La crisis de los misiles en Cuba también afectó a Canadá

Por Brad Bird
13 de Octubre de 2020
Actualizado: 13 de Octubre de 2020

Opinión 

La crisis de los misiles de Cuba de octubre de 1962 fue más que una colisión de las superpotencias en el apogeo de la Guerra Fría. También fue un enfrentamiento personal entre hombres de diferentes generaciones y perspectivas.

Nikita Serguéievich Jrushov, el indiscutible hombre fuerte de la Unión Soviética, tenía 68 años cuando se enfrentó cara a cara con John Fitzgerald Kennedy, de 45 años, de Estados Unidos, por los emplazamientos de misiles soviéticos en Cuba capaces de impactar al norte de Estados Unidos y Canadá.

Kennedy se enteró por primera vez el 21 de septiembre, a través de espías, de que 20 misiles balísticos de mediano alcance habían llegado a la isla, según Robert Dallek en “Camelot’s Court: Inside the Kennedy White House”. Las actividades se aceleraron rápidamente después de eso, y el 16 de octubre se enteró por fotografías aéreas que los espías tenían razón. Durante la próxima semana, él y sus asesores militares discutieron opciones, y Kennedy descartó los planes para invadir Cuba, la cual se encuentra cerca de Florida, o bombardear los emplazamientos. El 22 de octubre se dirigió a la nación por televisión, estableció un bloqueo naval para detener el desarrollo futuro de los emplazamientos y seis días después terminó la crisis.

¿Por qué los soviéticos hicieron un esfuerzo tan peligroso de establecer misiles en Cuba? Tales acciones no ocurren de forma aislada. En abril de 1961, Kennedy había aprobado a regañadientes la operación de Bahía de Cochinos, una invasión a Cuba planeada por la CIA bajo la presidencia de Dwight Eisenhower. El fallido intento de los exiliados cubanos de derrocar al régimen comunista de Fidel Castro redujo la talla del presidente. Jrushov posó con ánimo petulante entre bastidores, mirando a Kennedy avanzar a tientas, o eso parecía.

Aprovechando lo que percibía como la debilidad de Kennedy, el líder soviético comenzó a construir el Muro de Berlín en agosto de ese año, para frenar la marea de alemanes orientales que huían hacia Occidente. Los tanques de los dos bandos se reunieron en Berlín ese verano y la guerra se evitó cuando los soviéticos se retiraron. El muro de Berlín se mantuvo durante tres décadas.

También en Canadá, un anciano estadista cometió el error de subestimar a Kennedy. El primer ministro John Diefenbaker, tal como su rival comunista en la URSS, nació en el siglo XIX, mientras que Kennedy vio la luz por primera vez en 1917. Los dos, para ser gentiles, no estaban de acuerdo. En todo caso, Kennedy se llevaba mejor con Jrushov que con Diefenbaker, de 67 años entonces, su aliado y vecino. Kennedy incluso envió a su encuestador personal a Canadá para ayudar a derrotar a Diefenbaker en las próximas elecciones.

Aunque fueron aliados en la Segunda Guerra Mundial, crecieron las tensiones entre Estados Unidos y la URSS. Los soviéticos, que habían perdido millones de soldados y civiles a manos de los ejércitos alemanes, ocuparon Polonia, Hungría y otros estados de Europa oriental para formar una zona de contención. Lo que Winston Churchill más tarde llamó una “Cortina de Hierro” separó así al capitalismo del comunismo, la democracia de la tiranía totalitaria.

Después que Estados Unidos destruyera Hiroshima y Nagasaki con bombas nucleares para poner fin a la guerra con Japón en el verano de 1945, los soviéticos intensificaron sus propios esfuerzos para adquirir armas nucleares y probaron una en agosto de 1949, marcando el comienzo de la era de MAD —destrucción mutuamente asegurada. Durante la década de 1950, los soviéticos se mantuvieron inquietos por las ojivas de la OTAN que se dirigían hacia ellos desde Europa y Turquía, lo que provocó la idea de colocar misiles en Cuba cuando Castro llegó al poder en 1959.

El entonces presidente estadounidense, John F. Kennedy, firma la orden de bloqueo naval de Cuba el 24 de octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles en Cuba. (AFP a través de Getty Images)

Kennedy, un veterano de guerra condecorado coqueto con las mujeres, a los 43 años, fue elegido presidente en noviembre de 1960. Aunque estaba casado y tenía hijos, era amistoso con la estrella de cine Marilyn Monroe. En el trabajo todo era negocio, y la debacle de la Bahía de Cochinos le enseñó a no confiar plenamente en sus asesores militares, lo que probablemente salvó al mundo de la guerra. En lugar de la invasión o el bombardeo a Cuba, eligió el éxito de la cuarentena o el bloqueo naval e hizo retroceder la línea para dar a los barcos soviéticos más tiempo para dar la vuelta.

Al final, Estados Unidos acordó no invadir Cuba a cambio de la eliminación de los emplazamientos de misiles. También se acordó que los misiles Júpiter de la OTAN en Turquía e Italia, según Robert Dallek, sean eliminados. A la URSS le preocupaba que las ojivas pudieran dar a la OTAN una capacidad de primer ataque exitosa (un ataque que anulara una respuesta considerable).

Al año siguiente, en 1963, se instaló una línea directa —no una línea telefónica, sino un enlace de teletipo seguro, que luego se actualizó a un enlace de correo electrónico por satélite, según Rodric Braithwaite en “Armageddon and Paranoia: The Nuclear Confrontation”— para permitir que EE. UU. y los líderes soviéticos se comunicaran rápidamente.

Además, en Moscú se firmó el Tratado sobre la Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares, reduciendo las consecuencias radioactivas al prohibir las pruebas de armas nucleares en el espacio, la atmósfera y bajo el agua. Las pruebas subterráneas todavía estaban permitidas.

En Canadá, la renuencia de Diefenbaker para apoyar el bloqueo y llevar a Canadá a un nivel superior de alerta militar a petición de Kennedy provocó divisiones en su gabinete. El ministro de Defensa, Doug Harkness, en medio de la crisis, señaló las obligaciones de Canadá bajo la OTAN y NORAD (Comando de Defensa Aérea de América del Norte) e incrementó el nivel de alerta. Cinco meses más tarde, después de ganar la máxima mayoría en la historia de Canadá desde 1958, Diefenbaker perdió las elecciones federales del 8 de abril de 1963 ante los liberales de Lester Pearson. Kennedy fue asesinado el 22 de noviembre de 1963 por un simpatizante soviético y Jrushov fue reemplazado al año siguiente por Leonid Brezhnev.

¿La lección aprendida aquí? No juzgue a un hombre solo por su edad o sus fallas. Los altos cargos políticos atraen a personas excepcionales —en ocasiones con defectos tan visibles como sus virtudes— y un pueblo sabio soporta los defectos para sacar provecho de esas virtudes. El pueblo estadounidense se alegró de haberlo hecho en el otoño de 1962. El resto de nosotros todavía estamos agradecidos.

Brad Bird es columnista y autor con residencia en Columbia Británica.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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