Equipo de Muller deberá enfrentar los conflictos de interés del FBI, Departamento de Justicia y Clinton

Por Petr Svab
08 de Junio de 2018 Actualizado: 09 de Junio de 2018

El procurador especial del departamento de Justicia de Estados Unidos Robert Mueller y su equipo a cargo de las investigaciones de colusión con Rusia, pueden enfrentar conflictos de interés generalizados a medida que aumentan las pruebas de que sus colegas actuales y anteriores en el FBI y el Departamento de Justicia (DOJ) estaban detrás del intento de dañar la candidatura de Donald Trump.

Mueller fue designado el 17 de mayo de 2017 para investigar los esfuerzos del Kremlin en interferir en las elecciones presidenciales de 2016, incluidos los enlaces o la coordinación entre el gobierno ruso y la campaña del entonces candidato Donald Trump.

“¿Cuándo y dónde se enumerarán todos los muchos conflictos de interés de los 13 enojados Demócratas (y más) que trabajan en la engañosa caza de brujas? Nunca hubo un grupo de personas en un caso tan parcial o conflictivo”, dijo Trump en Twitter el jueves.

Mueller se hizo cargo de la investigación del FBI sobre los enlaces entre Trump y Rusia; pero la validez de esa investigación se ha ido desmoronando bajo un creciente cúmulo de evidencia, que en primer lugar no pudo haber ninguna razón creíble para lanzarla.

Mueller hasta ahora ha gastado alrededor de USD 17 millones, contratando a 17 abogados y utilizando una gran cantidad de otros recursos y personal del Departamento de Justicia (DOJ).

De su equipo, la mayoría trabajó en el DOJ o en la sede del FBI durante la administración de Obama. Al menos 13 son Demócratas registrados, de acuerdo con The Daily Caller. Es por eso que Trump apodó al equipo de Mueller “los 13 demócratas enojados”.

Al menos 11 de ellos hicieron contribuciones de campaña a candidatos demócratas, en su mayoría a Barack Obama y Hillary Clinton. Ninguno está registrado actualmente como republicano.

Un miembro del equipo, James Quarles III, donó USD 2750 a los republicanos, pero también donó cerca de USD 40.000 a los demócratas. No está claro por qué dio USD 2500 al representante republicano Jason Chaffetz, mientras que también dio unos USD 13.000 a Clinton y Obama, ya que Chaffetz era un vociferante crítico de Clinton y Obama y se opuso a ellos en prácticamente todos los asuntos.

Otro miembro del equipo, Andrew Weissmann, solía ser asesor general del FBI bajo el cargo de Mueller. También asistió a la celebración de Hillary Clinton. Le ha dado USD 10.000 a candidatos demócratas, incluyendo casi USD 5000 a Obama.

La integrante del equipo Jeannie Rhee representó a Hillary Clinton y la Fundación Clinton en dos demandas en 2015. Ella también dio USD 5.400 a la campaña de Clinton.

Parece que Aaron Zebley no hizo donaciones de campaña, pero fue jefe de personal del FBI bajo el mando de Mueller y trabajó en la división de seguridad nacional del Departamento de Justicia. También representó al miembro de Tecnología e Informática de Clinton, Justin Cooper, quien instaló el servidor privado de correo electrónico de Clinton, la base de la investigación del FBI sobre el mal manejo de la información clasificada.

Incluso los nombres relativamente desconocidos en la lista parecen estar alineados con las agendas de izquierda.

Adam Jed, un abogado de apelaciones de la División Civil del DOJ, fue quien defendió la Ley de Cuidado de Salud Asequible de Obama, de acuerdo con Law.com.

Brian Richardson, probablemente el miembro más joven del equipo, fue recogido por Mueller después de ser oficinista para el juez de la Corte Suprema Stephen Breyer.

