La incorporación de Venezuela al Consejo de Derechos Humanos nos dice mucho sobre la ONU

Por Brad Johnson
27 de Octubre de 2019 Actualizado: 27 de Octubre de 2019

Comentario

El 17 de octubre, Venezuela fue elegida para ocupar uno de los 47 lugares del Consejo de Derechos Humanos (CDH) de las Naciones Unidas (ONU) por votación popular. Tras la elección, el canciller venezolano dijo: “Celebramos, una vez más, la diplomacia bolivariana de la paz en la ONU”.

Hay dos lecciones que aprender de este giro de los acontecimientos. En primer lugar, la “paz bolivariana” se define como la paz obtenida con una dictadura con puño de hierro, que gobierna en contra de la voluntad del pueblo, que no tiene ningún problema con la hambruna generalizada de su población, y que matará a cualquiera que se queje o esté en desacuerdo.

El líder de la oposición venezolana Juan Guaidó acusó abiertamente al régimen estalinista de Nicolás Maduro de asesinar a Edmundo Rada, integrante del partido de Guaidó. El cuerpo de Rada fue encontrado el 17 de octubre, con dos disparos en el cuello, con una bolsa cubriendo su cara, y parcialmente quemado; su muerte probablemente sea considerada un suicidio según el estándar de la paz bolivariana.

La segunda lección aprendida es que los regímenes socialistas y comunistas simplemente no tienen sentido de la ironía.

Dos de los más sistemáticos abusadores de los derechos humanos en el mundo, China y Cuba, han sido elegidos repetidas veces para ser miembros del CDH, que se supone debe investigar las denuncias sobre las violaciones de derechos humanos en los Estados miembros de la ONU. Sin embargo, muchos países miembros como Cuba, China, Venezuela y Turquía, por ejemplo, tienen miles de presos políticos detenidos en la cárcel y, en algunos casos, cientos de miles viviendo en el exilio para evitar la persecución política.

Lo que la mayoría de nosotros no sabe es que el CDH fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2006. Fue creado para reemplazar a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU) porque la CDHNU seguía poniendo en la comisión a países con un pobre historial en materia de derechos humanos. El nuevo CDH fue criticado por utilizar su autoridad para atacar a Israel y aprobó más resoluciones condenando a Israel que al resto del mundo en su conjunto.

En 2018, Estados Unidos retiró su membresía al CDH, basándose en parte en el octavo informe anual de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de 2017 sobre lo que le ocurre a las personas que denuncian ante la ONU las violaciones de derechos humanos. El informe señala que un total de 29 países persiguieron a personas que trabajaron con la ONU en temas de derechos humanos; nueve de tales países habían sido elegidos para formar parte del CDH.

Esos nueve miembros del CDH eran Burundi, Egipto, Ruanda, Cuba, Venezuela, China, India, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. China y Arabia Saudita estuvieron en las listas de seis informes anteriores. Los otros 20 países eran Argelia, Bahrein, Eritrea, Honduras, Irán, Israel, Marruecos, Mauritania, México, Birmania, Omán, Pakistán, Sudán del Sur, Sri Lanka, Sudán, Tayikistán, Tailandia, Turquía, Turkmenistán y Uzbekistán.

Desafortunadamente, una organización como las Naciones Unidas, que se formó tras la Segunda Guerra Mundial para mantener la paz mundial, se ha convertido en un fracaso total, como vemos con la reelección de Venezuela para integrar el CDH.

La ONU no es la primera organización de su tipo en fracasar. Después de la Primera Guerra Mundial, se creó la Sociedad de Naciones precisamente por las mismas razones y no hizo nada para prevenir la Segunda Guerra Mundial. Dado que la Segunda Guerra Mundial dejó en claro que la Sociedad de Naciones había fracasado, esta fue disuelta y luego reemplazada por la ONU.

El procesos en la ONU nos ha llevado al punto en que países con terribles antecedentes en materia de derechos humanos –especialmente como Cuba, China y Venezuela– controlan o influyen en los intentos de investigar o terminar con la crueldad, de modo que estas formas de injusticia social pueden continuar sin cesar como método de control político.

La naturaleza humana siempre gana, y una vez más, vemos que el poder absoluto corrompe absolutamente, y los que tienen autoridad en la ONU solo piensan en sus propios beneficios y en cómo aumentar su posición de poder. No olvidemos el escándalo del programa Petróleo por Alimentos como otro ejemplo.

El programa Petróleo por Alimentos sufrió una presunta corrupción generalizada, y algunas ganancias fueron desviadas ilegalmente a funcionarios iraquíes y de otros países. En otro caso, el Fondo de Población de las Naciones Unidas fue acusado de brindar apoyo a programas que proclamaban los abortos forzados y las esterilizaciones coercitivas, por lo que parecen ser razones políticas.

En lugar de ocuparse de los problemas reales del mundo y cumplir con el mandato básico de la ONU de trabajar para mantener la paz mundial, la organización se preocupa por establecer una gobernanza mundial y, por lo tanto, otorgarse a sí misma el poder absoluto.

En una conferencia celebrada en abril de 2018 en China, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, declaró: “Estoy profundamente convencido de que la globalización es irreversible. Nuestro destino debe ser una globalización justa que no deje a nadie atrás, como un camino hacia la paz y al desarrollo sostenible”.

La palabra “justa”, en ese contexto, claramente significa que todos deben participar en el sistema, incluso en contra de su voluntad, con el fin de obtener la paz. O, en otras palabras, la ONU querrá establecer una “paz bolivariana” mundial.

Brad Johnson es un alto oficial de operaciones retirado de la CIA y exjefe de una delegación. Es presidente de Americans for Intelligence Reform.

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