La promesa de Ji Zha

Por Joyce Lo
23 de enero de 2020 12:36 AM Actualizado: 31 de enero de 2020 8:44 PM

Ji Zha (576-484 a.C.) fue el hijo más joven del Rey Shou Meng del estado de Wu durante el período de la Primavera y el Otoño de la historia china. Era muy respetado por Confucio, quien lo elogió al menos cuatro veces en sus enseñanzas.

Según “Shiji”, o “Los Registros del Gran Historiador”, el Rey Shou Meng quería que Ji Zha fuera su sucesor. No obstante, Ji se rehusó, así que el Rey concibió un modelo de sucesión en el que sus hijos se convertirían en reyes uno tras otro. Sin embargo, luego en su vida, Ji rechazó tres veces a sus tres hermanos mayores.

El estado de Wu estaba ubicado en el sur de China, cerca de la desembocadura del Río Yangtze y era famoso por producir espadas preciosas.

Una vez, el rey Shou Meng envió a Ji Zha en una misión de visitas a varios estados en el centro de China.

Ji fue primero al Norte, pasando a través del estado vecino de Xu. El Rey de Xu admiró la espada preciosa que Ji llevaba, pero él supo que ese era el tesoro del estado de Wu, y encontró difícil pedírsela.

Ji Zha vio la admiración del Rey por su espada, pero aun tenía que completar su ronda de visitas a otros estados; y como parte del protocolo debía llevar su espada. Así hizo una promesa en su corazón de presentar la espada al Rey a su vuelta. Imagen Ilustrativa (StockSnap/Pixabay).

Ji Zha vio la admiración del rey. No obstante, él aún tenía que completar su ronda de visitas a otros estados; y era parte del protocolo llevar su espada, así que no pudo dársela al Rey en ese momento.

Cuando Ji terminó su misión y regresó a través del estado de Xu, el rey había muerto.

Sin embargo, Ji Zha se desprendió generosamente de su espada preciosa y la colgó en el pino junto a la tumba del Rey.

Sus guardias estaban perplejos. Ji dijo: “Prometí en mi corazón presentarle esta espada. ¡¿Debería incumplir mi promesa porque él ha fallecido?!”.

Ésta se ha convertido en una respetada historia legada a través de las eras. Ji Zha le hizo honor a una promesa hecha en su mente incluso sin haberla verbalizado.

Hoy en día la gente puede revocar una promesa verbal, así que nos obligamos los unos a los otros con contratos. Incluso a pesar de que éstos precisan claramente los acuerdos en blanco y negro, aun no podemos garantizar que cada contrato sea cumplido.

Editado por Damian Robin.

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