La estrella del tenis chino, Peng Shuai, podría enfrentar tortura en una cárcel secreta

La desaparición de Peng muestra que las herramientas de represión de Beijing están evolucionando en tiempo real
Por Peter Dahlin
21 de Noviembre de 2021
Actualizado: 21 de Noviembre de 2021

Opinión

Las apariciones públicas escenificadas de Peng Shuai son una nueva versión de las confesiones televisadas forzadas de Beijing.

Es casi seguro que Peng ha sido puesta bajo arresto domiciliario, o llevada al sistema chino RSDL (vigilancia residencial en un lugar designado), un sistema para desapariciones en cárceles secretas. Y la publicación por parte de los medios de comunicación estatales chinos de una supuesta carta suya, seguida de publicaciones en las redes sociales y apariciones públicas escenificadas, muestran los intentos desesperados de Beijing por orientar a la opinión pública y contraatacar las críticas.

Siempre hay consecuencias después que un exmiembro del Comité Permanente del Politburó es acusado por alguna cosa, mucho más si se trata de agresión sexual. Además, la gente no se atreve a plantear el problema del #MeToo en un país donde la conducta sexual inapropiada es desenfrenada, incluso en los escalones más altos del Partido Comunista Chino (PCCh). Sin embargo, arrestar a una atleta de renombre en el período previo a los Juegos Olímpicos de Invierno habría sido un mal movimiento para el PCCh.

En cambio, Peng ha sido puesta bajo arresto domiciliario, ya sea de manera informal o mediante el mecanismo legal llamado vigilancia residencial (RS), o se unió a las filas de al menos 50,000 personas que han sido blanco de desapariciones a través del sistema RSDL desde que se puso en marcha en 2013. La mayoría de las víctimas son desconocidas o rara vez reciben atención de los medios, con algunas pocas excepciones, como los renombrados abogados de derechos humanos Wang Yu y Wang Quanzhang, la celebridad Fan Bingbing y el magnate de los negocios Jack Ma.

Sabemos que Peng está detenida. La última semana ha sido un desastre de relaciones públicas para el PCCh, sin señales de ceder. Si hubiera estado libre, la habrían sacado, a cualquier precio, para zanjar este drama.

Los intentos del PCCh por demostrar que Peng no enfrenta las consecuencias de sus acusaciones y los intentos de apaciguar las crecientes críticas internacionales parecen cada vez más desesperados. Lo que comenzó con una carta, seguida de una nueva publicación de supuestas publicaciones en las redes sociales, fue seguido por la publicación de videos de ella en un restaurante, en lo que parece ser un escenario mal administrado. Más recientemente, ella, como ocurrió con Jack Ma antes, apareció en un entorno profesional, nada de lo cual ha disipado el creciente malestar por la represión china y la propia seguridad de Peng.

Puede resultar extraño pensar en alguien bajo custodia, o peor aún, desaparecido por el sistema RSDL, cuando al mismo tiempo se hacen esas apariciones públicas. Pero no es una situación inusual y tiene una larga historia. Hasta hace poco, Beijing contrarrestaba las críticas extranjeras haciendo que aparecieran personas en lo que ahora se conoce como confesiones televisivas forzadas, transmitidas por CGTN, el mismo medio del Partido que ha publicado la mayor parte de la información anterior sobre Peng. Muchas de estas confesiones forzadas fueron grabadas por las víctimas en las cárceles secretas de RSDL de China, donde se encuentran recluidas en régimen de incomunicación. Simplemente se los sacaba para actividades gestionadas por etapas, para usarlos como herramientas, según fuera necesario, antes de volver a ponerlos bajo custodia. Todo está escrito de principio a fin, y los medios y periodistas chinos a menudo trabajan junto con las autoridades.

Si no fuera porque Safeguard Defenders (la ONG que dirijo) y porque otros grupos de derechos han obligado a la Red de Televisión Global de China (CGTN) a dejar de emitir confesiones televisadas -una forma de terror político dirigido a un individuo o a la comunidad que representa-, Peng ya habría aparecido en televisión. Sin embargo, como cada vez más países han investigado y retirado a CGTN por emitir contenidos tan escandalosos que violan los derechos humanos básicos, esa confesión televisada forzada ya no es posible. En su lugar, hemos visto una carta y publicaciones en las redes sociales supuestamente de Peng y apariciones públicas escenificadas, y es probable que veamos más farsas a medida que aumenten las críticas.

Lo que estamos presenciando en este momento es que el PCCh está probando nuevos métodos, con bastante desesperación porque el tiempo está en su contra para contrarrestar las críticas sobre el paradero de Peng. Hasta ahora, los intentos han fracasado. Quizás la próxima vez aparezca en una entrevista al estilo de Oprah en CGTN, o haga una llamada telefónica o videollamada a la Asociación de Tenis de Mujeres (WTA), con un guion preparado para ella. En cualquier caso, en lo que respecta a este drama, esto es el principio, no el final.


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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