Estados Unidos compite con la iniciativa ‘Un Cinturón, Una Ruta’ de China

Bajo la administración de Trump, la reacción de EE.UU. al proyecto OBOR de China es más coherente y completa que en el pasado, dice un experto
Por Emel Akan - La Gran Época
26 de Diciembre de 2018 Actualizado: 26 de Diciembre de 2018

WASHINGTON – La iniciativa de China ‘Un Cinturón, Una Ruta’ es uno de los programas de desarrollo más ambiciosos y controvertidos del mundo. Con la administración de Trump, Estados Unidos está poniendo en marcha nuevos proyectos de infraestructura y otras iniciativas en la región Asia-Pacífico en un esfuerzo por contrarrestar la creciente presencia de China en la región.

El Partido Comunista Chino hizo de la iniciativa ‘Un Cinturón, Una Ruta’ (OBOR por sus siglas en inglés) la piedra angular de su plan para expandir su influencia geopolítica. El objetivo de la iniciativa es entregar billones de dólares de inversión en infraestructura para conectar Asia, Europa y África. El plan abarca casi 70 países y cubre más de dos tercios de la población mundial.

Sin embargo, en los últimos años el proyecto OBOR se puso en tela de juicio, ya que la mayoría de los programas se financian a través de prestamistas controlados por el Estado chino, lo que deja a las naciones endeudadas y preocupadas por la enorme carga de la deuda.

Aunque el proyecto OBOR ya lleva cinco años en marcha, la reacción de Estados Unidos al ambicioso plan de China es mucho más reciente, según Daniel Kliman, investigador principal del programa de seguridad de Asia-Pacífico en el Center for a New American Security, un centro de estudios sobre seguridad nacional con sede en Washington.

“Esto refleja una falta de imaginación”, dijo en un panel organizado por la Fundación Heritage el 17 de diciembre.

“Similar a lo que vimos en el caso de la recuperación de tierras por parte de China en el Mar Meridional de China, creo que los políticos estadounidenses inicialmente no habían reconocido plenamente el alcance y la velocidad de ‘Un Cinturón, Una Ruta’ y cómo serviría para impulsar los intereses chinos en el mundo”.

La actual administración estadounidense, sin embargo, adoptó una visión estratégica sobre el proyecto OBOR y lo identificó como parte de las ambiciones de China de convertirse en una superpotencia mundial y así desafiar la posición de liderazgo de Estados Unidos.

Bajo el gobierno de Trump, la reacción de Estados Unidos al proyecto OBOR ha sido “más coherente y completa de lo que hemos visto ciertamente en el pasado y se encamina en una dirección positiva”, argumentó Kliman, agregando que hay muchas oportunidades para que Estados Unidos compita, ya que las naciones emergentes están cada vez más preocupadas por las implicancias negativas de la inversión china.

Reacción de EE. UU.

En los últimos meses, la administración Trump expresó una postura mucho más dura contra China y su creciente influencia. En la cumbre de directores ejecutivos de la APEC, celebrada en Papúa Nueva Guinea el 16 de noviembre pasado, el vicepresidente Mike Pence criticó al proyecto OBOR y dijo que Estados Unidos “ofrece una mejor opción”.

“No ahogamos a nuestros socios en un mar de deudas. No coaccionamos ni afectamos su independencia”, agregó. “Estados Unidos hace acuerdos de manera abierta [y] justa. No ofrecemos cinturones restrictivos ni rutas de un solo sentido”.

El consejero de seguridad nacional John Bolton se hizo eco de las mismas preocupaciones sobre el proyecto OBOR. Hablando en un evento celebrado este mes, Bolton condenó el uso estratégico de la deuda por parte de China para mantener a los países africanos cautivos a sus demandas.

Llamó al proyecto OBOR “un plan para desarrollar una serie de rutas comerciales hacia y desde China, con el objetivo final de impulsar el dominio global chino”.

Además de la escalada de retórica, la administración estadounidense promulgó una serie de políticas para enfrentar al proyecto OBOR. Por ejemplo, en octubre, el Congreso aprobó, con apoyo bipartidista, la Ley de Mejor Utilización de las Inversiones que Conducen al Desarrollo, o Ley de Desarrollo, que fue firmada recientemente por Trump.

La ley establece la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (IDFC por sus siglas en inglés) y duplica la capacidad de financiamiento para el desarrollo a 60.000 millones de dólares. La IDFC facilitará la inversión del sector privado estadounidense en los mercados emergentes “con el fin de complementar la asistencia estadounidense y los objetivos de política exterior”.

Según Kliman, la ley es “un potencial cambio en las reglas de juego en términos de recursos de EE. UU.”.

Además, la Cámara y el Senado aprobaron este mes la bipartidista Ley de Iniciativa de Apoyo a Asia, o ARIA, que autoriza 1500 millones de dólares anuales durante cinco años en gastos de defensa nacional para contrarrestar la influencia china en el Indo-Pacífico.

Cooperación como respuesta

Estados Unidos también lanzó una respuesta coordinada a las inversiones respaldadas por China, cooperando con aliados en la región del Pacífico, como Japón, Australia y Nueva Zelanda. Por ejemplo, Estados Unidos y sus aliados del Pacífico anunciaron el mes pasado que construirían una red eléctrica de 1700 millones de dólares en Papúa Nueva Guinea.

La Unión Europea también reveló recientemente una nueva estrategia para conectar Europa y Asia. Aunque Bruselas afirma que no está compitiendo con el proyecto OBOR, es prácticamente una alternativa, alegó Kliman.

“Así que hoy en día hay oportunidades para que Estados Unidos se involucre con Europa en los proyectos de infraestructura conjunta”.

Según Kliman, también se están haciendo esfuerzos para limitar la inversión china en los países en desarrollo.

“Por ejemplo, este verano Estados Unidos reveló un nuevo fondo de asesoramiento de transacciones. Esencialmente, ayudaría a los países a evaluar los posibles acuerdos chinos y a no ser aprovechados de la manera en que ocurrió con Sri Lanka”, señaló.

Sri Lanka, incapaz de pagar su creciente deuda con China, tuvo que ceder su puerto de Hambantota a Beijing el año pasado, en un controvertido contrato de arrendamiento por 99 años.

Kliman también dijo que Estados Unidos apoyará a los periodistas de investigación en los países en los que China invirtió, lo que hará más difícil a Beijing hacer acuerdos secretos que dejan a las naciones cargadas de deudas y ponen en riesgo su soberanía.

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