Exprisionera dice que los ‘Centros de Formación Vocacional’ de China son una completa mentira

Mujer uigur revela los crímenes del Partido Comunista Chino en Xinjiang
Por Isabel Van Brugen - La Gran Época
10 de Diciembre de 2018 Actualizado: 14 de Junio de 2019

Las afirmaciones de China de que los campos de confinamiento masivo de Xinjiang –donde hay al menos un millón de prisioneros de la etnia uigur– son “centros de formación vocacional” son completamente “falsas e inventadas”, declaró a La Gran Época una uigur que estuvo detenida en uno de los campos.

En respuesta a las afirmaciones del Partido Comunista Chino, que en octubre describió a las instalaciones como “centros de formación vocacional gratuita” que hacen la vida más “colorida”, la exdetenida Gulbukhar Jalilova afirmó que “están mintiendo a más no poder”, y añadió que “nunca ha visto ni una sola aula”.

El gobernador de Xinjiang, Shohrat Zakir, declaró a la agencia de noticias estatal Xinhua que las personas detenidas en los campos “pasarán de aprender el idioma común del país a adquirir conocimientos jurídicos y aptitudes profesionales”.

Pero Gulbukhar, de 54 años, señaló que en lugar de aprender aptitudes profesionales, “me llevaron de campo en campo, de habitación en habitación, y nunca vi a nadie pasar tiempo aprendiendo algo”.

Gulbukhar, una mujer de negocios nacida en Kazajstán, estuvo recluida en un campo de mujeres en Urumqi, la capital de Xinjiang, durante poco más de 15 meses antes de ser puesta en libertad en septiembre de este año. Fue detenida después de haber sido acusada falsamente de transferir 17.000 dólares a una compañía llamada Nur. Fue liberada por las autoridades después de que dijeron que les habían dicho que era inocente.

Gulbukhar fue engañada para que viajara a Urumqi después de recibir una llamada telefónica del socio de su hija. Este le dijo que había “grandes problemas” y que tenía que ir inmediatamente a la capital desde su casa en Kazajstán. Fue arrestada a su llegada.

La empresaria Gulbukhar Jalilova, de 54 años, exprisionera uigur en Xinjiang, China. (Gulbukhar Jalilova)

El relato del PCCh de ofrecer “habilidades vocacionales” a los detenidos para ayudarles con el empleo no tiene sentido, remarcó la mujer de 54 años, porque la clase de mujeres que se encontraban en el campo con ella eran “personas muy ricas y educadas”, tales como “mujeres de negocios, médicas, enfermeras y maestras”.

“No eran personas sin hogar o sin dinero que necesitaban capacitación, eso es una mentira del PCCh”, dijo a La Gran Época.

“Podían permitirse ir al extranjero y cuando volvieron, fueron detenidas”.

Entre las afirmaciones que realizó Zakir, mientras el PCCh avanzaba para legalizar los centros, se encuentra que a los detenidos se les ofrecen “oportunidades prácticas”, como aprender sobre “negocios de confección de prendas de vestir, montaje de teléfonos móviles y catering de cocina étnica”.

El PCCh ha justificado durante mucho tiempo sus medidas contra los uigures, la mayoría de los cuales son musulmanes sunitas, alegando que los centros tienen como objetivo “educar y transformar” a aquellos que considera en riesgo de las “tres fuerzas malignas” del “extremismo, el separatismo y el terrorismo”.

Los uigures, junto con otras minorías étnicas como los tibetanos, así como los creyentes que permanecen fuera del control del Estado, incluidos los cristianos de las iglesias-casas y Falun Dafa, son hace mucho tiempo el blanco del PCCh para su transformación a través de la “reeducación”.

En octubre, la cadena estatal china CCTV emitió un segmento de 15 minutos, ofreciendo un vistazo a la vida dentro de uno de los centros, el Centro de Formación y Desarrollo de Capacidades Profesionales de la ciudad de Hotan.

En el video se puede ver a los “aprendices” leyendo grandes libros de texto y se les muestra aprendiendo varias habilidades tales como hornear, trabajar la madera, coser y cosmetología.

“Lo que sea que el PCCh muestre en la televisión y en los videos, es falso e inventado. No hay aulas. Simplemente nos sentamos en nuestras habitaciones y miramos la pared. La puerta solo se abre para castigarte, eso es todo”, agregó Gulbukhar.

Mientras que las imágenes de la televisión estatal de China mostraban habitaciones con aire acondicionado, decoradas con banderines y globos, Gulbukhar dijo que es una descripción muy alejada de la realidad. Los detenidos están confinados en sus habitaciones, maltratados y encadenados en condiciones de hacinamiento, añadió.

A los que estaban en su campo se les obligaba a ingerir diariamente una medicina desconocida y cada mes se les inyectaba una sustancia que “adormecía sus emociones”. También fueron sometidos a diversas formas de tortura, como la privación de alimentos y de sueño, y castigos físicos, mientras que algunos incluso fueron asesinados, dijo.

Presidiendo una audiencia de la Comisión Ejecutiva del Congreso sobre China, el 29 de noviembre el senador Marco Rubio apuntó que dadas las realidades diarias en la China comunista, donde “los musulmanes uigures son acorralados e internados en campos, los monjes y monjas tibetanos son sometidos a sesiones de reeducación política, los practicantes de Falun Gong son enviados a centros de educación legal para su adoctrinamiento, y los creyentes cristianos son acosados y encarcelados”, muchos observadores están describiendo la actual ola de represión en China como “la más severa desde la revolución cultural”.

Rubio añadió que cree que la motivación del PCCh detrás de la creciente represión “es un deseo obsesivo (…) de crear una especie de identidad nacional unificada, que debe ser despojada de todo lo que compite con ella: la etnia, la religión, la tradición cultural étnica”.

La analista especializada en China, la Dra. Samantha Hoffman, del Instituto Australiano de Política Estratégica, añadió en la audiencia que la represión actual que hay en China trata de “proteger al Partido Comunista Chino”.

El “concepto del PCCh de lo que nosotros llamaríamos seguridad nacional, creo que se traduce mejor como seguridad estatal del partido”, refirió. “Hay dimensiones (…) relacionados con la lucha interna por el poder (…) y luego relacionado con todo lo que está fuera del partido; controlar el relato, controlar el espacio ideológico”.

“Eso significa que los métodos de seguridad del Estado se extienden más allá de las fronteras de China y es por eso que se ve el acoso de los chinos en el extranjero”.

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