La respuesta de Beijing a la intervención militar en Hong Kong significa que el régimen recurrirá a otras formas de violencia

Por Olivia Li y Wu Xue'er
10 de Agosto de 2019 Actualizado: 10 de Agosto de 2019

Análisis de noticias

La última respuesta de Beijing a las incesantes protestas en Hong Kong indica que aunque los líderes chinos pueden haber decidido no desplegar tropas en Hong Kong, están empezando a movilizar formas alternativas de violencia para sofocar las protestas contra la extradición, según los expertos chinos Chen Zhong y Ching Cheong.

Desde junio millones de residentes de Hong Kong han salido a las calles para protestar por un controvertido proyecto de ley de extradición que permitiría el traslado de sospechosos de delitos a China continental para su enjuiciamiento. El nuevo proyecto de ley genera temor por la posibilidad de que los residentes de Hong Kong e incluso los turistas en Hong Kong, incluidos los ciudadanos extranjeros, puedan ser arrestados y sometidos a un sistema legal chino conocido por sus acusaciones infundadas, detenciones arbitrarias y tortura.

Las tensiones aumentaron en las últimas semanas cuando China confirmó su apoyo a los líderes y a la policía de Hong Kong, a pesar de que la policía había disparado repetidamente gases lacrimógenos, balas de goma y granadas de esponja a los manifestantes, considerado por muchos como un uso excesivo de la fuerza policial.

En una rueda de prensa realizada el 6 de agosto, Yang Guang, portavoz de la Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao, dio una respuesta indirecta cuando se le preguntó si Beijing desplegará tropas para controlar las protestas en Hong Kong.

Yang dijo que el Ejército Popular de Liberación (EPL) es “una fuerza poderosa que defiende cada centímetro de su territorio sagrado”, y añadió que el régimen chino nunca permitirá que se cuestione su principio de “un país, dos sistemas”.

También afirmó que con el apoyo del Partido Comunista Chino (PCCh) y el pueblo chino, el gobierno y la policía de Hong Kong son “plenamente capaces de castigar esas actividades criminales y restaurar el orden”.

Como representante de la autoridad de Beijing, Yang emitió la advertencia más fuerte hasta ahora al hablar en la conferencia de prensa. “Les advierto a todos esos criminales: no malinterpreten la situación ni consideren la moderación como una señal de debilidad”, dijo.

Tres mensajes en la declaración de Yang

En una entrevista del 6 de agosto con la oficina de Hong Kong de La Gran Época, el experto chino Chen Zhong señaló que la declaración de Yang reveló tres mensajes que el régimen comunista chino está tratando de transmitir.

“El primer mensaje es que el PCCh es siempre grandioso y correcto”, dijo Chen.

Estos son los dos adjetivos que el PCCh suele usar de forma concertada, y siempre en el mismo orden, para alabarse a sí mismo.

“Segundo, es simplemente un anuncio de que el PCCh no enviará tropas a Hong Kong”, continuó Chen. “Esto se debe a que ante la actual situación internacional, especialmente en medio de las conversaciones comerciales entre Estados Unidos y China, enviar tropas a Hong Kong traería consecuencias perjudiciales para el PCCh, que ya se encuentra en una profunda crisis”.

En tercer lugar, la declaración de Yang implica que el PCCh movilizará todas las fuerzas posibles en Hong Kong para restaurar el orden público, según Chen.

“Beijing está prácticamente dando el visto bueno a la jefa ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam, permitiéndole recurrir a cualquier medio para controlar las protestas. Es decir, en lugar de una represión militar, los líderes de Hong Kong, la policía de Hong Kong y las pandillas locales pueden formar una colusión para reprimir las manifestaciones”, explicó Chen.

El PCCh ya movilizó fuerzas ‘no convencionales’

Ching Cheong, un experto en China radicado en Hong Kong y comentarista de asuntos de actualidad, compartió coincide con los puntos de vista de Chen Zhong.

“La declaración de Yang puede interpretarse como la decisión del PCCh de no enviar tropas a Hong Kong, pero no significa que el PCCh no vaya a utilizar otras formas de violencia”, dijo Ching a La Gran Época. “Sabes, el PCCh es capaz de movilizar diferentes tipos de violencia: el EPL, la policía armada, la seguridad pública y la mafia local”.

