Enviando de regreso a los cubanos

Por Dinesh D'Souza
02 de Agosto de 2021
Actualizado: 13 de Agosto de 2021

La administración Biden está enviando de regreso a los cubanos que huyen hacía las costas estadounidenses a causa de la persecución política en su país de origen. La semana pasada, la Guardia Costera de Estados Unidos anunció la repatriación de 27 refugiados cubanos al país comunista. Fueron capturados intentando llegar a Florida en dos embarcaciones separadas.

Se trata de los primeros balseros detenidos en ruta hacia Estados Unidos desde que las protestas de julio sacudieron al régimen cubano. A partir del 11 de julio, miles de cubanos se manifestaron en las calles de múltiples ciudades y municipios. Aunque los medios de comunicación estadounidenses generalmente dijeron que los manifestantes protestaban por la escasez de vacunas anti-COVID, sus cánticos y consignas transmitían sus verdaderos objetivos: la libertad y el fin de más de 60 años de régimen comunista. Este año fiscal, la Guardia Costera ha interceptado a más de 500 inmigrantes procedentes de Cuba.

La administración Biden sabe perfectamente que cuando los cubanos fugitivos regresan a Cuba, su destino es terrible. El régimen de La Habana tiene una larga historia de encarcelar, torturar e incluso asesinar a quienes intentan huir de la isla. Esto está a la par de lo que siempre han hecho los regímenes comunistas, desde la antigua Unión Soviética hasta Europa del Este. Enviar a los refugiados de regreso es, de hecho, condenarlos a muerte.

Además, las leyes estadounidenses son generalmente hospitalarias con los refugiados que huyen de la persecución política. Estados Unidos históricamente ha dado la bienvenida a desertores rusos, a solicitantes de asilo de Alemania Oriental y de otros pueblos reprimidos que buscan vivir en libertad. La ley de inmigración de Estados Unidos distingue específicamente entre las personas que son simplemente pobres y buscan alejarse de los países pobres (esto se aplica prácticamente a todo el mundo en desarrollo) y aquellos que escapan de la represión política totalitaria. Solo estos últimos califican bajo la designación de refugiados políticos.

Alejandro Mayorkas, director de Seguridad Nacional, y él mismo de ascendencia cubana, emitió un severo comunicado a los cubanos que están pensando en huir de su isla: “Permítanme ser claro: si se hacen a la mar, no vendrán a Estados Unidos”. A instancias de la administración Biden, la Guardia Costera de EE.UU. emitió una declaración severa: “Las personas que violen las leyes de inmigración de Estados Unidos y traigan ilegalmente a ciudadanos extranjeros al país o que intenten hacerlo pueden ser objeto de arresto, confiscación de la embarcación, multas civiles y penales de hasta 250,000 dólares y cinco años de prisión”. Esto parece dirigido a los cubano-americanos que puedan intentar ayudar a los cubanos a llegar a Estados Unidos.

Ahora bien, estas posiciones, aunque duras, podrían ser más comprensibles si la administración Biden hubiera tomado una línea dura contra la inmigración, adoptando una política de “Estados Unidos primero” en la que las puertas estaban cerradas a los forasteros y sólo se permitiera la entrada de inmigrantes a través del habitual y engorroso proceso legal. Pero, en realidad, la misma administración Biden esencialmente ha abierto la puerta a las fronteras del sur, y están llegando montones de inmigrantes ilegales.

La mayoría de los ilegales que atraviesan la frontera sur no huyen de la persecución totalitaria. Vienen de países como México, El Salvador y Nicaragua, que son pobres, disfuncionales y padecen el mismo estancamiento y podredumbre que atormenta a decenas de naciones de América Central y del Sur, África, Oriente Medio y el Lejano Oriente.

Increíblemente, un número considerable de ilegales que llegan a Arizona, Texas y California provienen de lugares lejanos como Haití, Egipto, Pakistán y China. Algunos son delincuentes habituales. Otros, sin duda, son espías. Algunos tienen COVID. Toda la operación está gestionada por cárteles y otras empresas delictivas. Sin embargo, Biden parece estar perfectamente bien con esta invasión ilegal; de hecho, la invitó.

