La apuesta por la tolerancia de Chick-fil-A

Por Clifford Humphrey
03 de Diciembre de 2019 Actualizado: 03 de Diciembre de 2019

Comentario

Chick-fil-A, el restaurante que hizo famoso al sándwich de pollo, anunció recientemente un pequeño cambio en su estructura de beneficencia. Mucha gente, sin embargo, sospecha que un cambio menor es, de hecho, un “cambio radical” ideológico que tiene más que ver con la marca y la política que con la filantropía y las aves de corral.

Entre esas organizaciones caritativas a las que el rey de los sándwiches de pollo ya no contribuirá, se encuentran el Ejército de Salvación y la Comunidad de Atletas Cristianos. Esto no es una coincidencia. Los izquierdistas han estado castigando a Chick-fil-A durante años por apoyar a estas organizaciones cristianas a las que catalogan como “activistas divisionistas anti-LGBTQ“.

El liderazgo de Chick-fil-A probablemente tomó esta decisión porque cambiaron sus opiniones, no sobre la naturaleza de la sexualidad y el matrimonio, sino sobre su estrategia de marca para atraer nuevos mercados. Es difícil culpar a la cadena de restaurantes por querer que la gente que no está familiarizada con ellos asocie su marca más con el pollo que con las opiniones políticas de su fundador.

Chick-fil-A parece estar haciendo una apuesta. Piensan que si hacen una demostración de mayor tolerancia, sus críticos actuarán en consecuencia y les mostrarán algo de tolerancia también.

No, Chick-fil-A no ha vendido su alma al diablo. Sin embargo sí cree que puede convencer a la izquierda para que firme un pacto de no agresión y luego los deje en paz en el futuro. Chick-fil-A se va a encontrar con un brusco despertar.

Los costos del “capitalismo despierto” deben pagarse en cuotas cada vez mayores de obediencia a las nuevas “devociones” para demostrar fidelidad. Chick-fil-A nunca podrá demostrar la suficiente buena fe para convencer a sus críticos de que lo dejen en paz para hacer sándwiches de pollo. Debe convertirse en un aliado, o de lo contrario seguirá siendo un enemigo.

La marca como guerra política

Drew Ferguson de la Alianza Gays y Lesbianas contra la Difamación (GLAAD, por sus siglas en inglés) insinuó la profundidad a la que Chick-fil-A debe doblegarse a la izquierda para ser considerado tolerable.

“Si Chick-Fil-A se toma en serio su promesa de dejar de tomarse de la mano con activistas divisionistas anti-LGBTQ”, dijo, “entonces necesita más transparencia con respecto a sus profundos lazos con organizaciones como Enfoque en la Familia (Focus on the Family), que existen puramente para dañar a las personas y familias LGBTQ”.

Chick-fil-A debe, es decir, aceptar la marca que la izquierda le ha dado, así como a todas las demás organizaciones que la izquierda considera deplorables. Al cortar los lazos con el Ejército de Salvación, Chick-fil-A ha señalado tácitamente que también cree que la caridad está más allá de la tolerancia.

La estrategia de GLAAD para convencer a la gente de que organizaciones como Enfoque en la Familia existen “puramente para dañar a las personas y familias LGBTQ” es la misma que los izquierdistas han usado contra Chick-fil-A para convencer a nuevos potenciales mercados a boicotear el restaurante. Han catalogado a Chick-fil-A de intolerante, y el cierre forzado del primer restaurante de Chick-fil-A en el Reino Unido después de solo nueve días demuestra que la campaña está funcionando.

Chick-fil-A nunca pretendió ser definida por las opiniones políticas privadas de su fundador y, en la práctica fue llamada “probablemente una de las empresas socialmente más avanzadas en términos del trato a los empleados y su rol en la comunidad”. Es lógico, entonces, que Chick-fil-A intente hacer publicidad sobre su tolerancia para modificar su imagen en el extranjero.

Sin embargo, aprenderá que las demostraciones de tolerancia no serán lo suficientemente buenas. Chick-fil-A también debe adoptar las opiniones correctas para ser etiquetadas como aceptables en una sociedad liberal y educada.

Como describió el columnista de opinión de CNN sobre Chick-fil-A: “La intolerancia no es solo una cuestión de palabras o acciones, sino también de corazón y mente”. En consecuencia, considera el reciente cambio de Chick-fil-A como una simple “esperanza silenciosa de pasar por respeto” y demostrar “tolerancia haciendo su mejor imitación de compañerismo”.

En otras palabras, al negarse a apoyar las opiniones liberales y someterse a las nuevas devociones, Chick-fil-A seguirá siendo deplorable, por muy tolerante que sea en realidad.

Abraham Lincoln sobre la tolerancia y la conciliación

En 1860, Abraham Lincoln pronunció un discurso en la ciudad de Nueva York que es instructivo por su perspectiva sobre la tolerancia y la conciliación.

La cuestión central en ese entonces era si la esclavitud del Sur era un mal que había que tolerar y contener hasta que las circunstancias permitieran su abolición constitucional, o una buena institución que se celebrara y extendiera al resto del país.

En ese discurso, Lincoln insistió en que si bien el Partido Republicano no permitiría que la esclavitud se extendiera a nuevos estados, por el momento sí toleraría la esclavitud donde ya existía por el bien de la Unión. Sin embargo, los estados esclavistas no creían que las demostraciones de tolerancia de los republicanos fueran genuinas.

Lincoln preguntó a los esclavistas: “¿Qué los dejará satisfechos?”. Del mismo modo, el equipo de marketing de Chick-fil-A probablemente preguntó a sus críticos de izquierda: “¿Qué los dejará satisfechos?”.

Lincoln respondió a su pregunta retórica: “Simplemente esto, no solo debemos dejarlos solos, sino que de alguna manera, debemos convencerlos de que los dejamos solos. Esto, sabemos por experiencia, no es tarea fácil. Hemos estado tratando de convencerlos desde el principio de nuestra organización, pero sin éxito”.

Así que, Lincoln pensó ¿qué se debe hacer para apaciguar a los esclavistas?: “Esto, y solo esto: deja de llamar mala a la esclavitud, y únete a ellos para llamarla buena. Y esto debe hacerse a fondo, tanto en los actos como en las palabras. El silencio no será tolerado; debemos ponernos abiertamente a su lado”.

Como dijo el columnista de opinión de la CNN sobre Chick-fil-A: “esperanza silenciosa de pasar por respeto” no es suficiente. Chick-fil-A debe unirse a la izquierda para llamar correctas a todas las opiniones morales progresistas.

Chick-fil-A debe ser conocido y juzgado por sus acciones: preparar comida de calidad y entregarla con un servicio amable, todo ello tratando a sus empleados excepcionalmente bien, sin tener en cuenta la orientación sexual de nadie. En cambio, la izquierda ha difamado la marca con la etiqueta condenatoria y falsa de que, presuntamente como Enfoque en la Familia, Chick-fil-A existe puramente para dañar a las personas LGBTQ.

Esto es absurdo. Sin embargo, también es absurdo que Chick-fil-A espere apaciguar a una multitud de personas y organizaciones que los odian y piensan que su cadena de restaurantes es mala. Chick-fil-A debe buscar alivio en una demanda por difamación en el sistema de justicia federal, y no de los guerreros de la justicia social.

Clifford Humphrey es originario de Warm Springs, Ga. Actualmente, es candidato al doctorado en política en el Hillsdale College de Michigan. Síguelo en Twitter @cphumphrey.

Los puntos de vista expresados en este artículo son las opiniones del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de The Epoch Times.

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