El robo del impuesto a la riqueza es la personificación de la guerra de clases

Por Fergus Hodgson
12 de Diciembre de 2019
Actualizado: 12 de Diciembre de 2019

Comentario

No hace rico a un hombre pobre, pero sí es una gran retórica.

Seis naciones europeas tienen un impuesto sobre el patrimonio o la riqueza, sin embargo, esta política nunca se ha discutido seriamente en Estados Unidos, hasta ahora. Los senadores Elizabeth Warren (Demócrata de Massachussetts) y Bernie Sanders (Independiente de Vermont) han levantado el estandarte de “comer a los ricos” y han hecho posible el dividirnos unos contra otros, una piedra angular de sus campañas presidenciales.

Una parodia de Sanders, tal y como la describió Larry David en “Saturday Night Live”, resume sus promesas de campaña como “universidad gratuita, atención médica gratuita y una bebida gratuita de todos los refrescos de tamaño mediano”. Del mismo modo, Warren cree que puede pagar por eso y más con un impuesto sobre el patrimonio. Warren dice que su plan impositivo recaudaría 3.75 billones de dólares en 10 años. Sanders dice que su “impuesto a la riqueza extrema” recaudaría 4.35 billones de dólares.

El “impuesto ultra millonario” de Warren tendría una tasa impositiva del 2 por ciento anual sobre un patrimonio de más de 50 millones de dólares, y del 6 por ciento anual sobre un patrimonio de más de 1000 millones de dólares. Su sitio web dice que este impuesto afectaría a 75,000 hogares. Los ingresos recaudados se utilizarían para pagar “Medicare para todos”, el alivio de la deuda de los préstamos estudiantiles y el cuidado infantil universal. Ella dice que el impuesto sobre el patrimonio podría proporcionar el pago inicial del “Green New Deal”, crear 1.5 millones de puestos de trabajo y financiar un programa de vivienda para reducir los alquileres en un 10 por ciento en todo el país.

Mientras Warren busca financiar un programa al estilo New Deal para reconstruir la clase media, Sanders tiene metas socialistas aún más radicales: “Bajo este plan, la riqueza de los multimillonarios se reduciría a la mitad en 15 años, lo que rompería sustancialmente la concentración de riqueza y poder de esta pequeña clase privilegiada”, señaló.

Sanders ve la redistribución de la riqueza como una meta económica y política importante, además de financiar sus grandes programas de gastos. Su plan se aplicaría a 180,000 hogares, más del doble de la cifra del plan impositivo de Warren.

Impuesto sobre el patrimonio frente al impuesto sobre la renta

Los políticos socialistas como Sanders han argumentado tradicionalmente que los ricos deberían pagar tasas impositivas más altas sobre la renta. A primera vista, un impuesto sobre el patrimonio del 6 por ciento anual parecería ser menos oneroso que un impuesto sobre la renta del 30 por ciento anual.

Alan Viard, economista del American Enterprise Institute (AEI), dice que esto es engañoso. “Bajo un impuesto sobre la renta del 30 por ciento, un impuesto igual al 30 por ciento de los ingresos de cada año se pagaría cada año y un impuesto igual al 30 por ciento de los ingresos de cada década se pagaría cada década”.

Este no es el caso de un impuesto sobre el patrimonio. El primer año se pagaría un impuesto al patrimonio del 6 por ciento, “pero en una década se pagaría un impuesto acumulativo equivalente al 60 por ciento de la riqueza”. El impacto debería ser obvio. Una década de impuestos sobre la riqueza de Sanders reduciría radicalmente la riqueza de los 180,000 hogares que tiene en la mira.

Cualquiera de los dos planes impositivos sobre la riqueza reduciría los ahorros y el capital disponible para la inversión, y marcaría un avance significativo hacia el socialismo. La economía de Estados Unidos, incluyendo a los trabajadores comunes que necesitan de negocios pujantes para que puedan ofrecerles salarios más altos, sería más pobre como resultado de esta política.

A Sanders a menudo le gusta usar a Europa como un ejemplo a seguir para Estados Unidos, sin embargo su propuesta del impuesto a la riqueza es mucho más radical que cualquier otra cosa que se haya implementado incluso para los europeos. El impuesto sobre el patrimonio de Bélgica es del 0.15 por ciento; el de los Países Bajos, del 0.61 al 1.61 por ciento; el de Noruega, del 0.85 por ciento; el de Italia, del 0.2 por ciento, y solo se aplica a los activos financieros mantenidos en el extranjero; el de Suiza, varía de cantón en cantón; y el de España, del 0.2 al 2.5 por ciento, según la región.

