Ser un verdadero hombre

Por ANNIE HOLMQUIST
25 de Agosto de 2020
Actualizado: 26 de Agosto de 2020

A veces, las conversaciones más simples dan lugar a las más profundas reflexiones.

Descubrí eso el otro día cuando me detuve a charlar con nuestro repartidor de UPS. Los dos hemos tenido buenas conversaciones, siempre amigables, en 2019 o 2020 AC (eso es “Antes de la COVID”), pero no nos habíamos visto desde la gran plaga. Cuando le pregunté cómo estaba, se desahogó.

“¡Ah, mujer! ¡Ocupado! Es como la Navidad pero peor, porque no tenemos la ayuda extra que tenemos en ese momento”, respondió.

Luego me dijo que tenía más de 300 entregas que hacer ese día y que probablemente no las haría todas, a pesar que estaba trabajando 14 o 15 horas diarias durante el brote de la COVID-19. Aunque planeaba quedarse más tiempo en la empresa, confesó: “Estoy pensando en retirarme pronto y buscar otro trabajo”.

¿Quién podría culparlo? Ciertamente yo no.

Pero entonces mi amigo repartidor regresó a su normalidad, alegre y a su naturalidad mientras hacía la siguiente declaración:

“¿Pero sabe? Todo vale la pena por mi pequeña hija. Tiene tres años. ¡Cuando llegue a casa y la vea! Es como si fuera más alto. Uno se siente como un hombre, ¿sabe?”.

Obviamente como mujer, no lo sabía, pero me alegro que lo dijera, porque fue una mirada a la mente masculina que nunca había tenido antes. Claro, siempre he oído que el matrimonio hace maravillas por un hombre. Gana más, asume más responsabilidades y parece que automáticamente gana el favor de la dirección y sube la escalera de su profesión. ¿Pero que un hombre verbalizaría cómo su hija lo hace sentir más hombre y hace que toda la sangre, sudor y lágrimas que pone en el trabajo parezcan valer la pena? Encuentro eso sorprendente.

Desafortunadamente, mientras mi amigo, el hombre de UPS está viviendo esto, es algo que muchos hombres se están perdiendo. Todos hemos visto los titulares de la disminución de las tasas de fertilidad. Inicialmente, muchos pensaron en que estas tasas invertirían brevemente su curso cuando la pandemia llegó, por la cuarentena que posiblemente ocasionaría un mini baby-boom. Ahora las noticias dicen que eso no está sucediendo. De hecho, las tasas de fertilidad global están cayendo tan drásticamente que algunos expertos le están suplicando a las familias que tengan hijos.

Sumando estas bajas tasas de fertilidad y la reveladora declaración de mi amigo, de repente tuve una revelación. ¿Es posible que la falta de hijos, la falta de fertilidad en nuestro mundo, sea la razón por la que luchamos con la falta de madurez de los hombres en estos días? ¿Es posible que los grandes zapatos que los hombres están supuestos a usar son zapatos que solo pueden crecer con el tiempo después de casarse, tener hijos y trabajar duro para mantener y dirigir un hogar?

En los últimos años, muchas mujeres se han quejado que no hay ningún hombre bueno por ahí. No son lo suficientemente masculinos o lo suficientemente ambiciosos, o no quieren liderar. Pero, ¿podría este problema ser el resultado de una sociedad que busca castrarlos?

Desde la llegada de “la píldora”, los hombres han logrado obtener la intimidad sexual que naturalmente anhelan a un precio barato, evitando las ataduras de una esposa para mantener y criar a los niños. Es fácil ver cómo estas relaciones sexuales baratas perjudican a las mujeres (…) ¿pero también perjudican a los hombres? ¿Mantiene a los hombres adultos en la etapa de niño pequeño, incapaces de madurar, incapaces de alcanzar el nivel de protector y proveedor que muchas mujeres buscan (aunque no se den cuenta o no lo admitan para proteger sus sensibilidades feministas)?

La alegría en el rostro de mi amigo mientras hablaba de su esposa e hija —la alegría con la que realiza un trabajo que, aunque difícil, mantiene a su familia— fue un placer ver. Solo espero que esa misma alegría y orgullo masculino se extienda a más hombres en esta nación.

Annie Holmquist es editora de Intellectual Takeout. Este artículo se publicó originalmente en Intellectual Takeout.


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