¿Fueron el Colonial Pipeline y el hackeo de JBS Foods actos de guerra?

Por Austin Bay
09 de Junio de 2021
Actualizado: 09 de Junio de 2021

Opinión 

Es de conocimiento nacional que a inicios de mayo la compañía Colonial Pipeline sufrió un ciberataque severo que hizo cerrar su oleoducto que conecta Texas con la Costa Este. El 1 de junio, JBS Foods sufrió otro ciberataque paralizante. Según estimaciones de la industria, JBS controla el 20 por ciento de la capacidad de sacrificio de ganado vacuno y porcino estadounidense. El ataque de JBS también generó titulares.

El FBI y los funcionarios de seguridad creen que dos organizaciones criminales llevaron a cabo los ataques. Sus nombres suenan un poco a los de las siniestras súper bandas que se encuentran en las novelas de James Bond. Sin embargo, estas pandillas no son de ficción ni sus crímenes.

Un grupo criminal llamado DarkSide cerró el oleoducto del sureste de Estados Unidos de Colonial. Para eliminar su malware “ransomware” y restaurar el servicio, DarkSide exigió a Colonial que pagara un rescate. Colonial obedeció.

El FBI atribuye el ataque de JBS a REvil, una mafia cibernética vinculada a Rusia.

La buena noticia es que el Departamento de Justicia ha recuperado 2.3 millones de dólares del rescate de 4 millones que pagó Colonial.

Esta es una buena noticia del tipo de lecciones duras y sombrías: El daño económico causado por los ataques cibernéticos y la cobertura de los medios que recibieron reavivó la preocupación pública por la seguridad de la infraestructura en Estados Unidos y Canadá.

Colonial Pipeline opera una red de distribución de energía, lo cual lo convierte en un objetivo principal para los criminales que buscan un rescate rápido. El hackeo provocó un aumento en los precios de la gasolina. Con cada día del cierre, el costo macroeconómico aumentó. Así que Colonial pagó.

JBS Foods, el mayor proveedor de carne del mundo, es un eslabón clave en la cadena de suministro de alimentos de América del Norte. El ataque de JBS cerró plantas empacadoras de carne en Estados Unidos y Canadá. Los efectos secundarios también fueron significativos. Los cierres de la planta interrumpieron las entregas de ganado—una reacción en cadena económica perjudicial en Estados Unidos y Canadá que podría afectar el suministro de alimentos en todo el mundo.

Las dimensiones de seguridad nacional de los crímenes digitales también merecen un examen.

Considere sus paralelos en los ataques físicos (cinéticos) en la guerra convencional.

Cerrar un oleoducto es aproximadamente el equivalente no cinético de un submarino alemán torpedear a un petrolero estadounidense en un convoy con destino a Gran Bretaña. El hackeo y el ataque de los submarinos interrumpen el suministro de combustible.

Con el tiempo, la reducción de la producción de alimentos y la interrupción de la distribución de alimentos crearán condiciones de inanición. Es una táctica clásica para obligar a una ciudad sitiada a rendirse. Piense en soldados quemando granjas en áreas rebeldes para matar de hambre a los insurgentes. Una comparación aún más espantosa: un ataque de guerra biológica que infecte al ganado y los cerdos de una nación con fiebre aftosa.

Obviamente, este tipo de ataques físicos violentos hacen un daño enorme. Pero los ciberataques también pueden tener efectos nacionales e internacionales costosos y devastadores. Por eso, ataques como el del Oleoducto Colonial son, en mi opinión, actos de guerra.

El ataque de Rusia en 2008 contra Georgia y su invasión de Crimea en 2014 demuestran que los ciberataques pueden complementar e intensificar los efectos de los ataques físicos.

De un paso atrás y considere este escenario: ¿Qué pasaría si DarkSide y REvil tuvieran conexiones con una nación enemiga? El FBI ya conecta a REvil con Rusia.

El oleoducto de Colonial y las instalaciones de sacrificio de JBS fueron “puntos de estrangulamiento” en sus respectivas cadenas de suministro. Atacar a un objetivo de energía y a un objetivo de distribución de alimentos tiene la apariencia sospechosa de una nación enemiga que investiga los puntos de estrangulamiento de suministro estadounidenses con el objetivo de aprovecharlos en caso de que estalle un conflicto de disparos convencional. Como mínimo, la investigación también inflige un perjuicio económico inmediato a Estados Unidos.

Usar pandillas para hacer el trabajo sucio le da a la nación enemiga una negación plausible.

Dadas las conexiones rusas de REvil, ¿El Kremlin alentó y quizás facilitó el ataque de JBS Foods? Es una pregunta que vale la pena hacerse y espero que la CIA, la NSA y el FBI ayuden a responder.

Austin Bay es un coronel (retirado) de la Reserva del Ejército de EE. UU., autor, columnista sindicado y profesor de estrategia y teoría estratégica en la Universidad de Texas—Austin. Su último libro es “Cocktails from Hell: Five Wars Shaping the 21st Century”.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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