Hay que tener en cuenta que los impuestos europeos están llenos de vacíos legales. Si uno vive en Madrid, no paga ningún impuesto sobre el patrimonio en España. El impuesto sobre el patrimonio en Holanda excluye la residencia principal, así como los intereses financieros sustanciales de las empresas.

Suecia y Francia renunciaron a sus experimentos de un impuesto sobre el patrimonio. Ambos tenían problemas con la cobranza y la aplicación de la ley, y muchos franceses y suecos ricos simplemente emigraron hacia otros lugares. En 2017, el gobierno francés estimó que “unas 10,000 personas con activos por valor de 35,000 millones de euros se fueron en los últimos 15 años” por razones impositivas. Ese fue el fin del impuesto sobre el patrimonio en Francia.

Un muro financiero de Berlín

Tanto Sanders como Warren ya han reaccionado ante la perspectiva de que los ricos se puedan dirigir a buscar una salida. Warren cobraría a los expatriados el 40 por ciento sobre un patrimonio de más de 50 millones de dólares, mientras que Sanders exigiría el 60 por ciento de la riqueza de un multimillonario que quiere huir.

A diferencia de Francia o Suecia, el gobierno de Estados Unidos está en mejores condiciones de recaudar un impuesto sobre el patrimonio de los expatriados. Si un ciudadano francés abandona el país para trabajar en la vecina Alemania, no está obligado a pagar impuestos a Francia. Por otro lado, el gobierno federal reclama el derecho de gravar los ingresos de los ciudadanos estadounidenses en todo el mundo. Si un ciudadano de EE.UU. quiere mudarse al extranjero para escapar de los impuestos de EE.UU., primero debe renunciar a su ciudadanía. Bajo los planes impositivos de Warren y Sanders, esto provocaría un impuesto de salida del 40 por ciento.

Además, Warren y Sanders desean aumentar los ya formidables poderes del Servicio de Impuestos Internos, con más personal y mayores presupuestos para procesar los retornos de 75,000 y 180,000 hogares bajo sus respectivos planes impositivos.

El impuesto de salida -un muro de Berlín virtual- plantea una pregunta obvia sobre las libertades fundamentales, y demuestra los peligros de que una multitud se agrupe contra una minoría. Ya existe un impuesto de “expatriación” sobre las personas que salen de la jurisdicción de Estados Unidos, lo que difícilmente concuerda con el nombre de “tierra de la libertad”.

Con las sombras de la congelación de las cuentas bancarias en dólares estadounidenses como sucedió en Argentina en 2001-2002, Sanders y Warren quieren agruparse contra unas pocas personas y hacer que la carga de su salida sea aún más punitiva: ¡Cómo se atreven a encontrar un mejor trato en otro lugar! Aquellos que aún se encuentran en Estados Unidos pueden esperar una mayor vigilancia y un cumplimiento tributario aún más complicado.

¿Un sueño imposible?

El impuesto sobre el patrimonio se enfrenta a dos grandes obstáculos. El primero es constitucional, y las impugnaciones judiciales podrían ser su perdición.

“La Constitución exige que todos los impuestos federales ‘directos’ se prorrateen entre los estados en función de su población. Si el impuesto sobre el patrimonio fuera prorrateado, la tasa impositiva sería más baja en los estados con alta riqueza per cápita para igualar las obligaciones en todos los estados”, dijo Viard de AEI.

Con esto en mente, los defensores ya están argumentando que el impuesto sobre el patrimonio es un impuesto indirecto. ¿Lo apoyaría el Tribunal Supremo con una mayoría conservadora? El asunto es tan importante que cualquier impuesto sobre el patrimonio seguramente sería objeto de litigio ante el más alto tribunal de Estados Unidos.

El segundo reto es político. Sanders y Warren pueden contar con el ferviente apoyo de las alas progresistas y de la línea dura de su partido, pero hay menos apetito en el Congreso. Sin embargo, eso podría cambiar. Una encuesta de opinión pública realizada a principios de este año mostró un sorprendente 54 por ciento de estadounidenses que al menos declararon su apoyo a un impuesto sobre el patrimonio. En línea con la dinámica de la guerra de clases, esto fue realizado con un impuesto limitado a 75,000 hogares de alto patrimonio neto, y algunas encuestas han mostrado un apoyo aún mayor.

Incluso si las candidaturas de Warren o Sanders tienen pocas posibilidades de una victoria, sus planes impositivos representan un desarrollo peligroso y desagradable para Estados Unidos. Están intentando ampliar la ventana de Overton a una idea que es profundamente antiestadounidense y que va en contra de los derechos de la propiedad individual.

Fergus Hodgson es editor ejecutivo de Antigua Report, columnista de The Epoch Times, e investigador asociado de Frontier Centre for Public Policy.

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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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