Zainab Ahmad, uno de los pocos en el equipo sin afiliación partidaria conocida o donaciones de campaña, fue promovido por la Fiscal General de Obama Loretta Lynch, solo unos meses antes de las elecciones de 2016, según The New Yorker. Su especialidad era enjuiciar a sospechosos de terrorismo en tribunales civiles, una práctica a la que se oponía el fiscal general de Trump, Jeff Sessions, que prefiere juicios militares para terroristas.

El propio Mueller ha sido descrito como republicano en el pasado. Fue veterano de Marina en Vietnam y trabajó como fiscal federal, asistente de fiscal general y luego director del FBI hasta 2013. Su trabajo en el Departamento de Justicia y el FBI sirvió inicialmente para dar credibilidad a la investigación de abogados especiales; pero ahora se está convirtiendo en el punto de vulnerabilidad ya que sus compañeros servidores públicos quedaron bajo la mira de los investigadores.

Basado en filtraciones a The New York Times, la investigación del FBI “Trump-Rusia” comenzó el 31 de julio de 2016, después que los australianos le informaron al FBI a principios de ese mes sobre una conversación – en estado de ebriedad- entre el asesor de campaña voluntario de Trump George Papadopoulos y el principal diplomático australiano en Gran Bretaña, Alexander Downer.

Pero ese razonamiento se ha desmoronado al revelarse que el informante del FBI Stefan Halper ya estaba en contacto con la campaña de Trump antes de esa fecha.

Además, el hombre que supuestamente le contaría a Papadopoulos: que Rusia tenía algo “sucio” con Clinton, tenía vínculos extensos con la inteligencia occidental.

Por otra parte, los mensajes de texto enviados entre los principales funcionarios del FBI Peter Strzok y Lisa Page sugieren que el FBI inició una operación de contrainteligencia ofensiva contra la campaña de Trump ya en diciembre de 2015.

Strzok y Page fueron inicialmente parte del equipo de Mueller, pero Strzok fue expulsado después que aparecieron los textos, mostrando su extremo sesgo contra Trump. Page dejó el equipo de Mueller por su cuenta antes de que aparecieran los mensajes y dejó el FBI en mayo.

La semana pasada La Gran Época describió cómo, un selecto grupo de funcionarios de la administración Obama organizó una amplia operación de espionaje contra la campaña presidencial de Trump. La campaña incluía cartas de seguridad nacional, un tipo de citación secreta -de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA), que garantizaba al menos un espía, el desenmascaramiento de ciudadanos estadounidenses en informes de inteligencia y el espionaje realizado por agencias de inteligencia extranjeras. Una gran cantidad de información obtenida a través de la operación se filtró ilegalmente a ciertos medios.

Tanto el inspector general del Departamento de Justicia (DOJ) como el comité de inteligencia de la Cámara están actualmente investigando a los funcionarios involucrados y por qué lanzaron la operación.

Varios funcionarios ya han sido remitidos para una investigación penal. Un grupo de congresistas exigió una investigación sobre el exdirector del FBI James Comey, el exdirector adjunto del FBI Andrew McCabe, la exfiscal interina Sally Yates y la exfiscal general interina Dana Boente, por sus roles en la firma de una orden FISA para vigilar a Carter Page (asesor voluntario de la campaña Trump). Los legisladores acusan a los cuatro funcionarios de privar a Page de sus derechos y de una mala conducta investigativa.

La orden de FISA se basó en gran medida en el expediente Steele, elaborado por Christopher Steele, un exagente de inteligencia británico del MI6, utilizando fuentes de segunda y tercera mano cercanas al Kremlin. El expediente fue calificado como “salaz y no verificado” por Comey.

Steele fue pagado por la campaña presidencial de Hillary Clinton y el Comité Nacional Demócrata.

Si bien Mueller y su equipo fueron elogiados como perfectamente calificados para analizar la interferencia rusa en las elecciones estadounidenses, cada vínculo Trump-Rusia parece curvarse hacia la administración Obama o hacia Clinton, los mismos por los que la mayoría del equipo de Mueller trabajó y apoyó.

El periodista de la Gran Época Ivan Pentchoukov contribuyó a este informe.

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