Investigador confuciano confronta la falta de confianza y bondad en China

20 de Noviembre de 2015 Actualizado: 20 de Noviembre de 2015

WASHINGTON – En un libro publicado recientemente por la Editorial Brookings Institution, el profesor chino He Huaihong propone una nueva ética social para una sociedad que muchos observadores, dentro y fuera de China, dicen que se encuentra en un estado de crisis moral.

Historiador, ético, crítico social, y defensor a ultranza del confucianismo, el profesor He propone un marco intelectual para guiar el comportamiento de la gente y restaurar la ética social en China, y que de esta manera pueda tener su lugar entre otras naciones sin avergonzarse. He habló el 6 de noviembre en la Institución Brookings sobre su nuevo libro: “Ética social en una China cambiante: ¿Decadencia moral o despertar ético?”

He Huaihong es profesor de filosofía en la Universidad de Pekín. El libro se compone en realidad de 19 ensayos, escritos, excepto dos, entre 2002 y 2013, y editados para el libro.

“Actualmente, tenemos un problema bastante serio con la moralidad en la sociedad china. El asunto básico es que carecemos de confianza elemental y carecemos de bondad”, dijo He, a través de su traductor de inglés.

Es particularmente endémico en la confianza de la gente en sus líderes políticos. “Diga lo que diga el gobierno, la gente no lo cree. Incluso cuando dicen cosas que son verdad, la gente no lo cree. Los miembros del Partido Comunista y los funcionarios del Estado son también desconfiados”, afirmó.

“El tema de la decadencia moral y la falta de confianza en la China de hoy no son temas sensibles y ciertamente tampoco son tabús en lo político”, dijo Cheng Li, director del John L. Thornton China Center en Brookings.

He Huaihong, profesor de filosofía en la Universidad de Pekín, habla de su nuevo libro “La ética social en una China cambiante”, y sus ideas para reconstruir la ética social en China en la Institución Brookings, el 6 de noviembre (Gary Feuerberg / La Gran Época)
He Huaihong, profesor de filosofía en la Universidad de Pekín, habla de su nuevo libro “La ética social en una China cambiante”, y sus ideas para reconstruir la ética social en China en la Institución Brookings, el 6 de noviembre (Gary Feuerberg / La Gran Época)

En la introducción del libro, Li ofrece una larga lista de prácticas extendidas que ilustran estos graves problemas éticos: “el fraude comercial, el fraude fiscal, los engaños en las finanzas, los proyectos de ingeniería chapuceros y peligrosos, los productos falsos, la leche contaminada, el pan envenenado, las medicinas tóxicas, y la decadencia en la ética profesional entre profesores, médicos, abogados, monjes budistas, y especialmente funcionarios del gobierno”.

El profesor He escribe que la corrupción de los funcionarios no se limita al nivel superior. Incluso “dirigentes de aldeas, alcaldes de pueblos, gerentes de bancos locales son capaces de acumular decenas o incluso cientos de millones de yuanes en sobornos. Un jefe de una oficina en un distrito puede ser dueño de decenas de casas”.

El profesor He está especialmente preocupado por cómo se está perdiendo la bondad en la sociedad china. En su discurso mencionó que si la gente ve a una persona mayor caerse en la calle, mucha gente no se atreverá a levantarle por miedo a ser chantajeados por dinero. Puede que acaben teniendo que pagar los gastos médicos. En el libro, a He le pareció impactante que cuando una niña de dos años fue arrollada por dos vehículos diferentes, fue ignorada por decenas de transeúntes.

“Ha habido repetidos accidentes en los que estaban involucrados autobuses escolares; cuando los camiones colisionan, los transeúntes no salvan a las víctimas sino que en vez de eso roban el cargamento”, escribe en el octavo ensayo, “Crisis moral en la sociedad china”.

“Hay una indiferencia extendida hacia los demás, una falta de preocupación por la vida humana, por el decoro público, y por la ley”, escribe He.

Revolución Cultural

El profesor He identifica muchas fuentes históricas como causa de la decadencia moral, pero ninguna tan a menudo como la Revolución Cultural (1966-1976), cuando el país cayó al punto más bajo de la degeneración moral. La campaña de “aplastar los cuatro viejos” – pensamiento, cultura, costumbres y hábitos viejos – dejó la moral tradicional “pendiendo de un hilo”.

“Ese embate incluyó la destrucción de muchos libros, artefactos y lugares antiguos e históricos. Las tumbas de algunas honradas figuras históricas fueron destrozadas, y a veces incluso sus restos fueron desenterrados. Se ordenaba a los niños que denunciaran a sus familias y a veces incluso, participaban en palizas a sus propios familiares. La política suplantó completamente a la moralidad. El único criterio para discernir lo correcto e incorrecto era la lealtad al líder político, Mao Zedong”.

Durante la revolución cultural los políticos suplantaron la moralidad

El núcleo de la Revolución Cultural fueron los Guardias Rojos, que estuvieron en su punto más alto en los dos primeros años de 1966 a 1968, cuando “el país estaba en un estado casi anárquico”. Se vieron muy reducidos después de julio de 1968, cuando Mao envió a la mayor parte de ellos al campo. He fue un guardia rojo cuando tenía 12 años y fue testigo de algunas de sus actividades y extrema violencia. He dice que él estuvo al margen, y que era principalmente un observador.

Un aspecto clave del movimiento de los Guardias Rojos era su “propensión a la violencia”. Uno de sus eslóganes favoritos era: “¡Larga vida al terror rojo!” He describe un incidente en el libro, cuando cogió miedo a la “violencia indiscriminada”.