Ching señaló que el incidente de Yuen Long del 21 de julio es un claro indicio de que el PCCh ya movilizó una fuerza no convencional –una fuerza que no forma parte de su maquinaria estatal– para cometer actos de violencia.

Alrededor de las 11 de la noche del 21 de julio, los manifestantes que volvían a casa después de una marcha contra el proyecto de ley de extradición se encontraron con un grupo de hombres enmascarados con camisetas blancas en la estación de metro de Yuen Long. Los manifestantes eran fácilmente identificables, ya que la mayoría de ellos llevaban camisas negras o grises. Los hombres enmascarados atacaron a los manifestantes con palos y varas de metal, hiriendo a 45 personas, incluyendo periodistas y legisladores.

“Los hongkoneses deben tener cuidado. No crean erróneamente que estamos a salvo si Beijing no planea desplegar tropas”, advirtió Ching. “Me preocupa mucho que el PCCh movilice a los hongkoneses pro-Beijing para atacar a los manifestantes. De hecho, cuando los manifestantes marcharon ayer (5 de agosto) a North Point, un grupo pro-PCCh los esperaba allí y se preparaba para lanzar un ataque, pero finalmente se dieron por vencidos porque estaban asustados por el gran número de manifestantes”.

Además, Ching explicó que la reciente clasificación de Beijing de la campaña contra la extradición de Hong Kong como una “Revolución de Colores” equivale a identificar las protestas como un acto de “subversión del poder estatal”.

“Eso significa que Carrie Lam puede recurrir a todos los medios para suprimir la ‘Revolución de Colores’, incluyendo medidas extremas”, dijo Ching.

El PCCh totalitario carece de autocrítica

Según Ching, la causa fundamental de la situación actual en Hong Kong es que el régimen comunista chino carece de un mecanismo de autocrítica y de la capacidad de corregir sus propios errores. Como resultado, incluso un pequeño error puede evolucionar para convertirse en un gran problema y salirse de control.

“Por ejemplo, si Carrie Lam hubiera decidido retirar el proyecto de ley de extradición cuando un millón de residentes tomaron las calles para protestar el 9 de junio, no habría más enfrentamientos entre la policía y los manifestantes. Después de los enfrentamientos del 12 de junio, si los líderes de Hong Kong hubieran escuchado a la gente, habrían podido resolver el problema. Sin embargo, cuando no cumplieron con la voluntad del pueblo, dos millones de hongkoneses salieron a las calles”, dijo Ching.

“Para cuando el problema era demasiado grande de manejar, el gobierno central salió a apoyar al gobierno de Hong Kong ofreciéndole la maquinaria estatal y amenazando con usar la fuerza”.

“Por lo tanto, necesitamos aprender nuestra lección”, continuó Ching. “Cuando un sistema carece del mecanismo de autocrítica, es un sistema muy peligroso”.

El futuro de Hong Kong depende del despertar de la gente

En este momento crítico, ¿qué dirección se debe tomar?

Ching cree que, en primer lugar, el movimiento pro-democracia del pueblo de Hong Kong depende del despertar de los hongkoneses.

“El apoyo de la sociedad internacional es muy importante, pero no es el factor fundamental que determina nuestro futuro. Lo más importante es nuestro propio despertar. Si el pueblo de Hong Kong no despertó completamente, incluso si las comunidades internacionales acuden al rescate con tropas militares, no podrán salvar a Hong Kong”, dijo Ching. “Por lo tanto, el futuro de Hong Kong depende de nuestro propio despertar”.

Ching aconsejó a los hongkongeses que recordaran las famosas palabras de Lao Tzu sobre el agua cuando se enfrenten a represiones violentas, ya sea por parte del ejército chino, la policía de Hong Kong o las pandillas locales.

“No hay nada en el mundo más suave y débil que el agua, y sin embargo, para atacar cosas que son firmes y fuertes no hay nada que la supere”.

Ching explicó que la mejor estrategia es actuar como el agua, es decir, persistir en la resistencia civil no violenta.

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