Tras las sutiles huellas de Jorge Luis Borges en su “eterna” Buenos Aires

04 de Abril de 2016 Actualizado: 04 de Abril de 2016

El escritor argentino Jorge Luis Borges tomó para su obra literaria varios rincones de Buenos Aires, por la que sentía un amor “celoso”. Pese al tiempo transcurrido desde su muerte en Ginebra, el 14 de junio de 1986, y la intensa transformación de la geografía porteña, aún hoy es posible descubrir huellas del escritor argentino en esta ciudad.

“Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así, celoso“, confesaba Borges, nacido un 24 de agosto de 1899 en pleno corazón de Buenos Aires, en Tucumán 840, actualmente una calle con incansable tránsito.

“Tenía, como todas, dos ventanas con su reja de hierro, el zaguán, la puerta cancel y dos patios“, recordaba el domicilio de sus abuelos maternos a metros de Avenida 9 de Julio.

Dos años más tarde, su familia se mudó al barrio de Palermo, por entonces un arrabal, donde conoció las andanzas de compadritos, guapos y cuchilleros que luego habitarían sus ficciones. Un siglo después, la zona ha experimentado vertiginosos cambios, convertida en centro gastronómico y de diseño.

Vivió sobre la calle Serrano al 2100, rebautizada Jorge Luis Borges en su honor. En su poema “Fundación mítica de Buenos Aires”, Borges describió el territorio de infancia: “Una manzana entera pero en mitad del campo / expuesta a las auroras y lluvias y suestadas. / La manzana pareja que persiste en mi barrio: / Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga“.

Jorge Luis Borges posando en su biblioteca. (Getty Images/Creative)
Jorge Luis Borges posando en su biblioteca. (Getty Images/Creative)

Aún es posible sospechar el Palermo del malevaje en el tradicional restaurante y almacén “El Preferido”, en la esquina de Borges y Guatemala. Es que ya no queda prácticamente nada del suburbio que cautivó al escritor, aquel donde Borges dibujó sus primeras letras y también experimentaría el acontecimiento principal de su vida: la biblioteca de su padre.

Y aunque creyera no “haber salido nunca de esa biblioteca“, su vida también transcurrió entre numerosos otras. La Biblioteca Municipal Miguel Cané, por ejemplo, donde trabajó como auxiliar entre 1937 y 1946 hasta la llegada del peronismo. La biblioteca en el barrio de Boedo conserva celosamente su mesa de trabajo y su silla, así como una vitrina con primeras ediciones de sus libros.

Una vez derrocado el peronismo en 1955, y mientras avanzaba irremediablemente su ceguera, Borges fue nombrado director de la Biblioteca Nacional. Por entonces, funcionaba en la calle México al 500, del céntrico barrio de Montserrat, en un edificio construido inicialmente para sede de la lotería. Eso explica los llamativos bolilleros que aún hoy adornan la escalinata central, y que se afirma incitaron a Borges a escribir el cuento “La lotería en Babilonia”.

Actualmente el edificio es sede del Centro Nacional de la Música, mientras que la biblioteca se trasladó al elegante distrito de Recoleta. “Borges dejó un legado particular en el modo que hoy tenemos de concebir e imaginar una biblioteca. En eso, su sello es mucho más fuerte que el de todos los directores que lo precedieron y que los que le siguieron“, dijo el subdirector de la Biblioteca Nacional, Horacio Tarcus.

Recoleta -donde se encuentra el famoso cementerio- es asimismo el barrio en el que Borges vivió unas dos décadas, tras regresar de su segundo viaje a Europa a mediados de 1920. Asimismo alberga la biblioteca del escritor en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, creada por su viuda María Kodama.

Sin embargo, el domicilio que durante más años habitó el autor de “El Aleph” fue un departamento en la calle Maipú al 900, en el barrio de Retiro. Se mudó allí con su madre en 1944, y sólo lo dejó durante un breve matrimonio.

En la entrada del edificio, a pasos de la frondosa Plaza San Martín, se encuentra una de varias placas conmemorativas que le tributa Buenos Aires. Aunque bronces, calles, centros culturales y auditorios que llevan su nombre no son el único vestigio de Borges en su ciudad natal.

Al igual que en los finales de algunos cuentos, una sorpresa espera al otro lado de la calle Maipú. Internándose en la Galería del Este -como uno de los laberintos que tanto le gustaban-, aparece la librería La Ciudad. Esta “segunda casa” de Borges fue fundada en 1969 por Luis Alfonso, ya fallecido, y su esposa Elizabeth Bast de Alfonso.

“Venía todos los días, los clientes pensaban que era la librería de Borges“, recordó Elizabeth. La mujer explicó que el escritor se acostumbró al ambiente del local, que aún conserva intactos el escritorio y la silla que ocupaba durante sus visitas, delante del escaparate, como lo atestiguan diversas fotografías. “El mundo del ciego se reduce y es natural, necesita un mundo pequeño pero afectuoso“, consideró.

“Las visitas eran largas, porque aparte de que él dictaba poesías, textos, venían periodistas del exterior que sabían que lo iban a encontrar aquí y le hacían notas. Era un fabuloso conversador, acá no mostraba timidez“.

“Le gustaba recitar en alemán, me pedía que le leyera a Schopenhauer y los grandes poetas alemanes“, evocó Bast de Alfonso, de raíces alemanas. “Se notaba que se encontraba muy cómodo, cualquier persona que entraba se ponía a charlar con él, y de inmediato firmaba libros a sus lectores“.

“Todos sus libros a partir del ’69 fueron presentados aquí y siempre con mucho público, se formaban largas colas afuera“, se enorgulleció. Respecto de los encuentros de Borges con su amigo y colega Adolfo Bioy Casares en la librería, Elizabeth relató: “Se notaba la alegría de la cara de los dos, eran grandes amigos. Disfrutaban mucho la amistad“.

También fue allí que Borges se reconcilió con Ernesto Sábato. “Dio a casualidad que Borges firmaba sus libros y Sábato entró“, dijo Bast de Alfonso. “La pelea aparentemente era por motivos políticos, Sábato era más elástico respecto del peronismo“.

A fines de 1985 Borges partió definitivamente a Ginebra. “Dos días antes de viajar pasó por aquí, pero parecía que era como (uno de) los viajes frecuentes que hacía. Nada hacía sospechar que iba a quedarse“, añadió.

Sin embargo, el propio Borges relativizó su ausencia de la geografía porteña en su poesía de juventud “Arrabal”: “Esta ciudad que yo creí mi pasado / es mi porvenir, mi presente; / los años que he vivido en Europa son ilusorios, / yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires“.

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