“La moralidad pasó a tener un papel secundario con respecto a la política”, dice He. Desde la caída de la Dinastía Qing, la guerra con Japón, los valores incorporados de la Unión Soviética y Stalin, “China en el siglo XX  fue a través de una completa inversión de nuestros valores tradicionales y antiguos”.

En sus duras críticas a los Guardias Rojos, He culpa sólo a Mao y absuelve al PCCh. Pero las críticas al PCCh, aunque nunca son explícitas, yacen bajo la superficie. He menciona los 100 años de agitación antes de los 30 años recientes de la economía de mercado, los cuales dice que han dejado un legado cuestionable. Los gritos por igualdad del último siglo deben incorporarse en una ética reconstruida, dice, pero “las teorías extremistas de conflicto de clases y la filosofía de conflicto suma cero no son el legado que deberíamos aceptar (página 77)”, escribe He, refiriéndose a las doctrinas fundamentales del Partido Comunista.

Sin nombrar al PCCh, He escribe que la vieja ideología evolucionó a partir de una teoría de revolución, no de una teoría de gobierno. “Comenzó como una importación extranjera, y en sus primeras encarnaciones estaba muy preocupada por atacar las tradiciones culturales de China. He afirma que incluso ideales políticos recientes como “una sociedad armoniosa”, son “siempre excesivamente ideológicos y no concuerdan con la realidad de la vida en China”.

He dice que los chinos acaban de emerger de un “periodo transitorio convulsivo”, y aunque la situación es pacífica ahora, “tenemos que estar constantemente en guardia contra el regreso de la convulsión”. Por lo tanto hay una necesidad urgente de construir un nuevo tipo de sociedad y “el primer paso en ese proceso es sentar bases morales firmes”, escribe.

Demonización de Confucio

Como investigador confuciano, el profesor He describe el desarraigo del “espíritu” de la cultura tradicional, cuando durante la última parte de este periodo, escritores, que anteriormente eran confucianos comprometidos, se unieron a los ataques a Confucio.

“Entre la gente común, Confucio, la escuela confuciana, los ritos confucianos, y sus principios morales se convirtieron en palabras sucias. Los efectos de esa demonización pueden sentirse aún hoy día (2013), y el daño que ha hecho a la moralidad pública no puede ser exagerado”.

No solo el fanatismo y la violencia de los Guardias Rojos, además de la pérdida de educación para toda una generación durante la Revolución Cultural, sino también ha sido afectada la moralidad tradicional en los últimos 30 años por el despegue del boom económico chino. “La moralidad fue enterrada otra vez por la economía de mercado. Esa es la razón principal por la que estamos tratando estas cuestiones morales en la China de hoy”, dijo He en Brookings.

Nuevo marco de ética social

El profesor He trata de sintetizar la vieja ética que usamos durante 3.000 años en la era moderna. Por ello en el primer ensayo, “Nuevos…: Hacia un nuevo marco de ética social china”, lleva al lector a través de un mini curso de confucianismo.

Su punto de partida es Mencio, el seguidor de Confucio más conocido e influyente. Mencio creía en la bondad innata de la gente. “Todos los seres humanos tienen un sentimiento de compasión”, escribe He, citando a Mencio.

El profesor He toma las “virtudes constantes” de los antiguos clásicos y muestra que podrían ser aplicadas a la era moderna: benevolencia, rectitud, ritos, sabiduría y lealtad. Las cinco virtudes siguen siendo válidas y sólo necesitan nuevas interpretaciones, escribe.

Así que por ejemplo, la benevolencia puede verse como la fuente de toda moralidad. Cuando la compasión es debilitada por factores externos, ya no dirige la conducta, como puede verse en la frialdad en los ejemplos contemporáneos dados anteriormente. Los ritos involucran un compromiso con la cortesía. “La templanza es un prerrequisito para un rito adecuado”, y significa limitar nuestros deseos, particularmente nuestros deseos materiales, dice He. La sabiduría trata sobre reconocer qué es correcto y “la voluntad y sabiduría para hacer juicios morales…incluyendo la sabiduría para encontrar equilibrio y buscar el camino del medio”.

Una aplicación muy fascinante del pensamiento confuciano se denomina “rectificación de nombres”. El profesor He dice que las viejas ideologías políticas no están en sincronía con la realidad social. “La retórica vacía está en todas partes”, escribe. La confianza social, particularmente entre autoridades y el público, es tirante, provocando una crisis de credibilidad. El profesor He dice que los chinos “se enfrentan constantemente con la falsedad; nos hemos habituado a ella”.

Por ejemplo, designar a “funcionarios” de gobierno como “sirvientes públicos” crea una desconexión entre el nombre y la realidad en la China de hoy. Los funcionarios usan su poder de manera irresponsable y nada ética, lo cual conduce a “ira y odio sin precedentes de la gente hacia los mismos funcionarios”. El remedio: “Dejemos que los funcionarios sean funcionarios”, y rectificar el nombre, funcionario.

La nueva ética difiere de la antigua en un aspecto importante. La vieja relación entre el gobernante y subordinado implicaba establecer pautas para los subordinados y estos cumplían sus tareas hacia el gobernante. Hoy, es el gobernante de alto rango el que debe cumplir su tarea hacia la gente de bajo rango y ser responsable hacia los “ciudadanos”. Los políticos “deben aceptar a la gente como su señor fundamental y último”, escribe. He ve esto como quizá el mayor cambio entre la ética vieja y nueva. Escribe que será duro y largo para China, dado su estado actual, convertirse en una democracia bajo el mandato de la ley, pero esa es la dirección que la historia de China tendrá que tomar.

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