La recuperación europea se estanca

Por DANIEL LACALLE
14 de Septiembre de 2020
Actualizado: 14 de Septiembre de 2020

Opinión

El Indicador del Sentimiento Económico de la Comisión Europea para el mes de agosto, demuestra que la recuperación de la economía europea se está desacelerando.

No solo el ritmo de la recuperación se ha ralentizado de una forma significativa, sino que los datos de España también reflejan la evidencia de que es la única economía de la eurozona en la que el índice ha caído en comparación a julio. Si nos fijamos en el índice de los principales indicadores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la evolución también es preocupante.

Bloomberg también sigue la actividad diaria en la mayoría de las economías y la evidencia apunta en agosto a una desaceleración en la mayoría de las economías desarrolladas y emergentes. Solo Estados Unidos parece en comparación moderadamente mejor, aunque la desaceleración del proceso de recuperación también es evidente.

Muchos pueden decir que es normal ver una desaceleración en la recuperación después de un rebote de recuperación tan rápida en junio y julio, pero con los resultados de la mayoría de las economías entre un 10 y un 20% por debajo de los niveles de febrero después de la reapertura, debemos preocuparnos. Nosotros también debemos advertir sobre una rápida recuperación del producto interno bruto (PIB) que proviene en su mayor parte de aumentos masivos de la deuda y el gasto público. La realidad es que la economía de la mayoría de las empresas y los hogares sigue estando muy lejos de los niveles de 2019.

¿Por qué hay un cambio de tendencia tan veloz?

El primer y erróneo análisis que se suele hacer es culpar por la ralentización a una mala temporada turística que afecta al sector de viajes y el ocio. Por supuesto, es un factor importante, pero muchas otras partes de la economía están mostrando un cambio abrupto de tendencia. Por otra parte, el empeoramiento de los indicadores se refleja claramente en la confianza de la industria y de los consumidores, con los Índices de los Gestores de Compra (PMI) de la industria manufacturera disminuyendo en la eurozona e incluso entrando en contracción en España.

El cierre forzoso de la economía por decisión del gobierno y la falta de confianza en el futuro tienen profundos impactos a medio plazo en la economía.

Los cierres gubernamentales crearon un problema de solvencia con graves ramificaciones a largo plazo en gran parte del tejido empresarial. Una de cada cinco empresas del Reino Unido se consideran “zombis” y casi el 12% lo está en Estados Unidos y más del 15% en la eurozona. El Banco de España advierte que el 25 por ciento de las empresas españolas se encuentran en una situación de quiebra técnica y cierre de negocios.

Los gobiernos ignoraron la fragilidad del sector privado durante años, mientras que la deuda y los coeficientes de solvencia de las empresas alcanzaban nuevos récords. Sin embargo, lo más importante es que los gobiernos no prestaron atención a la fragilidad de las pequeñas empresas, millones de compañías con uno o dos empleados que lograban sobrevivir día a día, que no tenían deudas ni activos y que han sido destruidas por el equivocado e ineficaz cierre forzoso, no porque sus propietarios hayan llevado a cabo estrategias equivocadas.

El exceso de capacidad creado en el falso y endeudado período de crecimiento de 2017 a 2019 también se pone de manifiesto en la débil recuperación. La muerte por capital de trabajo de las pequeñas empresas y la zombificación a través de bajas tasas y alta liquidez de los llamados sectores estratégicos, fueron dos daños colaterales del eterno estímulo que hemos visto en el período posterior a 2008, en particular en la Unión Europea, donde los grandes conglomerados son vistos por los gobiernos como sistemas ocultos de seguridad social y se comportan casi como empresas estatales en numerosos casos.

El Índice Compuesto de Manufactura de agosto en la eurozona (pdf) muestra este slack. Este empeoró de 54.9 en julio a 51.9 en agosto y sigue en expansión, pero con un desplome masivo durante un mes. Según los índices de Actividad Diaria publicados por Bloomberg Economics, la actividad económica en la eurozona sigue estando un 10 por ciento por debajo de los niveles de febrero, y la recuperación se ralentiza tras la reapertura.

El principal problema es que todo esto ocurre en medio de la mayor cadena de estímulos desde la creación de la eurozona. El balance del Banco Central Europeo se disparó del 39% del PIB de la eurozona a principios de año al 55% en agosto de 2020, mucho mayor que el balance de la Reserva Federal (33% del PIB de Estados Unidos) o el del Banco de Inglaterra (32%), pero aún lejos de la locura monetaria del Banco de Japón (120%).

Los tipos de interés son negativos, el Banco Central Europeo compró más del 20% de la deuda pendiente de la mayoría de los países miembros, se han producido inyecciones de liquidez en el sistema financiero mediante Operaciones de Refinanciación a Largo Plazo (TLTRO) y un estímulo fiscal en la zona del euro de casi el 10% del PIB, pero la economía no se acerca ni siquiera a los niveles de febrero.

Estos estímulos no resuelven el problema de la solvencia y la caída de las ventas. La mayoría de las empresas que están cerrando no lo hacen por falta de acceso al crédito o porque los tipos de interés son altos (más bien al contrario) o por falta de gasto público. Estas cierran porque las ventas después de la reapertura no se acercan a los niveles necesarios para cubrir los gastos crecientes y las facturas de los impuestos. Es la muerte por capital de trabajo, como mencioné anteriormente.

Europa y el resto del mundo deben aprender que los grandes estímulos pueden disfrazar el riesgo de los países altamente endeudados con graves problemas de solvencia, y estos no resuelven eso.

En algún momento debemos empezar a entender que períodos como el actual son precisamente los más peligrosos. Con la excusa de atender una crisis, se incrementan los desequilibrios estructurales mientras que se deja abandonado el sector productivo.

Cuando leemos sobre el “apoyo a las empresas” en estos paquetes de estímulo, la mayoría solo están dando a las empresas la oportunidad de pedir más préstamos ahora para pagar los impuestos en el futuro.

Esta cadena de estímulos y el gasto público no fortalecerán la economía. En el mejor de los casos, zombificará sectores que ya tenían problemas de crecimiento, productividad y deuda antes de la pandemia.

Existe algo de esperanza. Países como Francia reconocen por primera vez que las medidas que deben adoptar, si quieren salir de esta crisis, son reformas del lado de la oferta —una seria presión fiscal y reformas administrativas que atraigan la inversión, el empleo y mejoren la competitividad, como la reducción de la carga fiscal de los sectores productivos, la eliminación de los obstáculos burocráticos, la reducción de las denominadas cargas sociales y de los costes de contratación, el levantamiento de las restricciones reglamentarias inútiles, el incentivo a los sectores de alta productividad en lugar de subvencionar los de baja productividad, etc.

Las reformas estructurales son urgentes, pero la eurozona y Japón han pasado desde utilizar la política monetaria para ganar tiempo en aplicar esas reformas estructurales, a utilizar esos estímulos monetarios como excusa para no aplicarlas.

La mayoría de las economías desarrolladas se enfrentan a un peligroso dilema: optar por seguir el camino del estancamiento de la deuda o fortalecer la economía para salir de la crisis de una manera más fuerte. Lamentablemente, la primera alternativa beneficia a un sector político que se niega a ajustarse aunque a mediano plazo esto lo destruya haciendo insostenibles la deuda y los déficits.

El Dr. Daniel Lacalle es economista jefe del fondo de cobertura Tressis y autor de Freedom or Equality (Libertad o Igualdad) y Escape from the Central Bank Trap (Escapar de la trampa del Banco Central) y and Life in the Financial Markets (La vida en los mercados financieros).


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Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época

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