La Comuna de París: cuando el espectro vino a la Tierra

30 de Enero de 2017 Actualizado: 24 de Febrero de 2017

Como una nube embudo anhelando tocar la Tierra y convertirse en un tornado, el espectro del Comunismo estaba en el aire, sin un hogar terrestre, acechando Europa a principios de 1871.

La Comuna de París, una insurrección sangrienta que duró 73 días, se convirtió en el primer hogar terrestre del Comunismo, como un tornado aterrizando. El espectro encarnó.

“Hay un espectro acechando Europa”, escribió Karl Marx en “El Manifiesto Comunista”. En París, este espectro encontró su punto de apoyo desde el cual podría causar su propio tornado letal de destrucción y matanza en las próximas décadas.

La Comuna de París fue pronto respaldada por Marx como la primera revolución proletaria, o “dictadura del proletariado”. Su influencia como modelo hizo eco todo el camino hasta Lenin y Mao, quienes la estudiaron y aprendieron lecciones de ella.

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Hirviendo a fuego lento

A mediados del siglo XIX Europa hervía con numerosas teorías de revolución, incluido el socialismo y el comunismo.

Las Revoluciones de 1848 que ocurrieron en varios países (incluido Francia) tuvieron diversas causas y diversos resultados, pero no pueden ser consideradas revoluciones proletarias al estilo comunista. Aunque Marx y Friedrich Engels publicaron su primera edición “El Manifiesto Comunista” en febrero de 1848, ninguna de las revoluciones siguieron su plan de acción ese año.

La Comuna de París se preparó en la estela de la Guerra Franco-Prusiana y a fines del Segundo Imperio de Francia. La Guardia Nacional había defendido París durante la guerra, y no aceptó que el ejército ordinario tomara el poder al finalizar la guerra. El ejército ordinario y el gobierno parlamentario elegido recientemente se retiraron temporalmente a Versalles el 18 de marzo de 1871.

B. Benham, en su libro de 1898 “La Revuelta Proletaria: Historia de la Comuna de París de 1871”, explica la conexión: “Pero las decenas de miles de miembros de la Guardia Nacional, compuesta exclusivamente de trabajadores, bajo el control de un cuerpo electo compuesto casi completamente de trabajadores, marca el levantamiento con un indudable carácter proletario”.

El levantamiento unió a varias personas revolucionarias y de izquierda. ¿Fue su ideología general explícitamente comunista? No necesariamente, pero los actores y sus operaciones encajan con la descripción de “dictadura del proletariado” que Marx propugnaba, y esto fue suficiente para que el espectro viniera a la Tierra.

“Su importancia difícilmente pueda ser sobrevalorada”, escribió Benham. “Fue una escaramuza de las fuerzas que se encontrarán en acciones mayores y campos más amplios. Su historia es la de la más grande revuelta de trabajadores ‘libres’ que el mundo ha visto alguna vez”.

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Frutos de la insurrección

La Comuna de París se disolvió durante la “Semana Sangrienta” del 21 al 28 de mayo de 1871, cuanto el ejército ordinario retornó y tomó el control de la ciudad. Según todos los relatos, el ejército ordinario asesinó a más gente que los Comuneros y sus simpatizantes.

Pero los Comuneros se mostraron como unos canallas en su extensa destrucción de la vida y la propiedad, antes y durante el retorno del ejército ordinario.

Prendieron fuego a edificios públicos y casas privadas. Incontables columnas de humo por momentos hacían que el aire fuera difícil de respirar durante la Semana Sangrienta. Relatos contemporáneos dijeron que quizás un cuarto de París fue destruido.

Destruyeron los tesoros de arte. Vastas cantidades de legados culturales acumulados en París y que representaban lo mejor de la humanidad durante cientos de años fueron destrozados o se convirtieron en humo. Pinturas, esculturas, pergaminos, arquitectura – perdidos irremediablemente.

A sangre fría, dispararon a docenas de rehenes inocentes, incluidos sacerdotes y el Arzobispo.

Se deshicieron de espías sospechosos con métodos tales como atarlos de manos y pies y tirarlos en el Río Sena.

Todos estos actos destructivos y vergonzosos también proveyeron de un modelo para levantamientos proletarios futuros.

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Inspirando a los rusos y a los chinos

Vladimir Lenin admiraba tanto a la Comuna de París que bailó en la nieve en Moscú el día que el gobierno Bolchevique excedió el tiempo que duró la Comuna. Escribió: “Somos solo enanos posados sobre los hombros de esos gigantes”. Su tumba fue decorada con una bandera roja de la Comuna.

Resumiendo opiniones en la Unión Soviética, el escribir sobre la historia de la Comuna en 1930, Edward S. Mason dijo, “No solo es la Comuna de París un episodio glorioso e inspirador en la historia del movimiento proletario, no solo les proveyó a los revolucionarios socialistas de invaluables lecciones y tácticas revolucionarias, sino que sentó las bases de una forma de gobierno proletario que recibiría su desarrollo completo en la Rusia comunista”.

La muerte de millones de inocentes bajo Lenin y sus sucesores quedaron como testimonio de su linaje.

Mao Zedong también estudió la Comuna de París, y algunos aspectos de la Revolución Cultural (1966-76) fueron inspirados en los Comuneros.

Los comunistas hoy en día siguen viendo a la Comuna de París como el ancestro, la primera encarnación de la teoría comunista. Su linaje y legado destructivo se extienden hasta hoy. Casi 150 años después de venir a la Tierra, el tornado destructivo sigue girando viciosamente.

Se estima que el comunismo ha matado al menos 100 millones de personas, no obstante sus crímenes no han sido recopilados y su ideología aún persiste. La Gran Época busca exponer la historia y creencias de este movimiento, que ha sido una fuente de tiranía y destrucción desde su surgimiento.

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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