¿Qué explica este sorprendente doble rasero por el cual el gobierno de Biden hace retroceder a los cubanos que buscan la libertad y abre sus puertas a los haitianos, mexicanos y chinos que atraviesan la frontera sur? Al escuchar a Mayorkas, uno pensaría que estaba preocupado por la vida y la seguridad de los propios cubanos. “Nuestra prioridad es preservar y salvar vidas”, dijo. “Nunca es el momento adecuado para intentar la migración por mar. Para aquellos que arriesgan sus vidas al hacerlo, no vale la pena correr este riesgo”.

Esta declaración es inconsistente porque las personas que arriesgan sus vidas están en una posición mucho mejor para juzgar si vale la pena correr el riesgo o no. Sin duda, encuentran que la vida en Cuba es tan opresiva que preferirían morir tratando de abrirse camino hacia la libertad. ¿Quién es Mayorkas para hacer este cálculo de riesgo por ellos? Son sus vidas, no la de él.

Mayorkas también está siendo deshonesto. ¿Por qué? Porque los ilegales que cruzan la frontera sur con la bendición de la administración Biden también están arriesgando sus vidas y seguridad. Toda esa operación es manejada por bandas que extorsionan a los migrantes. Está plagado de tráfico sexual. Los niños pequeños son secuestrados en toda Centroamérica como pasaportes humanos para permitir que los adultos atraviesen la frontera. Entonces, ¿por qué la solicitud se dirige únicamente a los cubanos?

La simple verdad es que no se trata de seguridad. A la administración Biden no le importa la seguridad de los cubanos o de los migrantes que se presentan en la frontera sur. Creo que hay tres razones por las que están bloqueando a los cubanos mientras saludan a todos los demás: para castigar a los cubanoamericanos, para mantener fuera a los anticomunistas y para dejar entrar a las personas que probablemente dependan de la disposición del gobierno de Estados Unidos para convertirse en futuros votantes demócratas.

Los cubanoamericanos siempre se han inclinado por los republicanos. Fueron fuertemente republicanos en la segunda mitad del siglo XX, porque identificaron al Partido Republicano como el partido anticomunista. Sin embargo, sus hijos estaban menos expuestos al comunismo y, por lo tanto, eran políticamente más diversos. Sin embargo, en la presidencia de Trump, la comunidad cubanoamericana parece haberse movido hacia la derecha nuevamente, convirtiendo el estado de Florida en una clara victoria para Trump. Sin duda, Biden está enojado por esto, y enviar a los cubanos desesperados a casa para el castigo y la muerte es una forma de demostrarlo.

En segundo lugar, es probable que los cubanos que huyen de Cuba sean ellos mismos vehementemente anticomunistas. Concédales el estatus de refugiado y luego la ciudadanía, y sus lealtades políticas son fáciles de predecir. Estos son republicanos acérrimos, incluso si aún no lo saben. La administración Biden lo sabe. No quieren más votantes anticomunistas y republicanos en Estados Unidos. Quieren mantener fuera a esas personas.

En tercer lugar, y este punto a menudo se pasa por alto, la administración Biden, al igual que la administración Obama, quiere ayudar a apuntalar al régimen cubano. ¿Recuerdan cuando Obama fue a un partido de béisbol con el dictador cubano Raul Castro? Poco después de su regreso, Obama cambió la política de Estados Unidos para asegurarse de que los cubanos que huyeron de la isla y se presentaron en Estados Unidos no fueran admitidos automáticamente. El objetivo de Obama era apuntalar al régimen de Castro.

Biden también quiere mantener intactos los regímenes autoritarios de izquierda en lugares como Venezuela y Cuba. La política de Biden hacia Cuba es básicamente una extensión de la política de Obama. Y en la tradición de Obama, los funcionarios de Biden emiten declaraciones vacías: “Estamos con el pueblo de Venezuela”, “Estamos con el pueblo de Cuba”, pero en realidad no hacen nada para ayudar a esas personas. De hecho, su intención es ayudar a los regímenes que los persiguen.

Si esto parece una evaluación excesivamente severa, no lo es. Es debidamente dura. Tenemos algunos regímenes muy malos en todo el mundo, entre ellos Cuba y Venezuela, dirigidos por gente muy mala, pero también tenemos un mal régimen gobernado por gente mala aquí en Estados Unidos. Estos regímenes son solidarios entre sí, o para hacer eco de un viejo proverbio en un nuevo contexto, “Los pájaros del mismo plumaje vuelan juntos”.

Dinesh D’Souza es autor, cineasta y presentador diario del podcast Dinesh D’Souza.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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