdadera compasión, al ver en todas las personas la capacidad de asumir la responsabilidad, es esperanzadora. Warner escribe: “Debido a que somos responsables de lo que sea que nos hayamos convertido, existe la esperanza de que cambiemos fundamentalmente. La verdadera compasión solo se puede encontrar al extender esta esperanza a los demás, nunca al negarla a ellos”.

Mira a tu alrededor, dice Warner. “¿Has conocido personas que parecen haber hecho un estilo de vida amplificando su victimización?” No te detengas al ver la elección de la victimización en otros. Warner pregunta: “¿Ves algo de esta tendencia en ti mismo?”

La cura para evitar quedar atrapado en la victimización es vernos a nosotros mismos como responsables de tomar nuestras propias decisiones.

Barry Brownstein es profesor emérito de economía y liderazgo en la Universidad de Baltimore. Es autor de The Inner-Work of Leadership. Para recibir sus ensayos, suscríbase en Mindset Shifts. Este artículo fue publicado originalmente en la Fundación para la Educación Económica.

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